Je ne regrette rien 5

MAKELELE

No me juzques amor mío,
por mi falta de encanto,
que tengo aquí escondido,
un cacho nabo de espanto.

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AMOUR FOU

Entre esos dos ojazos,
y tu boquita de nata,
te metería dos pollazos,
que te dejarían cegata.

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LAS CHICAS DE MI ALDEA

Las chicas de mi aldea
tienen patas de alambre,
y un poco más arriba,
el conejo muerto de hambre.

Je ne regrette rien 4

Les dejo. Me dispongo a leer: «De Catilinae coniuratione (Wissenschaftliche Kommentare zu griechischen und lateinischen Schriftstellern)», obra muy al caso (Catilina era un aristócrata corrupto)

«Hubo en aquel tiempo quien dijo que Catilina, concluida su arenga, al tiempo de estrechar a los cómplices de su maldad para que jurasen, les presentó en tazas vino mezclado con sangre humana, y que habiéndolo probado todos después del juramento, según se practica en los solemnes sacrificios, les descubrió de lleno su intención: y añadía que habla hecho aquello para que de esa suerte fuesen entre sí más fieles, sabiendo unos de otros un crimen tan horrendo. Algunos juzgan que éstas y otras cosas se fingieron con estudio por los que creían que el aborrecimiento, que se excitó después contra Cicerón, se iría templando al paso que se exagerase la atrocidad del delito de los que habían sido castigados. Yo esto, con ser cosa tan grande, jamás he llegado a averiguarlo».

Buenos días.

Je ne regrette rien 3

Un libro raro y absolutamente exquisito y apetitoso.

«An introduction to the knowledge of rare and valuable editions of the Greek and Latin classics. Together with an account of Polyglot Bibles, Polyglot psalters, Hebrew Bibles, Greek Bibles and Greek Testaments; the Greek fathers, and the Latin fathers» por Dibdin, Thomas Frognall, 1776-1847

Je ne regrette rien 2

El manuscrito Voynich es un libro ilustrado, de contenidos desconocidos, escrito por un autor anónimo en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible. Su nombre proviene del comerciante de libros antiguos Wilfrid M. Voynich (1865-1930), quien lo adquirió en 1912. Actualmente se conserva en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale, con el código MS 408.

Je ne regrette rien 1

Los Libros plúmbeos del Sacromonte o Plomos del Sacromonte son una de las más famosas falsificaciones históricas. Materialmente consisten en 223 planchas circulares de plomo de unos 10 cm (formando 21 libros) grabadas con dibujos indescifrables y textos en latín y en extraños caracteres árabes, que se dieron en llamar salomónicos. Fueron interpretados como el quinto evangelio que habría sido revelado por la Virgen en árabe para ser divulgado en España.

Supuestamente fueron desenterrados junto con restos humanos en ese arrabal del Sacromonte (entonces llamado Monte Valparaíso) de la ciudad de Granada entre 1595 y 1599. También se les asocian los hallazgos de Torre Turpiana, en el centro de la misma ciudad, producidos con anterioridad, en 1588, cuando se habrían encontrado también huesos dentro de una caja metálica que contenía además un pergamino (también políglota) y una imagen de la Virgen, que hablaban del mártir san Cecilio, un árabe cristiano que habría acompañado a Santiago y fundado la diócesis de Granada como su primer obispo.

«Pretendidamente, se trataba de unos documentos que se remontaban a fecha muy temprana y en los que se representaba una forma de cristianismo carente de rasgos ofensivos para los musulmanes. Se inició entonces una gran controversia; muchas autoridades cristianas creyeron en la autenticidad de las tabillas, aunque algunos estudiosos católicos, como el hebraísta Benito Arias Montano, manifestaron sus dudas.», ​Henry A. Kamen.

Happy meal 4

Del estilo de Azorín dijo María de Maeztu en su «Antología de prosistas españoles del siglo XX»: “su prosa clara, precisa y concisa, de frase corta y construcción directa, cae como una bomba en medio de la literatura finisecular, ampulosa, de falsa retórica”.

