Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Solamente en lo efímero reposa la escritura, en lo declaradamente inútil y perecedero; se equivocan la inmensa mayoría de escritores al buscar la eternidad. La obra de arte debe morir.
Mis manos acarician levemente el piano de la casa de mi infancia. Un fuego áspero es el recuerdo que recorre aquel salón inamovible. La verdad brota en ese instante que también debe morir.
Me gustan mis paraísos (inconsútiles y quiméricos), los domingos por la mañana, la medida frente a la desmesura, el orden frente al caos. Aprecio mis nulos entusiasmos, detesto los superlativos, y nunca estoy con las multitudes incluso cuando éstas tienen razón.
Escribo y leo. Leo para la gloria. Escribo para la nada. Mis libros no los escribí tanto para enseñar como para informar, para que el aburrido lector siga investigando, si así lo desea, las fuentes clásicas que cito. Solo soy un estudiante solitario y tímido reacio a cualquier aire de fama o éxito. Y vuelvo a los antiguos para hallar lo nuevo. “Al envejecer, nos reconciliamos con los griegos”, Houellebecq. “Hace tiempo que mis contemporáneos son los griegos”, Borges. “Casi todo lo mejor que los hombres dijeron, lo dijeron en griego”, Yourcenar.
Recuérdenme como un bibliómano aldeano que, desde su montañoso “Finisterrae”, pasaba las horas con Heródoto, Platón, Esquilo, Demóstenes, Calímaco…Pasaba las horas fascinado y aterrado por el final (y cercano) sueño, por ese sueño que será un espejo que ya no reflejará ningún otro sueño. Decían que su biblioteca era mejor que un imaginario jardín de Linneo con miles de plantas, que un botín de oro. Y los domingos escuchaba alelado cómo tañían las heraclíteas campanas en la aldea.
Recuérdenlo, amigos. A aquel autor menor gallego-catalán, estudiante perpetuo, al que latigó el tiempo y la soledad.
Leer. Leer. Leer. Sentimos la oscuridad de un orden, el girar de un caleidoscopio, feria de caballitos, una totalidad, el mar, un punto de quietud y refugio. Oriente de mansedumbre frente a la acedía ceñuda de las cosas.
Marzo de 1983, Manresa, Barcelona, noreste de España. Me hallo sentado en la biblioteca, el universo según Borges, pero no sólo por ser la depositaria de nuestra memoria, sino por su naturaleza similar a un organismo. Me atrapan los brazos de un gigantesco pulpo. Algo de frío, sé que es de mañana, que aún duermen en la casa. Yo y mi biblioteca. Glotón de libros científicos y glotón de farándula literaria. Bienvenidos sean los anaqueles, el polvo, las hojas, los peñascos, los salientes, la grava, las grietas rocosas, el coral. Esas ciudades que bullen de gánsteres y deseos morbosos, de tanques de la Segunda Guerra Mundial, y niños desaparecidos regresando de entre los muertos, y huesos desenterrados que portan terribles maldiciones.
Toda una vida ganduleando, sentado, un vivir parásito, de papívoro, de filófago. Y continúa en mí aquella antigua (adolescente, infantil) sobredosis de ilusión, aunque ahora a veces desemboca en fiasco o chasco. Leer es un proceso complejo. Leer en España es un proceso más complejo aún. A través del esfuerzo, la diligencia, la disciplina y el autocontrol, a través del silencio y la soledad, a través del placer, el hombre lector hace de sí mismo una isla que ninguna inundación puede anegar. A salvo en tu isla pirata. Me hallo sentado en la biblioteca, el universo según Borges. Esponjas, propulsión azimutal por popa, anémonas de mar…
***
Escritores, abundios mamertos y jumentos, babiecas del gran estupor pasmado, don Tonteques e hiper-pánfilos. Ambrosios y Alipios, batuecos y bolonios, leperos y cuacos. Ciruelos, Apapucios, barrabases o gedeones, escritores gilipichas huevudos y cansinos.
