Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Preferiría ahora imaginar que te soñaba como un robot inteligente, un carro de llamas en el cielo, cerca de la Luna, con fogosa melena rubia, suave, o como un antiguo vagabundo perdido en la ciudad populosa, hecho de humanidades o de ramajes. Pero a la primera juventud es propia reservar ternura sin límites, y luego… la traición más inmediata…
En las horas huecas, por la noche, soplando y quemando mi Amor, entre los libros de la biblioteca, en los momentos de acuerdos felices con la vida y los demonios, oía tu teatro de nadador cual sirena, y a veces te ofrecías como un premio fugaz, rosáceo, y salvabas el instante rozándome, en medio del silencio cargado del estudio, o en las veladas de familia, y de patines y fiesta, o cuando la soledad me sofocaba.
Pero luego nuestro Amor, según tiempo y ciencia te refutaban, te alejaban, se fue haciendo difícil, y nuestras noches tensas, cada vez más raras. Comenzó a incomodarme el dogma, la ortodoxia, tus acólitos, la dudosa verosimilitud de tus prodigios…
Silencio de plomo. Se rompieron vértebras y el purpurado papiro. Charlatanería y confusión de habladurías sobre ti. El monte cortaba bloques y tú eras un leve tizne vegetal, la extraña posibilidad del Universo con el orden de tu mente. La oscuridad golpeaba el callejón de las ratas donde los muertos olvidaban sus huesos.
Campos de carmín cristal. Música plateada como lomo de sardina. Aroma de café en la cocina. No necesito tu hipótesis.
Me parece un sueño nuestra historia, un sueño lejano y dulce de nieve, y terribles lujurias de belleza en aquel tiempo sin miedo ni mentiras.
¿Política? Se construyen muros, no puentes, armas, no bibliotecas, existe corrupción, mucha corrupción y muy poca moralidad, ignorancia, no intelecto, desgobierno y malas alianzas, pero no estabilidad y deliberación, caos en lugar de orden, segregación en vez de convergencia.
Vemos hipocresía ocupando el lugar de la equidad, discriminación en lugar de tolerancia, superficialidad por sustancia, inmadurez e improvisación en lugar de madurez e ideas claras. La anarquía desplazando a la justicia. Las mentiras, a la verdad. En fin, una democracia morbosa y corrupta donde se recompensa a los amiguetes, se mercadea con la opinión pública, reina la ineficiencia burocrática, se propende a la demogagia y al populismo, se proponen soluciones irreales a problemas complejos, se tiraniza a las minorías, donde rebosan demócratas ignorantes y de débil capacidad de razonamiento, con líderes de carisma narcisista y psicopático, democracia que es en esencia una disputa de amigos y enemigos (Carl Schmitt) -el enemigo es simplemente el otro, el extraño-, una democracia mafiosa, decadente, donde se obvia el bien o los bienes comunes.
«La caída del Imperio, caballeros, es algo masivo, sin embargo, y no se combate fácilmente. Está dictada por el aumento de la burocracia, el retroceso de la iniciativa, la congelación de las castas, la represión de la curiosidad… cien factores más. Ha estado ocurriendo, como he dicho, durante siglos, y es un movimiento demasiado majestuoso y masivo para detenerlo», Isaac Asimov, «Fundación», pág. 101, Debolsillo, 2003.
«Han saqueado el mundo, desnudando la tierra en su hambre… les mueve la codicia, si su enemigo es rico; la ambición, si es pobre… Arrasan, masacran, se apoderan de todo con falsos pretextos. Y cuando a su paso no queda más que un desierto, a eso lo llaman gobierno», Tácito, » Vida de Agrícola», Cátedra, pág. 48.
NOTA BENE: Cuando se habla de política y políticos, nunca está de más no olvidar al perspicaz De Gaulle: «Para convertirse en el amo, el político se hace pasar por el siervo».
