Libro dos desabafos 23

Empecé -oh tempora- en mi adolescencia a escribir con pluma estilográfica en cuartillas holandesas, unas cartulinas de oficina muy chulas y prácticas. Sentía el rasgar al escribir, la sensibilidad en los dedos, me enfadaban los borrones de tinta, y me complacía reescribir dejándolo todo lleno de tachaduras, subrayados, flechitas y enmiendas.

Los poemas eran desahogos sentimentales de solitario a imitación -mala- de lo que iba leyendo. No conservo nada de esa época; lo quemé en una crisis lipemaniaca. Ahora ya no escribo nada a mano. Y todos mis poemas tienen «truco».

Extraordinariamente sensible a los argumentos lógicos, no sé encontrar un correlato simbólico o metafórico a mis experiencias (mentales o biográficas), así que el poema se convierte en un microensayo espolvoreado aquí y allá de tópicos líricos naturales (la luna, las estrellas, el viento, etc…) No sé pensar como poeta. Y entonces plagio.

No sé traducir mi visión del mundo a una dimensión estética no necesariamente realista o discursiva. Lo intenté, pero no me sale. Acepto estas limitaciones y sigo mi camino.

***

La pálida falena de los Papa Borgia de esbelta figura y pose diamantina es superior a la caterva ignara y sin perfumar de los asientos de la extrema izquierda.

Mis papás, señores míos, vendían porcelana. Ellos son platos llanos.

***

Militante contra la mediocridad y sequedad de mi época, así como consciente de la mía, decido convertirme en un ávido escuchador de mi imperialismo solipsista, de mi autismo cesáreo, y plagiar el epitafio de Dorothy Parker: «Perdonen por el polvo».

***

Escritores como esquiando fuera de pista, os adoro, escritores que aguijonean la rabia del corazón de los filisteos, célibes que se alejan de las perversiones de los parques suburbanos dominicales llenos de familias Profidén, escritores que los críticos tontos se empecinan en declarar que no hacen literatura (¿harán acaso ciruelas, mostaza, pimientos, hinojo?), escritores con trato íntimo con cientos de «everyone who was anyone», escritores con trato íntimo con alpargateros y porqueros, tan lejos de los platós hollywoodienses, escritores lisérgicos, no mediáticos, pelmas, narcisos, neurasténicos, discretos, anfetamínicos, vendedores de marranadas, heterodoxos todos y siempre, os adoro, y os susurro con voz cómplice y hermana los versos duros y heresiarcas de Plath:

«Mujer araña, tramo espejos / en los que me reflejo / y que solo expresan sangre. / ¡Probadla, roja, tintada en negro».

***

Los escritores son unos lengudos. Se hechan un pedo y creen que eso cambiará el destino de la especie. Yo nunca seré escritor -bueno- ni escritor (bueno o malo) famoso. Una pena. Hasta de las gripes de X y de la amenorrea de Y ( ¿habla la envidia del resentido fracasado?) me entero por «El País».

Por algo se llama el periódico global.

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El «Elegante», aquel que mi bisabuelo, coronel de la Guardia Civil en Valencia, llamaba «señorito de ciento en boca», «pirraca» y «paquete».

El petimetre, el currutaco, el lechuguino, el «fashionable», a él, ladies and gentlemen, decidle que me envíe su sastre a mi aldea gallega; entre las vacas se ajustará como un guante un frac de pico de pato como el suyo. A la Rubia, a Blanca, a Benita, a Chispa, les puedo así jurar «devouement» y cariño eternos.

Y así, por fin, liberado, inspirado y alado, escribiré estético y nunca alelado:

Christian el pocero notó clase al oler malvasía

o que en su exótica manía

vive su verdadera fantasía:

la de una baguette française de chocha panadería.

***

Deberíamos -arduamente cuesta- evitar tutores del alma y la psique, desde los algoritmos hasta aquel conocido eslogan de El Corte Inglés: «Especialistas en ti».

Debieramos o deberíamos ejercitar el propio discernimiento en aquello que más nos concierne. La obediencia o escucha (ob-audire) a libros o personas sapienciales, tan provechosa y útil, nada tiene que ver con la desobediencia o renuncia a nuestra responsabilidad profunda.

