Oceanografía del tedio 54

Mi literatura es horaciana, decimonónica, anticuada y campestre. No verán en ella los pozos artesianos de la ciudad. La ebriedad y la alucinación de los neones pertenecen exclusivamente a mi vida privada (delirios, alteraciones anímicas recurrentes, voces obsesivas, ataques de angustia…) Mi estro es una estilización idealista de los momentos de serenidad que logro en esta aldea minúscula. Y mis visiones siderales o grandiosas se templan con algo de modesta meditación, y la mística es naturalista y desoye las vanguardias o las moderneces.

Parezco huido del mundo, en otro mundo, y que en éste -además- no conociera a nadie. No bebí de lo lindo, no andé muchos caminos, no tiré el dinero. En el fondo una vocecilla defiende esa vida menor, sin cabida de más infortunios. Escribo al hilo de como vivo y mejor no mentir.

Los días, arcos de espacio, miden mi paso y mis ansias. Estremece su tan rápida sucesión. Redondos y monótonos días iguales. Los días, lanzados al borde del cielo, minúsculos, pobres y perdidos, pasan como un metrónomo cruel. Las hojuelas de la nieve, y la Venecia del Canaletto, qué cerca, qué lejos, con su luz soleada y cristalina.

Me conformo con truchas a mi gusto, que es echarlas en agua hirviendo, con sal y una hoja de laurel, y el añadido de un chorrillo de blanco del país, ácido y frutal. Ahora se cree que no hay otra manera de comer las truchas que no sea fritas.

Perdonen mi perezoso despego (esa astenia) de la vida. No ceceo tropicales cadencias. No me anonadan la verde y amarilla maravilla de los loros. Solo el campo orensano heroico, con su sórdida lluvia. La biblioteca. Y esperar dulcemente la muerte, envolviendo mi alma friolera en un jirón de retórica ancestral, nubosa, natural y vieja.

Oceanografía del tedio 53

El mar. El resto de mi vida es un vivir confinado en la muerte, amarrado a diversiones mediocres y aburrimientos soportables. El mar y las rosas son mis pintores y escultores favoritos. Carne sana, abundante, galope rosado. Areópago y ábsides. Oscuros trazos enroscados en los vitrales de las olas. Patriarca de carrozas blancas la espuma. El mar. Palmeado carbón vegetal.

Soy un escritor agrario, marítimo, agropecuario incluso, de escotillas y portillos. El mar.

Oceanografía del tedio 52

Todavía somnoliento, sin haber hecho mis abluciones, con legañas en los ojos, excitado, me pongo a escribir (el lenguaje es pulpa de lis de la miss)

Mi galleguiña aldeíña pipil, con sus húmedos hondones frondosos, es una panoplia de recentales, cabritillos, gallinas, mulas, caballos, vacas, perros, gorriones, helechos, endrinos y «toxos». El lenguaje para describirlos como un vislumbre de joyas antiguas: abalorios de ámbar, anillos, sartales de filigranas, abanicos y bujetas.

Las cumbres de las montañas están inundadas de Luna. Un recogimiento muy íntimo en esta lenta leucemia de la madrugada. El lenguaje es un salón de belleza que decolora y perfila el pelo de las señoras. Los cristales. El relente fresco. La simfonía «Primavera» de Schumann. ¿Vivir? Andante un poco maestoso. Y la música sinuosa, con su discurso socrático, capciosamente critica los mecanismos de nuestra locuacidad trivial.

Despachurrado en el plato un «éclair» al que se le ha salido el relleno cremoso. El lenguaje es un dibujo a lápiz de un río con juncos. Un jugo de sandía mezclado con melón.

Todos naufragamos al borde de las seis de la mañana ¿La escritura? Arpegios de tritón y serenidad feliz.

Oceanografía del tedio 51

No sé cuáles fueron los requintados cálculos teológicos del obispo de Túsculo en el siglo XIII, para precisar que el número de demonios que vagan por el mundo y los infiernos es de 133.306.668. Tres siglos después, Jean Wier, en su libro «De praestige daemonun», rebajaba la cifra. Afirmó que Lucifer tenía trabajando para él a 7.409.127 demonios.

Noche de luna roja, pero rústica y zahareña, como la prefiere mi lascivia. Con mis ojillos de vidrio tierno escruto la bóveda celeste. Un silencio como manchado de puntos almíbares y cremas. Me dispongo a leer la obra de Vicente Risco: «Satanás. Historia do Diabo». Los demonios de Risco son más ligeros que los de Cunqueiro, y como espíritus puros conservan propiedades de los ángeles, y, además, son mucho más malvados.

