Burton 39

WINCKELMANN’S GRIECHENLAND

Para el marqués del Raval, recordando a Máximo de Tiro, Or. XXV 7

Lograste, avezado tallador de gemas,
genio de la vida golfa culebreando entre cuartuchos,
el contour de ojos hermosos, sonrientes y claros.
Buscabas más la lengua, más hondura, más vida,
mayor placer (siseos, torsiones), más sinsentido
hermoso en aquellos cuerpos abiertos y tendidos.

El que pronuncia «amor» o subido «placer»,
aquel del ascua meridional contra la soledad de la cama,
el rey coronado de viento y mirra,
sobreentiende «belleza floreciente»;
y nadie quiere a los viejos, esas moras sin sazón.

Los cuerpos se rozan, exactos y encendidos,
y la piel profiere su lenguaje adamantino.
Una dulce pasión en un círculo rosáceo,
mientras la hoguera llena de sentidos el tiempo
y me cuenta, de tu mano, la maravilla toda.
La escuela de los poetas visita los gimnasios.

Si Sócrates instruyó a Autólico y Cármides,
algo que no debe a nosotros
avergonzarnos será siempre citar,
entre torvos y cálidos días de julio,
a los Muchachos, los Ciruelos y las Estatuas.

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