Prosas peso mosca, barbilampiñas, purulentas, con desodorante de Mercadona, que pregonan homilías ratoniles desde el púlpito de sus articulitos analfabetos. Ortodoxos leninistas que les encanta el lujo. Fanfarrones miserables. Los incapaces de mear sin moralizar sobre la cirugía de la vejiga. Escritores traidores, descompuestos, villanos, infacundos, deslenguados, atrevidos, desdichados, maldicientes, canallas, rústicos, patanes, malmirados, bellacos, socarrones, mentecatos y hediondos. Los de las gracietas, los simpatiquillos de humor de peditos y serología. Escritores que no saben nada, empezando por resolver cálculos elementales. Los chupapremios. Los pelotas. Los intrigantes. Los chupacirios. Los colgaos. Los carapollas. Los acomplejados. Los envidiosos. Los mierdas. Los hideputas.
Aquestes sorjuanetes grafococos, escritorzuelos diluidos en verdes mocos, payasetes infectados de estreptococo, desmedrados, prosillas del tampoco, padrotes gilipuertas, eyaculadores en cuesco, que les dieron por ser subnormales cocos, sofritoletras en testas de caralocos.
Escritores con prosa de paja de cochiquera, de foulards, altares y boutiques. Otros de cojones y toros. Otros con sus elfos de mierda. Poetas de revelaciones místicas como las de Pitita Ridruejo. Amariconados con la mala follá propia de la maricona mala. Tostones idiotas, bufones, ETCÉTERA.
Escritores boniatos y berzas, y alcornoques, besugos cruzados con pollino, del linaje de los pollabobas chorlitos, los de cojonazos insipientes, los del burro y sus parientes, ceporros aguanosos, desabridos, de padre merluzo y madre gansa, les patina el cigüeñal, las neuronas, donceles cencerros y embotados, damitas zampabodigas y zampatortas. Una retahíla de desacordados papamoscas.
«Mala cualidad es la tontería, mas, como a mí me ocurre, no poder soportarla e irritarme contra ella es cosa no menos nociva en materia de importunidad. Y de esta cualidad negativa quiero acusarme ahora», Montaigne.
Pero, en definita, sus libros «malgirbats» no son tan inútiles, pues las estupidices de una época dada son, para la ciencia de las épocas sucesivas, tan importantes como su sabiduría.
A quien corresponda, entonces: Thomas de Quincey sobre John Locke: «[…] creo que una objeción insalvable a la filosofía de Locke (si acaso hiciera falta) es que, aunque el autor paseó su garganta por el mundo durante setenta y dos años, nadie condescendió nunca a cortársela».
Quise amoroso ordeñar la vaca, con cuidado, quedamente, y el pérfido vacuno delincuente me coceó y encima me hizo caca. ¡Para mí la constitución vigente! ¡Y el cornúpeto feliz de traca! *** AL CHATGTP
Entren, pues, todas las inteligencias, a mi coco, a hacer torcidas enmiendas, entren, pues, todas las silicias musas, y ninfos y ninfas a la jaranera chacona. ¡Que Quevedo y Lope no son babosas, ni emperadores y condes de Villameona! *** LA VICE
La Vice sultana de Andalucía. “¿Quién se compara conmigo, de mar a mar pandorga, hurgamandera amarga, y lechuza de medio ojo? La reina de la peluquería”. *** A MONTOYA, PÉLIDA DE LOS ATOLONES
La tele agua la leche y los vinos, y el mozo corre mares y caminos, ahora anda en isla bravía, donde tiene antiguas y modernas cocaínas, gachís, ofidios y tabernas ¡y ni una sola y puta librería! *** A MADRID Ven, mariposa, ¿traes en tus alas a la Pantoja? *** SALTA LA GAMBA Este camino nadie lo recorre ya sino el Montoya. *** KEBAB Aroma de rosa. Alegre el corazón. Tres por barba. *** CONTRA APIS Flor agua alba SOLÍS Tomate frito y más nada.
