Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
La muerte, el cambio definitivo. Acabamiento, apagamiento, aniquilación, declive, nada, cero, consumación, cesación; caídas plumas de un grotesco pajarillo, túnel de niebla color plata mellada y oscura. La verdad, para vivir tiempos así. Viví breve y parcialmente, ¿estoy preparado para morir en cualquier momento? Pero, para soportar estos tiempos… ¡Ya estar aquí no me importa! ¡Quiero salir! Ya tuve y vi suficiente. Quiero que todo se acabe, nada me importa ¡Para aguantar esta época! «No temo a la muerte. Llevaba muerto miles y miles de millones de años antes de nacer, y no había sufrido el menor inconveniente por ello», Mark Twain.
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En este cementerio está enterrado el relojero, escritor y matemático de Orense, provincia lluviosa del reino de España, Christian Sanz Gómez, nacido el 27 de diciembre de 1971 en Barcelona, fallecido el 14 de noviembre de 2025 en Nogueira, aldea en una falda de los cañones del Sil, ingenioso diseñador de instrumentos de medida y globos celestes, constructor de los ingenios más precisos del siglo XXI, inventor de logaritmos, descifrador de logogrifos, amante de la Luna y su geometría, autor de cinco libros de ceceante prosa, falso rimador de un centón de poemas. Midió los cielos. Ahora mide las sombras. Creyó que debemos saber. Ahora sabe. Caminante, alégrate por él: por fin deja de ser cada vez más estúpido.
No tengo miedo de una pequeña metáfora; no me morderá, pero siempre debo asegurarme de que sé cómo canjearla por un hecho. Creo, inspirándome en muchos filósofos analíticos, que el mundo de la física es ESENCIALMENTE el mundo real interpretado por abstracciones matemáticas, y el mundo de los sentidos es el mundo real interpretado por las abstracciones que proporcionan inmediatamente nuestros sentidos ¿Una concepción suave y elegante, pero simplista, que ignora deliberadamente la noción de cosmovisiones más sutiles? Leo a Ashish Dalela en «Quantum Meaning: A Semantic Interpretation of Quantum Theory»: «Un universo de partículas clásicas carece de conocimiento porque el universo sólo puede ser él mismo y no una representación de otra cosa. Si el universo sólo estuviera compuesto de partículas clásicas, sólo habría propiedades físicas, pero no significados. La idea de que podemos tener información sobre un objeto sin convertirnos en ese objeto es fundamental para todo conocimiento». Este género de hipótesis me son extrañas. Acaso nuestra confusión sobre quiénes somos y cómo es la realidad se relacione con el hecho de que estamos formados por un gran conjunto de niveles, y utilizamos un lenguaje superpuesto para describirnos en todos esos niveles. Si precisáramos el lenguanje objeto L, el metalenguaje L1, el metametalenguaje L2 etc.. a lo mejor las cosas serían menos paradójicas. No sé, solo estoy especulando sin brida.
NOTA BENE: En general, el realismo científico de la física clásica (es decir, la precuántica) ha seguido siendo compatible con el realismo ingenuo del pensamiento cotidiano; en cambio, ha resultado imposible encontrar una forma coherente de visualizar el mundo subyacente a la teoría cuántica en términos de nuestras imágenes del mundo cotidiano. La conclusión general es que en la teoría cuántica el realismo ingenuo, aunque necesario a nivel de las observaciones, fracasa a nivel microscópico. Acepto el matiz.
“Sobre el inmenso abismo nadan, raros, los náufragos”, Virgilio.
Tachan vencejos el ruido del silencio. Exactamente se cumple un año desde que murió mamá. El contacto de vivir me estremece. Gritan fantasmas, ratas roen mi hígado. Se rompió el hechizo. Lo vivo, muerto.
Pero mis impresiones de ti están tan frescas y se renuevan con tal rapidez (imposible que salgas de mi memoria), que éste vacío a la vista es una forma de esperanza. Pronto estaremos juntos.
Ya editoriales abertzales en los años 80 desvelaron la irrefrenable propensión al ladrocinio o ladronería del «campechano», un atalaya amigo de acechonas, culiolas y quadrantarias, y muy poco (nada, vaya) de logaritmos neperianos o filologías latinas.
