Diario sin vida 25

Están pasando, deprisa, deprisa, mamá, los años volanderos -por usar la conmovedora inflexión horaciana. Se avecina el verano y no crecen los hijos que no tuve; las rosas de Paestum (“Paestanis rubeant aemula labra rosis”: “que enrojezcan sus labios como las rosas de Pesto”, Marcial), de la borrosa Paestum, murieron; idiotas de mentes ingenieriles y económicas están jugando a manipular ideas igual que mansos políticos dementes. Es tiempo de examinar parques, jardines y flores. Con la nariz tensa hasta la intoxicación. Amar la delicada pelusa de pollito de las mimosas, las lánguidas rosas, el palangre oportunista de las orquídeas, el “bouquet” de astromelias en la boca, el lirio y la hortensia trenzados al Tiempo. Amar la noche en este centro de Londres bien cuidado, bien regado, en el que el olor del pavimento asfaltado está por debajo de los sentimentales olores de los árboles de sombra.

El “Vaccinium vitis-idaea” es una Eriácea. Arbusto poco ramificado con ramillas tomentoso-grisáceas. Hojas coriáceas, obovadas, a veces emarginadas, revolutas. Flores en racimos terminales, péndulas. Corola acampanada de unos 7 mm. Estambres inclusos, anteras sin apéndices. Fruto rojo y acídulo. Se ha cultivado en parterre en el Campus Universitario de Orense (Antiguo Hospital), floreciendo y fructificando.

Me gustaría acordarme de todos los pequeños parques a los que fui; me gustaría tener la capacidad de decir: “carpe, madreselva, oh álamo de Lombardía”, “salve, seto de tejo con forma cuboide, fino banco de piedra, bordes de boj, del Paseo de los Tristes en Manresa”. No, no elude mi memoria los escalones de piedra, los parapetos de terrazas, las fuentes, los ramilletes de peonías, dalias, caléndulas o gerberas, o los hibiscos lamiendo las camelias. Y no olvido el muro de piedra seca, las rejas y la puerta de acceso del Parque Güell. Porque nunca ha sido fácil olvidar la felicidad. Porque una flor es un híbrido símbolo del placer y del olvido.

Diario sin vida 24

Estoy pasando por una época de tórrida pasión intelectual («better than sex») En mi mesita, a mi alcance, para decirlo con precisión, pululan sobre unos 40 libros, de todas las materias y géneros imaginables. Alguna que otra vez ya me pasó, y llegué a leer en poco más de dos años sobre unos mil libros.

Según G. Berger «la pasión intelectual» se concibe como el vivo deseo de saber y, sobre todo, de comprender, excluida toda preocupacion de aplicación practica, e independientemente de la necesidad de afirmarse por el conocimiento. Es el puro placer de las satisfacciones intelectuales, aparte de toda preferencia personal y de toda sensibilidad.

Detecto muy poco entusiasmo por el saber. Usando a Galileo de metáfora, el hombre parece haber caído en un plano inclinado y rueda cada vez más rápido alejándose del punto central; ¿hacia dónde?, ¿hacia la nada?, ¿hacia el «horadante sentimiento de su nada»?

En el magnífico ensayo «Universo y sentido», Norbert Bilbeny sostiene que la curiosidad en el ser humano «es sentirse atraído por lo que percibe extraño y desea que forme parte de su medio cotidiano para intentar comprenderlo». A mí me gusta afirmar que la curiosidad consiste en trasladar nuestra atención hacia lo desconocido con el propósito de que deje de serlo. De hecho, coloquialmente solemos decir que algo nos llama la atención cuando precisamente ese algo suscita nuestra curiosidad. La curiosidad es el interrogante que surge cuando súbitamente algo en el mundo se desvela extraño y a la vez valioso para nuestros intereses. Einstein sostenía que la curiosidad es más importante que el conocimiento, pero es difícil segregar ambas dimensiones. No se puede ser curioso sin conocimiento, ni poseer conocimiento sin tener curiosidad.

Sophie Germain (1776-1831)Tenía apenas 13 años cuando desarrolló un interés por las matemáticas, probablemente por culpa de la Revolución Francesa: las calles eran muy violentas y recluida en su casa se dedicó a explorar la biblioteca de su padre. Así aprendió por sus propios medios latín, griego y matemáticas. Sophie también sufrió los intentos de la familia por desalentar sus inclinaciones académicas.

