Automoribundia 1

En los antípodas de mi tipo de prosa (expansiva, numerosa, altercada) encontramos, por citar a dos autoras jóvenes y que me gustan, la de Milena Busquets y Marta Riezu. Mi prosa, en cambio, se viste con mozzettas ribeteadas a mano, zuchettos violetas casi rojos, y fajas de seda moiré con flecos en los extremos de la frase; mi prosa se empacha o emboba de grebas, y loricas plumatas escamadas, y focales y paludamentums. Al escribir quiero una domesticación en pos del canto melodioso de formas místicas persas, un espacio como vasija o caja donde poner los confites. Yo deseo hebillar al escribir, montar y sujetar las palabras con peraltes, construir a base de esforzados presbiterios adornados con estatuas de Aspetti, ábsides y cimborrios góticos.

Entre el lenguaje y el mundo, mis significados martillean rescoldos de chimenea, aprisionan lomos plateados de sardina, portan amuletos de gatos fríos. Una teofonía hiberna en la sucesión de mis gotas o semen gramatical. La belleza del idioma es como las mejores noches de Nijinsky (raya negra en la risotada de Aristófanes)

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Palabras, «prelude charnel», famosos piratas de los mares de China, muñecas de agua, manto manchado de carmines, amarillos, naranjas y verdes, labios gruesos y embelesados y ricos, senda violácea de las mejillas y brillo de saliva en la boca. Las palabras como un buen estudiante de Eton de grandes apellidos.

Se aconseja reducir el número de adjetivos y adverbios. Pero -siempre- buscar el sonido entrecortado por imprevistos rasgueos e hipos de «s», «n», «q», «e» y «l». Buscar el implorante calor de tarta de queso de «a», «u», «t», «b» y «g». Buscar los diamantes con que se montan «y», «x», «z», y «w».

Al escribir, entre los bosquetes de la ripisilva, deben aparecer claros arenosos dondes veas palabras como escabarajos tigres y palabras como grullas coronadas. Escribe en tus momentos de sol como si cazaras cicindelas. Las palabras, en su vastedad de cielo desnudo veraniego siberiano, cambiarán en un juejo de contraluces. Déjate llevar por esa fuerza fotovoltaica.

Tractatus 35

Cerca de mi casa hay un plantío de eucaliptos. Se barraganean contiguos a la cuneta, sus troncos como ancas florlisadas de elefante, su altura propia de una embriaguez en la loca noche. Olor de flamboyanes y armonía, la erizada luz restregada que reflejan. Encarnada sangre verde la luz que absorven.

Así siento las palabras, la literatura. Lo que pertenece a las musas, a la misma música, a diversos estilos de música; un espejo de láminas superpuestas.

Cuando empiezas a escribir sueles usar una lengua de palabrejas, un argot cultista; te ocultas en la retórica vacía. Después pules y buscas una trabajada sencillez. Yo soy un escritor con funciones y alma de esponja. Puedo usar formas periodísticas, o líricas, o conceptistas, o lumpen. Mi prosa es dúctil. Escribo como si declamara arias fantasmales. Un montón de ejercicios de estilo heterónimos. Mi punto de vista es numeroso, mis personalidades lingüísticas múltiples. Voz de palimpsesto, de ventrílocuo. Así no me aburro.

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¿Quién fue Christian Sanz? Lo conocí de las redes. Era un raro, extremadamente individualista, patológicamente solitario, obsesionado consigo mismo, neurasténico orientado al control; inconformista, culto, pedante, cerebral, apenas sensitivo, analítico.

Debió de tener en otro tiempo buenas carnes; pero ya su cuerpo estaba lleno de pliegues y abolladuras como un zurrón vacío. Allí, valga la verdad, no se sabía lo que era pecho, ni lo que era barriga. La cara era hocicuda y desagradable. Un excéntrico, un anómalo de cabeza, frío de corazón, un loco, un raro, o un imbécil. Débil e inseguro ante su poder literario, un hipocondríaco inexpresivo y taciturno, distante, terriblemente indeciso y tímido en el fondo, investido de contradiccciones . Vive en una casa grande y vieja. Las paredes, construidas con ladrillos en parte cocidos, pero en general de adobe, están ahora tan deterioradas por la humedad que se filtra desde la tierra que han empezado a desmoronarse. Aislarlas de la humedad es una tarea imposible; lo mejor que puede hacerse es instalar un lienzo de hormigón impermeable alrededor del perímetro de la casa y confiar en que se sequen lentamente.