Emerson, en un pasaje memorable de «Confía en ti mismo», lo expresa de modo paraigual, y con un eco reverberante, zigzagueante, tan soberbio como pasmoso:

«Nada es sagrado, excepto la integridad de nuestra alma, de nuestras ideas. Recuerdo una respuesta que, muy joven aún, tuve que dar a un consejero eminente que solía importunarme con las viejas doctrinas de la Iglesia. Al decirle: «¿Qué me importa a mí la santidad de esas tradiciones si vivo una vida completamente interior?», me contestó: «Pero esos impulsos pueden venir de abajo y no de arriba». A lo que yo le repliqué: «No me parece que sea así; pero si soy hijo del Diablo, viviré del Diablo». Para mí no hay ley más sagrada que la de mi propia naturaleza».

Libro dos desabafos 22

Hay un momento, en El cuarteto de Alejandría en que el narrador recuerda a Justine sentada frente a un espejo de varias lunas y exclamando:

“-¡Mira! Cinco imágenes distintas del mismo sujeto. Si yo fuera escritora, trataría de conseguir una presentación multidimensional de los personajes, una especie de visión prismática. ¿por qué la gente no muestra más que un solo perfil a la vez?”

La Libertad dentro de uno se parece a ese abismo prismático multifactorial. La Libertad es riqueza plural y verdad.

Comparemos a Durrell con Platón:

“– Después de eso –proseguí– compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.

– Me lo imagino.

– Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan hombres que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.

– Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.

 – Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?

– Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.

– ¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?

– Indudablemente.

 – Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?

– Necesariamente.

– Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?

– ¡Por Zeus que sí!

 – ¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?

– Es de toda necesidad.

– Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz, y al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?

– Mucho más verdaderas.

 – Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?

– Así es.

– Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?

– Por cierto, al menos inmediatamente.

– Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.

– Sin duda.

 – Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo como es en sí y por sí, en su propio ámbito.

– Necesariamente.

– Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.

 – Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.

 – Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?

– Por cierto.

– Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?

– Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.

 – Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?

– Sin duda.

– Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?

 – Seguramente.

– Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.

– Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible”.

La esclavitud como áspera costumbre a la opinión, a la ignorancia, al Estado.

***

A mi juicio, y sigo a Aristóteles, el amo se sirve del esclavo porque el amo sabe dar órdenes y el esclavo obedecerlas. Nos sobran en la actualidad los ejemplos. Nos apaciguan y gustan las murallas que nos rodean. Rehuimos la dorada melena de la Libertad. Nos queman gotas de aceite hirviendo en la espalda y no la apartamos, reina el hierro oblicuo de la noche. Libertad: embarazoso huésped, zángano de colmena, patán de bar, tonto de aldea. La Libertad ya no es un sueño en el corazón de los hombres. Lo dijo (y suscribo totalmente) Álvarez en unos versos:

“Lo que hemos amado como Historia

será como el paso de la Luna

entre la Horda y la Horda”.

O, en prosa:

Libertad significa ejercitar derechos humanos de cualquier manera que una persona decida, siempre que no interfiera con el ejercicio de los derechos de otros. Esto significa, por encima de todo, mantener al gobierno fuera de nuestras vidas. Solo esta vía lleva a que se desaten las energías humanas que construyen la civilización, proporcionan seguridad, generan riqueza y protegen al pueblo de violaciones sistemáticas de derechos. En este sentido, solo la libertad puede realmente repeler la tiranía, la gran y eterna enemiga de la humanidad.

La definición de libertad que uso es la misma que fue aceptada por Thomas Jefferson y su generación. Es lo que se entiende de la gran tradición de libertad, pues el propio Jefferson la tomó de John Locke (1632–1704). Uso el término “liberal” sin ironía o desdén, para la tradición liberal en su sentido verdadero, que va de la Baja Edad Media hasta la primera parte del siglo XX y que estaba dedicada a liberal a la sociedad de las cadenas del estado. Es un programa que acepto y que creo que todos deberían aceptar.

Creer en la libertad no es creer en ningún resultado social y económico concreto. Es confiar en el orden espontáneo que aparece cuando el estado no interviene en la volición humana ni en la cooperación humana. Permite a la gente resolver sus problemas por sí misma, construir su vida por sí misma, tomar riesgos y aceptar responsabilidades por los resultados y tomar sus propias decisiones.

Nuestros niveles de vida son posibles por la bendita institución de la libertad. Cuando la libertad está bajo ataque, todo lo que queremos está bajo ataque. Los gobiernos, por su propia naturaleza, compiten tristemente con la libertad, incluso cuando el propósito declarado para establecer un gobierno concreto es proteger la libertad.

