Diario del zalapastrán 96

Tácito incluye el emotivo discurso de Calgaco, mil veces imitado en el cine. Recordémoslo:

“Cada vez que contemplo las causas de esta guerra y nuestra necesidad, tengo el convencimiento de que hoy es el día en el que vuestra unión será el inicio de la libertad para toda Britania: pues todos nosotros desconocemos la esclavitud pero sabemos que ninguna tierra, ni siquiera el mar, nos resulta seguro frente a la flota romana que nos acecha (…)

Los que nacen esclavos únicamente son vendidos una vez y, además, su amo los alimenta; Britania compra cada día su esclavitud y cada día la alimenta. Y al igual que en una casa el esclavo más nuevo es el objeto de las burlas de los demás esclavos, así nosotros, los nuevos y más prescindibles, estamos condenados a nuestra destrucción en un mundo acostumbrado a la esclavitud (…)

Los brigantes, con una mujer al mando, quemaron una colonia, tomaron los campamentos y, si su buena fortuna no los hubiera vuelto estúpidos, habrían podido librarnos del yugo romano: nosotros vamos a la guerra indómitos y enteros, libres y no arrepentidos: demostremos desde el principio del combate qué hombres guardaba Caledonia.

Todos los incentivos para vencer están de nuestro lado: no hay mujeres que animen a los romanos, no tienen padres que les vayan a reprochar la fuga y, para la mayoría, no tienen patria o no es esta. Los dioses nos los han entregado, en cierto modo, atrapados y encadenados: pocos en número, temerosos de todo y observando cuanto les rodea, el cielo, el mar y los bosques, que les resulta desconocido. ¡Que no os cause miedo la vanidad de su apariencia ni el brillo del oro y la plata, que ni ataca ni hiere! (…) A un lado tenéis a su general, a su ejército; al otro, tributos, minas y el resto de castigos de la esclavitud, las cuales ha llegado la hora de soportar para siempre o vengar en este campo de batalla. Cuando vayáis al combate, ¡pensad en vuestros padres y en vuestros hijos!”

***

CALGACO ANTE JULIO AGRÍCOLA

Sois los saqueadores del mundo;
ahora que habéis devastado todas
las tierras, miráis al mar: no os sacian
conquistas a Oriente ni a Occidente.
Deseáis las tierras ricas y pobres por igual:
robar, asesinar, saquear, forma parte
de vuestra cruel naturaleza. Pero no lo
olvidéis, formo parte del todo y el todo
forma parte de mí. Nada puede sojuzgarme.
Vivo en el bosque dorado, en las zonas
más claras de bosque. Ahí no llegan
vuestras legiones y vuestros dioses.

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Sobre el unánime dogmatismo anti-israelí periodístico español.

«El más escéptico de todos
es el Tiempo,
que con los Nos hace Síes
y con el odio amor
y al contrario».
P. Valéry.

Diario del zalapastrán 95

Palabras, mi sino y universo, un orecer la vida.

Me despiertan las palabras, trabajo con las palabras, ceno con las palabras, me duermo con las palabras.

Mirad ese convoy de íes como azotes de ola de “luminiscencia”, oíd “abedul”, trae mausoleos místicos leninagredienses, oled “tocuyana”, y brota un sorbo de verano con polvo de perlas, tocad “pergamino”, y se despliega un solemne catálogo alejandrino de oratoria, saboread “kneeled”, y se prende al regazo de las muchachas sonido de vihuela, imaginad “hornacina”, y tiemblan los tendones.

Palabras, cadejo de sedas, botín y cima de la inteligencia y el sentimiento.

Diario del zalapastrán 94

El sentido de la vida es la perfección individual. Buen gusto para griegos y latinos, ironía casi imperceptible, cultura canónica bien administrada con vistas a tu bienestar. Alguna pasión. Manchar un domingo aburrido unas cuartillas con unas elegías. Ser conversador delicioso -pese a estar torturado por una cierta e inevitable timidez- y un selecto amigo. Escribir con claridad, reflejo de un pensamiento asimismo claro, pero sin manierismos geométricos o gongorinos. Poca languidez y caída de ojos en la prosa, poco “efecto” como guiño al estilo kitsch, una veta ocasional de lírica. Dibujar, en una frase, el vuelo de un pájaro. Dibujar, con un adjetivo, el color de una piedra.