La Luna, hija tímida de Hiperión y Tea, más allá del deseo y la ilusión terrestre, en su cuenco de plata se embarca cada noche hacia el principio helado del océano. Vuelvo a las páginas sobre la muerte de Bergotte en la novela de Proust, oigo el grito de Acab atado a su demonio blanco, asiento a la fuerza y gracia de la mente de Hamlet, y la Luna indaga brutales placeres. El flash azul del Tiempo se congrega en mi biblioteca: hora es ya de los estudios nobles, de cuidar las camelias de mármol, de trazar la carta astral de las noches. *** Ahuyenta la tristeza, amigo lector, la melancolía es un sentimiento anti-planetario. La comprensión eficiente de la vida induce al sosiego y la entereza; sobriedad, y no opulencia; moderación, no desenfreno; medida, y no desmesura. No temas, gobiérnate y vive oculto. Sea tuyo un estilo común y moderado, que no lo note nadie que lo vea. La raza ha crecido en servidumbre y soledad. Lector, escucha a este pobre poeta: no naciste para vivir como las bestias, sino para seguir felicidad y conocimiento, para seguir la raza eterna de los seres lunares.
El sol se puso sobre el valle cercano, no se ve ya casa alguna, solo puntitos de luz. Leo las “Cartas escogidas” de Proust, mientras doy pequeños sorbos a la copa. El silencio es absoluto. Rehúyo las nuevas estéticas, el marasmo de “telelixo”, y me centro en los contenidos tradicionales de la Cultura. Poco me importa la telegenia de políticos, las discotecas y el derroche ostentoso. La noche prodiga esplendores a este y oeste. Cualquier camino -acaso- lleva al origen del mundo. Me gusta el rosado mundo feliz de la luz de la Luna en mis ventanas de cortinas bordadas. Y la Vía Láctea baja lanzando la voz de viento del espíritu. Nunca te sientes solo o triste si te acompañan altos pensamientos, alta emoción. Navegan mis recuerdos en botes fantasma por estas alabadas y exaltadas aguas del Sil. País de agua, juncos escarchados de tiempo… Cerca, sentándonos juntos, la montaña y yo, hasta que solo queda la montaña. El ornato del pensamiento profundo es la claridad. Así que solo una idea, clara y distinta: rumiar mientras ando como dicen que hacen las vacas, y paz a las almas, la casa en orden, y un libro entre las manos, y la madrugada. Perdido en el bellísimo paisaje de tus libros, elige ahora la más noble edición que poseas de “Ada o el ardor”. Y mientras populacho y políticos con fin vil se alimentan, tú lee sereno, escucha a Rubinstein interpretando a Chopin. Acaricia la frente de tu perra. Degusta un timbal de merluza con pimientos. Levanta sus faldas con dedos atrevidos. Y en la alta noche encamina tus pasos hacia el sueño. *** DAVID HUME, EN SU TOMITO “MI PROPIA VIDA”, NOS ACERCÓ UNA VERDAD PARA REFLEXIONAR LENTAMENTE: “SER NATURALMENTE ASÍ, FELIZ, VALE MÁS QUE POSEER UN ABULTADÍSIMO PATRIMONIO»
a Lorena
Apenas veis aquí mi nombre y fecha, y la sombra mortal entrelazada al jardín. Marché hacia el Hades. Rociadme, pues, con champagne sápido de pájaro. Caminante, respeta estas piedras y no remuevas mi espíritu. El sueño, tras el esfuerzo, complace. La paz, tras la tormenta, olvida miedos. Oh, Zeus, aíslame del infierno con tus violines de agua. ¿Qué debo decir? Aunque no me fue posible ganar la tierra, por mi tristeza, la vida ni es absurda ni inútil; hay amor, amistad, literatura, arte, conocimiento, frescas fresas, belleza, aliento afrodisiaco en las palabras vivas como antorchas, riberas del río Mincio, cerca de Mantua. Amigo, mantente inmutable en tu interior, y en la noche inmediata, al tropezar con las tinieblas, sueña con la Luna. La vida es azar, y, sí, las espinas crecen por dentro, pero siempre cuaja el día. También todos llevamos, aquí o en el otro mundo, el tesoro de Mozart, una manzana verde en la carne. “De parvis grandis acervus erit”. Vivir fue celestial. *** ELOGIO DE LA VIDA TRANQUILA
a Noemí y Clara, So here I am, in the middle way
Escucho las Variaciones Goldberg, vuelco mi sangre en la «meditatio», disfruto de una vida campestre en el otoño de mi conciencia, estudio, leo, preparo material para futuros libros, corrijo poemas, amo el dragón de diamantes del corazón de mamá. *** Con toda el agua del río en una sola ola. Con silencio la inmensa parte del tiempo. Solitario en la aldea: deseo vivir deliberadamente. Por las afueras de tanta mierda concreta y abstracta en que se convirtió la grisalla atroz de lo que hay. Con reposo, calma, reflexión, distancia, serenidad, juicio medido, plata esterlina. *** Y las cosas, aquí, se abandonan, vibran. Chapotea el tractor, las nubes alimentan yacijas de retamas. Respirar dentro de una cueva de oráculos. Dibujar la patria lluviosa y arbórea de los astros. ¿Cómo elogiarlo? ¿Acabar en el pueblo mis días? Liberación del pasado y el futuro, lenta ataraxia; sí, acaso al fin la verdad se comprenda.
