Summa logicae 22

«Mi vida empezó cuando recibí mi carnet de biblioteca», Harold Bloom.

“Pensé: lástima por los pobres de espíritu que no conocen el encanto ni la belleza del lenguaje”, Muriel Barbery.

“Debo insistir, señoras y señores, en que dediquen mucho tiempo, casi todos los días, simplemente a sentarse y pensar. Eso es muy poco común en los negocios estadounidenses. Yo leo y pienso. Así que leo y pienso más, y tomo entonces decisiones menos impulsivas que la mayoría de la gente en los negocios. Lo hago porque me gusta este tipo de vida. Y me da sus frutos”, Warren Buffett.

«Los peores lectores son aquellos que se comportan como tropas de saqueo: se llevan algunas cosas que pueden usar, ensucian y confunden el resto, y lo vilipendian todo», Friedrich Nietzsche.

«Puede que los libros no mitiguen nuestro sufrimiento, puede que no nos protejan del mal, puede asimismo que no nos digan qué es bueno o bello, ni ciertamente nos protegerán de nuestro destino común: la tumba. Pero nos ofrecen en cambio innumerables posibilidades: la posibilidad del cambio, la posibilidad de la iluminación», Alberto Manguel.

“Ah… Cama, libro, gatito y sándwich. Todo lo que se necesita en la vida, la verdad”, Emmanuelle Riva.

“Encontré mi religión: nada me parecía más importante que un libro. Veía la biblioteca como un templo”, Sartre.

“Pero yo también odio los libros largos: cuanto mejor, peor. Si son malos, solo me hacen jadear unos minutos. Pero si son buenos, me convierto en un idiota social durante días, negándome a salir de mi habitación, frunciendo el ceño y gruñendo ante las interrupciones, ignorando bodas y funerales, y convirtiendo a mis amigos en enemigos. Todavía llevo las cicatrices de «Middlemarch»”, Vikram Seth.

“Las bibliotecas me criaron”, Aleix Leví Carballo.

“Leer es uno de los verdaderos placeres de la vida. En nuestra cultura digital, donde todo lo encuentras resumido, adaptado, adulterado, extractado, fragmentado, triturado y reducido, resulta reconfortante e inspirador sentarse en privado con un libro inagotable» Noemí Chaudarcas.

“La única forma de tolerar la existencia es perderse en la literatura como en una orgía perpetua», Flaubert.

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Traicioné el lema de Gauss a la hora de publicar: «Pauca sed matura», «Poco, pero maduro».

En el pecado llevo la penitencia.

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Buenos días. Amanece, nos acoge la alfombra de ciclámenes, empieza el movimiento de columnatas de luz, el triunfo de los saltitos de los gorriones. “¿De qué sirve tener tantos libros y bibliotecas si no basta toda una vida para leer solo los títulos?”, Leopold Fejér, el enigmático Leopold Fejér.

Les deseo que encuentran la calma y la serena, la sosegada imperturbabilidad. «En toda casa en que entren, digan primero: Paz a esta casa» (Lc 10, 5), «El Señor os dé la paz» (2 Tes 3, 16; Jn 14, 27) Y que lean:

“Me gustan los libros porque no gritan, son silenciosos y, sin embargo, dicen muchas cosas”, Ignacy Krasicki.

Summa logicae 21

¿Te sientes satisfecho en general con tu vida? ¿Qué aspectos te hacen sentir pleno y feliz? ¿Qué áreas te gustaría mejorar? ¿Has alcanzado tus metas? ¿Estás trabajando en ellas? ¿Qué pasos puedes dar para avanzar? ¿Cómo son tus relaciones con familiares, amigos y pareja? ¿Te sientes conectado, apoyado, querido? ¿Hay relaciones que necesitas fortalecer o dejar ir? ¿Temes a la soledad?¿Estás satisfecho con tu trabajo? ¿Sigues aprendiendo y creciendo? ¿Qué te gustaría explorar, descubrir, saber?¿Te cuidas física y psicológicamente? ¿Son saludables tus hábitos? ¿Buscas apoyo, ayuda, cuando la necesitas?¿Qué valores son importantes para ti? ¿Tu vida refleja esos valores? ¿Sientes que estás viviendo con un propósito, un significado? Reflexiona sobre estas preguntas, querido lector. La lucidez es el primer capítulo del libro de la sabiduría. No te hurtes a ti mismo. Una cosa es ser inteligente y la otra sabio.