Se disponen de pocas fotos suyas. En una parece esquinado, de trato difícil, con mirada recelosa o displicente. De tanto mirarle la cara a la adversidad debía de provenirle aquel alargamiento de morros que le afeaba considerablemente. Acaso el retrato de alguien que padeció ostracismo y agravios, impacencias y brusca soledad, alguien intranquilo y vencido, poco dado a confiar, susceptible y paranoico. En otra, un selfie hecho en el bosque, se percibe la piel rugosa, como de naranja, un mentón autoacusatorio, facciones de un tipo vulgar. Se le ve relajado. Gordezuelo, también grande la calva, también grande la barba, las cejas pobladas, indicadas en arco como con la punta pincel. Los ojos miopes, castaños, pero sin asomo de coquetería. Canoso, tiene un aire aseado, cierto aire de desenfado. Aquí parece hombre suave, bondadoso, de buen -sano- genio, simpático, un poco atolondrado y semeja buena persona. Con un prurito de felicidad. En la útima fotografía, se le ve ya pesimista, acabado, destruido; no mira a la cámara, el labio inferior vehemente, como salivoso, el retrato de alguien atrapado, que sufre y no se sabe por qué anhela. Enfermizo, mirada ida, manicomial, y la ropa, aunque limpia, muy arrugada.

A este huidizo personaje , ¿le gustó Snoopy, tuvo broncas con su familia, disfrutó con «Scarface» de Hawks, Joseph Losey, Baroja, la ornitología, la riqueza, los domingos por la mañana? ¿Qué precio tenían las meretrices a las que era asiduo, cuántas veces estuvo enamorado, por qué países viajó, dónde trabajó, tenía memoria, fue en verdad esquizofrénico, cómo era su casa? Nunca lo sabremos. Tengo la sensación que ocultó y fingió mucho, un maestro mentiroso, pero alguien igual al resto, desde cierto ángulo, y muy diferente de los demás, desde otro punto de vista.

Me dijeron que fue austero en su vida y exuberante en su trabajo, discreto, ciclador rápido (humor muy cambiante), a resguardo del mundo en su casa-búnker de Orense. Se desconoció, se desconoció.

Entre sus papeles se encontraron las críticas de perfumes de Chandler Burr.

Tractatus 34

«El amor comienza por engañarse a sí mismo, y a veces logra engañar al otro», Oscar Wilde.

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La Guardia Civil decide poner un control a las puertas de Mediaset.

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No, Charlize Theron, lo siento, prefiero estar solo. Encontrarás a otro, seguro.

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Primer premio. Un fin de semana en España. Segundo premio. Dos fines de semana en España.

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Mi madre me protegía del mundo y mi padre me amenazaba con él.

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«Y se produjo un violento terremoto; el sol se volvió negro como un velo mortuorio y la luna enteramente roja como la sangre; las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como higos sacudidos por un temporal» Leía este pasaje del Apocalipsis (6:12-13) y de repente oí la nueva sintonía de Sálvame en TVE.

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Hoy que en Gijón se reúnen adoradores del sol «per angostam viam», organizado por la escritora Becky Gijón, y ya que creo que hablé de la religión «gánica» fundada por Peralta Ramos, recuerdo otra gran religión: el pastafarismo (o religión del Monstruo del Espagueti Volador). En 2005, un gran hombre llamado Bobby Henderson mandó una carta abierta explicando que también debía enseñarse en los colegios norteamericanos una tercera ‘teoría’ alternativa a la Teoría de la evolución: el pastafarismo. La idea es que el Universo lo habría creado una especie de bola gigante de espagueti con albóndigas voladoras. Sorprendentemente, aunque todo comenzó como una broma, la astracanada fue adquiriendo notoriedad y no solo se han realizado varias conferencias sobre pastafarismo, hay un evangelio e incluso en algunos países como Nueva Zelanda ya se ha realizado la primera boda pastafari. En 2016, la Cámara de Comercio holandesa reconoció de forma oficial la religión del Monstruo de Espagueti Volador.

