[Pessics de monja V]
Casi siempre leo tumbado, con la compañía agradable del tabaco y mi gata «Cressida». Mientras leo una antigua edición de la Britannica, contemplo una foto de la Madonna dell´Orto donde salimos Marta y yo ¿Hay momento más hermoso?
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LA ACIAGA CONDICIÓN REGIA
Reyes chicos de gran poderío
en hurtos de gran desvarío
son el mal tan español escogido
por Borbones de tiempo envejecido.
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Una confesión impúdica, por tanto maleducada: a veces me cansa en exceso seguir. Echo de menos (mucho) a mamá. La soledad es un trueno largo y resonante. Qué pequeña parte de cuánto soportamos lo sanan la sociedad, las leyes o el gobierno. Vida: acero punzante.
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Leo o pienso o escucho, y me acometen múltiples asociaciones mentales caudalosas e involuntarias. Las redes me descentran y desconcentran. Abuso de las mismas. El ruido técnico ensucia con su atmósfera de grisalla parda al ojo del espíritu. El silencio o es transparente o no es.
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«Lo horrible no es nuestro desorden, sino nuestro Orden», G. B. Shaw.
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Me apiado (y a la vez me fascinan), las novedades. Un perro cruzado entre Argos y Milú, una bonita edición que mezcla a Roma con Hollywood ¿Serán los placeres del futuro una fuente de nuestro infortunio? ¿Son los placeres del pasado origen de nuestra «mélancolie»?
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Como diría el duque de Saint-Simon (y cito de memoria): «Si cambiásemos rasgos o detalles de esa pieza musical, solo serviría para rasgar y que aflorasen las tinieblas».
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Dickens se adelantó a nuestra divisa en este mundo: «Enriqueceos» , «Soyons médiocres» con coches, comilonas, balandros y viajes a Cancún. Mientras ahorita mismo escucho Radio Clásica, se exalta (algo) mi finura mental. Vivo y no soy por completo un zombi.
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L´art pour l´art, une vingtaine de lecteurs. Mis libros están impresos en Sevilla por Francisco de Lyra. Con licencia. Año del 2000 y siguientes. Compren algunos, si les viene a bien. Van al infierno de una Biblioteca Española de Libros Raros y Curiosos (y no muy Buenos)
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Hablo con mis semejantes. En absoluto los desprecio, se lo aseguro, antes al contrario. Pero acaso como dijo Johnson refiriéndose a Demóstenes: «Señora, Demóstenes hablaba ante una asamblea de animales, ante un pueblo de bárbaros».
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Los modelos de la nobleza encantaban a mi madre; alababa, entre muchas otras cosas, conducirse con distinción en la mesa. A una vieja dama que se quejaba de haber perdido el olfato, le contestó: «Alégrese, Señora, porque el mundo apesta por todas partes».