Mi vida transcurre a la busca de la perfección individual. La cola empenachada de un caballo. La duquesa joven y rubiácea. Sopa de lasaña con “dumplings” de ricota y, para cenar, enchilada de ternera. Mozart y Bach. No expresarse con palabrotas. Si se es artista, hacer visibles las cosas que la gente no suele ver. Vivir deliberadamente. Dar propina al botones cuando nos lleva las maletas o al camarero si trae el desayuno. No ser un poeta desorganizado. Y ataraxia.

Diario del zalapastrán 93

En pocos casos se ve un aparato tan apropiado para enhebrar frases, tan preparado para escribir, que luego, al fin y al cabo, produjese una lengua tan poco efectiva. Ese es mi defecto como escritor, evitar la simplicidad llena y culta; monto un andamio con todas las herramientas, cultismos, musiquilla sintáctica, quito los nexos lógicos, las transiciones obvias, intento sorprender, y, en lugar de una catedral, me quedan dos ladrillos mal alineados.

No es necesariamente un mérito no vender libros, no nos engañemos. Ocurre, y tómese lo que sigue con extrema cautela, que soy demasiado inteligente para las mentes comunes de los lectores. Escribir es “arte de particular juicio”, fray Luis. Un espíritu pobre solo producirá escritos pobres. Y un espíritu rico (que el lector me conceda la exagerada licencia) no necesariamente producirá escritos ricos. Conozco el idioma, pero no sé aplicar todos los medios lingüísticos que requieren el expresar y contar con propiedad.

Doy vueltas en las inmediaciones de los adoquines, de las habitaciones de la casa, de las literaturas, medio mareado, ávido de trabajar, y oigo voces que refieren mi impecuniosidad crónica, la pobreza sin capital de mi lenguaje. Junto al brasero de cok sucumbo a esta funesta manía de pretender que me consideren escritor.

Me duele releerme; intuyo -constato- infamantes impostaciones, un deambular de paquidermo, un barroco lisonjero y gonorreico. Casi seguro que mi ignorancia inocente resulte de una sobrevalorada presunción de mí mismo. Como decían los antañones manuales de urbanidad, conviene vocalizar bien, no gesticular demasiado ni alborotar las manos, y evitar el mero chismorreo. A veces imagino mi prosa una chaqueta en tonos oscuros, azul marino o gris marengo, con camisa en tonos básicos y corbata. Clásica, culta y sencilla.

Si mi prosa tiene problemas con la seborrea o con la caspa, y de nada sirve un champú adecuado, debo acudir al dermatólogo, aunque me prescriba, ay, dejar de escribir.

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No deseo una imagen benévola de mí como escritor. Aunque leo atenta y reflexivamente, no escribo con cuidado debido a mi facilidad para escribir. Muchas veces mis perífrasis y el aflojamiento de las cláusulas lógicas, impiden que exprese de manera exacta y con claridad aquello que quiero. Pienso con palabras de humo. Hablo con palabras de ceniza. Escribo con esos rescoldos. A la primera suele salirme casi todo, por lo que no aclaro, enmiendo, pulo, suprimo, disminuyo, limo, escamondo, mejoro y perfecciono. Mi propensión numerosa y expansiva me juega también malas asadas.

Mi voluntad de forma es como la de un poblachón mudo y gris de película de los años cincuenta. Mi estilo no es espléndido como la capilla Médicis de Florencia ni emotivo como la vocecita de un niño. Sudo entre las letras a sofocantes golpes de tos, entre ásperos graznidos de cuervo. Se me ve sudando por el lenguaje como si lo hiciera por una amplia sobrepelliz de lana con mangas de embudo. Tengo esa voz propia del vestido raspado drapeado.

Mi literatura son sombras obscuras y congeladas de invierno. Pero la lectura me rejuvenece y recrea, me da vigor y broncea mi piel. De tanto leer, ya no tengo pensamientos, ni incluso palabras personales; todo lo mío es fecundamente ajeno. Escribo como un perfecto plagiador leproso.

Diario del zalapastrán 92

Por suerte o por desgracia, me cayó encima una gran losa: ser español. Pueblo de zoquetes de hogaza de trigo y guiso de chayote, con dificultades para masticar por el canal ordinario con pluscuamperfecta imperturbabilidad. Pueblo de cultura de gacetillas y alimento de telerrealidad, y discurrir de prensa oficiosa, y el chirrión lamentable de los políticos.

Recuerdo a Ganivet: “A tal punto llega nuestra ignorancia y nuestra desidia, que hasta las cosas de nuestro propio país nos suenan a extranjeras en cuanto se apartan unos cuantos kilómetros del lugar de nuestro domicilio”.

