Summa logicae 12

“Si quieres averiguar la mente de un hombre, omite lo que lee, y cuéntame lo que relee”, Francois Mauriac.

“¿Realmente leíste todos esos libros?», pregunta popular que me sueltan al entrar en mi casa.

“Me encantan los libros, y, por cierto, mucho más que las películas. Las películas te dicen qué pensar, qué crear. Te dan el dibujo pintado. Un buen libro te permite elegir algunos pensamientos por ti mismo. Las películas te muestran la casa rosa. Un buen libro te dice que hay una casa rosa y te deja agregar algunos toques finales, tal vez elegir el estilo del techo, la forma de las ventanas, el color de la luz, o aparcar tu propio coche en la entrada. Mi imaginación siempre superó cualquier cosa que una película pudiera concebir», Myriam Moscona.

«El problema con los libros es que terminan”, Emma Watson.

“Leer sin reflexionar es como comer sin digerir”, Edmund Burke.

“La literatura añade propiedades a la realidad, no la describe meramente. Enriquece las competencias que la vida diaria requiere; y en este sentido, irriga los desiertos en que nuestras vidas suelen convertirse”, C.S. Lewis.

«Leo mientras camino. Leo mientras como. Leo mientras escucho música o veo la televisión, o también mientras pienso. Mi familia sospecha que leo incluso cuando duermo, pero quizás no duerma en absoluto», Christian Sanz.

“En un instante mágico de tu infancia temprana, la página de un libro -esa cadena de signos confusos y ajenos- se estremeció en significados. Las palabras te hablaron, revelaron sus secretos; en ese momento, se abrieron universos enteros. Te convertiste, irrevocablemente, en un lector”, Alberto Manguel.

«Lo que más se asemeja al acto de amar y a la lectura es que en ambos se abren tiempos y espacios, pero diferentes del tiempo y el espacio medibles”, Aleix Leví Carballo.

“Alguien que solo lee periódicos y, en el mejor de los casos, libros de autores contemporáneos, me parece una persona extremadamente miope que desprecia su vista. Es completamente dependiente de los prejuicios y modas de su tiempo, ya que nunca llega a ver ni oír nada más”, Albert Einstein.

“Los libros, evidentemente, no están hechos para ser muebles, pero no hay nada que embellezca una casa tan maravillosamente”, John Cleese.

«Si leo, estoy mentalmente viva. Si navego por las redes, mi mente se extravía como la de una zombi psicótica», Noemí Chaudarcas.

“No fue hasta que comencé a leer y encontré libros que no nos dejaban leer en la escuela, que descubrí que uno podía estar loco y ser feliz y tener una buena vida sin ser como todos los demás”, John Waters.

Summa logicae 11

“Haec autem est dialectica, cui quidem omnis veritatis seu falsitatis discretio ita subiecta est ut omnis philosophiae principatum dux universae doctrinae atque regimen possideat”, “Se trata, sin embargo, de una dialéctica de la que, en efecto, todo valor de verdad o falsedad, está sujeto y gobernado por la doctrina filosófica”, Abelardo.

“Lockius aliique qui spernunt non intelligunt”, «Locke, y otros, que desprecian, pero no entienden”, Leibniz.

“Neque enim leges intellectui aut rebus damus ad arbitrium nostrum, sed tanquam scribae fideles ab ipsius naturae voce latas et prolatas excipimus et describimus”, «Porque no damos leyes a nuestro entendimiento según capricho, sino que como escribas fieles, las definimos y describimos como generosamente pronunciadas por la voz misma de la naturaleza misma», Cantor.

“Inimicus Plato, sed magis inimica falsitas” «Platón es un enemigo, concretamente un falsario -falaz, sofista- enemigo», Tarski.

Citado en: Binswanger: “A History of Formal Logic, ancient, medieval and modern schools”, Princeton University Press, 2001, a lo que solo puedo añadir, entre el pasmo y la admiración, que la lógica en particular, las matemáticas en general, brillan como blancas velas volando sobre el océano, brillan como luz de dinastía astrológica transportada de universo a universo.

Summa logicae 10

Dos ideas de Nabokov que reelaboro:

(1) Incluso mientras escribas tus libros, date cuenta dolorosamente de lo poco que conoces tu planeta, tu planeta de uniformidades regulares, tu mundo de recurrencias simbólicas, tan torpes como tópicas, tu universo articulado en cápsulas lógicas previsibles, mientras intentas reconstruir otro mundo con floridos fragmentos irregulares extraídos de cerebros, cerebros enraizados en lo verdaderamente artístico, de cerebros quasi esquizoides.

