Oceanografía del tedio 44

Como que tengo una pésima adherencia al tratamiento, me pinchan mensualmente el antipsicótico. Se llama «Xeplion» (la molécula en concreto es paliperidona)

Creo que José Agustín Goytisolo le hizo un poema al litio, remedio clásico de la bipolaridad; no deseo ser menos.

EXCUSANDO EL XEPLION SIGUIENTE

(Carlos Barral)

Aún no es necesario
y de repente el cuerpo lo urge inevitable.

Fijada la conducta errática
en objetos sin gozo de esperanza,
junto a la insidia del invierno,
sense data de un sueño que los párpados tramonta,
o exilio de bóveda a través
de vitrinas irreales
entre arbotantes de cruel vulgaridad, común
vaguedad para soldar la cabeza hemicránea.

Huye el pico del alción,
se agrisan colas verdiazules
de dragones: madeja atonal de máscaras.
Coreografía de plañidos de búhos,
y las líneas de fuga
-vacilantes- caen en desvaídos polímeros
de acrílicos amarillos y blancos.

Danza un ritmo de alma baja:
los objetos con rara gravedad,
las cosas rameadas como con ojos de pulpo,
e insinuaciones de cansancio y náusea.

Y el horror de desmonte que sigue,
y las escurridizas ondas
de estar equilibrado, cobarde,
trazo indecente de cul-de-sac,
pero en inaceptable extrarradio.

Y otro terrible horror:
esa dosis de bambú en la sangre
solo esperará otro mes
para contarte
su aciaga y abominable trama:
el último de la clase,
el gato con clavadas plumillas,
tú convertido en tonto de manada.

Oceanografía del tedio 43

FUI QUOD ES, SUM QUOD ERIS.

Espera un rato, viajero, y piensa en mis palabras,
para que entiendas tu destino a mi sombra:
tu cuerpo cambiará como el mío.
Lo que tú eres ahora, vivo en el mundo,
yo lo fui, viajero, y lo que yo soy ahora,
tú lo serás algún día. Busqué en vano
los placeres del mundo: Ahora soy cenizas
y polvo, comida de gusanos.
Recuerda entonces cuidar mejor tu alma
que tu cuerpo, porque ésta sobrevive y éste perece.
¿Para qué buscas posesiones?
Ves en qué pequeña cueva
esta tumba me guarda: la tuya será igual de chica.
Mi nombre era Christian, y la sabiduría
siempre me fue querida. Ruega por mí
cuando leas en silencio esta inscripción.

Oceanografía del tedio 42

Yo fui traidor y fui infiel: infiel a todo fanatismo y traidor a todo totalitarismo.

***

«La traición aplace, y no el traidor que la hace», dice el antiguo refrán, recogido tanto por Mateo Alemán como por Cervantes.

***

Como muchos recordarán, Viriato fue un caudillo lusitano que consiguió, mediante su hábil actividad guerrillera, dificultar durante siete años el avance de la romanización en el suroeste de la península ibérica. Cuenta la tradición que fue en el año 139 antes de Cristo cuando el cónsul romano Quinto Servilio Cepión pronunció la frase «Roma no paga traidores», para despachar a unos lusitanos que se presentaron ante él reclamando la recompensa por haber matado a su jefe, el mencionado Viriato. Al parecer, se la había prometido otro cónsul, cuando fueron a él enviados por el líder para negociar un tratado de paz, y regresaron con el encargo traicionero. La resistencia histórica de los lusitanos ante el invasor -para algunos emblemática de la libertad y del nacionalismo indígena- sirve de base para hilvanar esta anécdota legendaria, con frase lapidaria incluida. Una leyenda que en definitiva pretende resaltar la grandeza del imperio triunfante (inmaculado ante semejante vergüenza de andar sobornando traidores), y que refrendaba además el hecho anterior de que el Senado de Roma hubiera declarado a Viriato «amicus populi romani». Muerto y honrado el líder, todos contentos. Excepto los traidores.

