Oceanografía del tedio 4

Para que luego digan que las vidas de los matemáticos son aburridas.

Y eso por no citar a John von Neumann, con un montón de manías interesantes. Le encantaba leer libros mientras conducía, y por eso chocaba el coche con frecuencia. Le gustaba trabajar en ambientes ruidosos y caóticos, y lo regañaron por poner música de marchas alemanas a todo volumen en el gramófono de su oficina en Princeton. Su interés casual en la historia bizantina lo llevó a tener un conocimiento que rivalizaba con el de expertos reconocidos.

Leray inventó las secuencias espectrales y desarrolló la teoría de haces como prisionero de guerra en la Segunda Guerra Mundial.

Euler se quedó ciego pero siguió siendo asombrosamente prolífico.

Hurewicz es otro despistado de libro: era famoso por ser tan despistado que acaso murió aposta al tropezar y caerse de una pirámide en México.

Erdős fue uno de los matemáticos más brillantes y prolíficos del siglo XX. También, como documenta Paul Hoffman en su libro «El hombre que solo amaba los números», era un verdadero excéntrico -un “monje matemático” que vivía con dos maletas, vestido con trajes rotos, y regalaba casi todo el dinero que ganaba, quedándose solo lo suficiente para mantener su estilo de vida modesto; un solterón empedernido que era extremadamente (quizás anormalmente) devoto de su madre y nunca aprendió a cocinar ni siquiera a hervir agua para el té; y un fanático adicto al trabajo que rutinariamente trabajaba diecinueve horas al día, durmiendo solo unas pocas horas por noche.

A Erdős le gustaba trabajar en colaboraciones cortas e intensas con otros matemáticos, y cruzaba el mundo buscando nuevos talentos, a menudo acampando en las casas de sus colegas mientras trabajaban juntos en un problema. Un colega así recordó una visita de Erdős de la década de 1970: «… solo necesitaba tres horas de sueño. Se levantaba temprano y escribía cartas, cartas matemáticas. Dormía abajo. La primera vez que se quedó, el reloj estaba mal puesto. Marcaba las 7:00, pero en realidad eran las 4:30 A.M. Pensó que deberíamos estar despiertos trabajando, así que encendió la tele a todo volumen. Más tarde, cuando me conoció mejor, venía a una hora temprana y golpeaba la puerta del dormitorio. “Ralph, ¿existes?” El ritmo era agotador. Quería trabajar de 8:00 A.M. a 1:30 A.M. Claro que hacíamos pausas para comidas cortas, pero escribíamos en servilletas y hablábamos de matemáticas todo el tiempo. Se quedaba una o dos semanas y uno colapsaba al final».

Erdős le debía su fenomenal resistencia a las anfetaminas -tomaba de diez a veinte miligramos de Benzedrina o Ritalin diariamente. Preocupado por su consumo de drogas, un amigo una vez apostó con Erdős que no sería capaz de dejar las anfetaminas durante un mes. Erdős aceptó la apuesta y logró dejarlas en seco durante treinta días. Cuando fue a cobrar su dinero, le dijo a su amigo: “Me has demostrado que no soy un adicto. Pero no hice ningún trabajo. Me levantaba por la mañana y miraba un papel en blanco. No tenía ideas, como una persona normal. Has retrasado las matemáticas un mes.” Después de la apuesta, Erdős reanudó inmediatamente su hábito de las anfetaminas, que complementó con tragos de café expreso fuerte y pastillas de cafeína. “Un matemático”, le gustaba decir, “es una máquina para convertir café en teoremas.”

Sophie Germain se inventó una identidad falsa (masculina) para poder estudiar matemáticas.

Sophus Lie, un matemático noruego al que le encantaba el senderismo, fue arrestado por caminar por Alemania durante la guerra franco-prusiana por ser un espía. Stephen Smale, un estadounidense, dio una conferencia de prensa en las escalinatas del Kremlin durante la guerra de Vietnam donde les reclamó a ambos gobiernos, el estadounidense y el ruso, una paz mundial. Ah, y Pitágoras, que estaba a cargo de una secta que creía que las habas eran el alimento perfecto y puede (si non é vero…) que haya matado a un hombre por demostrar que la raíz cuadrada de 2 era irracional.

Y creo que Lie incluso hacía senderismo desnudo, en invierno. Y cuando encontraron sus papeles pensaron que era un código secreto. Él les dijo que eran matemáticas y ellos le preguntaron «¡bueno, si son matemáticas, explícanoslo!», y él respondió: «Señores, nunca podría, en todas las edades del universo, explicarles esto».

Y, si mal no recuerdo, Lefschetz perdió las dos manos en un accidente.

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La palabra “matemáticas” sólo aparece en una obra de Shakespeare: “La fierecilla domada».

