Charles 240

Pasé toda la tarde leyendo. Mientras leo, el mundo queda suspendido, como si no existiera. Pero al mismo tiempo, todo se vuelve más insoportable, porque uno comprende mejor la infranqueable estulticia general. Yo no leo solo por placer: leo para resistir. Me meto en un libro como en una trinchera. Afuera, la porquería; adentro, al menos, un poco de música. Pero cuidado: cuanto más lees, menos soportas a la gente.

Una forma de encantamiento, un desvío hacia regiones más reales que la realidad. No es un entretenimiento: es una inmersión. Leer es una voluptuosidad refinada, un lujo que no todos saben permitirse. Un libro bien leído es una forma de viaje inmóvil, una manera de estar en todas partes sin moverse.

El verdadero lector no se contenta con leer: colecciona, compara, persigue ediciones, reconstruye genealogías invisibles. Leer es, en ese sentido, una forma de erudición activa. Leer es una forma de escepticismo: cuanto más se lee, menos se cree en las verdades simples. El lector aprende, sobre todo, a desconfiar.John Stuart Mill: “La lectura no solo instruye: forma el carácter. Quien ha leído bien no puede ser enteramente vulgar».

Después de cierto número de libros, uno ya no puede ser del todo ingenuo.

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