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Permítanme expresar una idea. Deben intentar ser libres y cultos; no vean la televisión, no lean porquerías, ni siquiera escuchen reguetón. Creen su propio espectáculo itinerante de calidad y altura. El nexo de espacio y tiempo donde están ahora es el sector más inmediato de su universo, y si se preocupan por Ibai, Ana Rosa Quintana, Aitana, Daddy Yankee, o alguien más, entonces están descapitalizados, entregan su poder, la fuerza de su destino, la capacidad de su auto-articulación a los peores iconos, iconos que se mantienen gracias a los medios y que solo quieren que usted compre X, se vista con Y, o tenga los labios como Z. Este tipo de pensamiento -adviértalo- es una locura. Eso es una barata distracción cultural, y lo real es usted, sus amigos, sus euforias, sus orgasmos, sus esperanzas, sus planes, sus miedos. Medite si desea ser central o periférico. Y analice la secuencia (o imperativo): «Obtén un título, consigue un trabajo, consigue esto, consigue aquello» ¿Quiere participar en el juego? Recupere su mente y libérela de las manos de los ingenieros culturales que quieren convertirle en un imbécil mediocre que consume toda esta basura fabricada con los restos de un mundo moribundo.

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Cada ser humano es una casa de huéspedes. Cada mañana es una nueva llegada, una nueva aurora. Una alegría, acaso una desdicha, o una mezquindad; una especie de consciencia momentánea llega como un visitante inesperado… Recíbelos y agasájalos a todos. Limpiamente. Con transparencia. Sin turbiedades. Sopesa y mide y trata a cada huésped con honores. Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia, a la melancolía, a la curiosidad, al asco, a la ira, a la sorpresa, a la nostalgia, recíbelos en tu puerta con una sonrisa e invítalos a pasar. Agradece a quienquiera que venga, porque cada uno ha sido enviado como guia. Agradece y aprópiate de lo mejor. Son la materia de tu vida.

Este método y la busca de la tranquilidad fueron mi sabiduría.

Sí, valió la pena vivir.

Summa logicae 20

«Su último entusiasmo fue el de la bibliografía, chifladura que tomó como costumbre, y no con gran pasión. Pero como un hombre, por rico que sea, no puede pensar en reunir los libros que se han escrito, no solo en el mundo, sino en un país, Avelino especificó su manía y se dedicó a formar una biblioteca de libros en dieciseisavo. Al principio, los compraba, los leía, los coleccionaba y los guardaba…

[…]Deseaba llenar las paredes de su gabinete con libros en dieciseisavo. Esta era en aquella época su aspiración suprema, y compraba tomos sin otro objeto[…]

Un día, a don Avelino se le perdió la llave de la biblioteca. Al día siguiente se encontró con la puerta cerrada; quiso descerrajarla, pero luego pensó y dijo: —¿Para qué? Hay una cosa más sencilla. El cuarto tenía un montante. Don Avelino ató sus libros, siempre de dieciseisavo, con un cordelito, y como quien dispara una piedra los tiró al interior de la biblioteca.

Una vez quiso entrar en la biblioteca; descerrajó la puerta, pero se había formado detrás de ella un montón de tomos tan grande que era imposible entrar», Pío Baroja, «Silvestre Paradox».

A mí, la realidad me produce espasmos catalépticos. Ensoñar es lo único bueno de la vida. Todo lo demás es vulgar y vacío. Para mí el mundo, tosco e insípido, está silencioso, muerto. Cultural, moral e intelectualmente, estamos en un momento muy sombrío.