P.D. En Germanía, la palabra «atalaya» tiene dos significados principales: «ladrón» y, en algunos casos, «torre» o lugar elevado desde donde se vigila. La primera acepción, «ladrón», es la más extendida y documentada.
Meretriz viene del verbo «mereor», que significa ‘merecer’, o sea alguien ‘que se lo ha trabajado y se lo merece’, de ahí que muchos aseguremos que una vez que se conoce el significado profundo del término la palabra se pronuncia con exquisito respeto.
En latín, puta también se decía puta —como se dice igual o muy parecido en italiano, francés, rumano y todas las lenguas que proceden de la misma raíz—, «culiola» si ofrecía el ano o «culeaba bien» y «quadrantaria» por ser barata y alquilarse por ‘la cuarta parte’.
«Culiola» hace referencia también a una persona tonta, estúpida. Es una palabra despectiva que se usa para referirse a alguien que es fácilmente engañado o que muestra poca inteligencia.
En germanía, igualmente, la palabra «quadrantaria» señala a alguien que tiene una habilidad especial para el fraude o la trampa, especialmente en el mundo de las apuestas, el robo o cualquier tipo de actividad ilícita.
La polisemia de «culiola» y «quadrantaria» viene peripintada para el Emérito.
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Ser gay es una normalidad más. “Hope will never be silent”, Harvey Milk, «La esperanza nunca callará». Viva la bandera arco iris, independientemente del hecho eventual de su apropiación por parte de ciertas siglas políticas.
Como dijo Giulio Racah en el prólogo a su artículo de junio de 1959 «Irreducible tensorial sets»: «No creo, queridos académicos, que tengan ustedes derecho (y disculpen si les ofendo) a darme órdenes por el mero hecho de no ser judíos como yo, o por haber visto más mundo que yo; su pretensión de superioridad depende del uso que hayan hecho de su tiempo y experiencia, en resumidas cuentas, de su libertad. Y yo siempre me sentí tremendamente libre».
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–¿El papel de intelectual está ya en declive definitivo Sr. Sanz?
–¿Intelectual? Color oscuro, angustioso, color de la melancolía. Frescobaldi, «La foga di quell´arco», 5-7: «Per che di fuor la mia labbia coperse / d´oscura qualità, sì che´l dolore / si mostra ben quant´è, nel mi´ colore» (Ver también Cino da Pastoia o al gran Cavalcanti)
Permítame una confesión personal: la lectura es mi pasión y mi vía de escape desde que tenía 4 años. Lo conocido es finito, lo desconocido infinito; intelectualmente nos encontramos en un islote en medio de un océano infinito de inexplicabilidad, de ininteligibilidad. Nuestra tarea en cada generación es reclamar un poco más de tierra, añadir algo a la extensión y la solidez de nuestras posesiones. Añadir o estudiar lo añadido. Incluso un somero vistazo a la historia de la biología durante el último siglo y medio es suficiente para justificar la afirmación de que el instrumento más potente para la extensión del reino del conocimiento natural que ha llegado a manos de los hombres, desde la publicación de los «Principia» de Newton, la teoría de la relatividad y la teoría cuántica, es el «Origen de las Especies» de Darwin y el descubrimento de la estructura del ADN.
Meditemos -y cambio la línea argumental- en este exabrupto de Céline: «No nos sirven los intelectuales en este país. Lo que necesitamos son chimpancés. Muchos locuaces chimpancés. Déjenme darles un consejo: nunca nos digan una palabra sobre ser inteligentes, o lo que significa ser lúcido e inteligente. Pensarán por ustedes, señoras y señores. No lo olviden».
Respecto a su pregunta (disculpe los incisos), absolutamente, el papel del intelectual está en absoluto, total, terminante y definitivo declive. Aparecen algunos pseudointelectuales, chisgarabís, duchos para manejarse y exhibirse en los media, que se echan incienso a sí mismos con un incensario más grande que el de Santiago de Compostela, pero eso no acaba (ciertamente) de definir a un intelectual.