De adolescente anhelé una bohemia caracterizada por la desmedida libertad, cagarrutas a las convenciones sociales, cosmopolitismo de figurón, sacralización de mi ombligo… y, sobre todo -merecí un buen hostión- repudio de tus valores (entronización del dinero, confortabilidad, laboriosidad, rigor etc.).
Sentía simpatía por los seres marginales (prostitutas, mendigos, suicidas, inadaptados, locos, parias…) y, en política y vida, tendía a identificarme con cierto balbuciente anarquismo ¡Y tú eras un sapo banquero!
Ah aquellos versos de vahos alcohólicos y humazos de Ducados, los ecos noctámbulos, el disfrazarme de poeta, las cacatúas florilindas en la cabecita y los repulgos por el abrigo. Soñando siempre con las vanidades eunucas del arte, con noches de celajes y putas caras de caliente azul. Perdóname papá. Las innobles ribadas de las palabras no valen (ahora lo sé) una hora contigo.
Papá, el viejo mundo muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgí y ahora agonizo. Más de una década sin ti. Pasó mucho tiempo. De corazón. Si me preguntaran qué querría para el hijo que no tuve, respondería que unos padres como vosotros, gente culta, pero normal, con algo de dinero, pero sin apariencias ni solemnidades. Os echo muchísimo de menos. Os quiero. Te quiero.
Escribo una hora, leo varias -«Guizos» de Lamas, y «Cousas do día a día e restos de naufraxios», de Alfonso Mato. Después, y hasta las nueve y cuarto, corrijo prosa y poemas. Estoy cansado. Puse la COPE. Si hubiese puesto la SER el argumento valdría igual: las ideologías políticas son esas mangas de camisa y piernas de pantalón que cuelgan fuera de la maleta, y que una persona inteligente debe cortar con las tijeras ¡Cuánto trabajo hay en el mundo!
***
Esa masa de poco más de un kilo, compuesta sobre todo de grasa, agua, proteínas, carbohidratos y sales, ¿es incapaz de finura y organización?
Políticos con traje marengo, gris o negro, corbatas de colores rutinarios, vestimenta de apariencia particularmente pragmática, formas largamente bastas, lisonjas a los capos, pero, sobre todo, lengua descabalada, desheradada de la belleza, cruda e injuriosa, palabras con el lomo hundido, con su aspecto de adefesio por su cuerna tan levantada, tan alta por detrás como por delante, con unos pelos alborotados e hirsutos que festonean hasta la penca del rabo, palabras escurridas y zancudas, reatas y moruchas, rechifla de habla política, esa cosa de montería ruda, holgando sin compostura, una leperada zanganada.
El Baal Haturim, en Deuteronomio 23:14, nos advierte sobre esta materia, y específicamente sobre “el estado repugnante de la boca”.
Oír a políticos, oír la lengua de vacaciones en un país de monstruos. Monstruosidades recurrentes como «en base a», «a nivel de», «a grosso modo» o «de motu propio», junto a redundancias innecesarias (como «bajar abajo», «crespón negro»…), vocablos inventados («marginalizar», «argumentario», «buenismo», «revisitado»…), expresiones enrevesadas («no es menos cierto», «nunca mejor dicho», «si mal no recuerdo»…), extranjerismos («implementar», «poner en valor»…), palabras mal usadas («deleznable», «detentar», «obsceno»…) o eufemismos y atenuaciones que, en muchos casos, atentan contra las capacidades intelectuales más básicas («crecimiento negativo», «daños colaterales», «países emergentes»…)
Todo una mezcla de heces, sobras y desechos de comida.