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“Dovremmo scegliere i nostri governanti guardando le loro biblioteche”, Mauro Corona, «Deberíamos elegir a nuestros gobernantes mirando sus bibliotecas».
Sialorrea, galactorrea, leucopenia, neutropenia, ginecomastia, retinitis pigmentaria. Borrosidad de la vista, aumento de peso, temblor, acatisia, disminución de la libido, depresión, anhedonia. Hepatopatía tóxica, melanosis, obnubilación, distonía aguda. Embotamiento afectivo, falta de voluntad, alogia, atención empobrecida. Camino por el pasillo del manicomio, me arqueo, vomito en el mantel de hule del comedor. Mi rostro, inexpresivo, como para un retrato de terror de estudio; mi vida, sin afectos, es escuálida y miserable.
¿Qué oigo? No son sonidos nítidos, sino los que irregularmente brotan de una especie de rasgueo fibrinoso originado en el corazón. Y mis dientes caudillos de su súbita podredumbre. El verano descipotado ladra entre las cañas húmedas del torrente. En invierno las cepas se muestran como lastimosos espantapájaros. Ahora la Luna de la cosecha salta como pelotas atrapadas en las bocas de cuervos. Murmura la noche. Vacíos los cafés del mundo. Amedrentado te acurrucas en un rincón, sustituyes la caridad, la alegría, por una opaca soledad.
Jueves, 17 de julio. Despejada mañana, hará buen día «sense la bonior envescada de la canícula». Los dedos invisibles del miedo y la melancolía me despiertan. La piel contra la encegadora claridad.
Nerón envenena a Británico, se divorcia de su joven mujer, la destierra y la hace desaparecer. En el 59 ejecuta a su madre. Escribe poemas, pinta cuadros, toca la lira, canta y recita tragedias. Un melancólico que detestaba gobernar.
«No soy pobre, no soy rico; «nihil est, nihil deest», tengo poco, no quiero nada: todo mi tesoro está en la torre de Minerva… Sigo siendo un estudiante universitario… y llevo una vida monástica, ipse mihi theatrum, me basta con mi propio entretenimiento, aislado de los tumultos y problemas del mundo… aulae vanitatem, fori ambitionem, ridere mecum soleo, me río para mis adentros de las vanidades de la corte, de las intrigas de la vida pública, me río de todo», Robert Burton, «Anatomía de la melancolía».
La melancolía es un fantasma caminando por la casa con un cuchillo verde, amapalos triangulares, cortantes, diluidas en el aire desteñido, plumas de un búho ronco en terribles pasillos de manicomios.
Agrio sabor del suero. Días de julio. Un día más.
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Tuve mucha suerte con mi familia (la vida nos separó a mi hermana mayor E y a mí, pero, si me lee, le mando un saludo afectuoso a ella y a mi sobrino D)
Sobrenadan ahora días moribundos con cifras de estiércol. Mi garganta respira esparto cenizoso, y navego como un gatito por un lago de cemento. Crisis depresivas, lipemaníacas, oscuros demonios. Sin mamá se hace duro. Ella me obligaba a ponerme guapo e ir a «restaurants», nos acercábamos a librerías santiaguesas (íbamos a Santiago en taxi), y hablábamos, conversábamos ininterrumpidamente o jugábamos al Scrable y a las damas. Con paciente ternura soportaba mis obsesiones, mis cambios de humor, los amagos psicóticos. Con ternura y diestra sabiduría terapéutica. Este papel lo tomó ahora mi hermana pequeña N. La puedo llamar hasta seis veces al día. Y no se cansa, y me aguanta, y me aconseja y supervisa con tino. Cimero cielo sobre el farallón.
La enfermedad es una baba que cuelga, un último escalón mendicante, olas encrespadas sin orden y panzudas. Si hubiese estado en la completa intemperie, hace años que no saldría del manicomio.