(2) Así como la familia universal de escritores talentosos trasciende las barreras nacionales, y forman un club internacional o transnacional, el lector talentoso, geniudo, es otra figura universal, no sujeta a las limitaciones del espacio-tiempo. El gran lector salva a los escritores de ser aniquilado por reyes, dictadorzuelos, sacerdotes histéricos, puritanos papanatas, destemplados filisteos, moralistas políticos, policías, políticos ignorantes y mojigatos de cualquier ralea. Ese lector no pertenece a ninguna nación ni clase social. Y no permite que manejen su conciencia ni la autoridad canónica y menos ningún grupúsculo político o el timbre de la presión social, no permite (le asquea) que dirijan su razón ningunos diosecillos del mercado o la lista de “los más vendidos”. Su acercamiento al libro no lo gobierna emociones infantiles, sino la visión de la grandeza, de la grandeza de la que participa el escritor en concreto. Detesta el cliché y pondera con exactitud cuándo está ante la presencia de una gran mente, aunque no comporta ni suscriba sus enunciados particulares.

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“Si le dijera a un novato: «Escribe solo desde la experiencia», sentiría que es una advertencia bastante tentadora si no añadiera inmediatamente: «Intenta ser de esas personas a quienes nada se les escapa», Henry James.

“El rostro de la naturaleza y la civilización en este país nuestro constituye, hasta cierto punto, un campo literario muy completo. Pero solo revelará sus secretos a una imaginación realmente perspicaz. Para escribir bien y con dignidad sobre temas estadounidenses, se necesita, aún más que en otros lugares, ser un maestro”, Henry James (sustitúyase “estadounidenses” por “españoles” y el significado de la cita vale exactamente igual)

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“El creador de kitsch no crea arte inferior, no es un incompetente ni un chapucero, no puede ser evaluado por estándares estéticos; más bien, es éticamente depravado, un criminal que busca el mal radical. Y dado que es el mal radical lo que se manifiesta aquí, el mal per se, que constituye el polo negativo absoluto de todo sistema de valores, el kitsch siempre será malo, no solo kitsch en el arte, sino kitsch en cualquier sistema de valores”, Hermann Broch. Vivimos dentro de un radical kitsch ético y estético.

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“Su apariencia no da ninguna pista sobre su profesión, y, sin embargo, tampoco parece un hombre sin profesión. Piensen en cómo es: siempre sabe qué hacer. Sabe mirar a una mujer a los ojos. Puede plantearse cualquier pregunta en cualquier momento. Sabe boxear. Es talentoso, de voluntad fuerte, de mente abierta, intrépido, tenaz, apuesto, circunspecto, ¡pero no tiene ninguna cualidad o atributo! Lo han convertido en lo que es, le han marcado el rumbo, y, sin embargo, ese rumbo no le pertenece”, Rober Musil, “El hombre sin atributos”, Seix Barral, pág, 117. A la inmensa mayoría de la literatura de los escritores, presumiblemente no les interesa dotar de excelencia a sus libros; los condimentan con cuatro vulgaridades mal formuladas y cuatro esquemas fijos, y fin. Es una literatura sin atributos.

Summa logicae 9

Media mañana. Hojeo: «Set Theory: With an Introduction to Real Point Sets», de Abhijit Dasgupta. La optimista ventana encuadrada salediza de la biblioteca muestra un día de sol de mermelada. El libro, oscuro -para mis mientes-, suntuosamente ornado, aburrido, esmaltado de pruebas y teoremas, desentona con la inepcia de los españoles (y la mía) Apoyo, desmayo mi cabeza en listados cojines amarillos en ademán decadentista, subrayo a lápiz lo poco que entiendo, y el abstruso y deprimente tratado me hace pensar en el ritmo relojero, tic-tac, tac-tic, tic-tac, propio de los lógicos y matemáticos.

Pero se agudiza una percepción transversal, sinestésica. Los números, los infinitos, los conjuntos, asimismo los axiomas de que se derivan, los tópicos meta-matemáticos, tienen un aura coloreada de poesía. Son como verdes e infieles alcobas dentro de cañones del viento. Son rojos dibujos cretenses en pantallas de hierro. Los números son, alternativamente, verdes y rojos.

Summa logicae 8

“Un buen libro es ese amable compañero que nos trae incomparables momentos felices”, Giacomo Leopardi.

“Cuántos hombres fecharon el comienzo de una nueva era en sus vidas con la lectura de determinado libro”, Henry David Thoreau.

