
CUEVA
Todo es agrio en esta cueva
donde me he metido. Nada
veo, no tengo cerillas.
Todo el pueblo se metió
en la cueva, voces extrañas.
Alguien dice: “Christian, vuelve”.
Envidio la luz del mediodía,
pero no puedo salir del antro

CUEVA
Todo es agrio en esta cueva
donde me he metido. Nada
veo, no tengo cerillas.
Todo el pueblo se metió
en la cueva, voces extrañas.
Alguien dice: “Christian, vuelve”.
Envidio la luz del mediodía,
pero no puedo salir del antro

VIENTOS
El mistral me prometió un amor, acecinar,
la tramontana me lo desmintió, jerapellina,
el lebeche me lo aparta, nefelita y ñomblón,
el poniente me lo ignora, zaino y zonzo,
yo, escéptico, lleno mi boca de gominolas.

EQUILIBRIOS
Estoy solo en casa, como un animal, hibernando,
casi ni veo el sol -las persianas bajadas-,
me cepilla un poco la luz al amanecer.
Muy al Sur de mi cuerpo, goce y serenidad.
Cómo me joden aquellos que lo han tenido
todo y no valoran nada, y qué dura es la
vida de fajador, mantenerse derecho
mientras todo se tuerce. Pronto de noche.
La noche verterá su sangre sobre el cielo
de la albada, como aquella daga que
apuñaló a Marat. El poniente me ignora.

EPITAFIO
Huésped, detente y lee atento:
aquí yazgo, alguien que, pese a
aguzar su razón, se volvió loco.
Y amargado por la penosa pobreza.
Amé el caliente y poético Arte,
al griego, y el grabado de Dürer:
“San Jerónimo en su gabinete”.
Pero morí por intentar abrazar la Luna
reflejada en el amado río Miño.

PESSOA
Oculto en carne, cuerpo y espíritu
(argonauta que teje y desteje su propia
telaraña), puente de Ten-Shin y puente
de Brooklyn, poeta absoluto, vacío
de la unidad, Servet y Torquemada,
fuiste redondo y entero, Maestro,
en cada una de las liturgias, que,
como un espectral faquir, nos disolviste.

ALBADA
Como un centauro galopé a la scort;
su vientre, aroma marmóreo de magnolias,
su sexo, día y noche de sueños o quetzales.
Ella era un coral que conmovería a cualquier rey,
princesa libia o alejandrina, ceniza o fuego.
Todo, el hotel, la ciudad, la Luna,
se han vuelto sensación para mí,
recuerdo que honrará mis últimas horas.

DÍAS DE 1992
(Kavafis)
Olimpiadas de Barcelona. Paseos nocturnos
entre el Parque Güell y la Plaza Lesseps sin dejar
de besarnos. Labios tan pronto perdidos
que no volví a encontrar nunca más, labios
de pronto olvidados en la noche cerrada de la ciudad.
Que casi fueron míos y no reencontré, frescos
como espumas, cálidos y solitarios como ramas
de julio, como péndulos y frutas verdes,
aquellos labios que no logré volver a besar más.

DESEO DE SER PIEL BLANCA
(L. M. Panero)
No se extinguen los centauros en la planicie
y el Cielo es golpeado por la aldaba de la Luna.
Deseo de ser piel blanca.
Estampido de búfalos y jinetes, universitarios
y políticos, ingenieros y banqueros, mientras
se enamoran de rubias operadas con los
labios apisonados como pochas grosellas.
Deseo de ser piel blanca.
Las serpientes enroscadas bajo las piedras
no se distinguen del general Trump.
Y reverdece el trote de Europa en cientos
de grafitis: “Sitting Bull vive”. Deseo de ser
piel blanca. Lo hicimos lo mejor que pudimos.

IMAGEN DE LA RIBEIRA SACRA
(Ezra Pound)
Oh ejecutivos con Master Business Administration,
taimados fatuos desmedidos, infelices irrevocables,
he visto jornaleros sudando en la viña,
en la tasca tomar licor tras licor, con sus manos callosas,
he visto su retranca sardónica y mordaz,
y ellos son más felices que vosotros,
y yo soy más infeliz que ellos,
y las vacas pastan como Séneca filosofaba
sin poseer sederías, miriñaques, ni siquiera Guccis.

CORONA DE SU MAJESTAD MARÍA ANTONIETA
(Pound)
Corona de oro platino con brillantes
como angulas de plata nadando en el río,
innobles bacaladeras y verduleras se la intercambian
y a usted también la dejan de lado los dioses.