Diario de Aquitania 95

(Horacio, Epodos, II)

Feliz aquel que, ajeno a los negocios,
como los primitivos,
labra tierra paterna con sus bueyes
libre de toda usura;
que no oye el agrio son de la corneta,
ni teme el mar airado,
y evita el Foro y las soberbias puertas
de los más poderosos;
y los largos sarmientos de las vides
une a los altos álamos,
o contempla de lejos su vacada
en un valle apartado;
y, las ramas inútiles podando,
injerta otras más fértiles,
o guarda espesa miel en limpias ánforas,
o esquila sus ovejas.

Horacio
***
En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.

Gil de Biedma
***
Bajo el aura del duro sol primero
y el trino inaugurado de los pájaros,
abandonar el hogar tras el almuerzo,
en el breve calor que adelanta el verano.
No ir, si tenías que ir a lugar convenido,
ni entrar a clase, aunque el estudio importe,
ni salir hoy a comprar cosas determinadas…
Ponerse a caminar, con el amigo cómplice,
que huye también la tarde, por la cuesta abajo,
hacia la hierba y los pinos, solitarios…
Tenderse allí y hablar del duro otoño,
ya pasado, mientras invita el sol a retirarse
ropa, y molestan los insectos renovados.
Y allí dejar pasar las horas insensiblemente,
entre calor y vaho de flores, dormitando.
Se charlará despacio, y surgirá el silencio.
Y si el sexo incomoda alegremente, no habrá
sorpresa. Es huésped esperado y cotidiano…
Por lo demás, amodorrarse allí, vivir al sol,
dejar pasar el tiempo, y olvidarse de todo.
Que ya sabes el verso: Dichoso el que de pleitos alejado.

L.A. de Villena
***
Bendita aquella que ama el campo
que ocuparon las urbanizaciones,
lejos del ruido de los cines,
quioscos, bibliotecas.
Oh pueblos andaluces asolados
por tres siglos de pulgas
y veinte años de asfalto,
quién divisara vuestras carreteras
de pequeños arcenes por donde caminar
pegaditos y en fila india
bajo riesgo de ser atropellados.

Erika Martínez
***
Paz a los hombres. Nunca fue fácil el vivir.
Deseo el silencio casto y conventual de la Luna,
y vivir libremente, olvidando los años.
¿Gozar de una gloriosa medianía?
La tentación de alejarse de los pleitos,
y huir, y apartarse, y aspirar a lo mínimo.
¿Desasosiego? ¿Fiebre? Dos ejércitos sin alma.
Levántate pronto, desayuna un dedo de vodka
con limonada, toma unas tostadas
con aceite, ajo y sal, pasea por los bosques
con tu perra, y dedica el resto del día
a traducir a Pessoa, a contemplar la poblada
galería de tus recuerdos…
Y cómo agrada entonces que tanto guste
lo que los sabios crearon para que te gustase,
cómo agrada el recto rímel de las estatuas,
el tempo lento y amoroso del piano,
bogar por islas donde ella braceó desnuda,
la tibieza de las flores, el crepúsculo sobre el río,
el cortejo de nubes naranjas al ocaso,
el campo cultivado con amarillos serenos.
Y cómo acolcha la noche con su libro,
o la cumplida modestia de una sencilla idea.
De la confusa selva del pensamiento contemporáneo
apártate, del mundo mendaz retírate en biblioteca.
Ajeno al mundo, aplasta su hosca desmesura.
Pide la altura de quedarte al margen:
la carne es impura, el espíritu enemigo.
Lee -saboreándolos- a Suetonio y Polibio,
paladea la rica prosa de Tácito, escucha al sutil
animal perfumado de la noche, evita los tenebrosos
hoplitas pletóricos de lucha…
Graba pues en tu memoria estas palabras,
señales y símbolos que rigen tu destino:
Feliz aquel que de pleitos retirado.