Como en aquellos tiempos las oportunidades educativas para las mujeres eran limitadas, Germain estudió en secreto en la Ecole Polytechnique, usando el nombre de un estudiante matriculado previamente, algo que funcionó hasta que los maestros notaron la notable mejoría en las habilidades matemáticas del “estudiante”.

Mary Somerville (1780-1872) Otra mujer que se enseñó a sí misma. No solo matemáticas, sino griego y latín para leer las obras de Euclides. Lo trágico es que su familia no la apoyó porque pensaban que el conocimiento era dañino para el cerebro de una mujer… Por su trabajo en la traducción de Celestial Mechanics y la adición de comentarios, fue nombrada miembro honorario de la Royal Astronomical Society.

Julia Robinson (1919-1985) Fue interrumpida más de una vez por la enfermedad y murió de leucemia a los 65 años. Fue una filósofa y doctora en matemática estadounidense que destacó en la teoría de números con trabajos destacados en la teoría de la computación, la teoría de la complejidad computacional, específicamente en problemas de decisión, así como en la teoría de juegos. En 1975, Robinson fue la primera mujer matemática elegida para la Academia Nacional de Ciencias. También se convirtió en la primera mujer presidenta de la American Mathematical Society.

Maryam Mirzakhani (1977-2017) fue una matemática iraní, nacida en Teherán en mayo de 1977. Fue la primera galardonada con la prestigiosa Medalla Fields, otorgada por su trabajo sobre geometría hiperbólica, una geometría no euclidiana utilizada para explorar conceptos de espacio y tiempo. Desafortunamente, murió con apenas cuarenta años de un cáncer.

Estas mujeres, todas, con el virus de la pasión intelectual, pese a las dificultades. Todas ellas «filósofas», en el significado etimológico de la palabra «filosofía», es decir, “amor a la sabiduría” (philo-sophía)

Diario sin vida 23

Mi KIT DE SUPERVIVENCIA: orujo del municipio orensano de Ramiranes, olla de San Antón, cabeza de cordero asada, sangre encebollada, zarajos, crestas de gallo, lengua de vaca, sesos, criadillas, cachucha de cerdo, manteca colorá, unas gachas con gallinejas, morcillas de Tirgo, un barbo y dos lampreas, y, claro, perdices antes de desplumarlas en agua hirviendo de río, y gallinas con el obispillo eviscerado, y cerdos sin ganchos ni lazos corredizos por las mandíbulas, y berza con compango. Y de postre higos al ron añejo, orejas de carnaval y botellas de anís de Chinchón.

También, por supuesto, que no falten Oreos, Bocabits, Chupa Chups, gominolas, el Interviu con el desnudo de Marta Sánchez, pipas Facundo («Siento dejar este mundo sin probar pipas Facundo»), un muñequito de David Hasselhoff de premio del Happy Meal, Rivotril, calzoncillos de repuesto y condones, una foto de Begoña Gómez y Koldo García, vídeos de Eva Nasarre, pósters de Iván y Leif Garret, películas de Van Damme, Steven Seagal, Pajares y Esteso, el diploma universitario del Grado de Ciencias de la fermentación, el Catecismo Astete, farlopa, una muñeca hinchable y el libro «Una nueva vida es posible», de Carmen Bazán.

Diario sin vida 22

Christian Sanz Gómez Leví Carballo nació en Barcelona, España, en 1971, en el seno de una familia de la alta burguesía mercantil. Fue el segundo de tres hermanos y tuvo una educación esmerada, aunque sin un objetivo claro. Sus vacilaciones en este aspecto recuerdan las del joven Stefan Zweig, y quizás la de todo -potencial- creador con vocación de totalidad. Pero, genes, infortunios y azares, provocaron un escaso talento para con su obra así como escasez de aptitudes para el triunfo en la lotería de la vida.

De joven, empezó a escribir relatos y poemas. Estudió Ciencias y Humanidades. Trabajó casi tres décadas en la inteligencia de un gobierno extranjero. La fama no le llegó pronto, la fama no le llegó tarde. Nunca le llegó la fama. Vivió enclaustrado en una aldea gallega de la Orense profunda.

