Libro dos desabafos 33

Consistentes y completas ideas de Guillermo Carnero: «Pero lo que no era esperable es que la cultura iletrada creciera como un tumor hasta ser dominante, lo cual ha sido posible porque la cultura letrada ha perdido la batalla de la comunicación. Y mientras la degradación de la educación impedía la formación de anticuerpos defensivos, la cultura iletrada ha dispuesto a su antojo de los medios de comunicación de masas, la televisión y las llamadas redes sociales.

El analfabetismo de ese mundo paralelo ha evolucionado hasta convertirse en la cultura de quienes carecen de otra. Sus víctimas son millones, y resulta un referéndum cotidiano en el que la calidad es sustituida por la popularidad descerebrada, y descubren subproductos que pueden digerir sin esfuerzo, con cuya mediocridad se solidarizan porque reafirma y ennoblece la suya
«.

También me hubiera gustado escribir este poema suyo EXACTÍSIMO:


LECCIÓN INAUGURAL DE HIMERIO. MAESTRO EN ATENAS (368 A. D.)

Si tenéis que entenderos con los bárbaros,
sabed que os temen y os envidian: odian
lo que escapa a la fuerza de la espada y el número.
No les habléis de Homero, de Virgilio,
de Cicerón o Píndaro; creerán
que los vais a aturdir con algún truco
con una jerga oscura y misteriosa.
Mencionad sólo aquello que conocen,
con estilo patético y humilde:
anécdotas comunes del mercado,
la cocina, el corral o el dormitorio.
Los ignorantes toman por verdad
el grado más pueril de la retórica.

Guillermo Carnero, Regiones devastadas

***

Uno es un escritor diletante enfrascado en sus cosas. En mi biblioteca todo es orden y belleza, lujo, calma y voluptuosidad. Rodeado de libros, sitiado en el gabinete de trabajo, cómodamente instalado en mi aposento amplio, se mueven libremente mis pensamientos. Allá, en el tumulto indecible, la indiferencia a la Cultura, el Espectáculo del Desierto Oscuro, la decoración de la colmena zombi.


CAMINANTES POR LA EDAD MEDIA

La Persia de los Sasánidas invadida,
China con mongoles y tártaros manchúes,
alumnos ridiculizando a la ciencia
y la doctrina. Nadie es capaz de sostener
una disputa
quodlibética porque su espíritu
arrastra moneda común y una competencia
rutinaria solo particular. Christian, sigue al ritmo
solemne del alba, empavorécete de tu esencia.
Hablaste con los hombres: quincalleros de
vocabulario pobre con frases cortas y mandriles.
Dentro de poco los no bárbaros seremos
catalogados dentro de un trastorno psicológico
y conducidos a campos de reeducación.
Exíliate complacido por no participar del crimen.
En la Gran Guerra los hijos de Cambridge
dejaron viuda a Europa. Vosotros la rematasteis.

Libro dos desabafos 32

(Balance)

Que la trompeta del juicio final suene cuando quiera; he sido. A diferencia de la pirotecnia que no suele dejar cicatriz ni huella, aspiro a ser releído, aunque sé que el problema estriba en que el lector no dispondrá de tiempo para ello. Un siglo más con toda esta gentuza y las palabras hederán.

Puedo decir que mi moralidad estuvo respaldada por la estructura estable del universo, con el compromiso último hacia aquello que tenía el poder de transformarme. Cerré la mente sobre lo sólido. Honré los reinos ricos de la experiencia humana. Sé de la norma significativa que han constituido mis experiencias. Y no es baladí y es de oro. Puedo esta noche nerviosa rumiar tumbado en la cama. Y relajarme complacido. El balance satisface.

El oficio de escritor es grande y delicioso, si uno se siente digno de salir airoso en lo que emprende; pero no está exento de trabajo, de penalidades ni de inquietudes. Yo no fui de los peores.

Libro dos desabafos 31

“Muchos que han dedicado toda su vida al amor pueden contarnos menos sobre el amor que un niño que perdió a su perro ayer”, Thornton Wilder.

“Para disfrutar en verdad de un perro, no se debe tratar de entrenarlo para que sea semihumano.

El punto es abrirse uno a la posibilidad de ser más perro”, Eduard Hoagland.