Lo tenía claro el gran Azorín. Su artículo “Derechamente a las cosas” terminaba como sigue: “De todos los defectos del estilo, el más ridículo es el que se llama hinchazón”.

Y, en «Un Pueblito. Riofrío de Ávila», leemos: «Colocad una cosa después de otra […] ¿No habéis observado que el defecto de un orador o de un escritor consiste en que coloca unas cosas dentro de otras, por medio de paréntesis, de apartados, de incisos y de consideraciones pasajeras e incidentales? Pues bien: lo contrario es colocar las cosas -ideas, sensaciones-, unas después de otras. «Las cosas deben colocarse –dice Bejarano– según el orden en que se piensan, y darles la debida extensión». Mas la dificultad está… en pensar bien».

Si lo dices claramente, significa que lo entiendes claramente. Al estilo oscuro le precede un pensamiento oscuro. Muy probablemente un escritor debe evitar la monotonía, el hermetismo, las incorrecciones gramaticales, las palabras alargadas, las redundancias y cacofonías, el uso incorrecto de los signos de puntuación, la nominalización (uso del sustantivo derivado del verbo), la omisión incorrecta del nombre, la omisión incorrecta del determinante, las frases innecesarias para la comprensión del texto (frases expletivas)… y tantísimas cosas más.

¿Estilo floreado? ¿Creatividad literaria? Desde luego, en cierta medida; pero nunca caer en un estilo ampuloso, rimbombante o llanamente disparatado. A mí me parece anti-literario el clásico escrito administrativo, jurídico, burocrático o de un vanguardismo irreflexivo y juvenil.

Happy meal 3

Al fin algo de sol. Escucho a Bach. Sol y Bach. Incluso para mí la vida puede tener destellos de sol, y eso que desperdicié (pobre hombre) algo tan precioso como el sol otoñal, algo como el mágico sol primaveral, quedándome en casa. Escribió ese prodigio llamado Joseph Addison en «The Spectator»: “What sunshine is to flowers, smiles are to humanity. These are but trifles, to be sure; but scattered along life’s pathway, the good they do is inconceivable”, «Lo que el sol es para las flores, así las sonrisas lo son a la humanidad. Meras bagatelas, sin duda; pero esparcidas por el camino de la vida, su beneficio es inconcebible».

Reflexiono en cómo estructuré mi pentalogía. En el Diccionario de la Real Academia, «armar» tiene como decimosexta definición: «Mar. Aprestar una embarcación o proveerla de todo lo necesario». Respecto a mis libros, la mar océana es mi autobiografía -enmascarada-, dos o tres temas obsesivos tratados como aprestos emotivos y no lógicos, y una brújula, que el lector deberá descubrir.

En mis diarios monto una historia. Y nada de eso tiene que ver con el montaje de mecanos. Una fuente de inspiración es Cortázar, que en «62. Modelo para armar», dice en su presentación que el título puede llevar a creer que las diferentes partes del relato se proponen como piezas permutables, pero precisa a continuación: «Si algunas lo son, el armado a que se alude es de otra naturaleza, sensible ya en el nivel de la escritura donde recurrencias y desplazamientos buscan liberar de toda fijeza causal, pero sobre todo en el nivel del sentido donde la apertura a una combinatoria es más insistente e imperiosa. La opción del lector, su montaje personal de los elementos del relato, serán en cada caso el libro que ha elegido leer». Que mi lector avíe la embarcación.

Y que el lector perciba la música que quise poner. «Si decido ser idiota y sordo, lo seré por decisión propia», Johann Sebastian Bach.

Happy meal 2

(Summa Logicae)

Esta noche blanquiazul y esta Luna de la infancia. Ando como un peregrino congojoso por mi mente; la ciudad, atribulada. Lógica: “Segnora de la noblesse”.

Entre las muchas acciones que realizamos están las de INFERIR y ARGUMENTAR. De lo que otros dicen inferimos cosas que acaso no dijeron. Argumentamos para hacer ver que algo se infiere de alguna otra cosa.

Los actos de inferir y argumentar producen muchos resultados: acuerdos, desacuerdos, enfados, aburrimiento etc. Y, obviamente, entre sus productos están las INFERENCIAS o ARGUMENTACIONES.