El fallecido Duque de Edimburgo dejó un compendio de frases políticamente incorrectas para el recuerdo. A pesar de que una de sus anécdotas más famosas cuenta que a un estudiante que había visitado Nueva Guinea le dijo aquello de: «Te las arreglaste para que no te comieran, ¿eh?», lo cierto es que en algunos lugares del mundo este curioso personaje ha sido considerado una deidad. En isla de Tanna en Vanuatu se rinden honores al príncipe Felipe como a un dios, y, al morir, afligidamente lloraron su muerte, según contó la ‘BBC’. Todo viene de una leyenda sobre «el hijo de piel pálida del espíritu de la montaña, que se casaría con una mujer poderosa». La colonización británica y una visita de la pareja a la isla en los años 70 fueron las que cobraron la magia, y desde entonces se pueden ver retratos del Duque de Edimburgo por toda la isla.

El movimiento raeliano. Otra rareza. Una ‘religión ovni’ que, por algún motivo, cuenta con muchos adeptos en Corea del Sur. La idea que defiende es que no estamos solos en el universo y no somos la civilización más avanzada ni política ni social ni económicamente, sino la creación de seres extraterrestres llamados ‘Elohim’. Fue fundada por Claude Vorilhon (o Rael) después de que (se supone) fuera abducido por extraterrestres. Un compendio de cultos disparatados entre los que hay cabida para la clonación lleva a este movimiento a ser considerado secta peligrosa en varios países.

Dentro de curiosidades, debemos consignar al Partido Froilanista. Cito:

«O Partido Froilanista é unha organización galega que se fundou o 2 de xuño de 2014, día en que Xoán Carlos I de España anunciou a súa abdicación no seu benxamín Filipe, Filipe VI, facendo valer a Lei sálica.

Os membros do Partido Froilanista consideraron un agravio que non fose sucesora do monarca a súa primoxénita Elena. Por iso decidiron auto-organizarse e constituírse como partido político comprometéndose coa reconquista dos dereitos usurpados ó Reino de Galiza. No trono de Galiza pretenden colocar a Froilán de Marichalar y Borbón, fillo da Infanta Elena de Borbón (A «Raíña Rexente»), que pasaría a reinar como Froilán III de Galiza e I de Begonte.

Entre as reivindicacións do Partido Froilanista atópanse o traslado da capital do Reino de Galiza a Lugo, pois foi historicamente a capital do Reino; o galego como lingua oficial en todo o Reino, a reinstauración do matriarcado e a recuperación das fronteiras do ano 456 baixo a coroa do rei Requiario, onde o Reino de Galiza chegara ata as portas do Algarve, Andalucía, Castelló e Cataluña.»

Personalmente me uno a tan noble ideario, y, además, exijo que se deifique al Rey Froilán. No pocos milagros hizo ya.

Tractatus 33

Me siento como con orificios en el tubo craneal. Voces cuchicheantes y burlonas, al igual que las paletadas de un ventilador, me increpan (cinturonazos en la cabeza) Voces calcinadas, herejes, de trovadores enanos, alienados y diabólicos. Oleajes de mordidas de ratas, sodomía, estupro, trizas putrescentes en el porquerizo. Resquebrajado encalado es mi ser, moho en las paredes, manicomio abandonado, un ininterrumpido bandoneo a gritos de «hijo de puta», «mátate», «moco subnormal»… Todo una orquesta pringosa cortándome la cabeza como si tuviera un cúter.

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Es importante combatir la idea de que los esquizofrénicos somos violentos. Malas series policiacas de la tele, y también algunas buenas películas, alimentan esta creencia. Yo me repliego sobre mí, abúlico, apático, sin interés ni voluntad, y siento una indiferencia «hostil» al entorno. Pero evito ceder a bruscos caprichos esotéricos o paracientíficos. Las voces y los delirios no acaban de suplantar la realidad. Pretendo calidez en el contacto, pese a mi propensión a la frialdad y al empobrecimiento afectivo. ME APARTO DEL MUNDO PARA SUFRIR MENOS. Todo se disgrega y se fragmenta. Entrecruzo el sistema de agujas y descarrilo completamente. Mi único refugio es el aislamiento moral e incluso físico. Se amplifican los ruidos, molestan los colores, noto confusa (difusa) la percepción, y las voces me atormentan.

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Gritan los fantasmas de la noche. Un pez respira con los vidrios de mi sangre. El velero ya se dirige rumbo a la Isla del Corsario Negro. Y bajo el agua se desmigajan los sueños de una adolescente. No sé. A veces vivir se hace cuesta arriba. Mañana será otro día.

Tractatus 32

Día de sol, epicúreo y cartesiano. El cielo tiene unos puntos claros y manchas de azul pavo-real que logran un aspecto lívidamente plateado, acaso bordeado de tenues naranjas. El cielo como estuchista de placidez y armonía, evitando estridencias.