«Lo que me hace tan grata la sociedad de mi perro, es la transparencia de su ser. Mi perro es transparente como el cristal. El perro, único amigo del hombre, tiene un privilegio sobre todos los demás animales, un rasgo que le caracteriza y es ese movimiento de cola tan benévolo, tan expresivo, tan profundamente honrado. ¡Qué contraste a favor de esta manera de saludar que le ha dado la naturaleza, si se compara con las reverencias y horribles arrumacos que cambian los hombres en señal de cortesía!», Schopenhauer.

Libro dos desabafos 30

 

“Blas tenía la cabeza pequeñita y muy apepinada y era bisojo y algo dentón, calvoroto y pechihundido, babosillo, pecoso y patiseco. El hombre era un tonto conspicuo, cuidadosamente caracterizado de tonto; bien mirado, como había que mirarle, el Blas era un tonto en su papel, un tonto como Dios manda y no un tonto cualquiera de esos que hace falta un médico para saber que son tontos”, Cela.

***

Ésta es la información, éste el proceso

del hombre que ha de ser canonizado,

en quien, si es que vio el mundo algún pecado,

advirtió penitencia por exceso.

Doce años de su suegra estuvo preso,

a mujer y a su sueldo condenado;

vivió bajo el poder de su cuñado,

tuvo un hijo no más, tonto y travieso.

Nunca rico se vio con oro o cobre,

vivió siempre contento, aunque desnudo,

no hay incomodidad que no le sobre.

Moró entre un herrador y un tartamudo,

fue mártir, porque fue casado y pobre,

hizo un milagro, y fue no ser cornudo.

Quevedo

***

En las reuniones, mesas redondas, simposiums, conferencias, debates de escritores, fluye una pendencia papanatas, se arma un tiberio de memeces. Mitigan o disimulan sus carencias con desplantes y dotes de actor; en efecto, parieron los montes y nació un ridículo ratón. Abrutados zopencos, bobos desmañados y torpones.

Covarrubias cre que «tonto» procede de la palabra latina «tondus», que significa «vacío», puesto que al tonto se le supone la cabeza hueca y vana. Al latín recurren también aquellos como Francisco Sánchez de las Brozas, El Brocense para los amigos, que ya en el siglo XVI opinaban que proviene de «attonitus», participio de «attonare», compuesto a su vez por «ad tonare», que vendría a significar «quedar pasmado o atontado». Y lo explicaba aludiendo a que el tonto parece estar siempre en estado de asombro o espantado, como si estuviera en mitad de una tamborrada furiosa que ríete tú de la de San Sebastián o la de Calanda. O de «tunditus» («vapuleado», «molido a golpes»), opinan otros, porque con el tonto todos se meten y suele recibir los palos. Incluso al griego nos remiten algunos, como nos recuerda Pancracio Celdrán Gomáriz, recogiendo las teorías que lo hacen venir del vocablo heleno «tonzorizo» y que originó la expresión antigua de «tonto del rizo», si bien también nos recuerda que esta explicación es la menos probable de todas. Pero lo que sí hay son muchos derivados y formas de llamar tonto según las provincias: «atontolinao» y «atontolinau» en Salamanca y Mérida respectivamente; «tontuso» en Toledo; «tontarrilón» en Badajoz o «tontera» en Castilla son solo algunos ejemplos, todos ellos con diferentes matices e intensidades: desde el más simple hasta el más superlativo.

Ignoro si se me tachará de fastidioso y exagerado. Pero engordan la tontería los escritores, con una tontería franca y pelada. Buenos mozos, colorados como un flamenco, pescuezo corto y doble cerviguillo. Ignoran lo que ni el clérigo más zote de la montaña (pero se pavonean de sabihondos) Sablistas, pero vagos, avaros, pero sin dineros. Gritón en el café como un tropel de caballos en estampida. En lo íntimo se creen genios, y lo más que dan es para folleto de oficina de ferrocarril o papel din a4 barato. Esporo no fecundado. Coicos y corcobados. La parpaña de la inteligencia. Perfectos mediocres.

Escritor, parvo de entendederas. Panoli, pipo, melón, pavitonto. Por su parte, en su tratado «Des maladies mentales considérées sous le rapport médical, hygiénique, et médico-légal» (originalmente publicado en 1838), Jean-Étienne Dominique Esquirol no solo incorporó en el lenguaje médico a la imbecilidad o al idiotismo entre las formas de la enajenación mental atribuibles a la impotencia o debilidad de las funciones intelectuales, sino que además distinguió la imbecilidad y la idiotez como especies de degradación de la inteligencia humana. Sus modelos en la investigación fueron los escribidores.