Un español típico apenas logra escribir sino con trazos gruesos, con caracteres sin regularidad y ornamento arcaico. Y apenas piensa apoyado con hormas de negra cucarda. Ideas canijas, picudas (para herir o hacer daño), descuidadas, falsamente suntuarias, viejas, tópicas y sin gracia. Ideas con ruido de azadas, no de azadas agrícolas frescas, sino de azadonazos para rajar las traviesas y las cabezas. Qué brutos somos.

Brutos. Sin ecos de biblioteca y estudio. Aquí nadie, como Richard de Fournival en 1250, comparó la biblioteca ideal a un “hortus conclusus”, un jardín cerrado. Ni “Honra y prez de todo el orbe; tú, la porción más ilustre del globo”, ni “Pues esta España que decimos tal es como el Paraíso de Dios”: no, esperpento valleinclanesco. Ya escribió Agustín de Foxá que estamos “condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote”.

España: nadie entre aquí que sepa geometría.

Diario del zalapastrán 91

Un OBJETO o COSA, además de una clase de materia, también tiene una forma o espíritu, inaprensible e inconsútil en apariencia, pero real, porque al objeto se le asocia un símbolo (y recordemos que A es símbolo de B, si A representa a B de una forma natural o convencional), una emoción, una potencia, una intención o disposición, un mito, una alegoría, un fetiche, un aura, y tantísimos componentes más. Una cosa es un artilugio multifactorial, con dimensiones tanto concretas como abstractas.

Jabones, detergentes, vinos, refrescos, coches, televisores, sofás, libros, fotografías, móviles, collares, relojes, cazadoras, guitarras, pulseras, sábanas, ordenadores, etc…no son solo lo que son, sino las múltiples connotaciones que significan, no son solo los objetos a que se refieren o que designan, sino también la forma de hablar o de presentarse esos objetos.

Sentada esta distinción elemental, expongamos un poco alguna idea básica sobre la dimensión mítica y aurática de algunos objetos.

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A. Cualquier objeto, concepto o idea es susceptible de convertirse en MITO. Hay muchas cosas donde es casi imposible discernir la cosa del entramado de ideas que conlleva. Mi primer axioma es: COSA=MITO.

-Hay objetos que se convierten en mitos, y mitos que a su vez definen LA SOCIEDAD DE CONSUMO DE MASAS. Notemos que el coche, el periódico que leemos, la ropa que usamos, por ejemplo, distinguen un sub-mito social; nuestro status dentro de esa sociedad de masas. Y a su vez sobrevuela un meta-mito, o mito de mitos, el mito que afirma que comprar es igual a ser feliz, el gran mito de las sociedades liberales. En personas con pocas defensas y vacío existencial, el impulso de comprar, la compra en sí misma, y, como colofón, una orgía de culpabilidad por lo comprado, son un frecuente mecanismo de conducta.

-Hay objetos que se convierten en mitos y mitos que a su vez definen constantes de la NATURALEZA HUMANA (señalan aspectos de la soledad, amistad, amor, compañía, del placer, dolor etc…) Nuestra estructura antropológica tiene un claro isomorfismo con los productos comprados o con aquello que anhelamos comprar.

Los objetos son instancias míticas y recordemos que los mitos contribuyen a interpretar, conocer, explicar, comprender, describir y predecir el mundo en que vivimos y, de rebote, a nosotros mismos. Gracias a las cosas, por una suerte de arqueología mítica, conocemos al mundo y conocemos a la naturaleza humana: las cosas nos forman, deforman, informan, conforman y reforman.

B. Los objetos, asimismo, tienen un hálito, aliento, un efluvio, un soplo. Mi segundo axioma es: COSAS=AURAS.

Para Walter Benjamin: “el aura propiamente hablando es una trama particular de espacio y tiempo: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse”. Hermosísima definición.

El arte ya no es único, reflexionó el filósofo, en nuestra era de la reproductibilidad técnica. Se puede reproducir prácticamente todo menos el aura de la obra de arte. Debido por un lado a la pérdida de unidad (una consecuencia tecnológica), y por otro lado a la pérdida del momento creativo, es decir, ese momento de la afirmación artística individual.

En nuestra vida personal podemos dividir nuestros objetos o adquisiciones, forzando un poco la terminología de Benjamin, en posesiones con aura y posesiones sin aura. Estas primeras, son cosas que están configuradas, o a las que se les asigna, algo así como una experiencia artística, estética, ritual, única, cercana, religiosa. Cosas resignificadas debido a avatares de nuestra biografía, y no meras y neutras manufacturas, o meros trozos de materia.