Improviso unas palabras al hilo de este buen tiempo. Por cierto, si puede ser, recuérdenme como escritor, alguien que quiso subordinarse a una legalidad literaria (y que pocas veces lo consiguió) Alguien que conscientemente inyectó líquidos antisépticos en sus libros, sabedor del matraquear, de la carraca inepta de demasiados colegas. Recuérdenme como un correcto escritor judeoespañol, feliz y sin contrariedades, que quiso sacar las escrófulas de la prosa y el verso, feliz, pese al fracaso de público lector.

Sir Anthony Panizzi construyó los planos de la sala de lectura del Museo Británico, yo deseé un poquito de pigmento púrpura, un aspecto bronceado, en mi literatura.

La percepción literaria es una percepción “ex causis probabiliter praecedentibus”, y se basa, no en razones necesarias, sino en razones probables. Por mi intemperancia me acerco a Simón de Tournai -buen antecedente-, y por escritor secreto, y casi inédito.

Miro por la ventana y continúa este día de sol, irónico, musical, mundano. La luz con forma de agujas capilares cortesanas. La luz cierta, como un tónico o un jarabe. Hace buen día para quererse.

Tractatus 31

(Descripción de mi locura)

Los juicios de Dios u ordalías eran frecuentes en la Edad Media y se utilizaban como prueba judicial. Además de la prueba del fuego, existía la del agua. Ambas servían para demostrar que nada se tenía que ver con las malas artes de la brujería. La prueba del fuego consistía en someter al acusado a caminar sobre brasas o meter la mano en fuego, mientras que la prueba del agua implicaba ser sumergido, con la creencia de que Dios permitiría que un inocente no se hundiera o no sufriera quemaduras.

Me acuso Señor de loco y de bruja. De mi gangrena lunar entre estambres oscuros. De la congelada saliva debajo de mi silencio. Del pacto con Lucifer.

[Sea A el conjunto de sonidos de un universo dado U. Sea B el conjunto de proferencias o signos gestuales o textuales de un universo dado U*. Mis esquizofrénicas ideas de alusión o referencia consisten en creer que hay un subconjunto de A, A´, y de B, B´, cuyos elementos me aluden, se dirigen a mí, son actos intencionales en lugar de actos espontáneos de la naturaleza. Si A y B son vacíos, sin elementos, (A=B= ∅), puesto que A´⊆A y B´⊆B, entonces tanto A´como B´son vacíos, a saber, son conjuntos sin elemento alguno (una manera alternativa de decirlo es que la unión de U con U* también es vacía, no hay por lo tanto estímulos sonoros, ni textuales, ni sígnicos en el universo) Pues bien, tal estado de cosas también lo interpreto alusivamente, como un “falso silencio”, “un silencio expectante”, “un silencio artificial”, en lugar del silencio natural propio del funcionamiento real del mundo. Delirar es como jugar con los dados trucados, apostar a caballo ganador. En conclusión: no puedo no delirar. Dada cualquier secuencia de cosas que hay, no es que éstas sean no susceptibles de desmentido, es que son exclusivamente susceptibles de corroboración y verificación. Vives enjaulado dentro de la locura sin posibilidad de escape o fuga.

Además de estos delirios de referencia, sufro delirios de persecución, perjuicio y alucinaciones]

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Kafka: “A veces siento que comprendo la Caída del Hombre mejor que ningún otro”. Me desorganizo como un vómito en mitad del salón de la princesa de Polignac en el Hôtel Crillon de París. Un vagabundo subrepticio metido en salones lujosos y cómodos de época victoriana.

Rozo la aureola del martirio, de la falta de voluntad, del alma írrita. No me yergo en la tempestad. En la basílica de San Pedro, frente al altar de la Confesión, Canova representó a Pío VI de rodillas, absorto en la oración. El P. Morcelli, en la inscripción que redactó por orden de Pío VII, dice de Pío VI: “Magno in adversis animo vim invictus pertulit et regno spoliatus auctoritatem non amisit”.

Me acuso Señor de pecador y loco. Del chisporroteo de la bacteria tísica en mis pulmones. De los mejillones azul cuervo coloreando mi sangre. De las ratas que trepan por mi linfa como el chasquido de un rifle.