En el libro de Jean Baptiste François «Descuret La Médecine des passions, ou, Les Passions considérées dans leurs rapports avec les maladies, les lois et la religion» (originalmente publicado en 1841), encontramos una sistematización de todo este saber médico-legal sobre las supuestas enfermedades intelectuales, en el cual cada término constituye un grado descendente de la razón hacia el idiotismo pleno y congénito: la imbecilidad («imbécillité» o, en latín, «imbecillitas») corresponde al debilitamiento de las facultades intelectuales de individuos que tuvieron su razón cabal y pueden dar muestras momentáneas de memoria, atención o juicio; la «tontería» («bêtise», «stultitia») consiste en una forma de idiotismo que exhibe tenues fragmentos de inteligencia y capacidad de hablar; la «estupidez» («stupidité», «stupiditas») es la forma de idiotismo que exhibe solo algunas percepciones y sentimiento de las necesidades físicas; por último, el «embrutecimiento» («abrutissement», «amentia») sería el estado más abyecto de la condición humana, en el cual ni siquiera se dan percepciones o sentimiento de necesidades (Descuret, 1857, pp. 147-148). Grados que dedujo de la obserbación avisada de literatos varios.

El tonto cree que es sabio, pero el sabio se sabe tonto (dicho de Shakespeare que cruzó su obra hasta los refranes y giros populares) Menos famoso es esto de Barby d´Aurevilly: «Cuando la vanidad está satisfecha y lo demuestra se convierte en fatuidad».

***

La mosca se posó en el dorso de la mano derecha del escritor insigne. La mosca anda unos centímetros y se posa en el tintero (extravagancia del escritor para narrar en la tertulia esto de las plumas y los tinteros). Lo más parecido a una mosca mojada de tinta es un monito charlatán. Medio centímetro más y habría que sacrificarla de un arponazo. O mejor dejarla agonizante sobre la pista barnizada del escritorio, por si resucitaba como Lázaro y se quedaba dorada con el polvillo de la mente del polígrafo. Gracias a la mosca su gloria tenía ahota un espectador zoológico no humano. No cabía en sí de alegría el Premi d´Honor de les LLetres Catalanes.

***

«Papamoscas», según la RAE, masculino coloquial de papanatas. Se emborronan papeles, pantallas. Sobramos todos.

Libro dos desabafos 29

El ruido de la incultura gotea, tenebroso.

La Cultura o Grandeza es a veces una bendición, pero por lo general una conquista. La incultura, una nube de ruidos donde estamos inmersos, flujo y reflujo de rocas, nos empapa y rompe la crisma. El auténtico color de las cosas se alcanza sabiendo. Despertemos de esa gran pesadilla.

Se concibe como un contrasentido monstruoso la mera idea de una Alta Cultura compartida por todos, elaborada a la medida y afán de todos. La Cultura requiere un aprendizaje específico, elaborarla o “consumirla”, tiene algo difícil y manifiestamente artificial. Resulta, por decirlo así, un trabajo complejo. La cultura de masas o cultura masiva o cultura popular cotidiana, parece consecuencia de la mera espontaneidad. Algo frívolo, festivo, y ocioso (en el peor sentido de la palabra) Rebaja necesariamente los estándares de gusto y calidad, con concesiones “populistas” al gusto fácil. Subsume a la Cultura Universal en una cultura aldeana metropolitana. El gran público rehúye además potenciales estéticos renovadores. La promiscuidad cultural en la que caímos los de mi generación al final crea “confusiones”, es decir, nos impregnamos de ese nuevo espacio cultural llamado “midcult”, o forma mixta cultural de lo alto y lo bajo, para llamarlo brutamente y sin matices.

La cultura de masas es MERCANTIL. Cada producto se inserta en el nicho de mercado que le es propio, dando lugar a que las voces individuales sean cada vez más raras. El escritor modula su voz DENTRO del fértil mercado. El departamento de marketing de una editorial deviene algo como formado por los míticos miembros que integran el comité editorial de la Pleiáde.