Gracias mamá. Gracias Noemí. Abundante espuma de los ríos, viento que congeló las tempestades del mar. Sanáis mi vida sin pedir nada a cambio, solo como ofrenda del amor.
Ser un excelente ser humano es un incalculable y fecundo, cálido espacio rosa.
Jueves, 17 de julio. Despejada mañana, hará buen día «sense la bonior envescada de la canícula». Los dedos invisibles del miedo y la melancolía me despiertan. La piel contra la encegadora claridad.
Nerón envenena a Británico, se divorcia de su joven mujer, la destierra y la hace desaparecer. En el 59 ejecuta a su madre. Escribe poemas, pinta cuadros, toca la lira, canta y recita tragedias. Un melancólico que detestaba gobernar.
«No soy pobre, no soy rico; «nihil est, nihil deest», tengo poco, no quiero nada: todo mi tesoro está en la torre de Minerva… Sigo siendo un estudiante universitario… y llevo una vida monástica, ipse mihi theatrum, me basta con mi propio entretenimiento, aislado de los tumultos y problemas del mundo… aulae vanitatem, fori ambitionem, ridere mecum soleo, me río para mis adentros de las vanidades de la corte, de las intrigas de la vida pública, me río de todo», Robert Burton, «Anatomía de la melancolía».
La melancolía es un fantasma caminando por la casa con un cuchillo verde, amapalos triangulares, cortantes, diluidas en el aire desteñido, plumas de un búho ronco en terribles pasillos de manicomios.
Agrio sabor del suero. Días de julio. Un día más.
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«¿Y cómo sabes que estás loco? «Para empezar», dijo el Gato, «un perro no está loco. ¿Lo reconoces?» Supongo que sí, dijo Alicia. «Pues bien», continuó el Gato, «verás, un perro gruñe cuando está enfadado y mueve la cola cuando está contento. Yo gruño cuando estoy contento y muevo la cola cuando estoy enfadado. Por lo tanto, estoy loco», Lewis Carroll.
«La locura es algo raro en los individuos; pero en los grupos, partidos, pueblos y épocas, es la regla», Friedrich Nietzsche.
«La duda … es una enfermedad que proviene del conocimiento y conduce a la locura», Gustave Flaubert.
“Madness in great ones must not unwatched go», William Shakespeare, «Hamlet»
«Sólo a través del misterio y la locura se revela el alma», Thomas Moore.
«Todas las formas de locura, hábitos extraños, torpeza en sociedad, torpeza general, están justificadas en la persona que crea buen arte», Roman Payne.
«Básicamente, la regla clave es que si quieres parecer cuerdo en la Tierra tienes que estar en el lugar correcto, llevar la ropa adecuada, decir las cosas correctas y pisar sólo la hierba adecuada», Matt Haig.
«¿Has oído hablar de la histeria siberiana? Trate de imaginar esto: tú eres un agricultor, que vive solo en la tundra siberiana. Día tras día aras tus campos. Hasta donde alcanza la vista, nada. Al norte, el horizonte, al este, el horizonte, al sur, al oeste, más de lo mismo. Cada mañana, cuando el sol sale por el este, sales a trabajar en tus campos. Cuando está justo encima, haces una pausa para comer. Cuando se oculta por el oeste, te vas a casa a dormir. Y un día, algo dentro de ti muere. Día tras día, ves salir el sol por el este, cruzar el cielo y ocultarse por el oeste, y algo se rompe dentro de ti y muere. Tiras el arado a un lado y, con la cabeza completamente vacía de pensamientos, empiezas a caminar hacia el oeste. Hacia una tierra que está al oeste del sol. Como un poseso, caminas día tras día, sin comer ni beber, hasta que te desplomas en el suelo y mueres. Eso es la histeria siberiana», Haruki Murakami.
«Demasiada cordura puede ser locura, y lo más loco de todo: ¡ver la vida como es, y no como debería ser!», Dale Wasserman.