Todas las noches, después de un leve lavado y rizado de mi pelo castaño, templo el asco que siento por España, escojo una flor para el dormitorio, y leo «The Birds of America», el libro del naturalista y pintor John James Audubon, que contiene ilustraciones de una gran variedad de aves de América del Norte.

No puedo vivir entre tanto piojoso mamut lanudo, entre tanto sarnoso perro salchicha. Chinches, hedor, humedad, corrupción…»Hace ya mucho tiempo, el Pueblo ha abdicado de sus deberes; pues el Pueblo que una vez repartió el mando militar, los altos cargos civiles, las legiones, todo, ahora se restringe y anhela solo dos cosas: pan y circo», Juvenal. No soporto la extrema vulgaridad: de las frases, la pintura, las músicas, las películas, de la cara y la ropa y el porte.

Hace mucho tiempo que huyo, muy lejos, como un mendigo medieval por un campo nevado en invierno, refugiándome solo en la belleza y la inteligencia.

Summa logicae 19

«Este lector callado tiene una de las mentes más ruidosas», Horace Donisthorpe.

“Leía como alguien nadaría para salvar su vida. También escribía así”, Charles Nodier, sobre Pétrus Borel.

“Es raro encontrar un libro que gane la batalla contra la caída de los párpados”, Jardiel Poncela.

“Lo olvidas todo. Las horas se deslizan. Viajas en tu silla a través de siglos que pareces ver ante ti, tus pensamientos los absorve la historia, entreteniéndose con los detalles o siguiendo el curso de la trama, te metes en los personajes, de modo que parece como si fuera tu propio corazón el que late bajo sus disfraces”, Flaubert.

“Aquello en lo que nos convertimos depende de lo que leemos después de que todos los profesores terminen con nosotros. La mejor universidad de todas es una colección de libros”, Thomas Carlyle.

«Cuanto más lees, más ves lo que tienes que leer», John Adams.

«Hay una gran diferencia entre un hombre ansioso por leer un libro y un hombre cansado que quiere un libro para leer», G.K. Chesterton.

«Dedícate a la lectura. El que nunca lee, nunca será leído; el que nunca cita, nunca será citado; el que no usa las ideas de otros, demuestra que no tiene cerebro propio. Necesitas leer», Juan Pablo Forner.

Summa logicae 18

CAPRICHO DE ARANJUEZ

Raso amarillo a cambio de mi vida.
Los bordados doseles, la nevada
palidez de las sedas. Amarillos
y azules y rosados terciopelos y tules,
y ocultos por las telas recamadas,
plata, jade y sutil marquetería.
Fuera breve vivir. Fuera una sombra
o una fugaz constelación alada.
Geométricos jardines. Aletea
el hondo transminar de las magnolias.
Difumine el balcón, ocúlteme
la bóveda de umbría enredadera.
Fuera hermoso morir. Inflorescencias
de mármol en la reja encadenada;
perpetua floración de las columnas
y un niño ciego juega con la muerte.
Fresquísimo silencio gorgotea
de las corolas de la balaustrada.
Cielo de plata gris. Frío granito
y un oculto arcaduz iluminado.
Deserten los bruñidos candelabros
entre calientes pétalos y plumas.
Trípodes de caoba, pebeteros
o delgado cristal. Doce relojes
tintinean las horas al unísono.
Juego de piedra y agua. Desenlacen
sus cendales los faunos. En la caja
de fragante peral están brotando
punzantes y argentinas pinceladas.
Músicas en la tarde. Crucería,
polícromo cristal. Dejad, dejadme
en la luz de esta cúpula que riegan
las trasparentes brasas de la tarde.
Poblada soledad, raso amarillo
a cambio de mi vida.

Guillermo Carnero

***

Es verdad, poeta. Tournedo Rossini en lugar de políticos, tela de Tweed Harris en vez de periodistas, y respirar siempre a Vermeer, Botticelli y da Vinci en lugar de oxígeno.

¡Príncipes de Aquitania, distribuir hasta los confines Charmeuse de Seda!

