Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Mi vida es una lista de lecturas. Tengo mucho pendiente por leer. Leer es habitar la planta noble del edificio. Escribir -mi irrefrenable otra pasión- es una diosa de guarniciones vegetales encovada en una claridad rojiza que se hace amarilla. Siempre oigo el tintineo espiritista que me urge a escribir. Pero pende afilada la sensación de impostura, de mediocridad. Prefiero -si la voluntad es firme- no publicar más textos de creación en las redes. Quiero retroceder unos pasos, y convertirme en escritor secreto, solo para mí.
Quizá aquí cuelgue críticas de libros y poemas y citas. Es tiempo de leer. Leer junto a la acapirotada y blanca lámpara encendida. Lo normal es leer. Soy un fracasado escritor de tercera fila.
NOTA BENE: Calculo que en siete, ocho o nueve meses, se publicarán «Diario de Aquitania» (último volumen de la pentalogía), y una addenda o plaquette a la misma «Oceanografía del tedio». Siento que se cierra un círculo, el que resumidamente, podríamos llamar del espíritu o la alta cultura. Deseo renovarme. Hace un tiempo que le doy vueltas a un libro cuyo tema sea el cuerpo, la viscosidad y la baja cultura. Su título provisional es «Libro de las deposiciones». Aquí caben oleosas linfas y lefas, marcas de defecación en la loza, coitos, retortijones y sangre, telebasura y Julio Iglesias, El Sintrom, El Rivotril y los informes de psiquiatría. Ramos oscuros de piel rota. Cacas flameantes embadurnando el embaldosado. Franjas frangosas de mar en los cantiles vomitados de playas y escolleras. Me da vergüenza postear estas cosas. Mi personaje público en las redes no deseo traicionarlo. Ya veremos.
La literatura, el lenguaje, las palabras, ay, cómo podría explicarles la pasión funesta de luna ática cara a la brisa que me provocan, ese humear imprudente y obseso que me quema en los dedos ante ellas.
Como si vagara por un barco antiguo, viendo los montones de cabrestantes, las piezas de la máquina, el ardiente resplandor, el sentimiento de un movimiento cadencioso, las chispas que saltan de la chimenea, los marineros inmóviles en la rueda del timón, la cabina del capitán, un inglés con salacot, señoras hermosas y rubias que beben coñac, los músicos tocando melancólicamente un aria italiana… Singapur, Ceilán, Malta, Barcelona, Venecia, y las partículas de la gramática en el cuadrante de la mañana, y galopante la sangre en el glande de un adolescente.
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Mi maestro Álvarez llegó a la conclusión de que los únicos dioses respetables, los dioses propicios de la noche, son «los que otorgan mujeres y lecturas». Sólo a ellos merece la pena encomendarse, brindando por la cultura que «permite salvar cuanto hay de noble». Je sui ese «dilettante» a quien José María Álvarez hace exclamar en «Signifying Nothing»:
Era la Cultura. La gran Concordia, la Armonía. El único sentido de vivir.
Si, la Cultura, el Arte la cima de nuestro paso lo mejor que hemos hecho.
El conformismo en la expresión y en las ideas toman en el mundo contemporáneo innumerables variantes y disfraces, pues exigen del lector la servidumbre. NO A TODO.
Derrapa la inteligencia apepinada, ahuecada, y tullida, y tartamuda, de las Campos hacia la estupidez. Hume, muy al contrario, tiene muchos cajones secretos, una mente inagotable, un talento natural que da regla a las ideas futuras, prosa virtuosa, y el refrendo de la prueba del gusto cultivado (el genio de los escritores o filósofos, como el de los pintores o músicos, debe probarse por el juicio de los entendidos y por el consentimiento del tiempo)
Oigo a esa saga de vedettes televisivas, e, ipso facto, siento esa particular intolerancia hacia el discurso inútil, estéril y banal en el que participan. Yo valoro la claridad, la precisión y la altura intelectual, no las pseudo-conversaciones interminables con palabras falsas que no llevan a ninguna parte, y que se convierten en una pérdida de tiempo y energía. Irrita su ignorancia satisfecha, su pensamiento solo capaz de refugiarse en frases hechas, su superficialidad y su seguridad arrogante.