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Si barajas una baraja de cartas correctamente, es más que probable que el orden exacto de las cartas que obtengas nunca se haya visto antes en toda la historia del universo.

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40 °C es igual a -40 °F.

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Ante las barreras de género en Rusia, Sofia Kovalévskaya contrajo un «matrimonio ficticio» para estudiar en el extranjero y finalmente se convirtió en la primera mujer en obtener un doctorado en matemáticas y la primera mujer en ocupar un puesto académico oficial en Europa.

Oceanografía del tedio 2

SOLAPA INTERIOR A «DIARIO DE AQUITANIA»

Christian Sanz Gómez, nacido en la hortelana Barcelona, criado en Manresa, París, Boston y Orense, se emperró en ver la vida de lejos y no salir de su biblioteca. Lo logró.

Agustín, en “De vera religione” (33), aprueba la concepción de Platón que asegura que la VERDAD no se contempla con los ojos del cuerpo, y que el mayor obstáculo para la misma es una vida entregada al placer.

Pero Christian Sanz, si no verdad, en su biblioteca halló el grado más alto de excelencia humana, EL PLACER, idea que compartieron Vindiciano, Thomas Hardy, Borges, Fírmico Materno, Leonzio Pertusi, George Boole, Borges, Benedicto XVI, Galeazzo II Visconti, Stanisław Leśniewski, Einstein, Jaume Bover Pollol , Rilke, Vargas Llosa, Borís Asafiev ETC… y casi todos que en el mundo han sido.

Parece que en estos tiempos tiernos la nueva insubordinación de la chusma consiste en despreciar a los lectores. La historia puede cambiar en cinco minutos. Habrá otro renacimiento carolingio.

Adiós. Libros, libros y libertad.

Oceanografía del tedio 1

CONTRATAPA A «DIARIO DE AQUITANIA»

En la interesantísima obra de André Fauve-Dorsaz, “Calvin et Loyola: Deux réformes”, Editions Universitaires (Bibliothèque Historique), París, 1951, pág. 117, leemos: “Huyó Calvino con su amigo Nicolás Cop. El discurso, donde defendían manifiestamente la doctrina de la salvación por la fe, causó polémica. No olvidaron los volúmenes de Cicerón”.

El autor desea huir de España, el autor solo tiene fe en su biblioteca, el autor quiere huir de este país de todas las cabras. Ir al Sur, al sol. Levantarse muy de mañana, a la orilla del mar, en un lugar donde los árboles estén bien juntos, sin nadie alrededor, sin que nadie pueda ver nada, y debajo de los árboles, después del baño, secándose en la hierba, cosquilleado y acariciado por la hierba, ponerse a leer a Cicerón.

¿Cómo es el alma del autor? Un cruce de gramínea y Ludovico Sforza. Un alma contemporánea de Taletas de Gortina, Arquíloco, Hesíodo, Homero y Licurgo. El oráculo délfico le anunció una próxima muerte. Deja a sus deudos una formidable LIBERTAD, muy lejos de las actuales costumbres feudales y el universal derecho eclesiástico-internáutico.

El autor leyó mucho. Convirtió sus ojos en una obra de arte. En la pira funeraria quémenlo junto a sus libros.

Trabajos y días 18

«Sobre la especie humana se alza un inmenso y tutelar poder que asume la carga de asegurar las necesidades de la gente y cuidar de su destino y desenvolvimiento. El poder en cuestión es absoluto, minucioso, ordenado, previsor y bondadoso. Equivaldría al amor paterno si su misión fuera educar a los hombres en tanto alcanzan la edad adulta; pero, contrariamente, lo que pretende es mantenerlos en una infancia perpetua; es partidario de que el pueblo viva placenteramente a condición de que sólo piense en regocijarse. Convertido en el árbitro y origen de la felicidad de los humanos, el gobernante, con la mejor disposición, actúa y se preocupa de que nada les falte; satisface sus necesidades, facilita sus placeres, cuida de sus preocupaciones más importantes, dirige sus actividades mercantiles, regula el incremento de su patrimonio e interviene en su transmisión hereditaria. ¿Qué resta a las gentes por hacer cuando se les ha ahorrado las inquietudesde pensar y las tribulaciones que la vida comporta?» Tocqueville, citado por Hayek como encabezamiento de la tercera parte de su esplendoroso (genial) libro «Los fundamentos de la libertad».

Trabajos y días 17

Me irrita la confusión, no las verdades más dolorosas. Bajo las estrellas, deseo pasear y soñar. Viví con intensidad, amplitud y tumulto, pues presté poca atención a las formas de vida puramente externas. La contemplación es el único lujo que no cuesta nada.

Al leer, contemplo. Entre ayer y hoy me leí: VV.AA. : «Esquizofrenia», Editorial Síntesis, y «Un Tratado de melancolía», de Timothy Bright (editado por la Asociación Española de Neuropsiquiatría) El primero está lamentablemente escrito, con una prosa tambaleante, carente de ritmo y garrafales errores de estilo. Redundante y monótona, con adjetivos y adverbios de más. Libro muy aburrido.

