Tu quoque 3

La niebla sube por las corredoiras, envuelve los sotos, borra los caminos y los tiempos. No se sabe si es mañana o tarde, invierno o verano. La niebla le da a Galicia un rostro antiguo, monacal, de misterio amable y profundo. Bajo ella, el paisaje piensa, murmura, recuerda.

La niebla baja de las fragas y nos llena de sueños. No hay nada tan vivo como la niebla: hace nacer castillos donde no hay más que peñascos, hace desaparecer aldeas enteras como quien apaga un candil. Toda Galicia parece un mundo encantado cuando la niebla recorre las corredoiras.

Espesa como un sudario, vuelve litúrgico el paisaje. Los montes se inclinan como penitentes, los caminos se esfuman, y el viajero cree caminar entre almas que regresan a la romería de los muertos.

Bajo ella, uno siente que incluso la muerte puede retrasarse un poco más.

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