“¿Un libro? Un viaje para caminantes pacientes”, Alessandro Baricco.

“No hay mejor plan para unas vacaciones que decidir no leer ni una sola línea, y después, nada más placentero que, en el momento oportuno. y con un libro absolutamentemente cautivador, traicionar esos planes”, Hermann Hesse.

“Un libro es una cosa entre cosas: puedes ponerlo sobre una mesa y simplemente mirarlo y olvidarte de él, pero si lo abres y lo lees, se convierte en un mundo, en un universo”, Leonardo Sciascia.

“La primera frase de un libro es como la primera mirada entre dos personas que no se conocen”, Luis Sanz Leví.

“Un niño, un maestro, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo”, Malala Yousafzai.

“Los mejores libros son precisamente aquellos que nos dicen lo que ya sabemos”, George Orwell.

“Por mi parte, si un libro está bien escrito, siempre lo encuentro demasiado corto”, Jane Austen.

“Dicen que lo importante es vivir, pero yo prefiero leer”, Christian Sanz.

“Escribir ficción es preocuparse por los demás. Si realmente me importas, si quiero tener una relación contigo, te cuento historias”, Jonathan Safran Foer.

“Todos sabemos que las circunstancias en las que leemos son probablemente tan importantes como el libro mismo”, Nick Hornby.

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«Ubi libri, ibi libertas», «Donde hay libros, hay libertad»

«Ad calendas graecas» (Hasta las calendas griegas, es decir, nunca)

Esta frase, que originalmente se refería a una fecha inexistente en el calendario griego, se usa para describir la imposibilidad de leer todos los libros que uno quisiera.

«Βιβλία, πύλες στον κόσμο», (Vivlia, pýles ston kósmo), «Libros, puertas al mundo».

«Ο αναγνώστης ζει χίλιες ζωές πριν πεθάνει», (O anagnóstis zi chiliés zoés prin petháni), «El lector vive mil vidas antes de morir».

«Το διάβασμα είναι η τροφή του νου», (To diávasma íne i trofí tou nou), «La lectura es el alimento de la mente».

«Κάθε βιβλίο είναι ένα ταξίδι», (Káthe vivlío íne éna taxídi), «Cada libro es un viaje».

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Seamos compulsivos leedores, y no rucios y bárbaros de garrote y mazas.

Summa logicae 7

“Los libros matemáticos son los amigos más tranquilos y constantes, y los maestros más pacientes», Eva Miranda, en «On symplectic linearization of singular Lagrangian foliations».

«A veces pienso que el paraíso es leer continuamente, álgebra, análisis, novela, poesía, todo sin parar», Emilio Bujalance García, en E. Bujalance, J.A. Bujalance, A. F. Costa , E. Martínez, «Elementos de Matemática Discreta», Editorial Sanz y Torres (2005)

«Los matemáticos, las personas, no son mejores que los libros que leen», María Josefa Wonenburger Planells, citado en Souto Salorio, a.d. Tarrío Tobar. 2006. María Josefa Wonenburger Planells, «Mujer y matemática», La Gaceta de la RSME 9: 339–364.

«Hasta el día en que me amenazaron con prohibirme leer, no sabía que amaba la lectura: ¿acaso amas tu propio aliento? ¿tu propia identidad?», Javier de Lorenzo, «El Racionalismo y los problemas del método», Ed. Cincel, pág. 213.

«Un libro bien elegido te salva de todo, de pensar irracionalmente, incluso te salva de tus propios fantasmas», Antonio Valle Sánchez, en «LA UMA rinde homenaje al catedrático de análisis matemático Antonio Valle Sánchez».

«Perdí mi don de invención lógico-matemática, pero sabía leer. El hallazgo más importante de una vida. Sabía leer. Poseía el antídoto contra el terrible veneno de la melancolía y la decadencia», Sebastián Izquierdo, citado en: José Luis Fuertes Herreros, «La lógica como fundamentación del arte general del saber en Sebastián Izquierdo. Estudio del «Pharus scientiarum» (1659)», Salamanca: Universidad de Salamanca, Instituto de Estudios Albacetenses, 1981, pág. 451.

“Puedes leer, leer, leer, estudiar y leer, que es lo más hermoso que puedes hacer en tu juventud: y, paulatinamente, te sentirás enriquecido, incrementado, sentirás esa experiencia inolvidable que es la ciencia formándose dentro de ti”, Andrés Piquer Arrufat, «Institutiones medicae ad usum Scholae Valentinae».