Al contrario, el de Bright, pese a que su medicina está brutalmente desfasada y superada, tiene la gracia de los pioneros. Es el primer libro escrito en inglés sobre la tristeza, el primer antecedente acerca de este tema que tendría como colofón el largo y erudito y famoso ensayo «Anatomía de la melancolía», escrito en el siglo XVII por el clérigo y sabio también inglés Robert Burton.​ Bright se matriculó en el Trinity College, Cambridge, el 21 de mayo de 1561, y se graduó en Artes en 1567-68. En 1572 se marchó a París para estudiar medicina, pero huyó de la Matanza de San Bartolomé, uniéndose a otros ingleses y protestantes. Volvió a Inglaterra, a Cambridge, en 1574, para continuar sus estudios. Empezó a ampliar sus prácticas en medicina hasta que al final pudo doctorarse, en 1584. William Shakespeare lo consultó cuando se encontraba escribiendo «Hamlet» y buscaba asesoramiento para trabajar en el carácter melancólico de Ofelia. Por cierto, Bright escribe (valga una pincelada de humor) en la página 79: “los testículos de gallo joven proporcionan un buen alimento para los melancólicos”.

La locura tiene una dimensión mítica (debiera matizar esta opinión contundente) Las imágenes del Mito son reflejos de las potencialidades espirituales pofundas de cada uno de nosotros. Al contemplarlas, evocamos esos poderes en nuestras propias vidas para operar a través de nosotros mismos. Si perdemos nuestros mitos, perdemos nuestro lugar en el universo. De ahí que prefiera la mitomanía de Bright a la de una recua de psicólogos de prosa catastrófica.

Trabajos y días 16

Buenos días. Pasé una noche infernal. Solo -seré sucinto- dos recordatorios: las personas más fuertes son las que ganan batallas de las que no sabemos nada, y, también, hay esperanza, incluso cuando tu cerebro te dice que no la hay.

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Le dije a mi psiquiatra que todos me odian. Dijo que estaba siendo ridículo; nadie me conoce todavía.

En mi opinión, nuestro sistema sanitario ha fracasado cuando un médico no trata una enfermedad que tiene tratamiento.

Llamarlo locura facilita justificar lo que no entendemos.

Hablar de los propios sentimientos frustra el propósito de tenerlos. Una vez que intentas expresar la experiencia humana con palabras, se convierte en poco más que un espectáculo. Todo debe tener una causa y un nombre. Cada pensamiento aleatorio debe tener una raíz en algo más.

No estoy de acuerdo con chamanes, brujos ni psiquiatras. Shakespeare, Tolstói o incluso Dickens comprendieron más sobre la condición humana de lo que jamás se les ocurrió a ninguno de ellos. Ellos, panda de charlatanes sobrevalorados, se ocupan de la gramática de los problemas humanos, y los escritores que he mencionado, de la esencia.

Es un deber y una alegría perfeccionar la propia naturaleza… Lo más difícil es el amor. Una persona sin amor, impulsiva, que solo compite en esta carrera de ratas, está lejos de la perfección.

Trabajos y días 15

LEY GENERAL DE SANIDAD

Mirad el paso altivo de la Locura.
Chasquido de viejas ratas tomando
baños de sol, o donde besar pelucas
de piojos con hilos franciscanos de semen.
Pasan los locos, no como pasó
Atenas, Sócrates, Palmira, y Descartes,
sino como la Nada recuerda a la Nada.
Hierro y nubes, la Nada, alcanfor en ojos,
la Nada que igualará montes y llanos,
hierro y hielo donde se queman las uñas,
eternamente, con su carga atroz,
girando, donde giran muertos los locos,
donde giran y giran locos los muertos.

Trabajos y días 14

Temo ese estado final que Kraepelin definió como «affektive Verblödung», «entontecimiento afectivo». Ninguna conservación intelectual, ninguna apertura a la realidad. Una retracción sin resonancia empática, la imposibilidad de establecer relaciones de objeto externas a mí. Un desuso del yo intencional que de alguna manera me «demencie». Si no puedo interesarme por la realidad, entonces no puedo dar rendimiento de ella; como si mi inteligencia dejara de existir. Me disgrego en un autismo con forma casi definitiva de ataxia intrapsíquica. Me domina la «ratlosigkeit», «perplejidad», una esquizoidia insociable, silenciosa, retraída, grave, solitaria, tímida, vergonzosa, delicada, sensible, nerviosa. Me posee la abulia, la indeferencia, la catexia. Me siento humillado (pésimo pronóstico) por la involución de mi parafrenia. A lo mejor debiera poner el foco fuera de mí.