[i. Creo en mis delirios porque tienen exactamente el mismo grado de presentación en mi mente que las verdades matemáticas o los datos de los sentidos. Con su misma viveza, incorregibilidad, claridad diáfana, transparente distinción, rocallosa y definitiva certeza. A este efecto le llamo “bomba epistémica o creencial” de la esquizofrenia.

ii. Con mi encéfalo en “encendido esquizofrénico”, ¿qué ocurre? Mi encéfalo, valga la metáfora, es como un programa antivirus que genera los mismos virus que debiera eliminar. A este efecto le llamo “bomba lógica” de la esquizofrenia

iii. Los delirios no son neutros emocional o existencialmente. No son como las ideas de triángulo o mamífero. Están nimbados de tensión o angustia (por lo general) A este efecto le llamo “bomba pesadilla” de la esquizofrenia.

iv. En mi caso una gran felicidad o una gran desdicha son la vía regia a la locura y el brote. Si estoy eufórico o abatido salgo disparado de la realidad al País de Nunca Jamás. A este efecto le llamo, respectivamente, “bomba hedónica” y “bomba melancólica” de la esquizofrenia]

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El arte, los libros, la ciencia, mamá, fueron -son- redención. Los preparativos de una aristocrática “dinner party”. Un ómnibus de caballos. El salón de música del Royal Pavillon, decorado con finas columnas torneadas a ambos lados de la puerta, con un baldaquín ricamente guarnecido sobre la misma y adornos florales de todas clases; hasta la araña que pende del techo tiene la forma de una flor exótica. Por fuera, el edificio recuerda un palacio hindú; por dentro evoca una China de fábula. Redención por Hilbert, K. Menger, Neurath, Horacio, y el “Libri quattuor sententiarum ” de Pedro Lombardo, y por esa joya de la cristalografía azul, por esa delicadeza Garamond que es el “De laudibus eloquentiae. Commentum in Ciceronis Oratorem», de Ognibene Bonisoli, Vicenza, 22 diciembre 1476, “che testimonia l´interesse quattrocentesco per la classicità aurea”. Redención.

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Jornada de Liga. Terror, esa forma intensa de miedo, que puede estar justificado por una amenaza real, acompañado de palpitaciones, despersonalización, desorganización en el pensamiento y el habla, sudoración y temblores (Ver Lyness JM, Lee HB. «Psychiatric disorders in medical practice». En: Goldman L, Cooney KA, eds. Goldman-Cecil Medicine. 27th ed. Philadelphia, PA: Elsevier; 2024: cap. 36, pag. 612)

Prefiero leer «De Nola. Opusculum. Distinctum Plenum Clarum Doctum Pulcrum Verum Grave Varium et Utile», de Ambrogio Leone, Venezia, Giovanni Rosso, 1514.

Tractatus 30

FELIZ DÍA DEL LIBRO

«Les livres anciens sont pour les auteurs, les nouveaux pour les lecteurs», nos recordó Montisqueau en «Pensées diverses». Si la diversidad es fuente de asombro, su contrario, la omnipresente cultura moderna anodina, amorfa y singularmente genérica, da por sentado un entorno empobrecido y fuente de consternación. Regálenme libros antiguos, con olor a almizcle, madriguera y oloroso musgo. Permítanme grabar en el dintel de mi biblioteca: “καὶ οὗτος ἄρα καὶ ἄλλος πᾶς ὁ ἐπιθυμῶν τοῦ μὴ ἐτοίμου ἐπιθυμεῖ”. Regálenme, que se lo agradeceré de corazón:

1. La traducción del Decamerón publicada en Medina del Campo, 1543, por Pedro de Castro, conforme a la edición incunable de Estanislao Polono y Meinardo Ungut realizada en Sevilla, 1496, con el título: «Las C nouelas de Juan Bocacio». También valdrían las de Valladolid, 1539 y 1550.

2..-«La Ulyxea de Homero, traduzida de griego en lengua castellana por el secretario Gonçalo Pérez, nueuamente por él mesmo reuista y emendada, impressa en Venetia, en casa de Francisco Rampazeto», 1562, que es la versión completa y definitiva del helenista aragonés, tras las sugerencias de Juan Páez de Castro y el cardenal Mendoza y Bovadilla.

3.- «La Historia de las cosas más notables, ritos y costvmbres del gran Reyno de la China, sabidas assí por los libros de los mesmos chinas, como por relaçión de otras personas y religiosos que han estado en el dicho Reyno», de Juan González de Mendoza, publicada en Roma, 1585, a costa de Bartolomeo Grassi en la estampa de Vincentio Accolti. También valen otras de esos años, como las de Madrid, Valencia o Barcelona.