Reflexionemos en estas palabras políticamente incorrectas de Villena, pero creo que audazmente verdaderas:

“Era un desprecio [a la cultura durante el franquismo] idéntico al actual: el desprecio que tiene el poder. Lo malo de la dictadura es que no existía libertad, pero la cultura se respetaba formalmente —especialmente en el exterior—. Incluso más que hoy. Hoy hacen lo mismo: la respetan de puertas afuera, mientras que de puertas a dentro la desprecian ¿Has oído algún presidente del gobierno hablar de cultura? Ni socialista, ni de derechas… son desprecios mutuos. Es más, desgraciadamente hay que decir que el nivel cultural de la época de la dictadura era mayor que el de hoy, eso lo sabe todo el mundo. Yo acabé el bachillerato de letras con una cultura que no tienen hoy ni siquiera los que han acabado Filología Clásica. He dado cursos de posgrado, ocasionalmente, y les he tenido que explicar cosas que yo sabía ya a finales de bachillerato. No es una casualidad; todo el mundo lo sabe. El nivel cultural en España es bajo hoy en día, y mucho más bajo que el de la época final de la dictadura. Esta no era igual en los años 40 que en los años 60”.

Y este extracto de entrevista a José María Álvarez:

“¿Qué opinas sobre el papel de la cultura en la sociedad actual? ¿Crees que todo se ha desvirtuado por culpa de una generalizada pérdida de valores, por la llegada masiva de sociópatas al poder, por la democratización de la cultura llevada a cabo por los mass media?

Sí, bueno, claro que sí. Yo creo que se está produciendo un fenómeno en el mundo (esto no es solo aquí en España, está tal cual en Francia, Estados Unidos, y en Alemania y en Italia) un fenómeno en que lo que había sido, hasta nosotros, quizá, ansia de saber, de conocer, de buscar lo excelente, ha ido dando la vuelta, reculando, e incluso quizá esa búsqueda de lo excelente, hoy, en este momento siniestrísimo, a mucha gente le tira para atrás, lo acusan de elitismo (dicen los muy sandios) y no sé qué, y tal. Y eso lo que produce es un proceso de incultura generalizada. Esa incultura generalizada, esa amnesia histórica, lleva a que evidentemente los productos que salen por ahí a mí me resulten de poco valor e indiferentes. Yo soy bastante pesimista. Claro. El pesimismo, notémoslo, no deja de ser otra tontería, porque en cinco minutos el mundo cambia. El mundo cambia y de pronto, sucede algo y resulta que empezamos un renacimiento de cualquier cosa, pero sí soy pesimista porque no lo veo venir todavía ¿Obvio, verdad? Pero a corto plazo no lo veo, insisto. Y lo que estoy viendo, ya te digo, en toda Europa, no solo aquí y en Estados Unidos, lo que estoy viendo en universidades que para mí eran importantes focos de grandeza, son parodias convertidas en un desastre más paródico todavía. Arrastradas por la ideología de género, arrastradas por el multiculturalismo, arrastradas por el resentimiento más cerril. Una Universidad con la que tuve mucho contacto -he dado allí una conferencia e incluso estuve en un college, me refiero a Cambridge- en estos momentos no tiene nada que ver, ni por asomo, con las nieves de antaño.

¿Crees que vivimos en un tiempo de mediocridad, de mentira, el tiempo del plagiador, del arribista, un tiempo que canta a lo vulgar y decadente?

Totalmente de acuerdo.

¿Por qué estamos como estamos? ¿A quién podríamos culpar?

Hay muchos enemigos ¿no? Pero, ¿cuál sería el principal? El principal, probablemente, es esa extraña sensación que ha inundado e invadido a muchísima gente, yo te diría que de suicidio. Como le está pasando a Europa, que se está suicidando, culturalmente, acaso no solo culturalmente, se está suicidando vitalmente; Europa se está suicidando vitalmente (el problema del islamismo en Francia lo veremos pronto en España, al tiempo) Asistimos a modificaciones de formas de ser, de formas de comportarse, a modificaciones incluso lingüísticas, que nos sumergen en una extraña pesadilla ¿no?

Y lo que has dicho antes, estoy conforme con todo: mediocridad, etcétera, etcétera, son los reyes y ucases del momento.

En alguna ocasión te has manifestado en contra del mundillo intelectual español.