No toda implicación interesa a la lógica. Interesan las implicaciones lógicas. A un lógico no le interesa si la argumentación es bella literariamente, es intrigante, persuasiva, agresiva, mendaz etc. Tradicionalmente esto se consideran sus propiedades retóricas. Lo que interesa al lógico es si la argumentación es válida, y, en particular, si es deductivamente válida.

Tenemos una implicación o una inferencia lógica, o una argumentación válida (deductivamente), CUANDO LA CONCLUSIÓN NECESARIAMENTE ES VERDADERA SI LAS PREMISAS SON VERDADERAS.

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Día de mayo helado en Orense. Me niego a leer a María Dueñas, Ildefonso Falcones, Suzanne Collins o Carissa Broadbent.

Infinitamente más atractivo e instructivo (y divertido) es el “Scholarum dialecticarum libri XX”, de Petrus Ramus, uno de los primeros ensayos de Historia de la Lógica. Un fantaseador grande, muy grande: nos habla de una “Logica Patrum”, en la que aparecen Noé y Prometeo como los primeros Lógicos; de una “Logica Mathematicorum” luego, en la que se refiere a los pitagóricos. Siguen una “Logica Physicorum” (Zenón de Elea, Hipócrates, Demócrito etc.), la “Logica Socratis, Pyrrhonis et Epicretici” (¡sic!), la “Logica Antistheniorum et Stoicorum” (aquí se cita, además, a los megáricos y a Diodoro Crono) y la “Logica Academicorum”. Solo después viene la “Logica Peripateticorum” en la que Ramus alude a la llamada “Aristotelis Bibliotheca”, e. d., el “Organon”, que, según él, no procede de Aristóteles, y finalmente acaba con la “Logica Aristoteleorum interpretum et praecipue Galeni”.

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La primera vista de Palmira es como un regimiento de caballería dibujado de un solo trazo. Las ruinas resplandecen al grito de un rugiente rayo de sol. Sientes el respeto y la maravilla en medio de las tumbas. Pilares y fragmentos; yo crucé la puerta. Me esperaba el espectro de un matemático bajo la luna esférica, con claridad crema de Luna y Desierto.

“Aristotelis opera cum Averrois commentariis” (Venetiis, 1562) Frankfurt a. Main: Minerva G.m.b.H., 1962. I, P. 1a (Categoriae, De Interpretatione, Analytica Priora) I, P. 2a (Analytica Posteriora) I, P. 2b (Epitome in lib. logicae Aristotelis, Topica)

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Padmavati, sorprendida mientras se arregla y prepara para el baile, ofrece a los ojos de su estupefacto amante lisos y anudados, perfumados cabellos, sobre los que brilla la sombra de un peine de diamante. Su amante avanza bruscamente y besa aquella nuca con sus labios entreabiertos.

Ingalls, D.H., ed. (1951): “Materials for the Study of the Navya-nyãya Logic, Cambridge (Mass.)

E.R. Sreekrishna Sarma, ed. (1960): “Manikama: A Navya-nyãya Manual”, Adyar

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La lógica es una materia venerable.

Happy meal 1

Sobre los motivos y argumentos que llevaron a los lógicos a proseguir la investigación semántica bajo la presuposición de Frege de que los enunciados denotan valores veritativos, véase: Barwise & Perry: “Semantic innocence and uncompromising situations”, artículo incluido en esa joya amarilla y mate: P. A. French, André Le Vot y otros: “Midwest Studies in Philosophy”, vol. 6, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1981.

NOTA BENE: Hay una introducción increíblemente clara a las ideas de Montague sobre el análisis semántico de las lenguas naturales. Véase: David Hayman & William York Tindall: “Introduction to Montague Semantics”, Dordrecht, Reidel, 2002.

Visionario Joyce: “Todo nos está escondido cuando querríamos ver detrás de nosotros de qué región de remotidad ha sacado su idoneidad la quiddidad de nuestra quienidad”.

Lógica: teje, tejedor de palabras… Lenguaje: teje, tibio fulgor solar en regocijo sobre el mar.