Christian Sanz

Diario de Aquitania 94

SOLUCIÓN ROMANA

No soy indiferente al frío del invierno,
ni al cornejo exhibiendo sus flores
amarillas entre los áridos roquedales.
Dormir debajo de la bóveda, con mamá y
macetas de cinerarias –azul sobre azul-
Me atemoriza mi solitario corazón helado.
Pronto (por propia mano) llegará mi fin:
¡Antes que las lluvias de verano, con sus
resplandecientes hojas, todo lo estropeen!

Diario de Aquitania 93

¿Escarfucear, Baltimore, sanguijuela, limosna, patata frita? ¡Contestadme ya, cabrones!

En el nombre de hoy, viernes vulgar de enero, de un dos mil y pico vulgarísimo, lluvia y nubes sin sol. Temperatura inhóspita. Tiempo frío, incapajuso y nóvalo. Hidromonios, tusmelgos por el aire, y también pájaros. Recuerdo mi infancia: placer en las palpitaciones del corazón, calles floridas de muchachitas, aleación de oro fijo e indestructible azur. Colores sucesivos y claro de luna cuando, al anochecer, volvíamos de Sitges. Infancia: aquella leontina de medallón rizado como una valva en cuyas hojuelas mi madre llevaba una miniatura mía. Desplegarse de ángeles limpios en un salón de té con violines.

Ahora, arrojarse al suelo, llorar a gritos, estremecerse con un berrinche de alucinaciones, angustia y delirios. El asco avanza en forma de grasiento vómito revuelto con grumos de ajiaco. Perennemente cansado, y sin fe ni valor. Sin esperanza. Temblor. Vacío. Muerto en las brasas, en el suelo del océano, con un cojín contra la boca que me impide respirar. Tengo que medir con mi cerebro que no funciona bien la disfunción de mi propio cerebro. El espectro decapita faunos, el espectro recorre lágrimas hundidas en hierro, y siente áspera la longitud de la tierra y de mi cuerpo.

Miro la Luna. Espero no verla aún más.

Diario de Aquitania 92

Sucia la cara con albayalde; arreo de los locos. Pienso un tema: tachas, ralladuras y torpor. Mi mente preñada de mema omnipotencia saltígrada, embolismática. Conjuntos vacíos, incomunicación y fatiga. Intento cambiar de niveles lógicos (“Cambiar de lógica es cambiar de tema”, Quine) y el barullo es una torcida red de vías que no cobra ni un mínimo de entendimiento. Esto ya es el final. Encerrado en mi habitación, incapaz de pergeñar unos párrafos o leer media página. Agreste gesto inexpresivo. Conciencia y atención turbia que no se concentran en nada.

Las palabras se sueltan, cada vez menos bellas y concupiscentes. Me entristece su colorido de niebla pálida, violeta, casi oscura; palabras que rompen su caparazón y se tintan de un negro ébano; su luminosidad es fría, cadavérica, con la mejilla hacia fuera de la lengua; son una infra-conciencia, como seres catatónicos; palabras que no puedo ver, oír ni tocar; contritas, humilladas, corruptas, perdidas, desamparadas. Esto ya es el fin.

No logro evocar un lenguaje no mutilado, enternecido por horas de confiada compañía. No logro evocar su penumbra dorada, aquella fascinación misteriosa como un amanecer en Estambul. Fui un joven de aspecto saludable, y un escritor mediocre, pero apañado. Esto es el fin. De cometa por el cielo a descabezada pulga. De Kublai Kan, a este país tenebroso y descompuesto. Esto ya es el fin.

***

Ruano diría «la calle está llena de panaderos con su vilísima honradez» y Henry MIller, que durante un tiempo ejerció de profesor universitario, escribiría de sus alumnos «Se convertirán en carpitenros, abogados, farmacéuticos, funcionarios…gente tan respetable como lamentable».

