
ASUNTOS PROPIOS
A lo mejor lo escribió Dumas
o lo pensó un inglés absorto en su vaso
de vino en un pueblo andaluz.
Describe nuestra ciénaga
y parece un premiado microrrelato:
“Africa begins at the Pyrenees”.

ASUNTOS PROPIOS
A lo mejor lo escribió Dumas
o lo pensó un inglés absorto en su vaso
de vino en un pueblo andaluz.
Describe nuestra ciénaga
y parece un premiado microrrelato:
“Africa begins at the Pyrenees”.

Ya lo decía Chuang Tzu: SER UN HOMBRE ÚTIL SIEMPRE ME HA PARECIDO ALGO DESPRECIABLE Y REPUGNANTE.
«Había dirigido dos revoluciones, engañado a 20 reyes, contenido el mundo entero», sentenció Víctor Hugo al morir Talleyrand, en 1838. Eso preferiría que se dijera de mí, a este útil y ligero, útil y descafeinado, útil y liviano, útil y aéreo, insustancial e invertebrado tipo humano que está creando el siglo. Tipos eficientes, sin rebelión personal y sin análisis. Tipos consumistas de apabullante frivolidad. Tipos de talla tan pequeña que son incapaces de dejar ejemplo o memoria.
Prefiero también a alguien como Critón, discutidor con vehemencia en las calles de Atenas, despreciado y tomado a risa, pero LIBRE. Independiente y digno. De continuo solía citar aquellos famosos yambos:
“Los adornos de plata y la púrpura son útiles
para la escena trágica, que no para la vida”.
Critón o Talleyrand como modelos, sí, frente a tantos mamarrachos.
NOTA BENE: En medio de un confusión nietzscheana adolescente de mis ideas, recuerdo una filípica de mi padre: me habló de esa gente ordinaria, pero buena, que trataba de hacer las cosas bien, pero que sabía que muchas veces no lo conseguiría. Personas humildes, que conocíann sus capacidades y sus limitaciones, que escuchaban las opiniones de los demás pero no se dejaban deprimir por sus críticas, que cuidaban los pequeños detalles porque sabían que las cosas grandes, heroicas, no estarán, habitualmente, a su alcance. Gente con la que da gusta trabajar y convivir. De alguna manera, papá, treinta y cinco años después resuenan tus palabras otra vez en mí, y, SÍ, yo soy o me convertí -eso deseo- en una de ellas, como tú fuiste una de ellas. En el principio de mi escrito, al contrario, me refiero a gentes demandantes, irritantes, inmaduras, imbéciles, a un pueblo no noble, sino a un populacho utilitario e imberbe, en el peor sentido de la palabra.

(Para Emil Man Martínez, alma gemela)
Este 2024 ha sido dramático en lo personal (muerte de mamá), y mediocre en lo general, bueno, como desde hace veinticuatro años. Sólo el amor sarmentoso de mi hermana y sus fogonazos mágicos, me salvaron del Horror, y algo me han devuelto la irregular ilusión.
Y la publicación de “El falso aristócrata”, tercer volumen de mi pentalogía, bajo el principio de que si hoy se presentan tantos libros, a menudo tan infumables ¿por qué no iba a aportar yo los míos, menos malos que la media?
En lo social, no hace falta comentar mucho. Una España mediocre, empobrecida, colapsada, paralítica, raquítica, gris, inculta, abajada, triste. Con la democracia, leyes y derechos gravemente heridos. Una España dominada por la frivolidad, centrada en el consumo, aturdida por la publicidad, infantilizada, influida por “personajillos”, llena de hombres que no dejan huella, felices con sus ideales asépticos. Frente a tantas hienas, reivindico al gatopardo, el aroma suntuoso y carnal de Angelica y Tancredi por las habitaciones de Donnafugata. Bebo a la salud de Emil el penúltimo vodka por un mundo más noble y un lugar menos desafecto.
Mi propósito para el 2025 es que la cultura no muera en mí, tan muerta como está en millones de españoles. Es trabajoso escribir a la par con acento trágico y conmovedor en el lenguaje cotidiano. Qué abismos bajo el amplio Océano de la Incultura. Fanfarrias y chismorreos ignaros nos rodean. Yo no quiero ser uno de esos plácidos analfabetos.
Los niños y adolescentes cada vez leen menos, y también cada vez peor. Desde hace 50 años el nivel de lectura ha descendido de manera incontestable (un hecho, no una opinión) La orgía de las pantallas retrae tiempo al delicioso y solitario ocio lector. De nada sirven argumentos tabernarios como que Séneca o los griegos ya se quejaban de que los jóvenes leían poco, frente a la ciencia de los datos. El elefante digital está destrozando la cultura en su sentido secular.
Pese a todo, y aunque cueste, feliz 2025.

