
Una de esas palabras propias de una cultura e intraducibles es la japonesa «Komorebi» (木漏れ日), que se refiere a la luz del sol que se filtra a través de las hojas de los árboles, creando un juego de luces y sombras que es tanto visualmente impresionante como profundamente evocador.
Por cierto en gallego -en cuallquier idioma en realidad- hay muchas otras, por ejemplo, «enxebre». Desde los emblemáticos hórreos hasta las tradicionales garrafas de licor café destiladas en hogares gallegos, pasando por los entrañables furanchos de las Rías Baixas, todo lo que es enxebre es puramente gallego. «Enxebre» es una palabra enxebre.
O la catalana «deler», por decir solo una. Cito: «El diccionari de la Gran Enciclopèdia Catalana diu que deler és un ‘mot només català’. Però allò que el fa peculiar és que és molt polisèmic: el català-castellà en dóna deu traduccions, aplegades en cinc significats: ‘ardor, passió’ (Estimar algú amb deler); ‘afany, avidesa’ (L’ha perjudicat el deler de guanyar diners); ‘insistència’ (Vol sortir-se’n i hi posa deler); ‘fervor, entusiasme’ (Va sortir a jugar amb deler); ‘anhel, desig’ (No podran empresonar el deler de llibertat)»
Y en español tenemos también muchas otras: «empalagar», «sobremesa», «tocayo», «consuegro/a», «friolento», «tutear» ETCÉTERA.
«La denominación [el dar nombre a las cosas] es un instrumento que enseña y que es apto para distinguir la esencia, tal como la lanzadera separa el tejido», Platón, «Cratilo», 388b.