«Cuando estudiamos, no buscamos necesariamente nuevas ideas, sino, a menudo, pensamientos ya pensados, implícitos en nosotros, que adquieren confirmación en cada página. Nos impactan las ideas de otros que resuenan en un espacio subjetivo propio, y, al hacerlo resonar, nos permiten captar nuevas perspectivas dentro de nuestro intransferible espacio mental», Ignacio Jané, «El universo de la teoría de conjuntos», pág.37.

«¿Pesan los libros de matemáticas? Muy poco. Quien se alimenta de ellos y los llevan en sus mentes, vive entre las nubes», Ramón Jansana, «Priestley style duality for distributive meet-semilattices», pág. 55.

«Para calcular, no hay que cerrar los ojos, hay que leer», Juan Martínez Guijarro, «Calculatoris Suiset Anglici sublime et prope divinum opus in lucem recenter emissum, a multis quibus antes hac conspesum fuerat medii expitum et novis compendiosisque titulis illustratum novo tandem ordine quo lucidius foret digestum atque distinctum, cura atque diligentia philosophi Silicei,» Salamanticae, Porras, 1520, pág, 79.

«Escribí y reescribí el artículo muchas veces, y a veces cerraba los ojos y llenaba mis pulmones con sus moléculas. Simplemente idear ese complejo artículo, pasar los dedos por las copias provisionales, era ya felicidad para mí», Leon Henkin, epílogo al artículo: Henkin, L. (1963): «An Extension of the Craig-Lyndon Interpolation theorem», The Journal of Symbolic Logic, 201-216.

Summa logicae 6

De adultos muchos se inclinan por libros de testimonio o desfile cinematográfico, o por mamotretos de gran trabajo intelectual, que, más que expresar la belleza de una imagen, tienen la grosera tentación de teorizar (una teoría es como un objeto en el que se le deja la marca del precio)

Yo todavía amo las preciosas impresiones y ediciones de los volúmenes de mi infancia (Verne, Enid Blyton, Salgari, Stevenson, Dumas …) Aventuras y personajes de linterna mágica, donde se mezcla el recuerdo de la lectura con tiernas remembranzas de la infancia y de mi familia. Aquellos libros con el encanto de la Luna y la noche, suspendidos en columnas interminables de agujas trémulas e imantadas. El nombre leído en las tapas blancas con franja rosa de Bruguera, trababa el viento de sílabas rápidas, queribles, y soles brillantes. Epifanías recurrentes.

Libros de mi infancia, ay, como iluminaciones representando iglesias, igual a góndolas amarradas al pie de esmaltados y centelleantes zafiros, como adornos de éxtasis de colores, de lápices de colores y goma Millán, todo sin capacidad de olvido.

No solo no quiero salir de aquella biblioteca, sino que tampoco quiero que nadie me saque de ella.

Summa logicae 5

“La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”, Marco Aurelio, «Meditaciones».

Por ello, quiero deshechar pensamientos negros, obsesivos y ansiosos, evitar las fastidiosas solicitaciones del auto-diálogo despreciativo, el tartamudeo hosco, trémulo y agresivo de mis palabras, y mirarme al fondo con una insistente luz fresca y rosácea. Deseo que las palabras que salen de mi boca me infundan ese placer como cuando oigo las campanitas al vuelo en alguna iglesia de la Ribeira Sacra, esa sensación completa de paz y sombra en el paseo cubierto del verano. Que mi espíritu no titubee, ni me traicione, ni me sabotee, y halle templadas verdades dichosas.

Quiero las ideas de mi cerebro con sabor a níspero, como luminosas crestas de mar, atravesando campos susurrantes de doradas mieses. Cerebro cuyo buen tiempo coloree julio, el verdiazul rodeando al jardín. Ideas que bajan calurosas a mis labios.

Poseo rentas y huertas heredadas. Mi linaje es gentil. Me favoreció la arcediana lotería de la vida. Murmuran tres caños en la antigua fuente de la aldea. Mi mente debe erguirse como una hermosa mole enrejada. La vida es una garza real. Despreciarla, querido Christian, se convierte en una especie de irreligiosidad.

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Buenos días. “Interrogo i libri e mi rispondono. E parlano e cantano per me. Alcuni mi portano il riso sulle labbra o la consolazione nel cuore. Altri mi insegnano a conoscere me stesso”, Francesco Petrarca, «Interrogo a los libros y ellos me responden. Y me hablan y me susurran. Algunos me hacen reír o me consuelan el corazón. Otros me enseñan a conocerme a mí mismo».

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«No hay amistades más rápidas que las que se establecen entre personas que aman los mismos libros», Vera Pawlowsky-Glahn.