4. González Valls, Mariano, «El caballero de la almanaca, novela histórica escrita en lenguaje del siglo XIII, por Don Mariano González Valls. Publicada a expensas de Su Majestad», Madrid, 1859.

Folio marquilla (345 x 265 mms). Encuadernación heráldica original del taller de Miguel Ginesta de Haro (sucesor de Miguel Ginesta Clarós) en chagrín marrón con doble hilo dorado que encuadra un diseño geométrico gofrado sobre ambos planos, supralibros central con el escudo de Isabel II en oro, cortes dorados, ruedas en contracantos, lomo nervado con título estampado en oro, florones gofrados y firma del encuadernador (GINESTA) en su base. Sello de tinta de antiguo propietario en la anteportada. Algunos ejemplares añaden antes de la dedicatoria a la reina una dedicatoria en verso al futuro Alfonso XII en el primer aniversario de su nacimiento, que entiendo sea variante en la edición y no deficiencia en este ejemplar, dada su encuadernación.

5. Ceán Bermúdez, Juan Agustín, «Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España. Compuesto por D. Juan Agustín Ceán Bermúdez y publicado por la Real Academia de S. Fernando», Madrid, en la imprenta de la viuda de Ibarra, 1800.

Seis volúmenes en octavo, encuadernados en holandesa con planos, guardas y cortes jaspeados a juego, y lomos nervados sin tejuelos, con la identificación grabada en oro directamente sobre la piel. Todos ellos con su propia portada con el emblema de la Academia grabado, precedida de anteportada con identificación del tomo. Sobre las guardas, etiquetas antiguas de librería en distintos colores.

Los libros antiguos son hipnóticas libélulas, crenchas de ojos de ángel, laja y nube en la densa biblioteca, piedras y cojines ardiendo por donde asoman las letras que mascan semillas para el alba, ovejas solitarias balando entre vitrinas y baldas, el significado y propósito de la vida.

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Los libros pueden hacer pasar un rato agradable, al igual que el smartphone. La literatura pocas veces se escribió para hacer disquisiciones intelectuales de alto vuelo. A la principal y más numerosa familia lectora le basta con el simple entretenimiento.

El público lector se divide en dos clases antagónicas e irrenconciliables: aquellos con una sólida formación literaria y los que carecen de ella. Mi percepción es que el público tiende (aceleradamente) al gusto por una literatura cada vez más pobre, chinga y vanilocuente. Pero, ay, consolémonos: «No hay libro malo que no contenga algo bueno», Plinio el Viejo.

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La gente no se avergüenza de ignorar. Nuestros líderes son irreflexivos y con creencias infantiles. No fue el caso de Shakespeare: «Me, poor man, my library / Was dukedom large enough».

Ah la extraña magia de los libros: «Hasta entonces había pensado que cada libro hablaba de las cosas que están fuera de los libros. Ahora me daba cuenta de que no pocas veces los libros hablan de los libros: es como si hablaran entre ellos. A la luz de esta reflexión, la biblioteca me pareció aún más inquietante. Era entonces el lugar de un largo murmullo de siglos, un diálogo imperceptible entre un pergamino y otro, era un ser vivo, un receptáculo de poderes que no pueden ser gobernados por una mente humana, un tesoro de secretos emanados por muchas mentes, que sobreviven a la muerte de quienes los han producido o han sido sus transmisores…», U. Eco.

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Al hilo de nuestra lamentable actualidad política me quise evadir recordando los grabados que ilustran las ediciones parisinas de las «Relaciones» de Antonio Pérez. Y me resultó familiar un cargo que se hizo contra él:

“Que teniendo poca hacienda al tiempo que comenzó a ejercer su oficio de secretario, después acá que lo ha tenido y ejercido, a causa de las muchas dádivas y presentes que ha recibido se ha podido tratar y se ha tratado espléndida y costosamente, en su casa y fuera de ella, teniendo muchos criados y caballos, acémilas y coches para su servicio, edificando casas, haciendo banquetes, jugando cuantiosa y constantemente mucho dinero, gastando ordinariamente en cada año (según la común estimación) ocho o diez mil ducados; y con esto está muy rico y tiene mucha hacienda en casas, juros, alhajas, joyas y preseas, y ha podido emplear y ha empleado en censos más de cincuenta mil ducados, haciendo los contratos y poniendo los dichos censos para más disimulación en cabeza de tercera persona, en todo lo cual ha dado mucha nota, escándalo y murmuración al pueblo en gran deservicio de su majestad y poca reputación de sus ministros”.