Noche de desidia y gotear de cañerías. Borbollones en el agua. Comida traída en plato macerina. Esto de los diablos no deja de producir «un certo desacougo». Pero…en fin.

Oceanografía del tedio 50

No sabía quién era la Sra. Pombo, pero me informé muy superficialmente. Exnovia de Morata -ese hombre- y esposa de alguien a quien no tengo el gusto de conocer. Sabe de trapitos y potingues, y niega a Maquiavelo:

“Llegada la noche, vuelvo a casa y entro en mi escritorio; en el umbral me despojo de la ropa cotidiana, llena de barro y mugre, y me visto con paños nobles y curiales; así, dignamente ataviado, entro en las viejas cortes de los hombres antiguos donde, acogido con gentileza, me sirvo de aquellos manjares que son solo míos y para los cuales he nacido. Estando allí, no me avergüenzo de hablar con tales hombres, interrogarles sobre las razones de sus hechos, y esos hombres por su humanidad me responden. Durante cuatro horas no siento fastidio alguno; me olvido de todos los contratiempos; no temo a la pobreza ni me asusta la muerte…”

«Un pueblo inculto no sabe pensar (puesto que se piensa con el lenguaje) y un pueblo que no sabe pensar ni es verdaderamente libre, ni por tanto tiene acceso real -aunque lo parezca- a las virtudes de la democracia que son virtudes de libertad, opuestas en todo al estúpido y castizo: ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Un dicho de gañanes, por qué no usar el nombre… ¡Pobre Quevedo que instó a Baltasar de Zúñiga a traducir a Montaigne hacia 1634! Somos uno de los pueblos más incultos de Europa. Y eso que no he mencionado, en nuestro autor, las citas en griego. ¿Pero qué es eso?, berrean.» L.A. de Villena.

Temo su mente una pozanca donde se esconde el brillo del sol, un magno y fragoso paisaje desolado, yermo, el aviso del cencerro de un morueco.

Los perros corpulentos de las redes nos arrufamos siniestramente para lincharla, disputándonos las roeduras pringosas de la bella cabecita pombiana. Mejor no zamarrear más su cabecilla o cabezota. Sea usted feliz.

***

Jordi Llovet: “Tiene que ver con el descrédito de las personas que tienen más conocimientos que las demás. Es un problema, en cierta medida, consecuencia de la democracia. La democracia lo iguala todo por abajo. Es una pena, pero no puede igualarlo todo por el medio y menos por arriba. De ahí que yo sea un gran defensor de la importancia de las élites. Una idea que han sostenido no pocos intelectuales europeos (Eliot, Valéry) desde hace tiempo. Es decir, desde que se ha visto cómo funcionan las democracias parlamentarias, con la aparición de grupos de presión y de opinión completamente manipulados. Flaubert ya se quejaba de eso. Yo defiendo una educación que permita aflorar a las personas con mayor valor y que se les reconozca. ¿Cómo conseguir dar valor a la palabra de los intelectuales? Eso es muy difícil. Me conformaría con que se diera valor a la palabra del maestro. Y la cosa ya falla por ahí. En la Universidad, no. La universidad es un espacio arquitectónico que impresiona mucho. Los estudiantes tienen un comportamiento muy correcto y no hay problemas de disciplina. Ninguno. Pero en la primaria y la secundaria hay muchísimos y eso está arruinando la educación del país. Los muchachos consideran la figura del maestro como inferior a la de cualquier oficio con el que tengan trato cotidiano. Lo ven como un profesional que les da información y no entienden que es la persona que los está formando. No como futuros profesionales, los forma como futuros ciudadanos”.

***

A M. Pombo y sus ¡tres millones! de seguidores:

LOS HOMBRES HUECOS

Un penique para el Viejo Guy Fawkes
I
Somos los hombres huecos
somos los hombres rellenos
apoyados uno en otro
la mollera llena de paja. ¡Ay!
Nuestras voces resecas, cuando
susurramos juntos
son tranquilas y sin significado
como viento en hierba seca
o patas de ratas sobre cristal roto
en la bodega seca de nuestras provisiones

Figura sin forma, sombra sin color,
fuerza paralizada, gesto sin movimiento;

los que han cruzado
con los ojos derechos, al otro Reino de la muerte
nos recuerdan -si es que nos recuerdan- no como
perdidas almas violentas, sino sólo
como los hombres huecos
los hombres rellenados.

Eliot

***

Sea usted feliz.