Je suis le Ténébreux, – le Veuf, – l’Inconsolé,
Le Prince d’Aquitaine à la Tour abolie :
Ma seule Etoile est morte, – et mon luth constellé
Porte le Soleil noir de la Mélancolie.

Raso amarillo a cambio de la vida.

Summa logicae 17

Buenos días. Qué pereza me da la Moncloa, Sánchez, Ábalos, la palurda abominable de Yolanda Díaz o el ridículo acomplejado de Albares. Gentuza de las tabernas, residuos de las más sórdidas cervecerías y prostíbulos. Las personas con sentido común son necesariamente vanas, porque machacan la eterna antífona de la vida aburrida. Haydn me arregla la mañana, esos estreptococos la arruinan.

Proust, siempre Proust. Ojo a la reflexión sobre el arte popular que nos deja ya a principios del siglo XX: “la idea de un arte popular (…) me parecía ridícula. Si se trataba de volverlo accesible al pueblo, sacrificando los refinamientos de la forma, “buenos para ociosos”, yo ya había frecuentado bastante la alta sociedad para saber que sus miembros -y no los obreros electricistas- son los verdaderos iletrados. Un arte popular por la forma habría estado destinado más a los miembros del Jockey que a los de la Confederación General del Trabajo”.

De la literatura, Proust nos regalará una de sus frases memorables: “la verdadera vida, la vida por fin descubierta y aclarada, la única vida, por consiguiente, plenamente vivida, es la literatura”.

***

«Durante mucho tiempo, me acosté temprano. A veces, apenas apagada la vela, mis ojos se cerraban tan deprisa, que no tenía tiempo de decirme: «Me duermo». Y, media hora después me despertaba la idea de que ya era hora de buscar el sueño: quería dejar el volumen que aún creía tener en las manos y soplar la luz; no había cesado de reflexionar sobre lo que acababa de leer mientras dormía, pero esas reflexiones habían tomado un giro algo particular: me parecía que era yo mismo aquello de lo que hablaba la obra: una iglesia, un cuarteto, la rivalidad entre Francisco Primero y Carlos Quinto».

Hay que oponerse al materialismo y a la mediocridad del mundo moderno. Mientras no oiga estas palabras, o similares, por las calles de España, no quiero saber nada de vosotros, nada de los vulgares hombres y de sus triviales y adocenados días, de sus noches de vómito y boliche.

Summa logicae 16

Inmerso en la soledad, sueño o bien leo hasta altas horas de la noche. Con la contemplación prolongada de los mismos pensamientos, mi mente se agudiza, y mis ideas vagas y sin desarrollar cobran forma.

Recorro Europa en busca de manuscritos, cartas, autógrafos, incunables, y otros tipos de libros raros. Adoro percalinas o tarlatanas (trozos de telas que se pegan entre las cabezadas, para favorecer así la unión a las tapas) Y sigo admirado ante la belleza del guadamecil, ese que utiliza piel de carnero, más delicada y suave que la de cabra, sobre la que se estampan, labran o repujan los policromados, dorados o estofados.

Vivo dentro de mí mismo, dentro de mi biblioteca, nutrido de mi propia verbosa sustancia, como una criatura aletargada que hiberna en cuevas. La soledad actuó sobre mi cerebro como un narcótico. La confusa, abigarrada mezcla de meditaciones sobre arte, ciencia, lógica, matemáticas y literatura a la que me he entregado desde mi aislamiento, intentan rescatar la Grandeza, y tirar por el sumidero de la historia y la irrelevancia, la serie de nimiedades absurdas y episodios aburridos de la sociedad.

***

«Seamos razonables y añadamos un octavo día a la semana dedicado exclusivamente a la lectura», Françoise Aron Ulam.

“Estoy eternamente agradecido de mi habilidad para encontrar en los grandes libros, algunos de ellos bastante divertidos, razones suficientes para sentirme honrado por estar vivo, sin importar lo que esté sucediendo”, Marek Karpinski.

“La ficción es como una telaraña, sujeta quizás muy levemente, pero aun así unida a la vida por los cuatro costados”, Virginia Woolf.