A mi juicio, es intelectual el sabio que posee, además de sabiduría, una ya (rara) forma de caridad, o de piedad, hacia sus conciudadanos; y esto es ahora algo muy infrecuente. Piedad o compasión, llámelo como quiera. Por lo demás, hay que reconocer que la figura del intelectual ha perdido el prestigio que había poseído hasta los tiempos de Sartre o de Camus en Francia, o de Bertrand Russell, Hannah Arendt o Isaiah Berlin en el mundo anglosajón. Ahora no pintan, socialmente hablando, nada. Si a un conocedor de la historia intelectual de España le pidieran que nombrara a intelectuales de peso del siglo XX, no vacilaría en nombrar, por lo menos, a Unamuno y a Ortega y Gasset, y quizás a Eugenio d’Ors. Si hoy se hiciera una encuesta semejante, el resultado desembocaría en el «no sabe, no contesta», o arrojaría una nómina de profesionales de la literatura o el ensayo o la tertulia, de unos advenedizos, de esos que han crecido mucho, pero desaparecerán como la espuma.
Los intelectuales son hebilluelas sin cinturón donde agarrarse; además no existe ya ningún cauterio para convertir el tejido analfabeto cultural enfermo en una postilla. No se ve casi nadie inteligenciado, instruido, o enterado. Dudo que existan más de cincuenta personas en España que sepan quién es Stephanus Byzantynus, Julius Pollux, o Francesco Ballarini. Dudo que existan más de mil personas que sepan quién fue Escoto Eriúgena. El panorama es entre apocalíptico y desolador.
–¿A qué se dedicará ahora? ¿Su desencanto es horaciano?
–Siempre he hecho una vida enormemente discreta, secreta y oculta. Viví oculto. En mi vida no he hecho otra cosa que leer, estudiar, conversar y, de joven, reír, llorar y amar. O sea que las cosas no van a cambiar mucho. Voy a regalar mi biblioteca de 30.000 volúmenes, mi discoteca y mi pinacoteca, a la diócesis de Orense; fuimos ya al Notario. Amo igualmente la tarea u oficio de escribir, y me siento muy a gusto en mi despacho devanándome las meninges a la busca de un giro, una cita, un tropo o un ritmo, pero es humillante y penoso el número de mis lectores, por lo que, con probabilidad, y aunque mucha sea la vocación, dejaré de escribir. Quiero ver crecer a mi sobrinilla, y, si no es posible, quiero esperar, sobre todo con un libro entre las manos, esperar a la muerte dulcemente.
Y yo te miro, Cárcel Oscura, desde el bordo del pozo, y del champagne tibio arrastraronme al chabolo. ¡Oh exdiputado sin aforo! ¡Cantaré todo el repertorio! *** DOS CAMINOS
Hay solo dos caminos: o soñar y ver claro a Yoli en profundo deshabillé, o a Urtasun en suspensorios ajustados color verdé.
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Grafólogos, brujas pirulas, frenólogos y ocultistas, conspiraciones y experiencias extrasensoriales, criptozoología y burdo creacionismo, quiromantes grillados, practicantes del Reiki, chifladuras de la Era de Acuario, portentosas imbecilidades de ovnis y embajadas galácticas, clarividentes de hojas del té, echadores del Tarot, pseudoterapias majaderas, médiums risibles y perturbadas y majaretas, astrólogos bujarrones, videntes con sus bolas de colorines, aterradoras psicofonías de chichinabo, piedras energéticas o espirituales, quemaduras con forma de huevo en mitad de un campo debido a una supuesta nave espacial, homeopatía, infames horóscopos…
Todo un sinfín de degradadas y cómicas histerias astrales, de absurdas insensateces autoevidentes, de morralla borderline, de gentuza y pillos y charlatanes y estafadores, de irracionales exorcismos de la lógica, todo, en fin, engrudos de mantequilla intelectiva basura.
«La pseudociencia es siempre peligrosa porque contamina la cultura y, cuando concierne a la salud, la economía o la política, pone en riesgo la vida, la libertad o la paz”, señaló Mario Bunge, físico y filósofo de la ciencia.