No. Del mundillo intelectual español, del mundillo intelectual francés, del mundillo intelectual norteamericano y del que quieras”.

***

La Alta Cultura es un portento difícil, un placer arduo, una excelencia rara. Si no te gusta Proust, el problema no es de Proust, es tuyo. La Alta Cultura es un hecho aristocrático, refinado, reluctante y apartado de las muchedumbres. Heráclito: “¿Por qué queréis arrastrarme a todas partes, oh, ignorantes? Yo no he escrito para vosotros, sino para quien pueda comprenderme. Para mí, uno vale por cien mil, y nada la multitud”.

Inútil la insistencia en Barbie o de los ciberfans por alabar Tik Tok, frente a Nabokov y Musil y Lucrecio. Demasiados novelistas de Grub Street ahuyentan a los lectores serios, que debemos vivir ocultos y avergonzados. Pero resistimos sabedores que siempre es dable un renacimiento carolingio.

***

Acojo mis platitos golosos en actitud ceremoniosa. Cuido el jardín. Aspiro a la elegancia y limpio la cubertería, aunque la plata esté algo mellada. Solo deseo el Amor con prostitutas desde que cae el sol, mi vodka con zumo de naranja y el dibujo de Botticelli sobre el canto VI del Paraíso.

Un mozo de cuerda no es nunca ni será nunca una reina.

Libro dos desabafos 28

A MODO DE RECUERDO

Instante,

me refugio en ti, instante,

y en absoluto me importa

en el garaje alojar a un portaaviones

ni al Bósforo en la cartilla de ahorro.

El instante en que Marie-Thérèse

profirió estas palabras:

“¿Mis propósitos para la vejez?

Solo me gusta Virgilio, bromear,

y dejar de lado el sentido común”.

Amarillo el verano.

Blanco el invierno.

Rubio el otoño.

¿Estoy solo aquí?

Libro dos desabafos 27

Día tranquilo, de metrónomo y tila. Abusé de la Coca-Cola, y ahora creo que padezco una intoxicación de cafeína. Mezclo recuerdos y digo lo contrario de lo que pienso.

[   – Y eso que -dijo- hablaste perfectamente, Agatón. Pero dime aún un detalle: las cosas buenas, ¿no te parece que son también bellas?

– Lo que es a mí, sí.

– Entonces, si Eros está falto de las cosas bellas, y las cosas buenas son bellas, ¿también de las buenas estaría falto?

– Yo -dijo-, Sócrates, a ti no te puedo contradecir: ¡pues que así sea: como tú dices!

– Es que a la verdad no puedes contradecirla, querido Agatón; puesto que a Sócrates, no resulta nada difícil (contradecirle)…

Nota bene: Agatón acaba de proclamar las excelencias de Eros. Sócrates se dispone a hacerle una serie de puntualizaciones para mostrar que ha hablado sin fundamento, pero antes le dice con ironía que habló “perfectamente”, es decir, dando a entender que de hecho no ha sido así. Igualmente, cuando Agatón le reconoce a Sócrates que no hay manera de rebatir sus argumentos, él lo niega con ironía, pues sabe que de hecho es también así, y además provoca sutilmente más convencimiento en su interlocutor. Esta ironía forma parte de la caracterización que Platón compone de Sócrates. La ironía forma parte de la caracterización que Christian compone de Christian   ]

***

Camino lento por una Florencia remota (guardo un recuerdo de ello nitidísimo), un tumulto de formas y colores fantaseadas en La Biblioteca Mágica. Mi obra es como una lámina oriental, como una mezquita color bermejo sobre un muro de hierro. Meritorio y fecundo, fue y será mi juicio divinizado. Una pestaña negra cubriendo a las páginas reidoras. Venid, compradme la cristalería de Murano. Hay noches de carnaval, gatos de Hume, ornitorrincos de Kant, Valéry llevando crisantemos al Panteón de Voltaire, el Tiempo del Amor Eterno (vedado al vulgo), la holgazana incapacidad para tantear las pruebas que definen la genialidad (también vedadas al vulgo), está escribiendo Gabriel Miró, atento y meditativo, su escrupulosidad, y el mar “color de vino” de Homero; alabad –si os viene a bien- el uso que perora en mi paleta, el ojo en que se espeja la nave en que por un río navego.