La realidad. Hoy, día del libro, alejémonos de la pestilente realidad con Onetti, Amiano Marcelino, Borges, Flaubert, Auden, Bocángel o Moses ben Jacob ibn Ezra. Feliz día del libro.

Tractatus 29

No hay placer como la lectura ¡Qué pronto se cansa uno de cualquier cosa antes que de un libro! Me sentiría miserable si no tuviera una excelente biblioteca en mi pazo. Bandadas de papel abigarrado y textura de miel. Estar rodeado de libros me hace sentir seguro, y del mismo modo que algunas personas necesitan árboles o montañas a su alrededor para sentirse seguras, yo no, yo no me aferro a la naturaleza. Me aferro a los libros.

Me levanto a las cinco y paseo alrededor de la biblioteca de la casa. Trance, sugestión, hermosa neurosis noógena, apasionada abreacción catártica. Los libros son mi mejores «boufflées délirantes», las rejuelas para mi soledad, mi amado «raquement» de palabras e ideas. Mi biblioteca es donde vivo una gozosa, tan distinta a la real, delusión paleofrénica. Un arte, más que por la razón, gobernado en disposición cacofónica.

Libros: diaspros sanguinos, islas para observar con prismáticos el vuelo y color de las aves migratorias, el virar en ondas de columnas de lino, las alas de mármol de ágiles pinzones, y la levadora macerada en las córneas al leerlos. Libros, pasión y camino y sentido de mi vida.

Tractatus 28

Consulto la voz «belleza» en el diccionario. En el Tesoro de la lengua castellana o española, Sebastián de Covarrubias señala sucintamente que “Beldad” proviene del toscano «beltá», pero se explaya en las voces “Hermoso” (“Dizese de todo aquello que en sí tiene tal compostura y agrado que deleita con su vista, y lleva tras sí nuestro ánimo y voluntad”)

Detrás de todo el rencor y oprobio del mundo se yergue la belleza. Siento el placer puro, la hermosura cálida y sin mácula, el alto ser sin por qué, por innumerables palabras (a un escritor se le supone sensibilidad lingüística como valor al soldado)

Leo u oigo «guasanga» (bulla, algazara, barahúnda), y la «u» parece el oblicuo ventanal de un pequeño hotel, las aes unos huevos de gaviota, y las ges imitan henos recién cortados de un color verde brillante. Leo «sardinal» (red para pescar sardinas), y la palabra abre en mi mente tordos cantando entre la lluvia, rosáceos tubérculos, una sombra de ocas pequeñas, algo medroso y que a tientas se asoma a la noche con una música de clarinete. Oigo de unos labios jóvenes «plomizo», y la «z» abomba las choperas, rasga la electricidad, y el grupo fónico «pl» conserva en el lomo su rojizo polvo de huesos.

Las palabras son esa fuerza de las fuentes que refresca los manantiales, basílicas bizantinas submarinas, montañosos pueblos para saborear fruta confitada y unas perdices en sus tabernas, ceremoniosa corúa de arlequines. Son gatitos, lobisones, lobeznos, potrillos, lechones, chivos, pollinos, cervatillos, y áureos tulipanes, y charolados crisantemos, y satinados lirios, lagrimeando en los sueños lúbricos del tenso marfil. Las hay alegres, orgullosas, entusiasmadas, o bien taciturnas y melancólicas. Otras son rojas, magentas, turquesas, así como verdes lima, verdes helecho, y de un blanco seda, de blanco nieve. Hay palabras existencialistas, anarquistas, platónicas, algebraicas, cristianas, maternales, estoicas, como las hay también de un barroco «agitato», de un clasicismo «diminuendo», de una modernidad «piangevole».

El lenguaje, ese exótico y omnipotente predicador de incienso, oro y mirra, es al escritor lo que la luz oxigenada a las estrellas del universo.

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Muere el Papa. No podremos decir de él lo que Garin en «La cultura filosofica del Rinascimiento italiano», Milán, 1994, p.364, dice de Filippo Beroaldo «fu uomo originale, e dottissimo, fra gli ingegni più acuti del suo tempo, filologo di rara perizia»,»Fue un hombre original y muy erudito, una de las mentes más agudas de su tiempo, un filólogo de una pericia poco común».

Bergoglio pareció siempre como salido de un sórdido lavacoches industrial, un populista peronista que usaba playeras, oía reguetón, se ponía pósits de autoayuda en la nevera para pensar, y que, la verdad, no me extrañería que tuviera algún que otro tatuaje.