«Pseudociencia es cuando no hay detrás un fundamento científico que haya sido contrastado múltiples veces. Vienen a ser creencias que suelen estar vestidas de términos científicos. En el libro [se refiere al magnífico libro del que es co-autora, «Ciencia o pseudociencia»] queremos dejar claro que no es que no funcionen, sino que funcionan igual que el efecto placebo. En el libro no pretendemos decirle a nadie lo que tiene que pensar, hacer o creer. Queremos dar herramientas y hacerlo desde el respeto porque detrás de cada individuo hay una cuestión social»; Susanna Manrubia.
«Existen, y siempre han existido, nociones pseudocientíficas destructivas vinculadas a la raza y la religión; éstas son las más extendidas y dañinas. Esperemos que las personas cultas consigan arrojar luz sobre estos ámbitos de prejuicios e ignorancia, pues como dijo Voltaire: «Los hombres cometerán atrocidades mientras crean absurdos»», Martin Gardner.
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Werther, de Goethe, obra con giros o tropos con un «dring» no poco kitsch y llorica. Novela sin humor, a diferencia de estos minicuentos de Pere Calders (existen innumerables ejemplos):
«A TORNAJORNALS. Un dels grans enamorats que registra la Història (encara que de moment no ho sembli), fou Lluís XVI, que va perdre el cap per Maria Antonieta. I tingué la sort, enmig de la desgràcia, d’ésser correspost en la mateixa mesura per la seva estimada»
«JUDICI PRECIPITAT. Una vegada vaig rebre una flor roja, i no sabia si era una amenaça o el testimoni delicat d’una admiradora. Posats a triar, vaig quedar-me amb això darrer (perquè vaig més curt d’enamorades que d’enemics) i ja em feia tot de càlculs feliços a base d’entrevistes deliqüescents, quan va trucar a la porta i aparegué un missatger d’aquests que van amb moto. El cor em va bategar de pressa. Però no: el noi em va dir que s’havia equivocat de pis i em va demanar que li tornés la flor»
«ARS POÈTICA. Li va sortir una rima preciosa, d’aquelles que poden salvar un poema. Però havia nascut vídua, abandonada de parella que la justifiqués, i es va quedar sola a final de ratlla, sense que cap llei mètrica acudís al seu socors. Si no s’hi troba remei, coses així ens amargaran la vida».
Pero el «Werther» no se puede «menystenir», obviamente. Goethe pertenecía a esa tradición secular (hoy con visos de quebrarse) de montar sus libros sobre los libros de la tradición.
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– Soy Rosa. – Ah, perdóname, es que soy daltónico.
«Los placeres de los oídos me habían enredado y subyugado con particular tenacidad, pero tú, Elena Horta, me desataste y me liberaste», citado en BERRETTINI, Aurelio Agostino, «Ordine, Musica, Bellezza», Milán, 1992, pág. 247.
Asimismo Gaspar Gutiérrez de los Ríos en su «Noticia general para la estimación de las artes» (1600) elogia a Micaela Vergara como «nuestro Aedea Española, excelentissima sobre quantos diurnarius ha avido», pág. 22. Igualmente en Ignace Vandevivere, «La cathedral de Palencia et l’eglise paroissiale de Cervera de Pisuerga», Bruselas, Centre National de Recherches Primitifs Flamands, 1967, pp. 61-64, se compara un crucero de la catedral de Palencia a la belleza en llamaradas de cenizas de Eva Sandoval.
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¿Cómo se dice “genio” en español? “Turista”.
“En una reciente encuesta, 11 de cada 10 españoles dijeron que se sentían superiores a los demás”.
“Papá, papá”, le dice un niño a su padre, “cuando crezca quiero ser como tú”. “Muy bien, hijo, ¿por qué?”, le responde su padre. “¡Para poder tener un hijo como yo!”.
¿Cómo reconoces a un español en una biblioteca? Porque es el único que busca un mapamundi de Madrid.
Hay tres razones por las que Jesucristo es español. Solo un hijo español habría vivido con su madre hasta los 30 años. Solo un hijo español podría pensar que su madre todavía es virgen. Solo una madre española podría pensar que su hijo es Dios.
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Las películas son tan, tan pocas veces gran arte, que, si no podemos apreciar la gran basura, tenemos muy pocas razones para interesarnos por ellas.
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Quien tiene boca se equivoca:
“No son estrellas fugaces, es una lluvia de motoritos”, Isabel Pantoja.