¿Cuál ha sido el efecto del «telelixo»? Convertir a la mitad del mundo en necios y a la otra mitad en metijones. Apoyar la picardía y el error en la concepción de la vida, convertir una democracia en una sociedad de esclavos y tontos. Spinoza, en su «Ética»: «Quienes desean investigar y comprender las cosas de la naturaleza como filósofos, y no contemplarlas con asombro como necios, pronto son considerados herejes e impíos, y proclamados como tales por aquellos a quienes la multitud adora como intérpretes de la naturaleza. Pues estos hombres saben que, una vez que se deja de lado la ignorancia, se elimina ese necio asombro, que es el único medio por el cual se preserva su ignara autoridad». O insiste Roberto Pettinato: «La televisión basura es la forma cretina que tiene el medio de crear programas mediocres que miden tu incultura y tu desgracia para igualarla, y jamás potenciar lo bueno de esta vida». O bien Armando Robles Godoy: «La TV considera que hay que presentar la basura en forma constante y permanente. Esto puede llevar al espectador a concluir que la realidad es basura».
Cuando Churchill estuvo de joven en Egipto se imbuyó de lecturas clásicas y de Gibbon. Tácito y Gibbon -a través de Churchill- nos ayudaron a ganar la segunda guerra mundial. No sé que le espera a una generación de españoles educadas bajo la escucha de esa familia de mujeres viscosas y troneras.
Oscar Wilde sostenía que la vida era un desorden imperfecto donde imperaba el caos y que la única forma de superar el desconcierto y darle un sentido era el arte, la ciencia, y la filosofía, cuyos propósitos no se reducen a captar la realidad tal como es, sino que aspiran a trascenderla.
O Hume, Gibbon… o Stalin, El Dr. Mengele y las Campos.
IMPRESIÓN DA LÚA MINGUANTE, NA MIÑA ALDEA DE OURENSE, MENTRES ESCOITO OS CUARTETOS DE CORDA OP. 76 DE HAYDN
A Pedro López Lara, por su generosidad
Moneda de nieve sobre piel de pantera, nupcia farándula del bohemio, ruborizado Raziel de pecho rosado, gematría de profetisas, playa lechosa…Las palabras se vuelven botas negras, gimientes lluvias y granadas, agudos lirios sepulcrados, sangre de buey para la belleza de la piel. Sin embargo, durante muchos momentos, luna, piel y noche, cobijan silencio cuando no pedimos más que silencio. Luna: oblongo incienso achicharrado, pavimento recubierto de dalias, jugo y ciencia de lagarto, prosa del abad Pluche, caramillo en los labios y yedra de mármol con eco de capillas. Mirad la noche danzar bajo las alas de sillas eléctricas, el corcho coloreado que abre los ojos, los chorros malvas y naranjas, mirad como alimenta al sueño de la culebra, y el manto de piedra que cae sobre nuestras vidas transitorias. Vaguemos más bajo la luz de la luna.
Lo escribió el poeta: “Un susurro, la voz de la guardia nocturna en la arboleda, / Luego un rato el silencio vacío invade el aire; / Y entonces un violín (¿de dónde?) / Despierta y canta lento: Oh Amor… Oh Amor…”.
Cicerón (106–43 a.C.) en «Tusculanas»: “Nada es más conforme a la naturaleza que la serenidad y la calma del alma”. Y Horacio en las «Odas»: «El sabio vive contento con lo que tiene, sin mirar lo que le falta”. Nada más deseable que la «tranquilitas animi».
Álvaro Cunqueiro: «No vacilo en afirmar que fui leal a un humanismo que tiene como base una alegre expectación del siglo y una aceptación humilde de las grandes riquezas terrenales -que comienzan en la alondra de la mañana y terminan en el diálogo con el amigo, en la hora vespertina, con la taza de vino en la tabla-, leal a los «amierios» en la orilla del río, del arado en el surco, del ruinoso ábside románico, del cuco de abril, de la dorna en la ría, del «recandeo» en los «castiñeiros», de la música del cincel del «canteiro» en el granito o del martillo en el yunque de la fragua…», «Faro de Vigo», número 30939, 27 de mayo de 1964: p.14.
Yo también intento ser leal a Galicia, a mi Ribeira Sacra, mi tierra mitad de sangre, mitad de adopción. Recordemos a Manuel María: “Eirexas de Atán, San Fiz, Pombeiro, Eiré / ¡vós sodes un milagre erguido pola fe! / E ollades sempre o infinito”.