Una maquinilla de afeitar y la foto de mi madre adolescente apoyada en una Vespa (mi madre murió recientemente) tienen tonalidades emocionales opuestas, la segunda, además, perviviendo aureolada.

Las cosas importantes son prótesis de nuestras ánimas.

Diario del zalapastrán 90

LOS LIBROS: TODA LA BELLEZA DEL MUNDO

Libros, carne blanca y no de tierra. Dan felicidad como si se celebraran veladas, comedias, tómbolas, coros, jiras…Tabletea huesuda y áspera la carraca de la catedral, los libros duermen. Son acuarium de peces del Jordán, sal que aviva el fuego, volante gomoso con que juegan los niños, bellas doncellonas de aldea. Paseo por mi biblioteca y siento la gravitación física de los libros, despiden una luz de chal iluminado por una claridad crujiente y plisada, como cerámica por donde ruedan peonzas verdiazules. El amor a los libros impone el amor a la libertad. Qué gozo la lectura hedonista, la lectura sin propósito de aprender nada. Mi biblioteca gotea de sol, de rayas grandes de flores amarillas. Flechas envenenadas de gusto. Puestecillos y tiendecitas de libreros modestos, grandes bibliotecas nacionales. Todos los libros, estén donde estén, están bañados de un perfume radiactivo. Oh libros, vestiduras de emperatriz bizantina, toda la belleza del mundo.

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LA NOCHE DE LOS LOCOS

Aire soñador de sueños que pesan una tonelada. Un apetito que engulle miedosos bueyes. Pelucas para exhibir tu materia gris repujada de espesuras. Objetos pequeños y estrechos, puntiagudos y de filo cortante, que vacían el corazón, que provocan que los espectadores se agachen y huyan. El esplendor de la fealdad, las voces, la viveza de los delirios, chirridos, el ruido de ratas, los arcanos infernales, los esmaltados cuerpos de mugre, la solidez o plenitud deshilachándose, el juicio empeorando hasta el desvarío…

Pero también atisbas dones de luz que explotan, el suave calor de la noche que madura, polainas, gatos y grandes orquídeas, la voluble ternura incubando palabras individuales, el capuchón sedoso del corcho del champán, cuajadas centellas de elegancia misteriosa, cercanía de un mundo bucólico de hortelanos, el amohinarse de los demonios de los discos de la Luna color de cera, la recortada niebla temblante en la serranía, las panteras color zafiro de brillo entelado, los leones color hierro gótico, el tintineo en el anticuario de los dracmas.

Esta es la noche. Quien la probó la sabe.

Diario del zalapastrán 89

Vivimos tiempos de grisalla atroz y mediocridad embarazosa. Donde la prudencia se confunde con la pusilanimidad, la expresión culta con la pedantería, la moderación con la cobardía, la sensibilidad con la cursilería. Donde el carisma sustituye a la idea, el tuit al argumento prolijo, el espectáculo a la inhibición. Tiempos anubarrados que pretenden igualar la campechanía con la ignorancia, la espontaneidad con la descortesía, la tiranía con la autoridad. Tiempos privados de grandeza en que ocupan el escenario público indocumentados histriones. Tiempos achaflanados donde la EDUCACIÓN devino un desastre sin paliativos.

Educación copada por vaporosos diletantismos, por innovaciones y experimentos sin ton ni son, por el desprestigio de los contenidos intelectuales y el conocimiento a favor de la dictadura motivacional y emotivista. Educación donde pululan coachs irracionales y deslenguados, evangelistas tecnológicos, charlatanes desbocados, ineptos pedagogos y psicólogos, masajistas del ego de los alumnos. El estrépito no deja espacio para que reposen la razón, la ciencia y las evidencias. Se rebajó drásticamente el nivel de exigencia, se iguala en la mediocridad, se tienen aversión al mérito y el esfuerzo. Los nuevos tiempos educativos son bobalicones, buenistas, facilones, propios de la peor superchería, gaseosos, incompetentes, populistas, antiilustrados y, en el fondo, reaccionarios.

Efectivamente, reaccionarios. Porque los ricos siempre podrán sufragar una buena educación para sus hijos, y, si la escuela deja de ser un ascensor social, los pobres seguirán siendo clase subalterna y explotada o manipulada. Creo que nos quieren a todos ignorantes. Dóciles y sumisos. Moldeables a criterios ajenos. Que nos guste lo que no nos gusta pero a ellos les gusta. O acaso hay otra razón, más huxleyana: quieren que no aspiremos jamás a la sabiduría, a superar el nivel mental de una ameba, que no haga falta que nos prohiban los libros porque detestaremos leer, que nos convirtamos una sociedad dichosa en su ignorancia, hipnotizada o sedada con la televisión, el fútbol, las redes, la droga etcétera. No pretendenten manipularnos, sino hacernos a todos felices. Idiotas, pero felices. Imbéciles en su capuchón de idiocia feliz. Zombis felices pero que no sepan hacer la o con un canuto. La educación en España (y no solo aquí) conspira para cumplir a rajatabla, línea a línea, esta distopía.