Oceanografía del tedio 41

Las tesis más revolucionarias del segundo Wittgenstein consistieron en afirmar que el significado de una expresión solo podría comprenderse a través de su uso. Con ello corrigió que el lenguaje solo servía para figurar lógicamente la realidad (primer Wittgenstein)

Para Wittgenstein, saber hablar un lenguaje consiste en dominar una serie de juegos lingüísticos. Ahora bien, en las «Investigaciones», constató la existencia de múltiples juegos del lenguaje: ordenar, obedecer, describir, rogar, explicar, exigir, son claros ejemplos de juegos lingüísticos.

Para Wittgenstein no existe un único uso del lenguaje ni tampoco un uso fundamental del lenguaje. Estableció que entre los diferentes juegos del lenguaje solo un existe un parecido de familia, pero nunca una característica esencial que los defina.

***

LENGUAJE: una fuerza misteriosa que me ayuda y alimenta, que huele como la menta, y me quita soledad al palparlo y olerlo. Blanco mármol y granito rojo, quijotesco y fachenda, chocolate en infancia zodiacal, que me devuelve mi edelweis, mi último cigarrillo, mi oscura pasión. La última nota de una sublime aria de Bach, el aire de bravura de un maestro músico de cierta edad, y el telegrafiar a Londres los corteses postreros pensamientos de mi embarullado mundo interior.

Oceanografía del tedio 40

Escribir me colma de un modo indecible. Inseguro a la par que no perfeccionista (sí soy neuróticamente perfeccionista, pero escribo contra la muerte y, entonces, deviene un lujo o capricho no permitido)

Sea lo que sea escribir, incluso en sus más humildes principios, es un asombroso ejemplo de lo que la vida es para mí. Una metamorfosis. Me adentro en la frase como si viese una mujer movediza, de perfil; al principio parece bonita, sencilla, alta y rubia, pero después, ansiedades de por medio, sinestesias a través, es un rojo insomnio, pequeño, complejo, moreno y regordete.

A pesar de lo popular que se volvió, Anne Sexton (suicida consumada) siempre fue percibida como una víctima. Sus poemas eran a veces tan explícitos que el análisis de su obra se centraba principalmente en su vida escandalosa, y no en la obra en sí. La sociedad estaba tan poco acostumbrada a ver poesía que no fuera «bonita», que, al ver una obra tan cruda escrita por una «mujer alucinada, extra-ordinaria», eso representaba casi un tabú. Por lo tanto, la sociedad comenzó a interpretar los poemas de Sexton como un signo de su trastorno mental, en lugar de interpretarla desde cualquier otro punto de vista estrictamente literario.

Sylvia Plath (otra suicida consumada) dijo: «Y, por cierto, todo en la vida se puede escribir si tienes el valor para hacerlo y la imaginación para improvisar. El peor enemigo de la creatividad es la duda». Y añadió: «Escribo solo porque hay una voz dentro de mí que no se callará».

Oceanografía del tedio 39

RITORNANO LE VELE ALLA MIA SPIAGGIA

Por el surco labial del loco
sangran las vacas negras.
Por la neblina sudan
sus manos de hierro.
Por los ecos de campanas
retumba su sordina torturante.
Por las células del páncreas
la hipócrita Venus Calipigia.
Por el tubo digestivo y los ojos
tintinea el remolino de cafés.
***
Con el corazón roto, leíste el epitafio:
“Confiaste demasiado en el mar y el cielo.
Ninguno de los dos es digno de confianza.
Desnudo yacerás en ignorado manicomio”.
Viaja en el sueño envuelto de hojas verdes.
Tú no perteneces a los eruditos;
tu raza es la de los locos. Haz el último,
postrero viaje, donde, con ellos, en camas y yates,
te esperan como a otro íntimo de los suyos.