Pese a estos datos biográficos, Christian Sanz no fue un hombre especialmente interesado por la política. Se podría decir que la oscura, feraz vida, le forzó a interesarse y saber de ella. Fue sobre todo un artista, sea eso lo que hoy significa, y de aquella clase de artistas que contemplan el mundo como materia para su obra de arte, con un modo de mirar objetivo, distanciado y teñido de un leve escepticismo, incluso ironía. Para el común de los mortales, las emociones e incluso las tragedias de la vida solo son eso, emociones y tragedias, para el artista son, también, los datos que analíticamente ha de tratar para crear un arte con cierto sentido. Esta actitud suele corresponderse con la apariencia de una personalidad carente de empatía, egoísta, porque parece – y no solo parece – que el individuo en cuestión vive por encima de los acontecimientos. No fue el caso. Christian lo sabía, y lo asumía. También sabía, y lo proclamaba muy alto, que él no era de la clase de artista que sobreactúa como tal, que se mueve, habla, viste -se disfraza histriónico- de artista.

Pero Christian, a diferencia de los que les pasó a Joyce y Cervantes, a diferencia de la voluntad fáustica de los Grandes, tuvo desde el principio una clara conciencia de sus límites y de la nula importancia de sus libros. Destino feliz de poeta, pero destino cruel sin gloria. Sin fe en el propio trabajo, esa fe neurótica, un punto mostrenca y supersticiosa, de la que hacen gala muchos grandes creadores, compuso su obra con gran desapego y negligente vagancia.

El gran hispanista y escritor estadounidense William Dean Howells escribió: «Lo maravilloso es la sinceridad con que tratamos a personas enteramente corrientes, nuestra compasión por los que yerran y sufren, y la dignidad frente a nuestras situaciones ordinarias dolientes, o la belleza que le otorgamos a la literatura y a nuestra propia poquedad». En eso sí que fue bueno el mediocre gallego-catalán Christian Sanz Gómez Leví Carballo, tozudo -pesado- escribano montañés y melancólico.

Diario sin vida 21

Henry Miller, mediocre escritor, durante un tiempo ejerció de profesor universitario y escribiría de sus alumnos (en esto no se equivocó como en sus -olvidadas- novelas): «Se convertirán en carpinteros, abogados, farmacéuticos, funcionarios…gente tan respetable como lamentable». Y Ruano: «La calle está llena de panaderos con su vilísima honradez». Hago míos a Horacio y Darío: «Yo odio la chusma irreverente y la mantengo alejada de mí» y «Vulgo espeso y municipal». Acaso, sí, sí: «Nadie puede amar la verdad y el bien si no odia las multitudes», Giordano Bruno. O Séneca en el «De vita Beata»: «Nihil ergo magis praestandum est quam ne pecorum tiru sequamur antecedentium gregem»: «Nada debe preocuparnos tanto como seguir cual ovejas al rebaño que nos precede». Y «Seguid a los menos, y no al vulgo», Petrarca. Siempre Platón: “Cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos.” Y tambien meditemos con Jünger: «Cuando no compartimos un error generalizado, se nos considera un estorbo». Multitudo non est sequenda, amigos; lema sabio, ladies and gentlemen. Clemente de Alejandría (Strom V3, 17, 655 p): «Pues el vulgo no tiene juicio inteligente ni justo, ni bello, sino que en pocos hombres podrías encontrarlo». «Plebs sordida», así definía Tiberio a su pueblo, según nos relata Tácito. Poco -nada- mudó el Tiempo.

La turbamulta, el follón, la aglomeración, los conglomerados, son bobos y cerriles. Sé que el género de la invectiva contra la necedad popular, y el no poder asimismo soportarla, tienen una larga historia. El vulgo jamás resplandece con luz propia. «Non consilium in vulgo, non ratio non discrimen, non diligentia», decía Cicerón. No hay dentro de este vasto cuerpo popular suficientes luces. No olvidemos a Feijoo: «Estando una vez Foción reprendiendo con alguna aspereza al pueblo de Atenas, su enemigo Demóstenes le dijo: «Mira que te matará el pueblo si empieza a enloquecer.» «Y a ti te matará -respondió Foción- si empieza a tener juicio.» Sentencia con que declaró su mente, de que nunca hace el pueblo concepto sano en la calificación».