Mathew Arnold despreció a Byron. Escribió: “No poseía el bagaje intelectual de un supremo poeta moderno; exceptuando su genio parcial, era un caballero común del siglo XIX, con poca cultura y ninguna idea”. Pound reprendió a Wordsworth: “don’t use such an expression as ‘dim lands of peace’. It dulls the image. It mixes an abstraction with the concrete. It comes from the writer’s not realizing that the natural object is always the adequate symbol. Go in fear of abstractions. Do not retell in mediocre verse what has already been done in good prose”. Y detestó con inquina exorbitante y holgada a Chesterton. Si eso dijeron grandes de grandes, ¿con qué adjetivos me empapelarán los trotacalles mindundis de la futura (o presente) literatura? Para ellos dedico este simplón poema:

A MIS NUNCA APOLOGISTAS

El adversario elocuente auditorio

pasmado en su baño bufonesco

lame el culo a cabrones, en efecto.

Cuidad vuestra prosa de mingitorio,

rapado (raspado el coco)

de vosotros mi afán y delirio,

mierdecillas de best-seller y la UNESCO.

***

Paseo por Orense mi profundidad, intuición, disposición natural, talento, agudeza, finura, sentido estético, calor, magia, vivacidad, esa elegancia que me plagió el rey Luis XIV. Nadie me disputa la perfecta ideación de mis libros.

En la historia del progreso literario no hay enfoque más certero y hermoso que el mío. Gracias a haber asimilado el pasado me proyecto hacia el futuro. Mía la GLORIA. Hablo con el Dr. Gracia, con Moncho y Lamas, y la calle Cardenal Quevedo se transfigura en un mérito solar recurrente. Saint-Simon describe Versalles como: “El más triste e ingrato de todos los lugares, […] porque allí todo son arenas movedizas o pantanos […]. [Mansart] se complacía en tiranizar la naturaleza […], lo bello y lo feo estaban cosidos, lo vasto y lo estrangulado». Cambio la fluida penumbra de El Cercano por luz coloreada, a los babuinos políticos en matemáticos expertos en (y es la rama más difícil) Teoría de Números.

España me aburre; básicamente porque nadie se parece a mí. Merezco dedicarme un pasable -no sé- poema.

AUTORRETRATO

Con el exilio, la escritura pasó a ocupar un lugar

cada vez más importante en mi vida. Quizá escriba

un libelo satírico, una mazarinade, como las que hacían

furor en París en tiempos de Madame de Fiesque.

Pero me incita el aire puro y frío, el viento, más fuerte,

las montañas altas y los ríos largos, el vívido relámpago.

Recuerdo a Marta. El vestíbulo bamboleante y rechinante

del tren donde nos acariciábamos, la aguda turbación

de los besos como chiflados jazmines. Plata diaria.

También experimenté ese errante descenso a los

infiernos, y conocí manicomios, y al pueblo

áspero. Doy al mundo mi feliz y culposo estado.

Inteligente, en el mal sentido de la palabra. Volatín

y embeleco es la vida. Y el hombre no es bueno.

Hacia la tumba siguiendo los álamos temblones.

Como lo que rodea a una fotografía poco os he revelado;

guardo celosamente no pocos secretos.

Gorjeé efusiones de luces alternativamente azules y

rojas, onduló así mi mano entre lápices y papeles.

Escritor. Quizá poeta. Quizá sueño entre cosmogonías.

Mudé de opinión, mas no de destino.

Libro dos desabafos 26

VERSIONES DE MATSUO BASHO DESDE UN PAZO ORENSANO ESCRITAS UNA NOCHE DE INVIERNO

(Leyendo de madrugada)

Un libro viejo

se clava como tecla en la mente.

El clavicordio suena.

***

(En la planta de arriba)

Desde el lucernario

la Luna es un lobo alegre.

Escucho el valle.

***

(Sentado en la galería)

Avanti, avanti barquero,

la brisa del invierno

y el humo de la chimenea.

***

(Cosas que pasan)

Amo los jabalíes,

pero esta madrugada

en mi finca dorada…

***

(Bajo cero)

Cada gota de rocío

no cae (atada la bufanda)

del rosal helado.

***

(El orujero)

Emociones de seda

en la gloria de mi corazón.

Orujo en el alambique.