Diario de Aquitania 91

IN MEMORIAM

Maestro, su legado trasciende las palabras
escritas en piedra. No pasan las palabras
con que los Grandes recuerdan a los Grandes.
Abramos sus libros; al fondo se ve el mar.
Su espíritu poético vive en la memoria
perpetua. LA HISTORIA CONTINÚA DE LUTO.
Permítame reformular, con un vodka en la mano,
el epitafio de Keats, para honrarle a usted:
“José María Álvarez (1942-2024). Aquí yace
Aquel cuyo nombre fue escrito en el Arte”.

Diario de Aquitania 90

HACIA EL PAÍS DE LAS LETRAS

Trazado parecía su destino,
envejecer, morir en su aldea
cuidando los montes y animales.
Pero un día un sabio tocó a su
puerta, y de sus labios oyó,
un mundo de imaginaciones,
palabras, tesoros y libros,
haciéndole soñar otra fortuna.
Dejó aperos y vacas, y se echó
al camino. Se hizo hombre,
conoció fuertes y fronteras,
champán rubio y mujeres.
Ensanchó vida y destino.
Oh tú caminante, que lees las
letras de esta tumba: atrévete
en el fragor riesgoso de la vida.
Escribe, hasta que sangres,
y los bosques unánimes te olviden.

Diario de Aquitania 89

TUMBA DE CHRISTIAN

Yo, Christian, yago aquí. De esta pequeña aldea
afamado -con escarnio- por rarezas de escritor y loco.
Asustó el descomunal estrépito de mi soledad,
y el negro demonio reclamó el brillo de mi abismo,
y los niños se arremolinaban para tirarme gusanos,
porque yo, Christian, sufrí la insulsez e inquina del pueblo.
Mi soledad desbaratada fue vista como herejía.
Caminante, tú al menos, no me censurarás,
si conoces la fiereza de estas gentes, si te
apiadas al imaginar la vehemencia de mi vida,
el pringoso lecho insomne en que me acosté,
lo voluptuosa y llena de miseria que solo pudo ser.

Diario de Aquitania 88

DE UNAS LÍNEAS DE RILKE

Ensimismaros, examinad con detenimiento
la amarilla flor del tojo, la oscuridad y la
claridad, la llama y el libro, la ciencia y el
estudio. Pasead con calma llanos y colinas,
y oíd su música. Divagad al ritmo de los sueños.
El verde quema poco a poco a la lechuza.
La Luna reposa: no os apresuréis, muchachos;
lo que transcurre aprisa pronto ha de pasar,
tan solo cuaja lo moroso. El morado lento
de un bosque exige un parsimonioso ser.
Apartad del camino la velocidad. Vivid -creedme-
con sosegados ojos lúcidos ¡Y despertad!

Diario de Aquitania 87

EL LOCO

He vivido en los cataclismos del polvo,
en arrabales, en comisarías, minas y
manicomios. Ya morí, estrangulado
por la Fuente Cruel del Tiempo.
Y a lo largo de aquel camino,
preguntad a los que me sobrevivieron,
y que me escupieron, quién fue ese ser
misterioso que no existe, que se ocultó
por miedo, y volaba despacio por
la noche, esperando la ternura de los
ángeles y los demonios de la tierra.

Diario de Aquitania 86

LOCO

En la entrepierna, ataúdes a chorro de
piedra blanca, en las orejas este chupar de
trompas de mosca, en los dientes drogas
de cognac y astillas prisioneras de madera.
Hablo solo. Pero la experiencia está “ahí”.
Hablo para un Oyente totalmente expandido:
el Tiempo. Para una Coincidencia totalmente
expandida: el Espacio. Hablo solo y oigo voces.
Ya acepté el insulto, lo vestí como una trágica
y sonrosada muñeca, fantasma blanco,
sudario de espuma, pez rojo de la morgue.
Ideas como un jeep transitando dunas,
platillos volantes en las sábanas de mi cama.
Estoy de rodillas ante la nube y la roca.
Y Charlize Theron excitada, babeando loca,
devorándome como al comer un Steak tartar.