Defiendo los derechos de la razón frente a la fe. No creo que el cielo cristiano sea verdaderamente el centro de gravedad de todo el mundo espiritual (como lo creyó Pedro de Celle) No entiendo la fraseología patrística ni escolástica; oscuros me parecen asimismo los tropos de Guillermo de Falgar, Pedro de Trabes o Rogerio Marston. Mis gustos filosóficos se inclinan por Frege, Carnap, Dummet, Strawson, Kripke, etcétera. Por la argumentación racional y clara que cuadra con la ciencia. Pero, sea como sea, que descanse en paz.

Tractatus 27

Con frecuencia tengo la sensación de estar fuera del mundo. Casi nunca, aunque me lo proponga firmemente, soy capaz de anticipar las reacciones ajenas, entrar y conocer los intereses populares, sus prelaciones, valores, modos y manías. Quienes pueden hacerlo, y más aún quienes son capaces de ganarse la vida con ello, me producen una admiración que linda con el estupor. Yo solo estoy bien en este mundo dentro de mi biblioteca. Solo me es familiar, insisto, mi biblioteca. Mientras escribo esto, a mi lado está el volumen de Benedetto Varchi: «Lección que hizo Benedicto Varqui en la Academia florentina en tercer domingo de Quaresma del año 1546. Sobre la primacía de la artes, y qual sea más noble, la escultura o la pintura. Con una carta de Michael Angelo Buonarroti, y otras de los más célebres pintores y escultores de su tiempo sobre el mismo asumpto. Traducidas del italiano por don Phelipe de Castro, primer escultor de Cámara de S.M. director principal de la escultura del nuevo real palacio, director de la Academia de S. Fernando de las tres bellas artes, académico romano y florentino, y entre los arcades de Roma Gallesio Libadico. Quien lo dedica al excmo. señor don Joseph de Carvajal y Lancaster, etc., Madrid, en la imprenta de don Antonio Bieco», 1753, 210 páginas. Octavo, encuadernado en pergamino original sobre cartón. Ignoro olímpicamente los trabajos y días de la gente: criptomonedas, hijos, gustos irrenunciables , el Real Madrid, o las vacadas de autos de hoy cruzando España.

Mis gustos librescos me apartan del mundo. Mi raza es la de los bibliófilos, de los bibliómanos y los locos. Como el peruano José Durand. El profesor Monguió recuerda la pasión de José Durand por los libros:

«La colección de obras de los siglos XVI y XVII, sobre todo españolas e italianas, en su biblioteca particular, acompañadas de numerosas rarezas de los siglos XVIII y XIX, son las delicias (y la envidia) de cualquier estudioso. Visitar con Pepe una librería anticuaria o una buena biblioteca en venta era una lección en bibliofilia. Curiosear junto a él en una tienda de libros viejos era observar el arte de descubrir, entre montañas de morralla, el peculiar legajo, el pliego de cordel, el folleto o el libro raro»

Transfigurando a Nabokov puedo afirmar: «He cazado libros en diversos climas, países y con distintos disfraces: como guapo estudiante londinense con chaqueta de tweed y corbarta de lazo windsor, como larguirucho expatriado catalán y cosmopolita con pantalones anchos de franela, paraguas y boina; como gordo cardiópata de calzón corto, pronta fatiga, y cabeza descubierta. He pisado librerías de viejo llenas de ácaros y caoba como un fantasma cruza secretos pasadizos en un castillo».

Puede ser una imagen de texto que dice "LECCION, QUE HIZO BENEDICTO VARQUI la Academia Florentina el tercer mingo Quarefma del año SOBRE LA PRIMACIA DE LAS ARTES, y qual mas noble, la Efcultura, òla Pintura. CON UNA CARTA DE MICHAEL ANGELO BUONARROTT, otras de los mas cèlebres Pintores, Efcultores de fu tiempo fobre el mifmo affumpto. TRADUCIDAS DEL ITALIANO POR DON PHELIPE CASTRO Efcultor Camara M. DireEtor princi- del nueo Real alacio Director la Academia de S. Fernando las tres Academico Romano,y Florentino los Arcades Roma Gallefic QUIEN LO DEDICA AL EXCmo. SEñOR DON JOSEPH de deCarvajál, Lancafter, &c. Licencia. En Madrid: Imprenta Eugenio Bieco. Año"

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