Diario del zalapastrán 88

ESTHER’S VOICE. IN THE MANNER OF A PROSE POEM

Como la prolongación de la luz, desde la claridad de la bahía hasta el misterio de la médula del saúco. Como un adormecerse los peces de Moctezuma. Como un zipper descorrido por una reina tebana, y Venus flotando por entre bordes blancos, como una columna de ceniza que late en la branquia, y ser vislumbre de perla, y cinta de seda, y solideos rojos. Como trucidado, enrodado, roto a martillo trozo de mármol para que nazca una chalupa de pesca, una salina roja, o candelabros y vajillas. Como un corderillo bien nutrido, de hermosos y espesos vellones, con sus lanas de color violeta, y ser palabras vagabundas, y veranos, y otoños, y el revolotear de un cacharro por la habitación cuando nace el alba. Igual al enojoso tropiezo de un gato dormido. Como se debió sentir Pompeyo en las victorias según nos relata Tito Livio. Voz hacinada sobre almohadones en antros luminosos, voz protegida de los gases lacrimógenos y las pelotas de goma. Voz de juego malabar y daiquirí sin azúcar y mucho limón. Como la cábala en el reverso de los cuadros de Durero. Como una sanguijuela que muerde sin boca. Como pelo pajizo embalsamado en platino verdadero.

Diario del zalapastrán 87

Ante el mundo feliz apandillado, reivindico la soledad y sus enseñanzas.

Rumiando en tu cuarto en penumbra, solo en el café vacío o en el bosque, atisbas o vislumbras dos verdades complementarias, a saber, que el mundo es terrible y colosal en su belleza, y que la mayor parte del tiempo ese mundo es frío, monótono, aburrido, indiferente, incoherente y nervioso. Languideciendo en soledad, acaso teñido de angustia, te posee la vaga sensación, al menos a mí, que todo es precioso porque muere, que no puedes asir nada, que todo existe solo un instante.

Asimismo, en soledad justiprecias las rutas de la vida, sabes que no es obligatorio adaptarse de mala gana a las demandas y exigencias cotidianas, a la vida reglada y burocrática.

Gracias a la soledad asumes que eres un ser único, que nadie más puede vivir tu vida por ti. Tú eres finito, el centro neurálgico fundamental, por lo que debes ser auténtico y no desaprovechar las potencias de la vida.

***

A menudo medito estirado en la cama. Desciendo a la fría sima de mí mismo. La mayoría de mis errancias mentales no son especialmente nobles, ni importantes ni fructíferas. Pero a veces aparece una buena idea o fulge un estado contemplativo singular.

Uno de ellos es ver la similitud entre mi yo y el universo: el universo es incomparablemente más grande de lo que suponían nuestros antepasados, yo soy incomparablemente más grande de lo que suelo suponer. La Tierra y los hombres no ocupan el centro del universo, yo no ocupo el centro del universo, ocupo un lugar absolutamente gris y provinciano. El universo es un proceso dinámico en perpetua transformación cuajado de explosiones y cataclismos; la analogía conmigo es autoevidente. En el universo aumenta la entropía, algún día todos los hornos del universo se habrán apagado y todos los procesos habrán concluido; hacia ese frío y uniforme agotamiento final camina inexorablemente el universo. Mi destino camina también hacia ese frío final.

***

MÚSICA DE LAS ESFERAS

Y en la superficie de cada círculo
hay una sirena, que gira con los
círculos, cantando himnos sobre
un solo tono. Las ocho sirenas
juntas forman una sola armonía.

«Para Pitágoras “la contemplación
simpática apasionada” era intelectual
y desembocó en la ciencia de las
Matemáticas…. Para los admiradores
de Pitágoras la Matemática conservaba
un elemento de revelación extática. …»,
Proclo de Licia, Comentarios al Libro I
de “Los Elementos” de Euclides.

Hay música en los espacios de las esferas.
HE DESPERDICIADO MI VIDA.

***

POETAS DE ORDEN DE CÓDIGO CIVIL

Frailes y monjitas jesuatos,
sin lefa en la canción,
un si es no es pazguatos,
versitos al toque del trombón,
pero vómito de clorhidratos.