«Lo que al caballero le hace ser caballero es ser medido en el hablar, largo en el dar, sobrio en el comer, honesto en el vivir, tierno en el perdonar y animoso en el pelear», Carta de Antonio de Guevara a Antonio de Zúñiga.
«Pon un escarabajo en alcohol, y tendrás un escarabajo; pon un Mississipiano en alcohol, y tendrás un caballero», William Faulkner, «Santuario».
Tiembla mi brazo, porque nunca sostuvo a manos tan bonitas como las de las señoritas y señoras que leen mi blog.
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A propósito de la barbarie de Torre Pacheco: «La violencia sobra cuando la costumbre falta», Calderón de la Barca.
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«Ninguna gran mente ha existido sin un toque de locura», Aristóteles.
«He encontrado tanto la libertad como la seguridad en mi locura; la libertad de la soledad y la seguridad de ser comprendido, porque los que nos comprenden esclavizan algo en nosotros», Kahlil Gibran, «El loco».
«La cordura es una locura bien empleada», George Santayana.
«Entiéndeme. No soy como el mundo ordinario. Tengo mi locura, vivo en otra dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma», Charles Bukowski.
«Guarda silencio y escucha: ¿reconociste tu locura y la admites? ¿Te diste cuenta de que todos tus fundamentos están completamente sumidos en la locura? ¿No quieres reconocer tu locura y acogerla amistosamente? Quisiste aceptarlo todo. Pues acepta también la locura. Deja que brille la luz de tu locura, y de repente amanecerá en ti. No hay que despreciar ni temer la locura, sino darle vida… Si quieres encontrar caminos, tampoco debes desdeñar la locura, ya que constituye una parte tan grande de tu naturaleza… Alégrate de poder reconocerla, pues así evitarás convertirte en su víctima. La locura es una forma especial del espíritu y se aferra a todas las enseñanzas y filosofías, pero aún más a la vida cotidiana, ya que la vida misma está llena de locura y en el fondo es totalmente ilógica. El hombre se esfuerza por alcanzar la razón sólo para poder establecer reglas para sí mismo. La vida misma no tiene reglas. Ese es su misterio y su ley desconocida. Lo que tú llamas conocimiento es un intento de imponer algo comprensible a la vida», Jung.
Esta es la tumba que guarda las cenizas de Christian. Es verdaderamente maravillosa porque, gracias a una nula competencia, lo ignoró todo sobre la existencia. Estudiante de mediocre pluma y pastoso labio, anheló ser sabio y, al fin, muere ignorante. Amó a su madre, lo cuidó su hermana, no tuvo mujer ni hijos, y, ni talento ni carácter, sin laurel, fue al olvido. Caminante, no te detengas, pero lee atentamente y reflexiona sobre la última frase de esta lápida: CAYÓ EN UNA DISPUTA PENOSA CON EL MUNDO. *** Aquí yaces y yaces bien, tú descansas, el resto también. *** Fray Christian Sanz aquí reposa, ¿acaso en vida hizo otra cosa?
Ansia de huir de la vida del día a día, de su dolorosa crudeza y su insoportable monotonía. Deseo de escapar de las cadenas de mis volubles deseos y refugiarme en las verdades eternas de la ciencia y en las volutas estilizadas del arte. Una naturaleza sensible, de temple fino, huye de la anécdota trivial de su vida subjetiva y se refugia en la perspectiva objetiva del mundo del pensamiento.
En dos palabras puedo resumir todo lo que he aprendido sobre la vida: ir tirando. Un mero ir tirando lleno de limitaciones. Nunca puedes leer todos los libros que deseas; nunca puedes ser todas las personas que soñaste ser ni vivir todas las vidas posibles. La madurez consiste en admitir los límites, en rechazar matices, tonos y variaciones de vidas irreales, fuera de tu alcance.