¿Qué hacer? «Vulgus dividi in oppositum contra sapientes, quod vulgo videtur verum, falsum est», Roger Bacon. «La plebe se opone a los hombres sabios; lo que la plebe considera cierto, es mayormente falso». «…mihi parua rura et / spiritum Graiae tenuem Camenae / Parca non mendax dedit et malignum / spernere uolgus», Horacio. «…pero pequeños campos, / y un leve aliento de la griega musa / me dio la Parca, y despreciar al vulgo, / siempre maligno». «Posse tibi res meas, pater optime, que ut paucis placeant, laboro», Petrarca. «Que sean de tu agrado, querido Padre, estos escritos en los que trabajo para complacer a unos pocos».

«Odio el poema cíclico, y no me gusta el camino que de aquí a allá lleva a la muchedumbre. No bebo en la fuente pública. Todo lo popular me repugna». Eso afirmó en un epigrama Calímaco. Imposible no sentirse como Verlaine o Baudeliare: «Je suis l’Empire à la fin de la décadence», «Je suis comme le roi d’un pays pluvieux». El pueblo siempre será ignaro y hortera, eterno menor de edad (Flaubert). No creo, sé, que una vulgaridad cualquiera, esté dónde esté, ofende a las formas divinas. ¡Cómo temen (tenderos, ejecutivos, funcionarios, oficinistas…) morder la cabeza de la serpiente, mujerucas cobardes! Que el grueso de mi ejército cruce las fronteras. Solo con una orden: ¡Sin prisioneros!

Diario sin vida 20

Escribo y leo. Leo para la gloria. Escribo para la nada. Mis libros no los escribí tanto para enseñar como para informar, para que el aburrido lector siga investigando, si así lo desea, las fuentes clásicas que cito. Solo soy un estudiante solitario y tímido reacio a cualquier aire de fama o éxito. Y vuelvo a los antiguos para hallar lo nuevo. “Al envejecer, nos reconciliamos con los griegos”, Houellebecq. “Hace tiempo que mis contemporáneos son los griegos”, Borges. “Casi todo lo mejor que los hombres dijeron, lo dijeron en griego”, Yourcenar.

Recuérdenme como un bibliómano aldeano que, desde su montañoso “Finisterrae”, pasaba las horas con Heródoto, Platón, Esquilo, Demóstenes, Calímaco…Pasaba las horas fascinado y aterrado por el final (y cercano) sueño, por ese sueño que será un espejo que ya no reflejará ningún otro sueño. Decían que su biblioteca era mejor que un imaginario jardín de Linneo con miles de plantas, que un botín de oro. Y los domingos escuchaba alelado cómo tañían las heraclíteas campanas en la aldea.

Aristóteles decía que, al envejecer, se sentía más amigo de los mitos (de los «antiguos» griegos, claro) Maquiavelo dijo alguna vez, que todas las cosas de este mundo, en cualquier época, tienen su réplica en la antigüedad. Borges: «Quizás nuestros contemporáneos siempre se parecen demasiado a nosotros y quien busque novedades las hallará con más facilidad en los antiguos». Toda -casi toda- la literatura, después de los griegos, es de segunda mano. Pierre Vidal-Naquet: «El Quijote, de Cervantes, sería inconcebible si no existiera en un tiempo remoto el relator irónico de la Odisea». Las telenovelas, los filmes, las series, toda esa «enxurrada» narrativa en la que hoy vivimos, repite una y mil veces, con pequeñas variantes, los poco más de treinta argumentos reconocidos que vienen de los griegos.

Recuérdenlo, amigos. Lean a los griegos. Y recuérdenme a mí, si les viene a bien, ese autor muy menor gallego-catalán, estudiante perpetuo, al que latigó el tiempo y la soledad.

Diario sin vida 19

Soy un hombre a veces feliz. Deseo poco y vivo inmerso en mis placeres sencillos. En mis ojos late una loca curiosidad. Leo y escribo mucho (leo distinguidamente, escribo patosamente), veo películas antiguas, suelo dormir bien. Un solterón tranquilo y doméstico. Acaso -no sé- me hubiera gustado tener mujer e hijos, éxito literario, más aventuras. He sido, y soy pequeño, y dicen que bueno -que eso baste. El tirso jovial, tafetanes brillantes, rosadas huríes, labores agrarias, signos del zodiaco. Fino aroma de estuche de joyero. Cajuela barnizada. «Las estrellas felices sobre el cielo: / y todo bien claro en la tierra». Nada malo. Los ojos ya no ven, contemplan ¿La vida? El instante la exalta a golpe de quilla. Corales, labios de moaré, día henchido con olor a plátanos. O por decirlo como Basho: «Por este camino / no pasa nadie / esta noche de otoño».