“No es la contaminación la que esta dañando el ambiente. Son las impurezas que hay en nuestro aire y en nuestra agua las que lo están haciendo”, Pamela Anderson.
“Tengo un montón de viajes transoceánicos pendientes… como a Canadá”, Britney Spears.
“Esa rastrera sinvergüenza merece ser muerta a patadas por un asno… y yo soy justo la indicada para hacerlo”, Claudia Schiffer.
“Yo nunca he fumado marihuana porque eso da celulitis”, Valeria Mazza.
“Siempre que veo la televisión y veo esos niños pobres y hambrientos en todo el mundo, no puedo evitar llorar. O sea, me encantaría ser tan flaquita como ellos, pero no con todas las moscas, y muerte, y esas cosas”, Mariah Carey.
“Creo que el matrimonio homosexual es algo que debería darse entre un hombre y una mujer”, Arnold Schwarzenegger.
“Entonces, ¿dónde se realizará el Festival de Cine de Canes este año?”, Christina Aguilera.
“Nunca he querido ir a Japón, simplemente porque no me gusta el pescado, y sé que es muy popular allá en África”, Britney Spears
“El fumar mata y si te mueres has perdido una parte muy importante de tu vida”, Brooke Shields.
A la pregunta: «¿Qué música te gusta?», la Playmate Anna Nicole Smith contestó: «La de los CD’s.
“Las películas de hoy en día son muy raras, te hacen pensar», B. Spears.
George Bush:
– “Un número bajo de votantes es indicativo de que menos personas están yendo a votar”
– “La mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país”
– «He hablado con Vicente Fox para tener suficiente petróleo mexicano en Estados Unidos. Así no dependeremos del petróleo extranjero».
Rocío Jurado:
-“Llovía muchísimo, parecía el danubio universal”,
-“Dos, cuatro, seis y así sustantivamente”,
-“Vive en un chalete acosado”,
-“No tiene hijos porque él era imponente”.
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Futbolistas, ay, deus meus:
Carlos Tévez: «A medida que uno va ganando cosas, se hamburguesa».
Edison Cavani: «Como todo equipo africano, Jamaica será un rival difícil» (Copa América de 2015)
Ronaldo: «Perdimos porque no ganamos»
Sergio Ramos: «Cuando éramos niños, a muchos amigos les gustaba el baloncesto y a otros el basket».
Nelson Pedetti: «Vi al arquero adelantado y se la tiré por arriba, fue un gol de odontología».
Lukas Podolski: «El fútbol es como el ajedrez, pero sin dardos».
Gustavo Biscayzacu: «Me siento muy bien físicamente, entre otras cosas, gracias a la dieta del nutricionista basada en hidrocarburos».
Mark Viduka: «No me importaría perder todos los partidos, siempre y cuando ganemos la Liga».
Lee Hendrie: «Recibí un golpe en mi tobillo izquierdo. Pero algo me dijo que era mi derecho».
Phil Neville: «Los brasileños son de Sudamérica. Los ucranianos serán mas europeos».
Murci Rojas: «El equipo juega igual conmigo o sinmigo».
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Cambio lindo perro Doberman por mano ortopédica.
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«Poida que neste momento nalgún recanto de Galicia estea morrendo un vello que leva consigo un caudal de palabras sonoras que xa ninguén fará coñecer. Poida que noutro naza, a estas horas, o home ou a idea que transformará en novo sentido a historia», Otero Pedrayo.
Y Vicente Risco, en «De Leria» (1961), Editorial Galaxia (2020), escribió:
«Poucos galegos se conforman con non volver. Lonxe da terra, seguen xunguidos a ela; é coma se foran soamente nómades de corpo».
«O pasado é noso, é cousa xa realizada, xa feita, ninguén nolo pode quitar. O futuro, en troques, pódenos fuxir das mans. Non podemos saír do presente máis que pola lembranza ou pola esperanza, que veñen ser os dous elementos da saudade».
«Dixo Carlyle que a grandeza dos pobos se mide polo culto que renden aos seus grandes homes. Entón, o pobo máis grande do mundo é o pobo galego: centenarios, veladas, banquetes, lápidas, estatuas, bustos, hainas aquí para grandes e pequenos…».