Miércoles dieciséis de julio. Empieza el día. Más que hacer lo que deseas, harás lo que puedas. Si hoy evitas burdos errores y absurdos, si logras diez minutos de serenidad, el día logrará su justificación y sentido. Julio de 2025: la ciencia acumula conocimiento, la sociedad incrementa su pasmosa ignorancia. El mundo no se puede mejorar. Confórmate con disfrutarlo tres o cuatro horas a lo largo de una penosa y solitaria existencia.
NOTA BENE: Arthur C. Clarke: “I’m sure the universe is full of intelligent life. It’s just been too intelligent to come here”, «Estoy seguro de que el universo rebosa de vida inteligente. Solo que ha sido demasiado inteligente para venir aquí».
«Ningún ladrón, por hábil que sea, puede robarle a uno el conocimiento, y por eso el conocimiento es el mejor y más seguro tesoro que se puede adquirir», Luis Leví Sanz.
«La sabiduría no se puede impartir. La sabiduría que un sabio intenta impartir siempre suena a tontería para otra persona… El conocimiento se puede comunicar, pero no la sabiduría. Uno puede encontrarla, vivirla, hacer maravillas a través de ella, pero no puede comunicarla y enseñarla», Herman Hesse.
«He sido y sigo siendo un buscador, pero he dejado de cuestionar estrellas y libros; he empezado a escuchar la enseñanza que me susurra mi sangre», Herman Hesse.
«Para mí, es mucho mejor captar el Universo como realmente es, que persistir en el engaño, por muy satisfactorio y tranquilizador que sea», Paul Dirac.
«A la gente no le importa cuánto sabes hasta que saben cuánto te importa», Theodore Roosevelt.
«Tengo un amigo que es artista y a veces ha adoptado un punto de vista con el que no estoy muy de acuerdo. Sostiene una flor y dice «mira qué bonita es», y yo le doy la razón. Luego dice: «Yo, como artista, puedo ver lo hermosa que es, pero tú, como científico, la desmontas y se convierte en algo aburrido», y creo que está un poco loco. En primer lugar, la belleza que él ve está disponible para otras personas y para mí también, creo. Aunque no sea tan refinado estéticamente como él… puedo apreciar la belleza de una flor. Al mismo tiempo, veo mucho más de la flor de lo que él ve. Puedo imaginarme las células que hay dentro, las complicadas acciones que se producen en su interior, que también tienen una belleza. Quiero decir que no es sólo belleza en esta dimensión, en un centímetro; también hay belleza en dimensiones más pequeñas, la estructura interna, también los procesos. El hecho de que los colores de la flor hayan evolucionado para atraer a los insectos que la polinizan es interesante; significa que los insectos pueden ver el color. Esto añade una pregunta: ¿existe también este sentido estético en las formas inferiores? ¿Por qué es estético? Todo tipo de preguntas interesantes que el conocimiento científico añade a la emoción, el misterio y el asombro de una flor. Añade. No entiendo cómo resta», Richard Feynman.
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«Soy ateo, sin pelos en la lengua. Me llevó mucho tiempo decirlo. He sido ateo durante años y años, pero de alguna manera sentía que era intelectualmente poco respetable decir que uno era ateo, porque suponía un conocimiento que uno no tenía. De alguna manera, era mejor decir que uno era humanista o agnóstico. Finalmente decidí que soy una criatura tanto emocional como racional. Emocionalmente, soy ateo. No tengo pruebas para demostrar que Dios no existe, pero tengo tantas sospechas de que no existe que no quiero perder el tiempo», Max Planck, «Autobiografia científica y últimos escritos», pág. 38, Nivola, 2021.
«La ignorancia engendra más frecuentemente confianza que el conocimiento: son los que saben poco, no los que saben mucho, los que afirman tan positivamente que tal o cual problema nunca será resuelto por la ciencia», Giuseppe Peano, «Lezioni Di Analisi Infintesimale», pág. 8, Legare Street Press, 2022.