Diario sin vida 18

Nunca he creído que tras el fin del fascismo y del comunismo se hubiesen acabado ya todos los peligros para Europa. La historia no se detiene. Tras la desaparición del Telón de Acero, Europa no ha salido de la historia, aun cuando en ocasiones parezca sentirse ese deseo. Las democracias están muy dispuestas a ignorar u olvidar las DIMENSIONES TRÁGICAS DE LA HISTORIA. Vistas así las cosas, yo digo: sí, lo que ahora está pasando es bastante inquietante.

Hay una civilización europea, un pensamiento occidental. Hay una comunidad de problemas, expectativas y peligros. Y, como siempre, los españoles parecen ajenos a él.

***

La «Academia preparatoria Prufrock» (Lemony Snicket) tiene un número de reglas estrictas y algo extrañas, irracionalmente similares a las de sus tutores. Profesores pedantes y estrictos que tienen favoritismos, acoso escolar, comida horrible en la cafetería, muchas tareas y exámenes estresantes. Castigos crueles e inusuales, clases aburridas con material que la mayoría de los estudiantes nunca usarán en la vida real (Klaus tenía que medir objetos constantemente, Violet tenía que memorizar las partes insignificantes e intrascendentes de las aburridas historias personales del Sr. Rémora, como cuántos kilómetros corría un burro) Un internado lúgubre y terrible.

En la «Academia de Lagado» (Swift) se intentan transformar excreciones humanas en alimento, extraer rayos de sol de los pepinos o enseñar matemáticas a los alumnos escribiendo proposiciones en obleas y consumiéndolas con «cephalick tincture». Gulliver no está impresionado con esta academia y ofrece numerosas sugerencias para mejorarla.

En Valencia, lo explica Ludwig Pfandl, en el s. XVII había una que se llamaba «Academia de los Nocturnos», en la que todos sus miembros tenían un sobrenombre «nocturno»: Silencio, Miedo, Sombra, Tinieblas…

Enhorabuena a la Sra. académica. De veras. Usted, quizá, entre erudiciones, seguro que le aguardan las mejores horas. No ha de durar para siempre el sopor letal de esta España acémila.

***

Primavera de calinas. Verano de tolvoneras. Tardes de nubes barrocas. La Luna cabecea entre moscardas. Bullen cigarras como si rajasen el sol. Tengo ganas de escribir bien. Prosa de pimentón, cayena y harina, viva y vascular, emocionada y caliente. Prosa con olor de piel y collerones sudados. Prosa de fanales de velas amarillas alumbrando al viejo tisú.

Escribir es estar quietecito y fresco en la penumbra malva, escribir son floreros planos, pero con rizos de oro, ese quinqué de bronce. Un escritor traspasa distancias y tiempos con el pensamiento, deshojando olivos a la busca de una fugaz belleza. El Olimpo es el lenguaje, más que el simplemente narrar. El efecto del estilo es clave para la literatura: es una clave mágica para comprender a todos los grandes maestros.

Luisgé Martín no tiene nada que decir ni que añadir. Su prosa es la misma salchicha de siempre, chisporroteando en su régimen de grasa desangelada y funcionaral. Su prosa narrativa es demasiado común, y eso no es objeción pequeña.

Diario sin vida 17

«No hay cosa más fácil que dar consejo ni más difícil que saberlo tomar», Lope de Vega. Pero, permítanme uno: NO TRABAJEN.

La vagancia, el ocio, la holgazanería, la haraganería, son las vías regias al placer y la libertad. Escaquéense de la oficina con una buena y lenta sobremesa, no compren ningún despertador (es alucinante que compremos ese maléfico artilugio de forma voluntaria) Y anoten esto en su mente:

-La siesta también tiene una bien merecida reputación de beneficios espirituales. La siesta es un tipo de versión fácil de la meditación; Jesús era un vago y no hay duda de que Buda también.

-Supongo que si fuéramos felices de verdad, no tendríamos ninguna necesidad de beber, pero una vida sin empinar el codo me parece una perspectiva de lo más triste.