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Me encanta esta dedicatoria de Joseph J. Rotman en “Fundamentos de la topología algebraica”: «A mi mujer Margarnit y mis hijos Ella Rose y Daniel Adam, sin los cuales habría terminado este libro dos años antes». O la de Albert Paul Malvino en “Principios de electrónica”: «A Joanna, mi brillante y hermosa esposa, sin quien yo nada sería. Ella me conforta y consuela siempre, nunca se queja ni interfiere en nada, no pide nada y lo da todo, y, además, escribe mis dedicatorias».
En «Historia de la noche», de Borges, se lee:
“Por Venecia de cristal y crepúsculo. Por la que usted será: por la que acaso no entenderé. Por todas estas cosas dispares, que son tal vez, como presentía Spinoza, meras figuraciones de una sola cosa infinita, le dedico a usted este libro, María Kodama.”
En 1981, en «La cifra», Borges escribió:
“De la serie de hechos inexplicables que son el universo o el tiempo, la dedicatoria de un libro no es, por cierto, el menos arcano. Se la define como un don, un regalo. Salvo en el caso de la indiferente moneda que la caridad cristiana deja caer en la palma del pobre, todo regalo verdadero es recíproco. El que da no se priva de lo que da. Dar y recibir son lo mismo. Como todos los actos del universo, la dedicatoria de un libro es un acto mágico. También cabría definirla como el modo más grato y más sensible de pronunciar un nombre. Yo pronuncio ahora su nombre, María Kodama. Cuántas mañanas, cuántos mares, cuántos jardines del Oriente y del Occidente, cuánto Virgilio”.
En «La homilía del ratón», Sánchez Ferlosio dedica el libro a su hija muerta:
«A la memoria de quien más he querido en este mundo, Marta Sánchez Martín, que tantas veces metió baza en estas páginas, con su palabra aguda y redicha como una campanita de convento, que, a despecho del mundo, todavía me sonaba a amanecer».
Y Agatha Christie, acaso pensando en mí, escribió: «A todos aquellos que llevan vidas monótonas, con la esperanza de que puedan experimentar en segunda persona los encantos y peligros de la aventura».
Y C. S. Lewis:
» A Lucy Barfield.
Mi querida Lucy:
Escribí este cuento para ti, pero cuando lo empecé no me había dado cuenta de que las niñas crecen más rápido que los libros. Por eso ya eres demasiado mayor para los cuentos, y cuando esté impreso y encuadernado serás aún mayor. Pero algún día tendrás edad para volver a leer cuentos. Entonces podrás bajarlo de algún estante superior, quitarle el polvo y decirme lo que piensas de él. Probablemente seré demasiado sordo para oír, y demasiado viejo para entender una palabra de lo que digas, pero seguiré siendo tu afectuoso padrino».
La amabilidad, la elegancia y la ternura no son debilidades, sino nobleza.
Soy de todo linaje y casta, aguador, encofrador, abogado, necio rufián, sabio labrador, tiresias profesor online, pregonero, condenado goloso trovador, gladiador, y llevo pintadas en la cara corrales, acrílicos, gallos, ensalzo la lluvia que estalla, y floto en cabañas y asilos y lupanares, soy hombre o cosa, pared y túnel, y disyuntiva luz, soy animal, oigo el grito de semáforos de la ciudad henchida, el tumulto de gongs de la floresta, de los bosques, soy carbón, se agita la sangre de mi hermana en collares y alarmas, me cobija la rosaleda sacramental, soy grafito, grafeno, una idea en las casacas de criollas muchedumbres, un políglota oficial de la escudilla del rey, un eunuco protovestiario, un lenguaje de albogues, el encorbatado especialista en análisis de datos, el hechizo entre copas de cemento, la Luna de cuero rubio (con reps o rábanos), soy alma y espíritu, también babilónica letanía, y rey y Dios, yo soy la carne solitaria en dulce paz, la soledad meditabunda en un rincón de playas rosas, y también joyas y mármol y mierda y estatuatillas tirrenas y cuadros y platerías, yo soy tu lepra y tus telas teñidas con púrpura de Getulia, y yo soy tú, Christian Sanz.