Sin salir de la cárcel se conoce el mundo, sin mirar por la ventana se ven los caminos al puticlub. Cuanto más lejos se sale, menos se aprende. Entre estos muros, tocando con mente y labios los pezones de champán y cocaína helada de Jéssica, leo, pienso, medito y no me arrepiento.
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VIDAS DE FILÓSOFOS ILUSTRES
Aquí yace Christian Sanctis, pudo tener cualquier empleo, pero, caradura y pícaro, empezó sin un chavo en el bolsillo, y vendiendo mascarillas, deja a sus herederos diez millones, la vida resuelta a algunas putillas, una exitosa carrera política, y jamás hizo caso a ningún filósofo.
Su vida fue la fruslería, el rendirse a la fugacidad, el cachondeo, la inmediatez, el latrocinio, la falta de exigencia, la ausencia de una corona moral, el desprecio al conocimiento y la virtud.
Nació rey -el más hermoso destino, junto al de poeta- y se solazó en una astronómica y galáctica, en una brutal mediocridad, abajándose a la cuadra de los cerdos. No supo aconsejar ni guiar. No permitió ser sabiamente aconsejado.
Puso sus sucias manos en la patria. Se creyó más listo que nadie, inmune a sus pendencias. Creyó garantizada la eternidad, y devino en mero charlatán crece-pelos. Nunca asomaron en su liliputiense mente convicciones, ambición y grandeza; sustituyó la grandeza por una ridícula y risible, ramplona campechanía. No lega ni respeto, ni tolerancia, ni honradez, ni cultura. Despreció olímpicamente sus ventajas culturales (no así las financieras, eh pillín), entreténgase a los balandros, los cochinillos, Tele 5 y las putas.
Impío, su egolatría morbosa le acusa. Fue un verdulero o bacaladero con suerte; espero le atufe el olor a dinero entre los moros.
Adiós. El destino del hombre está en su propia alma, Heródoto.
Como dijo Sartre, un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo.
Desarrolla tu legítima locura. Oye gatos ahogados en el bar y en el pecho humano. Veranos que ultrajan a los inviernos miserables mientras las luces con sus azules pupilas te maquillan. Oye espacios cósmicos de duendecillos, y el mundo imposible del olvido y del desamor. Oye a los pescadores en ríos sin odio, pescando zafiros y dientes de tiburón, y siente las vocales historiadas de piedra, sus ojos que te hieren del más hermoso temor, la piel en tu boca que cae en picado desde aguas bañadas en Luna, los montes donde corren caballistas desnudas de Cinzano, el pubis que gravita en las hélices de los váteres de las discotecas, o la lengua de los ciervos lamiendo tus nalgas. Oye la mierda de fango de mendrugos leguleyos. Dicta las normas con el lobo, viaja con el barón Davillier por playas de silencio con los golpes seguros del augurio. Ya lo dijo el poeta: abre todas las puertas, pero no creas ni descreas ninguna, desprécialas y ámalas a la par. Las de la imaginación, como pompas de nube, pero preferibles al hastío del oficinista, las de la realidad, como secretos donde brota la nada, pero a la vez el tacto del champú con que ella se ducha, las de la risa, como borrachos incontenibles y rapsódicos, como pequeños destellos dando golpes de estado, las de la tristeza, blancas «signoras» italianas, musicales, en un vasto suicidio en el hotel du Quai Voltaire -no se soporta el lamentable embudo del sufrimiento. Y cuando estés completamente loco y tus gestos fatigados, cuando tu rareza sea carne y oscuro animal de sanatorio, en el instante en que todo sea real y sueño, toca la corneta, tensa el violín, habla duro a los relojes, y te convertirás en la inaudita e inconcebible maravilla de dar razón, significado y orden a las mismísimas ruinas, el dar ruina, caos y barbarie al Gran Esplendor.
Nota bene: Hacía décadas que no estaba tan contento con el resultado de un poema.