Leal a esa dura orografía del terreno que provoca que el cultivo de la vid (unos exquisitos caldos) se haga en bancales, «muras», «socalcos» etc. que son los nombres que reciben los escalones donde se encuentran las viñas, es decir, en laderas de pendientes muy acusadas (una «viticultura heroica»)
Soy leal a los bosques de robles, castaños y encinas (con salmodia de alcores con águilas), al granito y la pizarra (humilde ópera geológica de aceitosas lombrices y topos), al Miño, Sil y Cabe, a los cañones y valles abruptos encajados, a la cicatriz convertida en «bellezza»-belleza contigua a los bordes de las luciérnagas en verano.
En la noche copiosa de parras y lluvias, con la furia de perros ladrando a la noche cerrada, con un libro en la mano, a menudo logro la paz, la ataraxia. Aunque mi mente es mi mayor enemigo, me alío con la Luna, y juntos reinamos en esta región mágica, verde y subceleste.
Admitámoslo: soy un señoritín de provincias. Solitario, lector y escritor tardío (empecé a publicar al advertir, con certeza matemática, que no soy más tonto que otros escritores que reciben unánimes aplausos; así que, me senté en mi despacho, y escribí mis libros)
Creo en la aristocracia intelectual y denigro a la de sangre. La excelencia intelectual es fruto de un hábito difícil e hija, asimismo, de la naturaleza, y creo, también, que el que no ama las letras aristocráticas, está condenado a fatal vulgaridad.
Detesto genéticamente la vulgaridad. Y defiendo la excelencia frente al dominio de la masa: “La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado”, Ortega.
La democracia extiende el círculo de igualdad, pero aplana los espíritus (el espíritu jamás puede ser democrático) El saber crea jerarquías legítimas. La aristocracia de la inteligencia no se hereda, se conquista. Como acertó Thomas Carlyle: “La verdadera aristocracia es la de los hombres que saben pensar”.
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Los propietarios rurales solemos asociar la paz con el ritmo lento del campo, en contraste con el bullicio urbano. La serenidad se encontra en los ciclos de las estaciones (los días iguales), el amanecer sobre la tierra propia y la eficacia del trabajo agrícola de tus peones.
El campo tiene una dulzura en cada estación, y, aunque el invierno puede ser áspero, también ofrece la serenidad de lo inevitable. El campo pacifica el corazón, y es el lugar donde los hábitos se forman y el carácter se prueba, lejos del ruido de las ciudades.
Oigan como el canto de la alondra atraviesa la bruma matutina. Como escribió John Clare, conocido poeta campesino -y que enloqueció-: “Los campos eran todo para mí: libros, iglesia y hogar”.
El paisaje orensano, aquí en los cañones del Sil, es agreste, húmedo, sombrío, con fragas que parecen guardar secretos arcanos. Olor a tierra húmeda, a hierba recién segada, a humo de chimenea.
Pero en estas tierras, escribiendo y leyendo, con cerebro duro a causa de mi enfermedad, pero con pulso líquido, a veces logrando una soledad maravillosamente sosegada, aquí deseo morir, y, pese a la lluvia, de modo luminoso y puro.
Por propia experiencia, discrepo de las tesis que afirman que la mente esquizofrénica no está rota, sino que funciona con una lógica que aún no comprendemos (Artaud también difundió esta hipótesis al aseverar convencido que su enfermedad era un estado donde el alma se deshace del cuerpo y vive en su propio lenguaje) También disiento, cómo decía, no recuerdo si Laing o Cooper o Basaglia, de la frase que afirma que el esquizofrénico no es solo alguien que está enfermo: es alguien a quien el mundo ha vuelto loco. Me parece una idea tan terminantemente falsa como frívola.
Lo que es objetivo, constatable, y auto-evidente, es la desesperación, la pesadilla en estado de vigilia, el bisturí hurgando en vivo en el absceso, la línea entre uno mismo y los otros que se difumina en mera panoplia o abanico desorganizado de sonidos y colores, las conversaciones unilaterales con esas agresivas portadoras de malas noticias que son tus voces, la incomunicación y la soledad (desde fuera no se entiende lo que nos pasa, y desde dentro no podemos o no sabemos explicar lo que nos pasa)
Elyn R. Saks (profesora, abogada y defensora de la salud mental), en su autobiografía -un libro soberbio, se mire por donde se mire-: «The Center Cannot Hold: My Journey Through Madness»,Grand Central Publishing, declara una especie de paradoja muy razonable (pág. 72): “Necesitaba unir dos ideas críticas: que podía estar mentalmente enferma y aun así llevar una vida plena y satisfactoria».