“Porque cuando leo, en realidad no leo; me meto una frase bonita en la boca y la chupo como si fuera un caramelito, o la bebo a sorbos como si fuera un licor hasta que el pensamiento se disuelve en mí como el alcohol, impregnando mi cerebro y mi corazón y recorriendo las venas hasta la raíz de cada vaso sanguíneo”, Bohumil Hrabal.

“Mi vida es una lista de lecturas», Aleix Leví Carballo.

Summa logicae 15

«En el escaparate, identificas rápidamente la portada con el título que buscabas. Siguiendo este rastro visual, te abres paso a través de la librería, superando la gruesa barrera de Libros que No Has Leído, que te miran con el ceño fruncido desde las mesas y estanterías, intentando intimidarte… Y así, cruzas la muralla exterior, pero entonces te ataca la infantería de Libros que si Tuvieras Más de una Vida, Seguro que También Leerías, pero, por desgracia, tus días están contados. Con una rápida maniobra, los esquivas y te adentras en las falanges de los Libros que Quieres Leer, Pero Hay Otros que Debes Leer Primero, los Libros Demasiado Caros, los Libros que Esperas que Salgan en Rústica, los Libros que Puedes Tomar Prestados, Libros que Todo el Mundo Ha Leído… La manera más rápida de finalizar una guerra es perderla», Italo Calvino.

“Mi hija tiene siete años, y algunos padres de segundo grado se quejan de que sus hijos no leen por placer. Cuando visito sus casas, las habitaciones de los niños están abarrotadas de libros caros, pero las de los padres están vacías. Esos niños no ven a sus padres leyendo, como yo los veía todos los días de mi infancia. En cambio, cuando entro en un apartamento con libros en las estanterías, libros en las mesitas de noche, libros en el suelo y libros en la cisterna del inodoro, sé lo que vería si abriera la puerta que dice «PRIVADO-ADULTOS NO ENTRAR»: un niño espatarrado en la cama, leyendo”, Anne Fadiman.

«Mi lista de lectura crece exponencialmente. Cada vez que leo un libro, menciona otros tres que siento que tengo que leer. Es como una serie incesante de anuncios emergentes», Aleix Leví.

«Hay demasiados libros en el mundo para leerlos en una sola vida; hay que poner un límite en algún punto. El límite de la locura», Kurt Schneider.

“Quien merece más compasión es aquel que se siente solo en un día lluvioso y no sabe leer”, Benjamin Franklin.

«Recordó que una de sus novias le preguntó, sin darle importancia, cuántos libros leía al año. «Unos cientos», respondió él.

«¿Cómo es que tienes tiempo?», preguntó ella, atónita.

Entrecerró los ojos y consideró el abanico de posibles respuestas que tenía ante sí ¿Por qué no me paso horas mirando la televisión por cable quejándome de que no hay nada interesante? ¿Por qué no me paso el domingo entero con charlas, antes, durante y después del partido? ¿Por qué no ocupo todas las noches bebiendo cerveza o en locales de intercambio de parejas? ¿Por qué, cuando estoy haciendo cola, en el gimnasio, en el tren, comiendo, no me quejo de la espera, ni me quedo mirando al vacío, ni me admiro en superficies reflectantes? ¡Estoy leyendo!

«No lo sé», contesté, encogiéndome de hombros», Asaf Gavron.

“Leer bien es uno de los grandes placeres que la soledad puede brindarte”, Harold Bloom.

«Tengo buenas razones para estar contento, porque gracias a Dios puedo leer y quizás comprender a Shakespeare a fondo”, Keats.

“De hecho, aprender a escribir puede ser parte de aprender a leer. Por lo que sé, escribir es el resultado de una devoción superior a la lectura”, Salomo Friedlaender.

Summa logicae 14

Ante una imaginación suficientemente suntuosa y respetuosa como para no ocultar el desdén estético, mi casa me permite regocijarme ante la incuria de las horas.