Leopold Bloom, judío, masón, extranjero (húngaro) y desarraigado, un auténtico apátrida que adoraba Dublín. “Resultando que Leopold Bloom sin domicilio fijo es un conocido dinamitero, bígamo, alcahuete y cornudo y una molestia pública para los ciudadanos de Dublín (…)”, “Ulises”, Lumen, p. 112, Vol. II.

Alcahuete, extranjero, apátrida, bígamo y dinamitero, como el lenguaje esposado a la lógica.

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“Pues, efectivamente, la perfección de los autores antiguos no fue tanto que la doctrina recibida no esté necesitada de nuestro estudio, ni tanto puede creer la ciencia en nosotros, mortales, como para no poder recrear su desarrollo ulterior”, Abelardo, “Dialéctica”, Ed. L.M. de Ryk, 1970, V, p. 535.

Una lámina del “Compotus manualis ad usum Oxoniensum” representa una clase de astronomía. El maestro, rodeado de artilugios (un reloj de pesas, una esfera, una vela marcada, un astrolabio) se dedica a glosar libros de la materia en cuestión.

Lean y glosen, con el artilugio de su razón, el “Metalogicon”, de Juan de Salisbury, el “Ars disserendi”, de Adan de Balsham, autor más conocido como Parvipontano, la “Summa Lamberti”, el “De signis”, de Roger Bacon, o, también, de Pedro Hispano, el “Tractatus syncategorematum”.

Háganme caso, léanlos. LA LÓGICA ES UNA PASIÓN MEJOR QUE EL SEXO. Sentirán, atravesándoles la glándula pineal, olés y rijos de gracia. Mejor que disputar de toros, o trampear con naipes, todo relatos de majezas con bordón de propósitos excitantes.

A través de frases y símbolos, se abaten ideas, se desbrozan cabezas turbias, y feroces y brutales. El amor a la deducción es violento. Hay una hermosa vida allende la mostrenca -indigna- parlanchina de nuestros políticos. La ubre lógica desencarcela mentiras, y deja como un aire puro flotando, que el sol inunda. Y por las casas abiertas llega una brisa cálida que huele a heliotropos.

Pensar bien. La mañana se quiebra en canto de contraltos, tártaras melodías soplan motas azules en el capirote de nuestro cielo de mayo. El pensar con reglas son camelias, camelias en los ojos brillantes de zorros plateados.

Los mastines del odio 4

Mi poblachón orensano es exiguo, indigente. Región incierta, desprovista del resplandor urbano, triste extensión de campos severos, incoloros, mejor, de solo verdes, una casa perdida aquí o allí, feísmo, muros frágiles, tejados de pizarra y casas frías y húmedas, guiñaposo viento, un seto alrededor de matorrales, montones de escombros en el borde de las canterías, chamizos de hojalata, molinos sin nada que moler, hórreos de pena, sobre cepas unas cañas partidas. Verdor innoble de huertas domésticas, cada generación más divididas (una vieja arrugada junto al lavadero)

Lo mate, lo pequeño, la soledad, el exterior ceñudo. Quiero hurgar en mi espíritu, y el interior es también seco, árido, mate, sardesco, pequeño. Cansado de remover cenizas sin llamas, arcilla sin oro, tanta espina sin rosa.

Abro un libro a la busca de ciencia y mi corazón se consuela. Reverdece con Johnson, los faralaes de Sterne, Fielding, la mandolina de la peluquería en Lorca, Villon, Montaigne, Kafka, el órfico Dante, el inexorable Tucídides, Petrarca, Voltaire, el periquito Valle-Inclán, el sentencioso Quevedo, Pushkin, Llull…jarrones y biombos y terciopelos bordados con pajuelas de oro, mamuts de placer sagrado.

Mi poblachón, rústicos guipures y mantecas opulentas, empopado a nieblas y nubes, reboños de lluvia, populacho jorco, tierra de orujo, vacadas, tocino y botijos, mi aldeúcha mata mi espíritu judaizante de glosa e ilustración. Tierra feraz que devora la ternura.