-Dios sintió tanta lástima por la humanidad que nos dio el tabaco.

-El pub, la taberna, la cervecería, la posada, la tasca … es el lugar donde nos deshacemos de las tribulaciones de la vida cotidiana. El bar convierte a cada hombre en un pequeño señor.

-Paradójicamente, los holgazanes son dados a la sublevación.

-La libertad y la inactividad son para mí prácticamente sinónimos. Un vago es un pensador y un soñador y es ferozmente independiente.

-Quizá, la respuesta sea el anarquismo, y no el socialismo ni el liberalismo.

-Al vago la rutina le irrita, así como los sistemas rígidos de pensamiento.

-Lao Tsé: «Quien practica la no-acción se ocupa de no ocuparse».

-Dormir es uno de los placeres centrales de la vida.

-Estar ocioso implica ser libre, me refiero a la libertad de vivir la vida que queremos, sin jefes, sueldos, trajines, consumo ni deudas.

-Es triste que desde nuestra más tierna infancia se nos inculque el mito moral de lo que lo correcto, adecuado y bueno es saltar de la cama justo en el momento en que nos despertamos para empezar a trabajar tan rápida y alegremente como podamos.

-El cristianismo ha estado fomentando la culpabilidad por quedarse en la cama desde los tiempos más remotos.

-Estar tumbado en la cama medio despierto es enormemente beneficioso para nuestra salud y nuestra felicidad. Una cabezadita matutina de media hora o más puede ayudarnos a que nos preparemos mentalmente para los problemas y las tareas que se nos avecinan.

-La grandeza y el levantarse tarde van de la mano de forma natural. El levantarse tarde está hecho para la mente independiente, para la persona que rechaza convertirse en un esclavo del trabajo, el dinero y la ambición.

-Podemos entrenarnos para levantarnos más o menos a una hora determinada sin necesidad de un despertador. De esta manera, nos levantamos sin prisas, de forma natural y agradable.

-Cuando pienso en gente sana, rica y sabia veo entre ellos a artistas, escritores, músicos y emprendedores. Es bien sabido que ninguna de estas personas se levanta pronto.

-Para tener buenas ideas y planear cómo llevarlas a la práctica, la gente creativa necesita tiempo para pensar, lejos del despacho, del teléfono y de las mil y una distracciones de la vida doméstica cotidiana.

-Los que se levantan pronto son los sirvientes de los que se levantan tarde.

-A principios de la Edad Media, aquellos que trabajaban, los «laboratores», eran menospreciados por la sociedad. En lo más alto se encontraba el ocioso: clérigos y guerreros.

-T. E. Lawrence: «La humanidad no ha ganado nada creando esclavos».

-La pereza puede ser enormemente productiva. Una persona creativa necesita disponer de largos períodos de languidez, indolencia y de mirar al techo para poder desarrollar sus ideas.

-Quien se escaquea recupera el tiempo que le han robado, y ese tiempo robado tiene mucha más intensidad y riqueza.

-El arte de vivir es el arte de unir sueños y realidad.

-Tengo un sueño, se llama amor, anarquía, libertad. Se llama ser vago.

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Mateo 6:28-33: «Por el vestido, pues, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Sin menospreciar a Lessing: “Seamos perezosos en todo, excepto en amar y en beber, excepto en ser perezosos”.

Un poeta griego de la época de Cicerón –Antíparos– cantaba en los siguientes términos la invención del molino de agua (para la molienda del trigo), que iba a emancipar a las mujeres esclavas y a traer la edad de oro:

“¡Ahorrad el brazo que hace girar la piedra, oh molineras, y dormid tranquilamente! ¡Que en vano os advierta el gallo que es de día! Dánae ha impuesto a las ninfas el trabajo de las esclavas, y ahí están brincando alegremente sobre la rueda, y ahí está el eje sacudido que con sus rayos hace girar la pesada piedra. Vivamos de la vida de nuestros padres y gocemos ociosos de los dones que la diosa concede.”

Pero, ¡ay!, los ocios que el poeta pagano anunciaba no han llegado todavía. La pasión ciega, perversa y homicida del trabajo transforma la máquina liberadora en instrumento de esclavitud de los hombres libres. No trabajen, amigos lectores. Los hombres verdaderamente inteligentes no trabajan y delegan su voto en las élites.