La decoración de mi casa, sus telas, colores y diseños, las paredes forradas de cuero, las molduras y zócalos pintados de un intenso índigo, la enorme mesa de cambista del siglo XV, el alto atril, las ventanas de cristal azulado adornadas con cortinas recortadas de antiguas estolas eclesiásticas, todo se destina a un fin: olvidar la fealdad del mundo. El acuario y las ventanas opacas que, al igual que Des Esseintes, instalé en mi comedor para sentirme como si estuviera en un barco artificial en un gran crucero.

Viajar, conste, me parece una pérdida de tiempo para estamentos vulgares, una actividad de gente pobre; la imaginación ofrece un sustituto más que adecuado para la vulgar realidad de la experiencia empírica. Atardeceres rojos, resplandor lunar brillante, Nueva York, París, etc…, naderías y bostezos. Lo que se necesita es la estética de la Belleza Absoluta.

***

Hoy leí de las cinco de la mañana a las tres de la tarde. Y casi ningún escritor me colma.

Mi admiración por los escritores no es excesiva, y mi entusiasmo por sus efusiones, digámoslo ya, excepcionalmente discreto, y el asco que siento por las tonterías vulgares de los elefantiásicos fabricantes de súper-ventas, por el parloteo estúpido que mantienen mientras sonríen a su público como enanos payasos pintarrajeados, ese es absolutamente ilimitado.

Madera carbonizada la literatura española, casi pomposa y sentimental, pedestre, turgente y descolorida, larvaria y linfática, tabernaria y putera. Sus vagas insinuaciones no me importan, y los volatines de genio soez y sórdido me repelen. Libros como fétidas y neblinosas torres en ruinas o arcaicos puentes caídos.

Libros con avances torcidos e inválidos, con el impacto sólido de los tentáculos tumultuosos de la idiocia. La literatura española son salpicaduras frías de olas silvestres, una boñiga, vaya. El traqueteo de mierda veteado de leprosos analfabetos.

Summa logicae 13

Coco Chanel: “Hay quienes piensan que el lujo es lo opuesto a la pobreza. No lo es. Es lo opuesto a la vulgaridad”. O Karl Lagerfeld: «El lujo es la comodidad de una camiseta con un vestido muy caro». Le preguntaron al gran fotógrafo y modista británico Cecil Beaton -la anécdota es muy conocida- qué es la elegancia, y contestó: «Agua y jabón» (citado por Marta Riezu)

Yo soy una persona poco moral. Como una buena parte de la comunidad, no me preocupo más allá de mí mismo, y el egoísmo es mi afán más cercano. Si pienso en el lujo social, en el necesario lujo social, me desespero. Solo me interesa MI LUJO MENTAL, que la cultura ni huya ni muera en mí: picatostes, natillas, gelatinas rojas, champán rubiáceo, libros y música. También consumo narcóticos, alojamiento noble, servicios, adornos, ropa de gama media, accesorios «mainstream», diversiones, supersticiones, ídolos o divinidades, pero no me importa, me importa poco la verdad, si son de peores calidades.

Perdonen, me oriento, fijo mi meta hacia el lujo. Es mi forma de conquista y avance. Eurípides y Tácito, Mozat y el barnizado Tolstoi, Bocángel y el cejijunto Góngora. Yo vivo encastillado en mi crisálida, entre mis vallecillos y hondonadas. Donde la aurora rosa tirita en el verde Cañón del Sil. A bordo de un paquebote, con institutrices, meretrices deslumbrantes y doncellas. Y, al abrigo de la sombra de un árbol indulgente, filosofo ¿La gloria literaria? Rompe y olvida tus miles de páginas. Poco más recuerda que el cuepecito rosa de Marta, tierno, suave y almohadillado, delicioso para amar y acariciar. Como un felino confinado, LEO y ESPERO. Mi horror representa estar sentado entre la mediocridad. Ser como la inmensa mayoría.

El lujo tiene un aroma inconfundible (agua de rosas de espuma laberíntica), un aroma, ladies and gentlemen, tan inconfundible como el sexo o la muerte.