***

(Oído atentamente)

El labrego gran río Miño

arrastra nubes negras

y la niebla cantarina de febrero.

Libro dos desabafos 25

Leo «Intelectuales colectivos». Prosa deplorable de barraca, prosa infectada de bacilos y microbios. También leo al magnificente Emil Ludwig, que compensa a las líneas primeras. Así como hay westerns de ideas o crepusculares, me gusta imaginar mis diarios misceláneos como una novela de espías de ideas. «No vaig massa errat al veure-ho així». Gran desorden interior. Sol de invierno.

Como ciudadano tengo una educación caballerosa versallesca, una moral de cerrado y sacristía, mi máximo placer consiste en gozar de un paisaje solariego y un «arròs a banda» algún sábado, mi conducta asimismo es incapaz de ganarse psicopáticamente una multa de tráfico; en fin, como ciudadano soy profundamente estúpido. Como escritor, todo lo contrario. Mi idioma se elabora en un laboratorio de perfumes rebosantes de verdadera aristocracia. Mi estilo es opuesto al de la kitsch tienda de souvenirs sita en la avenida principal de una ciudad chusca y turística.

A veces tengo el prurito de que en el futuro seré descubierto. No por profesores sino por algunos pocos escritores, los hacederos del canon. Lamento la impúdica confesión soberbia. Pero no puedo no pensarlo, pese a los múltiples elementos de juicio demasiado plausibles que niegan esa afirmación.

Desorden interior, sí. Boquete y sima por la que caigo. Es triste fracasar como escritor cuando, por contraste, adviertes la mediocridad lacerante y falta de talento campanuda de demasiados de los «exitosos». En fin. El bíblico: «Nada nuevo bajo el sol».

Libro dos desabafos 24

SUEÑO Y VIGILIA

(i) «Común a todos es la inteligencia». Pero «aun siendo el Lógos general a todos, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia propia particular», Heráclito, Fragmentos 113 y 2

(ii) «Tras haber oído al Lógos y no a mí es sabio convenir que todas las cosas son una«, Heráclito, Fragmento 50

(iii) «Los despiertos tienen un mundo único en común. Cada uno de los que duermen, en cambio, se vuelve hacia su mundo particular«, Heráclito, Fragmento 89

(iv) «Uno me vale más que diez mil, si es el mejor«, Heráclito, Fragmento 49

(v) «Estad vigilantes«, Lucas, 21, 36

(vi) «Velad«, Mateo, 25-13

(vii) «¿Por qué dormís?«, Lucas, 22-46

(viii) «[….] todo lo que usted conoce es su propio mundo privado, por muy bien que lo haya amueblado con imaginaciones y esperanzas«, Nisargadatta, Yo soy eso

(ix) «Los necios, aun oyendo, se asemejan a los sordos […]Hallándose presentes, están ausentes«, Heráclito, Fragmento 34

(x) Y por penúltimo Platón, el archi-famoso (con justicia), mito o alegoría de la caverna, en «República», Libro VII, 514a-518a. Copio y pego la parte nuclear (prácticamente el mito en su totalidad)

» – Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

– Me lo imagino.

– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.

– Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

– Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?

– Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

– ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?

– Indudablemente.

– Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?

– Necesariamente.

– Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?

– ¡Por Zeus que sí!

– ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?

– Es de toda necesidad.

– Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?

– Mucho más verdaderas.

– Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?

– Así es.

– Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?

– Por cierto, al menos inmediatamente.

– Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.

– Sin duda.

– Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.

– Necesariamente.

– Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.

– Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

– Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?

– Por cierto.

– Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?

– Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.

– Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?

– Sin duda.

– Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

– Seguramente.

– Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.

– Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.

(traducción -mejor que la que puse anteayer- de Conrado Eggers Lan, en la benemérita editorial Gredos)

(xi) «Los que sueñan que están bebiendo en un banquete, al amanecer lloran de pena. Al contrario, los que sueñan que están llorando, al amanecer se encuentran divirtiéndose en el campo. Cuando sueñan no saben que sueñan. Al despertarse ven que no ha sido más que un sueño.

Sólo con un gran despertar se puede comprender el gran sueño en que vivimos. Los estúpidos se cren muy despiertos«, Chuang -Tzu (conocido y clásico pasaje de la tradición taoísta tan importante en Asia -e igual en contenido-, como el mito de la caverna en Occidente)