Diario sin vida 16

Sócrates, ese tábano tocacojones, ponía al descubierto las supuestas «verdades» establecidas. Vivimos en mitad de una dictadura de opiniones dogmáticas ocluyentes, en absoluto concluyentes. El librepensador, incapaz de automatismos irreflexivos, interviene en los asuntos públicos y en el debate social, en la conversación de ideas de la humanidad, persuadiendo, no con un inmediato «me gusta» o «no me gusta», persuadiendo -decía-, o sea, elucidando, sopesando, dirimiendo, arguyendo razones y elementos de juicio. Duda mientras piensa y al revés. Y aspira a un criterio cosmovisivo.

Esta labor requiere parsimonia, experiencia, ensayo y error, humildad, lecturas, observación, hipótesis, la bendición del silencio y la energía de la soledad. Hay un apetito de saber, simultáneo a la constatación pirrónica de que las aserciones muy compactas no son cabal filosofía.

Creo que el ámbito de la filosofía cada vez será -es- más marginal. Los tiempos piden ideologías, no ideas, retórica, pero retórica sin gramática ni lógica, y emociones abrasivas en lugar de razonamientos sólidos. Las mentes estabuladas o normalizadas son fáciles de manipular.

***

El círculo de Viena fue un famoso grupo filosófico. Pero no puede comprenderse de manera aislada. Surgió en una ciudad en la cual el arte, la música, la literatura y la arquitectura florecían también. La capital austríaca era una de las cunas del modernismo, era el domicilio para el psicoanalista Sigmund Freud y el compositor Arnold Schönberg, el periodista Karl Kraus y el arquitecto Adolf Loos, el novelista Robert Musil y el autor de teatro Arthur Schnitzler. Las ideas del Círculo complementaban o competían con otras que circulaban alrededor de Viena. Por la Viena de la época hallamos mentes tan insignes como Kelsen, Tarski, von Mises, Carnap, Otto Bauer, Klimt, Hahn, Rose Rand ETC…

En un sentido la filosofía se ha trivilizado debido al control ideológico, como señaló Dummett (1991, VIII) En otro sentido por su sumisión a la productividad (cascadas de artículos ABSOLUTAMENTE irrelevantes), y también por sus ataduras a las modas y el Poder. Finalmente se ha desprestigiado por no saber sortear la oscuridad expresiva y evitado asimismo la plaza pública.

Cuando estuve en Boston, pese a conocer condíscípulos muy inteligentes, empecé a advertir que la Atenas filosófica se convertía insensiblemente en una barriada de lo políticamente corrrecto. En una mordaza. Y, décadas después, el desprestigio de la cultura como rasgo cultural, implica que cada vez sea más difícil configurar un grupo donde se retroalimentan las ideas y las inteligencias.

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Sobre el valor de la filosofía. Concluyamos con unas palabras de Russell:

«Una forma de escapar es por medio de la contemplación filosófica. La contemplación filosófica no divide, en su forma más amplia, el universo en dos territorios hostiles -amigos y enemigos, útil e inútil, bueno y malo- sino que ve el todo imparcialmente. La contemplación filosófica, cuando no está contaminada, no apunta a la prueba de que el resto del universo es semejante al hombre. Toda adquisición de conocimiento es una ampliación del Yo, pero esta ampliación se consigue mejor cuando no es buscada directamente. Se obtiene cuando el deseo de conocimiento se opera por sí, por medio del estudio que no desea por adelantado, que sus objetos tengan tales y tales características, mas que se adapte el Yo a las características que encuentre en sus objetos. Esta ampliación del Yo no se obtiene cuando, tomando al Yo por lo que es, tratamos de mostrar que el mundo es tan similar a este Yo que el conocimiento de él es posible sin ninguna admisión de lo que parece extraño. El deseo por probar esto es una forma de auto-afirmación y, como toda auto-afirmación, es un obstáculo al crecimiento del Yo que desea y sabe de lo que es capaz. La auto-afirmación, en la especulación filosófica como en cualquier otra parte, ve al mundo como el medio de su propio fin; de esta manera reduce al mundo a tener menor importancia que el Yo, y el Yo así instala barreras a la grandeza de sus bienes. En la contemplación, por el contrario, empezamos del no-Yo y a través de su grandeza los límites del Yo son ampliados; a través de la infinitud del universo la mente que lo contempla alcanza a compartir algo de esta infinitud».