Para mí -y disculpen el aura pesimista- el esquizofrénico es como una persona que ahoga o sabotea sus posibilidades, pero no de forma intencionada o voluntariamente, sino por la propia naturaleza de su enfermedad. Aunque la literatura, piénsenlo, tiene como un toque -un punto carmesí al fondo de la escena- de locura.
Elyn Saks, diagnosticada con esquizofrenia, en el libro antes mencionado, observa: “Hay personas con enfermedad mental que son increíblemente creativas, productivas y perspicaces. Somos más que nuestro diagnóstico”, pág. 203. Acuerdo con ella. En los casos severos muy poco garantiza la creatividad la esquizofrenia. Pero en casos menos graves (síntomas atenuados o bien con no plena posesión psicótica), incluso puede ser una forma de avance.
A mí, y disculpen el vómito emotivo, la confesión ineducada, la escritura, la lectura (y mi familia) me salvaron.
«Remember that the most beautiful things in the world are the most useless; peacocks and lilies for instance», «Recuerda que las cosas más bellas del mundo son las más inútiles; como los pavos reales y los lirios, por ejemplo», John Ruskin.
«Art comes to you proposing frankly to give nothing but the highest quality to your moments as they pass», «El arte se te presenta, con franqueza, proponiéndote nada más que darle la más alta calidad a tus momentos mientras pasan», Walter Pater.
«Beauty is the only thing that time cannot harm. Philosophies fall away like sand, creeds follow one another, but what is beautiful is a joy for all seasons, a possession for all eternity», «La belleza es lo único que el tiempo no puede dañar. Las filosofías se desmoronan como la arena, las creencias se suceden unas a otras, pero lo que es bello es un gozo para todas las estaciones, una posesión para toda la eternidad», Oscar Wilde.
Nada se pierde, todo está contenido en el espíritu, hasta el más mínimo temblor y color de la infancia. Todo permanece vívido y claro, pues una parte de mí aún vive en el cuarto de los juguetes, entre soldados de plomo y mapas del mundo, entre Tentes y Geypermans, entre Scalextric y conchas pulidas por el mar, como caramelos, pequeños fragmentos de cerámica, aún hermosos por su esmalte y color, entre gomas Milán y lápices Alpino (lápices de colores; el lápiz verde se podía utilizar para dibujar un árbol agitado o un cocodrilo sumergido, con el blanco garabateabas lo que quisieras, pues casi no dejaba marca en la página, con el lápiz rojo esbozabas el horizonte de un mar donde se hunde el sol), entre Zipi y Zape y Stevenson, y Salgari y Enid Blyton, y Verne, Dickens, Dumas ETC… (una literatura en la cabecera de la cama, gruñendo y lanzando dentelladas de indecible placer). Infancia, el verdadero hogar.
Era un niño alegre y lleno de brío, saboreaba con igual fruición tanto los helados (nata, fresa, vainilla) como los paseos, las tardes para leer en el pequeño bosque de pinos o momentos de siesta bajo los artesonados de mi habitación. La vida vivaz, entera y certera. La vida fresca, y el verano, el bien, la pureza. Querida, dulce, inolvidable infancia… ¿Por qué ese tiempo irrevocable, por siempre ido, parece más brillante, más festivo y más rico de lo que realmente acaso fue?
NOTA BENE: En mi pre-adolescencia las cosas se empezaron a embrollar debido a mis problemas mentales. Necesitaba compañía y cuidados, pero me corrompía la soledad. Ese estado mental se convirtió en incurable (y aún perdura) Con el tiempo fui consciente que es en los momentos de enfermedad cuando nos vemos obligados a reconocer que no vivimos solos, sino encadenados a una criatura de un reino diferente, a mundos de distancia, que no tiene conocimiento de nosotros y a la que nos es imposible hacernos entender: nuestro cuerpo, y, una parte del cuerpo infinitamente más compleja de entender, nuestra mente.
Con un libro en la mano la soledad me oprime menos; leer tiene cualidades ligeras y fertilizantes ¿Dónde estoy? ¿dónde comienzo y termino yo? La verdad, todavía no sé responder exactamente a esas preguntas. Estar solo, estar en silencio, pensar, bueno, ni siquiera pensar. A los trece años empezó mi decadencia. Ahora, si no me engaño, nada en el mundo me gusta tanto como la soledad. Soy feliz solo en el campo. Me encanta pasear solo por sus bosques. Me encanta salir solo por la noche. Me encanta esconderme de las visitas. Me encanta pasear entre sus árboles y meditar el qué y el cómo escribiré lo que escribiré. Perdonen mi existencia animal.