La tecnología es implacable ¿Llegarán a suprimirse las formas naturales de concebir al hombre, sus propósitos y fines seculares? Pero la tecnología no puede dar al hombre equilibrio (más bien le provee de cierta ambigua desesperación) El hombre tiene una naturaleza que no debemos ceder a las máquinas si deseamos sobrevivir.
Me levanto a las seis. En mi celda alquimista, una ocasión para la alegría. Sentimiento de reposo y aun de quietud. Hay silencio en la casa y fuera de ella. Fuego tranquilo. El retrato de mamá parece sonreírme. No me siento confuso ni triste, sino sereno. Pienso, atropelladamente, en mamá y en el lenguaje y en las palabras. El recogimiento mudo. Uno se siente vivir bajo una forma pura, en la manera más etérea del ser. No necesito cantidad ni movimiento. Solo detalles, divagación y errancia.
Imagino al lenguaje algo como un agua de azulete clorado, como una hilera de párrafos fluidos, sensuales y directos. Las palabras, incluso sus desmanes y ultrajes, avivan la tramoya o caudal de lo más real y propio nuestro. Francesco Melosio hizo juegos de palabras cómicos y caricaturescos, Max Jacob abandonó la casa comercial de las palabras en la que trabajaba para vivir como poeta. Qué filigranas ovoides y moradas dibujan el lenguaje y las palabras, algunas ásperas al paladar, otros con sabor a chinchibí. Bellas y brillantes palabras como un poney nervioso, gotas de mármol tropical dentro de un alfabeto helénico. Mi futuro siempre pertenecerá a las palabras. Las amo y siento con pasión de enamorado.

Crucial la tranquilidad para el espíritu. Cito: «Porque así dijo Jehová El Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza» Is (30:15) Paz a los hombres.
Moriré conforme a mi modesto destino. No me preocupó agradar a la masa. A la masa le gustaban cosas que yo desconocía, y lo que a mí gustaba sobrepasaba su entendimiento. Que mis vicios sean enterrados conmigo.
Queridos amigos, no olviden a Quevedo: «Un pueblo idiota es seguridad para el tirano».
Un verso del Regimen sanitatis Salernitanum, del siglo XIII, dice así: «Hi vigilant studiis, nec mens est dedita somno», es decir, «[los hombres de estudio] pasan la noche estudiando, y su mente no se abandona al sueño».
No hay nada mejor que ir fatigando dulces volúmenes.
***
Eso les deseo para el nuevo año; que fatiguen volúmenes, no sean idiotas, no pretendan agradar a la masa, y gocen de un espíritu tranquilo. No es poco, no.

FELIZ 2025
Arranca palabras hermosas de la piel
de tu lengua, curiosea en los grandes
libros y sus grandes temas, báñate
en los dedos dorados del Nilo, piensa que,
las cosas que se ven y las que no se ven,
son temporales y no eternas, la misma
Roma, en otro lugar diferente a Roma,
es otra Roma. Toma ginebras fuertes
contemplado por la Luna y el mar,
abrazado a su cuerpo de mañana clara.
El sonido oscuro de la casa acabará,
la lengua pastosa del loco se hundirá en
la más profunda mina. Ama y arriésgate.
Desconfía de quien te diga «ten cuidado»:
deja que los Cíclopes se duerman y,
a la media noche, sal por la ventana,
pon en marcha el coche y pisa el acelerador.
Es estupendo. Convierte el Todo en gasolina.
Ayer naciste, y morirás mañana. Para tan
breve ser, ¿merece algo malgastar los años?
***
Crucial la tranquilidad para el espíritu. Cito: «Porque así dijo Jehová El Señor, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza» Is (30:15) Paz a los hombres.
Moriré conforme a mi modesto destino. No me preocupó agradar a la masa. A la masa le gustaban cosas que yo desconocía, y lo que a mí gustaba sobrepasaba su entendimiento. Que mis vicios sean enterrados conmigo.
Queridos amigos, no olviden a Quevedo: «Un pueblo idiota es seguridad para el tirano».
Un verso del Regimen sanitatis Salernitanum, del siglo XIII, dice así: «Hi vigilant studiis, nec mens est dedita somno», es decir, «[los hombres de estudio] pasan la noche estudiando, y su mente no se abandona al sueño».
No hay nada mejor que ir fatigando dulces volúmenes.
***
Eso les deseo para el nuevo año; que fatiguen volúmenes, no sean idiotas, no pretendan agradar a la masa, y gocen de un espíritu tranquilo. No es poco, no.

Para este 2025 deseo comer encima de mis libretas y realizar mis necesidades fisiológicas en una vasenilla dispuesta junto a la mesa del despacho de trabajo. Incluso, si recibo visitas, sea dentro de este paisaje surrealista, aunque, como es de esperar, el nauseabundo olor ahuyente rápidamente a los desprevenidos visitantes.
Ya ahora, ya en el ocaso de mi existencia, totalmente loco, producto de una larga y penosa enfermedad (probablemente esquizofrenia paranoide) quiero, sin embargo, no cesar de escribir. Y visitar con frecuencia bares, cantinas y burdeles, donde sea asiduo protagonista de riñas y escándalos. Incluso hacerme amante de una puta bizca y calva. Consumir coca y hachís en abundancia. Salir a la calle con una estola de plumas. Teñirme el pelo de color rosa. Insolente, responder con insultos a los elogios. Nombrar cónsul y sacerdotisa y diosa a mi perrita, hasta mandarle construir un palacio.
Yo, con los labios pintados de carmín y las pestañas teñidas con henna. Organizando banquetes donde servir gelatina con arañas y postre con excremento de leones. Llegar a las fiestas en carruajes tirados por mujeres desnudas. Y gozar de un gabinete o troupe conformado por atletas, borrachos, mendigos, bailarines y hasta boxeadores. Enviar emisarios por toda Europa buscando a los hombres mejor dotados y a hermosas mujeres vírgenes. Mis preferidos, los «onobelos» (que en griego significa: “con pene de asno”)
Estos son mis píos deseos para empezar el año.