Oceanografía del tedio 49

BOOKS

Para Emil Man Martínez

(Erica Jong)

“El universo (que otros llaman la biblioteca) …”, Borges, “La biblioteca de Babel”.

Hilvanados en el centro con hilo blanco grueso
como si un manatí de acero sostuviera la tierra.
Efímeras fiestas de fantasmas, algunos
con grabados eróticos y páginas pegajosas
igual a un espejismo de zumo de uvas.
Aguerrida hueste a toque de clarín,
promesa de futuro, de ensueños, de platas
o nieves: trenes dirigidos a Aquitania.
Serrallos del degollado Amadís de Gaula.
Leídos en la playa con coloreadas gafas de sol.
Libros, caracoles reptando por las estatuas.
Libros, blancos manteles donde se posan
materiales de diamantes. Con hongos
floreciendo sobre las hojas, y Helenas de Toya
con forma de hexaedros inscritos en esferas.
Bujías y haces de polvo de alas de mariposa.
Cinceladas ojivas de oro, púrpura y grana.
Y que huelen a ese planeta que sus letras
ponen en movimiento. Libros con emplastos
de papel de arroz. Museos del mundo.

Oceanografía del tedio 48

Estimada Sra. Pombo:

Es usted una orgullosa no letrada y doncellita de afeites, embelecos y otras malicias de tocador. Una mujer hermosa. Pero piense una cosa: más pronto que tarde, sus mejillas se exprimirán angulosas, y una maleza gris y rala como el esparto tendrá como cabello.

Entonces, más que gritar, ladrará, gañirá en sus adentros. Sin libros, estimada señora, no hay consolación ni libertad (e incluso, a veces, con ellos tampoco existen ni consolación o acaso libertad)

¿Libertad? Usted está encadenada a una casita de perro lujosa. Vive en el lujo desmesurado, pero, como el perrillo, encadenada. Sus invisibles cadenas le permiten solo pasar de puntillas sobre la vida.

El golpe, cuando despierte y note las marcas en el cuello, la cadena, será colosal.

Lea buenos libros y despierte. Solo vivimos una vez.

Le envío un saludo afectuoso.

Oceanografía del tedio 47

HISTORY OF SPAIN

Para Ángeles Pérez

(José María Álvarez)

Vestidos con corazas de mallas
oscuros valles de Iberia.
La conciencia de España:
trompetas y aspas afeitando sus poblachones,
el rostro del bufón Calabacillas,
esguinces en el yermo de Lope de Aguirre,
o el aire ciego tejiendo
la alfombra pulgosa de Madrid.
Pero también Quevedo y Cervantes,
y Cunqueiro, Velázquez o Cajal,
los rizos luminosos de sus muchachas,
la coloración caliente de terracota
del norte de sus noches,
el Marqués de Bradomín,
el entierro de Durruti.

Oceanografía del tedio 46

MUNDO DE YERBAS MARINAS

Para mamá, mi pulso en el aire

(Eliot)

Empuña mi voz una arcilla de retórica
de falacias patéticas. No importa.

El amor de mamá:
ruiseñores con pico de globos de menta,
frescos páramos que se agitan
como verdes iris de lámparas.
Pues ninguna negra cera lacrará,
ningún afilado viento congelará,
ningún torvo sol marchitará
las rosas de la rosaleda solo nuestras.

Mom, tú y yo somos las mismas nubes
sobre los mismos mares,
y pensamos los mismos pensamientos
sin necesidad de lenguaje,
y balbucimos el mismo lenguaje
sin necesidad de significado,
y expresamos los mismos significados
sin la tramoya capciosa de los fonemas,
y fue nuestro el mismo eco
de sonidos y campanas y fucsias
sin usar las vulgares ideas.

Clamor de gaviotas en el cielo.

El mar nos perfumará
con su piel de espumas de guacamayos.

Bajo la especie de eternidad,
nuestros son los ojos submarinos de la Luna.

Oceanografía del tedio 45

MARÍA POMBO REINA DE ESPAÑA

Señora de las redes y las piruletas,
que anda despotricando de libracos,
dígame, por su vida, ¿no ha topado
culto que le meta mano a las tetas?

Andando entre la tontuna menos secreta
corriendo tras algún corzo o venado
¿no ha habido algún sabio despejado
que le enseñe palabras y libretas?

Guapa, pero… ¿su cerebro plano basta?,
¿O que su cabeza sea igual a nada?
¡No me acose, y váyase a la mierda!

Eso, pazguata, ¡váyase a la mierda!,
continúe con su de mortadela bocata,
ay petarda del coco-hojalata y cubata.