Summa logicae 4

Prefiero quedarme en casa leyendo el «Rerum Gestarum Libri XXXI», de Amiano Marcelino, que dedicar un segundo de mi tiempo a pensar sobre Mr. Trump o ir a votar. Prefiero que revoloteen ahora en mi mente los argumentos de «Introduction to Metamathematics», de Stephen Cole Kleene, en lugar de seguir los chanchullos zafios del «equipo de espías» de Koldo García. Prefiero demorarme minuciosamente en la lectura de «A contrapelo», biblia de la sensibilidad estética decadentista, a imbuirme de la mediocridad insalvable y embarazosa del mundo contemporáneo. Prefiero una calle de Orense en un día lluvioso, al Parlamento español zonzo y devaluado, orangutanesco. Prefiero un crepé u organza de seda, a escuchar tertulias de periodistas ignaros, zánganos y paquidermos.

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Bajo del taxi en la calle Cardenal Quevedo. Las calles se alinean como una pauta, y en el suelo, brillante y encenegado de mármoles, apisonadas desde hace siglos, pavimento de losas color carmesí. Se aglomeran verdores de bosque, lagunas artificiales, canales que brillan cual acero, tejados cuyo barniz reluce al sol. Baluartes de montículos de porcelana de aspecto heroico, lírico…Me rodeo de perfume fougère: notas frescas y verdes con toques de lavanda, musgo de roble y cumarina. Cerca hay una floristería y me colmo de rosas y lilas. Voy andando muy despacio, aunque con paso firme; miro a una hermosa adolescente, que traza un despacioso pasear que se esfuma en la quevedesca penumbra semi-soleada.

Llego a la tertulia. Con Lamas y el Dr. Gracia nos elevaremos a cimas de nivel verdaderamente humano. La gente (o gentuza) prefiere volver u hozar en el polvo y la ceniza, como fénix incapaces de renacer, viviendo en ese fango donde se arrastran las víboras. Se dejan caer. En nuestras armas, en cambio, figura la divisa: «Inculcabis super leonem», «Pisotearás al león». Los ribetes locos, superficiales e inoperantes de las conversaciones comunes no nos interesan. Hoy hablaremos, con palabras doradas, aladas, de botánica y «chinoiseries» y Heráclito.

Summa logicae 3

“The best way out is always through», Robert Frost, «La mejor salida siempre es seguir adelante”. Incluso pese a quienes, como yo, y debido a la enfermedad, merecemos notable compasión pues casi no sentimos nada en absoluto. Así es, solemos tener el afecto aplanado, nuestra voz y gestualidad son inexpresivas, monótonas, respondemos de forma breve y acortada a las preguntas, y la apatía, la desmotivación, la abulia, la desidia, la melancolía, nos asolan, en definitiva, se ve afectada la forma regulativa y expresiva de nuestras emociones (popularmente se nos percibe como «corazones de piedra»)

A mí me cuesta forjar relaciones estrechas y sólidas. Me incomoda la ternura y el halago o el aprecio ajeno ¿Qué ocurre con las personas que no encuentran plenitud en sus vidas, o aquellas que perdieron la esperanza, el ímpetu, que viven en la decepción o la amargura, y no encuentran ni alegría ni amor? Éstas, en mi opinión, son las verdaderas discapacidades, más que las espectacurales y floridas alucinaciones y delirios.

Pero maticemos. Con los años, me di cuenta de que la mayor trampa en nuestra vida no es el éxito, la popularidad ni el poder, esos señuelos con que la gente se mide, sino el autorrechazo. El éxito, la popularidad y el poder pueden ser una gran tentación, pero su seducción, su atractivo, a menudo proviene de cómo forman parte de una tentación mucho mayor: el autorrechazo. Cuando creemos en los dicterios que nos tachan de indignos, tarados, locos, o bien indignos de ser amados, entonces, el éxito, la popularidad y el poder se perciben fácilmente como soluciones provisionales. Sin embargo, la verdadera trampa, insisto, es el autorrechazo, la autopunición. En cuanto alguien me acusa o me critica, en cuanto me rechazan, me dejan solo o me abandonan, pienso: «Bueno, eso demuestra una vez más que no soy nadie». … Y mi lado oscuro afirma: «No sirvo para nada… MEREZCO ser apartado, olvidado, rechazado y abandonado». El autorrechazo es el mayor enemigo de la vida espiritual porque contradice la palabra sagrada del Amor. Ser amado, querer y que te quieran, constituye la verdad fundamental de nuestra existencia.