Éste que veis aquí, de rostro macilento, de cabello castaño y habla pastosa, frente lisa y desembarazada, de miopes ojos y de nariz corva y mucosa, aunque acaso bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha mucho que fueron de oro, la boca «petonera», los dientes -los que quedan- ni menudos ni crecidos, el cuerpo grande; éste algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de libros mal forjados. Éste llámase comúnmente Christian Sanz Gómez. Fue solitario muchos años, cautivo en manicomios, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades.
Éste os quiere decir, antes que cruce a la laguna de la nada, que le importó más la rosa que el porcino, y que escupió con profunda intensidad de hecho y derecho, en la canallocracia política, en la chungacracia de políticos de diestra y siniestra, que defecó en su giliparla gilidiota gilipollas. Y algo, aunque menos, en la mansedumbre de un pueblo aborregado, que se dejó zaherir asnalmente satisfecho. Época maldita, tiempo de Leviatán, de insoportable literatura mamona y piadosa, de políticos subnormales. Éste que veis aquí, Christian su nombre, desea dejar constancia, negro sobre blanco, de sus repudios y desprecios. Vale.

(Deseos para el nuevo año)
Así es como termina el mundo, no con un estallido, sino con un gemido. La oscuridad creció rápidamente; un viento frío comenzó a soplar a ráfagas llameantes desde el horizonte, y los copos blancos que caían aumentaron en número. Desde el borde del mar llegó una onda y un claro gemido. Más allá de estos sonidos sin vida, el mundo estaba en silencio ¿Silencioso? Sería difícil transmitir su quietud. Todos los sonidos del hombre, el balido de las ovejas, los cantos de los pájaros, el zumbido de los insectos, el revuelo que constituye el trasfondo de nuestras vidas: todo eso había terminado. Llegó el día. La ira descendió. El gemido ¿Pecado, culpa? ¿Las psicosis maníacas de esas entidades a las que nos referimos como estados, países, instituciones, familia, sistemas -los poderes, los tronos, las dominaciones-, las cosas que perpetuamente se fusionan con los hombres y emergen de ellos? ¿Nuestra oscuridad, patente y visible? Se mire como se mire estos asuntos, se llegó al punto crítico. La ira descendió. El gemido. El resquebrajamiento. Todo había acabado. Al fin, Christian, te reunirás con mamá.

«El 30% de los estadounidenses leen a un nivel que cabría esperar de un niño de 10 años», Andreas Schleicher, director de educación y competencias de la OCDE.
Es una utopía imbécil creer que existe una frescura e inconsciencia indescriptibles en una persona analfabeta, una frescura intuitiva que humilla y se burla del poder del genio expresivo más noble. Como resulta que tantos votantes son analfabetos, imaginemos qué consecuencias tiene esto para el buen regimiento de la cosa pública. Debido a que tenemos una sociedad que en general es analfabeta en muchísimas áreas (ciencias, matemáticas, ingeniería, humanidades), lo que hacen científicos y escritores serios es un misterio aterrador para esa población. Ello crea oportunidades fáciles para que los opositores al desarrollo, las organizaciones activistas irracionales, fabriquen bulos y miedo, y oportunidades para que medre el arte más vulgar. Pertenece a todos, a pobres y ricos, analfabetos y educados, a todas las razas, culturas y naciones, el fútbol y Taylor Swift; no así la inteligencia. En fin.
***
Hola, queridos:
Tras una vida de rechazos y repudios, me reconfortan sobremanera las felicitaciones de todos vosotros por mi cumpleaños. GRACIAS. DE CORAZÓN.
En la Ilustración, por decirlo con una imagen, pretendían que nos bajáramos de los árboles (la ignorancia) y entráramos en la biblioteca (el conocimiento) En esta Era Antiilustrada se pretende justo lo contrario, que salgamos de la biblioteca y nos subamos a los árboles. Nos rodea una mediocridad embarazosa y cruel; la medida del mundo es la más atroz medianía.
Mi propósito es que la Cultura no muera en mí. Os deseo que la Cultura también viva en vosotros. Es por lo mejor que merece la pena vivir.
No quiero ser plasta este día feliz. Permitidme acabar con unas palabras de Groucho Marx: “Recuerdo perfectamente la primera vez que disfruté el sexo. Todavía conservo el recibo”.
Un beso cariñoso a todos.