Oceanografía del tedio 38

MONTAIGNE, TRÓPICO DE UNA FIGURA RETÓRICA

(Emil Man Martínez)

Me apresuro a subir a un vagón vacío
para poder besar a Martha durante
el largo trayecto. El aire es rosa
y casi rígido, y el paisaje no es del alma,
sino un sistema de turbulencias que gira.
Pero es mejor apearse del tren, y, ya en casa,
tomar los abismales “Essais” de Montaigne,
con la tranquila satisfacción de las estanterías
repletas de viejos libros. Un Montaigne
igual a un grito de devoción, que,
como un palacio, tiene unos geranios, y uno de
aquellos “cours pavées en dalles et parfois
entourées de colonnes”. Un Montaigne
que siempre nos recuerda los “cortile” de las casas
de Venecia. Leer a ese maestro, de meditación
incesante sobre todas las cosas del tiempo y
los hombres… y pensar, y olvidar y escribir,
mientras a ti también las horas te dejan de lado.

Oceanografía del tedio 37

Me levanto a las cinco de la mañana. Fumo mi pitillo en el jardín. Nos rodea la noche campesina en su plenitud de niebla baja, azul y silencio. Parece escucharse la tierna espesura del valle, del cielo estrellado, de los pinares, que, al recibir la lumbre, se gozarán opulentos y jugosos, y las montañas y colinas, que, tras la lluvia, se sumergirán en las blancas llamas del día.

Pongo en el CD «El Cisne de Tuonela» de Sibelius. A la sombra de los oteros, duerme Nogueira de Ramuín, mi aldeíña. Suena el bizarro cántico de un gallo; brota y se derrama por toda la llanada.

Ayer el cielo tenía cirros de malvas reales, inclinaba sus onzas como cabezas pensativas. Anteayer oí la estridulación de las cigarras, y el sonar de las colleras de las mulas. La solana techada por la vid, pampanosa y platónica.

El significado de la Sinfonía n.° 6 de Beethoven, también conocida como «Pastoral», es una celebración de la naturaleza y el campo, que expresa las emociones de un campesino frente a ella.

Beethoven tituló los movimientos para guiar al oyente a través de escenas como la llegada al campo, un arroyo junto a un lago, una danza de aldeanos, una tormenta y la gratitud de los pastores. La música evoca imágenes y sentimientos extra-musicales. Escúchenla, si les viene a bien.

Oceanografía del tedio 36

DESPUÉS DEL BAÑO EN EL MAR

(Luis Antonio de Villena)

Solo hay una verdad incontestable y definitiva:
todo cambia, chama, y nuestra amada y blanca
juventud, tan ilimitada y fresca, cede su lozanía
a la mortaja. El rubor del amarillo limón
temblará en los tejadillos del féretro.
El otoño se acerca ocultando energía y vendavales;
todo fue ceniza, y el recuerdo de la juventud,
de la blanca juventud centelleante, fulgurante,
días de plata con noches de platino, el recuerdo
del tiempo pasado, será látigo lacerando la piel.
Desde una balaustrada del promontorio
tus ojos vieron el mar, desde penachos y vítricas
cresterías conociste el oleaje del placer.
Pero, desbordada la melancolía del amor,
sin vigor, ya te adentras en la noche solitaria del río.

Oceanografía del tedio 35

LITERATURA A TRAVÉS DE UN RUISEÑOR

Proust: púrpura, añil y oro. Chal de seda y chisporroteo de campanas rojas. Rimbaud: azul y granate. Zepelín junto a vacilantes águilas. Luna de isla egea. Borges: violeta y blanco brillante. Pañuelo de olas brillantes. Carmín y hojas de geranios.

El “De rerum natura” de Lucrecio como un velo de gasa tejido por heliconias y proteas epicúreas.

La prosa de Joyce es como un laberinto de puentes venecianos, beige y violácea. Un rocío en una jaula de jacintos; la de Azorín como la música de Pierné, azufaifas o quizá madroños; la de Yourcenar, como un encendido árbol de navidad; Horacio es igual a un beso suave. Aire de oro en un poblachón con cerezales sabrosos.