“I do not pretend to be able to prove that there is no God. I equally cannot prove that Satan is a fiction. The Christian god may exist; so may the gods of Olympus, or of ancient Egypt, or of Babylon. But no one of these hypotheses is more probable than any other: they lie outside the region of even probable knowledge, and therefore there is no reason to consider any of them”, Bertrand Russell ,»Why I Am Not a Christian», Allen & Unwin, pág. 71, 1957.
«Pocas personas son capaces de expresar con ecuanimidad opiniones que difieran de los prejuicios de su entorno social. La mayoría de la gente es incapaz de formarse tales opiniones», Donald Davidson, «Truth, Language, and History. Philosophical Essays», pág. 78, Oxford University Press, Oxford, 2005.
«Porque hay tres clases de intelectos: uno que comprende por sí mismo; otro que aprecia lo que otros comprenden; y un tercero que ni comprende por sí mismo ni por la demostración de otros; el primero es el más excelente, el segundo es bueno, el tercero es inútil», George Pólya, «Mathematics and Plausible Reasoning», Vol. II, pág. 210, Princeton University Press.
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«Llegará el momento en que la investigación diligente durante largos períodos sacará a la luz cosas que ahora permanecen ocultas. Una sola vida, aunque enteramente dedicada al cielo, no bastaría para la investigación de un tema tan vasto… Y así, este conocimiento solo se desplegará a través de largas edades sucesivas. Llegará un momento en que nuestros descendientes se asombrarán de que no supiéramos cosas que para ellos son tan sencillas… Muchos descubrimientos están reservados para épocas aún por venir, cuando la memoria de nosotros habrá sido borrada», Séneca.
«Vemos, así, hasta qué punto los monumentos del ingenio y del saber son más duraderos que los monumentos del poder o de las manos Pues, ¿no se han conservado los versos de Homero dos mil quinientos años o más, sin mengua de una sílaba o letra, cayendo en ruinas o siendo demolidos entretanto incontables palacios, templos, castillos, ciudades? No es posible tener efigies o estatuas de Ciro, Alejandro, César, ni de los reyes o altos personajes: los originales no permanecen, y a las copias les falta vida y verdad. Pero las imágenes de la inteligencia y del conocimiento humano quedan en los libros, sustraídas de los estragos del tiempo y capaces de perpetua renovación. No dejan de engendrar y esparcir su semilla en las mentes de otros, provocando y causando infinitas acciones y opiniones en las épocas sucesivas», Francis Bacon.
La muerte, el cambio definitivo. Acabamiento, apagamiento, aniquilación, declive, nada, cero, consumación, cesación; caídas plumas de un grotesco pajarillo, túnel de niebla color plata mellada y oscura. La verdad, para vivir tiempos así. Viví breve y parcialmente, ¿estoy preparado para morir en cualquier momento? Pero, para soportar estos tiempos… ¡Ya estar aquí no me importa! ¡Quiero salir! Ya tuve y vi suficiente. Quiero que todo se acabe, nada me importa ¡Para aguantar esta época! «No temo a la muerte. Llevaba muerto miles y miles de millones de años antes de nacer, y no había sufrido el menor inconveniente por ello», Mark Twain.
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En este cementerio está enterrado el relojero, escritor y matemático de Orense, provincia lluviosa del reino de España, Christian Sanz Gómez, nacido el 27 de diciembre de 1971 en Barcelona, fallecido el 14 de noviembre de 2025 en Nogueira, aldea en una falda de los cañones del Sil, ingenioso diseñador de instrumentos de medida y globos celestes, constructor de los ingenios más precisos del siglo XXI, inventor de logaritmos, descifrador de logogrifos, amante de la Luna y su geometría, autor de cinco libros de ceceante prosa, falso rimador de un centón de poemas. Midió los cielos. Ahora mide las sombras. Creyó que debemos saber. Ahora sabe. Caminante, alégrate por él: por fin deja de ser cada vez más estúpido.