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Manlio Capitalino abandonó la causa de los patricios, a cuya clase pertenecía, y se puso a liderar la causa de los plebeyos, que sufrían el duro y cruel trato de los primeros.
El motivo para apoyarlos de Manlio, sin embargo, no era tan puro; después de su defensa del Capitolio, no podía soportar ver a un hombre igual o por encima de sí mismo, y deseaba íntimamente proclamarse tirano.
Al final una insurrección popular lo condenó a muerte.
Tito Livio y demás historiadores siempre supieron que no hay nada más veleidoso e inconstante que la multitud. «Haec natura multitudinis est: aut humiliter servit, aut superbe dominatur», «Esta es la naturaleza de la multitud: o sirve humildemente, o domina soberbiamente». Cuando un pueblo es soberano es variable, mutable y acaso ingrato.
Al igual que Atenas se liberó de Pisístrato, nosotros muy pronto nos libraremos de Sánchez.
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«Abrí el libro, ocioso, distraído, tenía siete años y hojeé las páginas; qué hombres serían capaces de despreciar estas pabras […] Y así llegué a una obra cuyo título inusual me atrajo […] Desde las primeras líneas, algo se derritió en mi interior: un bloque de hielo transparente e infranqueable que me bloqueaba el paso. […] Goethe acababa de hacerme un regalo suntuoso y frívolo: me acababa de regalar la poesía de la literatura», Del «Prólogo», pág. 7.
En «Internationale Bibliographie zur Geschichte der deutschen Literatur von den Angängen bis zur Gegenwart – Band I, II/1, II/2, III (4 Bücher)», Albrecht, Günter und Günther Dahlke: Editorial: München-Pullach, Verlag Dokumentation, 1969
Ante mi hermana, donna angelicata, no puedo menos que exclamar humildemente: «Libélula milagrosa de río y vuelo de bronce del águila «. O bien musitar: «Splendore della Luce eterna, il Verbo prese carne dalla Vergine quando Ella rispose “eccomi” all’annuncio dell’Angelo (Lc 1,38)». Y, reclinado, saber: «De l’abito di questa luce discretiva massimamente le populari persone sono orbate; però che, occupate dal principio de la loro vita ad alcuno mestiere, dirizzano sì l’animo loro a quello per forza de la necessitate, che ad altro nonintendono. E però che l’abito di vertude, sì morale come intellettuale, subitamente avere non si può, ma conviene che per usanza s’acquisti, ed ellino la loro usanza pongono in alcuna arte e a discernere l’altre cose non curano, impossibile è a loro discrezione avere», Dante, «Convivio», XI, 6-7-8.
Porque vive en el agua (ὕδωρ, ὕδατος), la tierra (γῆ, γῆς), el fuego (πῦρ, πυρός), el aire (ἀήρ, ἀέρος), y el éter (αἰθήρ, αἰθέρος), entre pájaros que caminan sobre mis sueños.
Romero Murube se define en una «autosemblanza»: “Nací en Villafranca y Los Palacios, el día 18 de julio de 1904. Niñez campesina y lugareña; en tiempo de mis abuelos tuvimos cortijos, fincas y dehesas… Todo esto se perdió como Cuba y las islas Filipinas. Correspondo al grupo literario “Mediodía”. He publicado varios libros: el que más me gusta, “José María Izquierdo y Sevilla”. Es el que menos se ha vendido. Mi mayor orgullo sería hacer un libro definitivo sobre Sevilla… He de ir a eso –a mi libro sobre la Sevilla difícil– y en eso trabajo, dudo, sufro, sueño, fracaso y me divierto”. Romero Murube fue un sápido coleccionista de libros.
Y Christiaan Justus Enschedé, bibliófilo y jurista, nos señaló: «Los cinco sentidos son los agujeros de la cueva en que vivimos. Al examinar un libro debemos usarlo todos, además de uno sexto, sutil, minucioso e inefable».
Asimismo Convers Francis (y disculpen la moderada, acaso ineducada, erudición), en «Dissertatio, qua de vitae termino, utrum fixus sit, an mobilis, disquiritur ex Arabum et Persarum scriptis», nos advierte contra los altos nobles y príncipes de Europa, y contra el peligro de acumular libros en demasía, dándonos ejemplos de monjes que robaron libros de bibliotecas monásticas o cayeron víctimas de la locura libresca.