Vi en la libreria anticuaria: CARRASCÓN DE LAS CORTES Y MEDRANO, Tomás. Carrascon. No es comida para puercos mi fruto, ca perlas son; y aunque parezco Carrasco soy mas, pues soy Carrascon. De las Cortes y Medrano. En Cintruenigo, s.l., 1633, Por María Sánchez Nodriza, pequeño 8º, 132 x 87 mm.
Tomás Carrascón de las Cortes y Medrano fue un reformista español, nacido en 1595 en la villa de Cintruénigo, Navarra.
Profesó como fraile agustino y estudiante de arte en el convento de San Agustín en Burgos. Sus ideas reformistas le hicieron ahorcar los hábitos y abandonar, en 1620, España, expatriándose en Inglaterra. Converso al protestantismo fue protegido por el rey Jacobo I de Inglaterra. Se incorporó a la Universidad de Oxford en 1623 y por sus tratados en defensa del protestantismo y ataque a la Iglesia Romana fue nombrado, en dicho año, Vicario de Blackmere y Prebendado -canónigo-, de la Catedral de Hereford. En 1631, dejó vacante estos cargos, trasladándose a Holanda donde, en 1633, imprimió el Carrascón.
Plena piel de época, lomo con nervios y hierros dorados, cortes moteados. Ex libris en guarda Biblioteca de Salvá. Acompañado de estuche de petaca, piel verde oscura, siglo XX, con inscripción dorada en el lomo: Carrascon. Libro Rarisimo.
Carrascón -manifiesta Menéndez Pelayo-, «Es obra ingeniosa, escrita con agrado, y que se lee sin fatiga. No carece de donaire y abundancia de lengua, aunque a veces degenera su estilo en paranomasias y retruécanos. Una parte del libro es contra el culto de las imágenes y contra las órdenes monásticas, sin gran novedad ni agudeza en los chistes; otra, y es la más seria y erudita, se dirige contra la autoridad de la Vulgata, aunque la mayor parte sus ataques caen en falso, pues atribuye a los católicos en general las opiniones particulares de tal o cual autor de poco crédito en las escuelas teológicas… las observaciones, por lo demás atinadas, de Fernando de Tejeda, son pólvora en salvas. Se manifiesta muy leído en autores castellanos aun de amena literatura, sobre todo de los que hablaron mal de frailes y monjas».
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¿Qué estoy leyendo? Dos «companions» hispanos, complementarios a su modo, a saber, «El legado filosófico y científico del siglo XX», coordinado por Garrido, Valdés y Arenas, Cátedra, y «El legado filosófico español e hispanoamericado del siglo XX», coordinado por Garrido, Orringer, Luis M. Valdés y Margarita M. Valdés, Cátedra. Asimismo releo «Santuario» de Faulkner, en traducción de José Luis López Muñoz, y «La vida», de Cellini, en traducción de Miguel Barceló.
Qué placer de ininterrumpida orgía perpetua la lectura. El paraíso existe, no como un sitio celestial, sino como un lugar que a veces se puede encontrar en el mundo y en el arte, y siempre en una biblioteca. Ningún paraíso terrenal como la exaltación tranquila de poder leer un montón de horas seguidas.
El jardín perfecto, la visión perfecta, la vida perfecta, la biblioteca perfecta-todo está aquí frente a mí, y, sin embargo, a veces -debo confesarlo- es como si estuviera en una habitación oscura sin salida.
«El único consejo que una persona puede dar a otra sobre la lectura es no seguir ningún consejo, seguir tus propios instintos, usar tu propio razonamiento y llegar a tus propias conclusiones», Virginia Woolf. «Espera a que el polvo de la lectura se asiente; a que el conflicto y el cuestionamiento se apaguen; … Entonces, de repente, sin que lo deseemos… el libro volverá, pero de otra manera. Flotará en la superficie de la mente como un todo».«Sin embargo, pocas personas piden a los libros lo que estos pueden darnos. Lo más habitual es que acudamos a los libros con mentes confusas y divididas… Si pudiéramos desterrar todas esas ideas preconcebidas cuando leemos, sería un comienzo admirable», ambas citas son también de Virginia Woolf.
Recuerdo aquellos momentos de paz, cuando, en mi juventud, creía que todo lo que leía permanecería intacto, como una forma de paraíso que jamás cambiaría.