Cornaro 105

En el «Pro instaurandis scholis» (297 d.C.), dedicado a Constancio Cloro, el emperador es descrito como protector providencial de la civilización. Eumenio sostiene que allí donde aparece el emperador florecen las ciudades, regresan las artes, renace la educación y se restauran las costumbres. La paz misma parece acompañar sus pasos. Las escuelas no se reconstruyen gracias al dinero, sino gracias a la virtud imperial que inspira toda prosperidad. El gobernante es presentado como una fuerza fecundadora que devuelve la vida a provincias enteras.

Los discursos dedicados a Constantino I contienen algunas de las exageraciones más espectaculares de la Antigüedad tardía. Un pasaje afirma: «Te iubente vincimus, te duce vincimus», «Por tu mandato vencemos; bajo tu guia vencemos».

Aunque no pertenece estrictamente a los Panegyrici Latini, Claudiano es uno de los mayores panegiristas de Roma. En sus poemas sobre el general Estilicón lo presenta como el último sostén del mundo civilizado.

P.S. Recordemos por último a La Rochefoucauld. Aunque murió antes de la plenitud de su reinado, su análisis del amor propio parece escrito para explicar a Luis XIV. «L’amour-propre est le plus grand de tous les flatteurs», «El amor propio es el mayor de todos los aduladores».

Gran artículo Sra. Vallejo.

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