Como coda a esta nota, recomendar: Bernhard Bischoff. «Latin Palaeography: Antiquity and the Middle Ages», Cambridge University Press 2003, donde Mr. Bischoff nos confiesa: «Estoy absolutamente seguro de que tengo una bibliomanía irrecuperable […] Ya a mis padres les disgustaba profundamente. No tengo ni idea de cómo ser menos bibliomaniático. Una vez que me sumerjo en un libro (metafóricamente, no literalmente), tardo horas en volver al mundo «real». Y es mi mayor debilidad: vivo en una especie de mundo ficticio, dentro de mi mente. Nunca advierto lo que pasa a mi alrededor cuando estoy leyendo (y rara vez, cuando no) […] Mi mente funciona a un ritmo frenético cuando estoy despierto, y tengo una imaginación bastante viva y una curiosidad inquisitiva por muchas cosas. Para mí, los libros emocionan, excitan y alimentan mi cerebro y mi espíritu. Estudiar su historia resultaba un fin inevitable. También soy una lector exigente, apasionado por ciertos géneros y alejado de otros que no despiertan nada mi interés […] El libro que el lector tiene entre sus manos pertenece al género académico. Pero, su remoto origen, no lo duden, es aquel niño solitario de Altendorf emparedado en la biblioteca del pueblo».
Copia de carta de Don Cristóbal Sáinz Gómez, escrita en Orense, a 6 de julio de 1625, al Doctor Juan de Salastrugue.
Sobre las cosas prodigiosas que se han visto en la cuevas de la Roboyra Sacra, habiéndome dado noticia que en una montaña que hay ribera del río Sil, camino de Os Peares, a mano izquierda, llamada Das Queixas, pasado un embalse que se llama O Peto, hay una cueva prodigiosa, obrada por la naturaleza, en salir de mi casa, acompañado de Lorenza Adaguasca, a demanda suya; y, llegado al lugar de Luñares, tomé guías y todo el aparato necesario, y el día siguiente, dos horas después de haber amanecido, después de varios lances, con grandes dificultades se halló la boca de dicha cueva, que será de menos de tres palmos y luego se va dilatando una quiebra de modo que da lugar a andar casi en pie con alguna pena hasta doce pasos, y, pasado esto, se dilata y ensancha de modo que parece otro mundo, pero adentro es toda esta prodigiosa cueva de una piedra como de cristal o agua helada. Hay en ella montañas altísimas, barrancos y despeñaderos estupendos y todo lleno de columnas, estatuas, promontorios grandes y pequeños; el techo en algunas partes es tan alto, que se pierde de vista, y todo él colgado de varias monstruosidades, hay fuentes de excelente agua, puestos donde respira aire fresquísimo. Llevábamos por guía en este laberinto de naturaleza tres libras de cordel muy delgado, dos hachas blancas y otras ocho o diez luces de estadales y teas; llegamos hasta donde bastó el cordel, pero no donde deseábamos, que el riesgo no permitió alargarnos cosa considerable de adonde se acabó, si bien la joven Adaguasca pasó más adelante y una de las guías tanto, que casi no los oíamos. Yo paré en un puesto que jamás acabara de admirar lo que vi, no con la imaginación, sino con los ojos del cuerpo: uno de los edificios que el mundo puso en el número de las siete maravillas; vi el faro fornido de cristal con toda la perfeción que se puede imaginar. Va señalado aquí en la margen, para que V.M. admire este milagro de la naturaleza depositado en las entrañas de la tierra. Las vueltas que se cuentan son siete, que lo prevengo por si al debujarse no me salieren tantas. Sacamos de adentro varias invenciones del agua helada o cristal, [y] entre otras piezas una que pesaba más de seis arrobas; y anoche despaché un hombre y acémila para traerla a mi casa, donde podrá V.M. gozarla. Estimaré, por no duplicar este borrón y mala prosa, que después de haberla comunicado V.M. a los amigos, le remita a Juan de Salastrugue. Dios guarde a V.M., cuya mano beso. Orense, a 6 de julio, 1625. De V.M., Don Cristóbal Sáinz Gómez.