Tomemos por ejemplo a Estados Unidos. Nuestro país se creó con los mayores ideales y el máximo respeto por la libertad individual nunca conocido. Pero veamos dónde estamos hoy: gasto desbocado y deuda incontrolable, una burocracia monstruosa regulando todos nuestros movimientos, un total desprecio por la propiedad privada, los mercados libres, la moneda fuerte y la privacidad personal y una política exterior de expansionismo militar. Las limitaciones establecidas en la Constitución para nuestro gobierno por los Fundadores no funcionan. Poderosos intereses creados gobiernan y no parece haber manera de luchar contra ellos. Mientras se destruye la clase media, los pobres sufren, los ricos justamente se ven saqueados y los ricos injustamente se hacen más ricos. La riqueza del país ha caído en las manos de unos pocos a costa de muchos. Algunos dicen que esto se debe a una falta de regulación en Wall Street, pero eso no es verdad. La raíz de esto es mucho más profunda.

La amenaza a la libertad no se limita a Estados Unidos. La hegemonía del dólar ha globalizado la crisis. Nunca antes había pasado nada parecido. Todas las economías están interrelacionadas y dependen de que el dólar mantenga su valor, mientras al mismo tiempo se espera que la incesante expansión de la oferta monetaria de dólares rescate a todos.

La globalización del dólar se hizo más peligrosa con casi todos los gobiernos actuando irresponsablemente expandiendo sus poderes y viviendo por encima de sus medios. La deuda mundial es un problema que continuará creciendo si continuamos en esta vía. Pero todos los gobiernos, y especialmente el nuestro, no dudan en expandir aún más sus poderes a costa de la libertad en un esfuerzo inútil por forzar un resultado de sus designios. Simplemente expanden y ahondan más en la deuda.

Comprender cómo los gobiernos siempre compiten con la libertad y destruyen el progreso, la creatividad y la prosperidad es esencial para nuestro intento de invertir el rumbo en que nos encontramos. La disputa entre poder público abusivo y libertad individual es un problema antiguo. El concepto de libertad, reconocido como un derecho natural, ha requerido miles de años para que lo entiendan las masas en reacción a la tiranía impuesta por aquellos cuyo único deseo es gobernar a otros y vivir de su esclavización.

Este conflicto fue entendido por los defensores de la República Romana, los israelitas del Antiguo Testamento, los barones rebeldes que en 1215 reclamaron el derecho de habeas corpus e indudablemente por los Fundadores de Estados Unidos, que imaginaron la posibilidad de una sociedad sin reyes ni déspotas y por tanto establecieron un marco que ha inspirado movimientos de liberación desde entonces. Lo entiende el creciente número de personas que está reclamando respuestas y un fin de la hegemonía de Washington sobre el mundo.

E incluso entre los amigos de la libertad, mucha gente se engaña al creer que el gobierno puede ponerles a salvo de todo daño, proporcionar seguridad económica distribuida con justicia y mejorar el comportamiento moral individual. Si se concede al gobierno un monopolio sobre el uso de la fuerza para lograr estos objetivos, la historia demuestra que siempre se abusa de ese poder. Todas las veces.

A lo largo de los siglos se han realizado progresos en la comprensión del concepto de libertad individual y la necesidad de permanecer constantemente vigilantes para limitar el abuso del gobierno de sus poderes. Aunque se ha logrado un progreso constante, se han producido reveses y estancamientos periódicos. Durante los últimos cien años, Estados Unidos y la mayoría del mundo han sido testigos de reveses para la causa de la libertad. A pesar de todos los avances en tecnología, a pesar de una comprensión más refinada de los derechos de las minorías, a pesar de todos los avances económicos, la persona tiene mucho menos protección contra el estado que hace un siglo.

Desde el principio del pasado siglo, se han plantado muchas semillas de destrucción que están ahora madurando en un ataque sistemático a nuestras libertades. Con una terrible crisis financiera y monetaria tanto sobre nosotros como amenazando en el futuro hasta donde podemos ver, se ha hecho bastante evidente que la deuda nacional es insostenible, la libertad está amenazada y la ira y los temores del pueblo están creciendo. Lo que es más importante, ahora está claro que las promesas y panaceas del gobierno no valen para nada. El gobierno ha vuelto a fracasar y la reclamación de un cambio se hace cada día más sonora. Observad solo los grandes vaivenes de los partidos en el poder.

Lo único que hicieron las promesas del gobierno fue engañar al pueblo en una falsa sensación de seguridad. La autocomplacencia y la desconfianza generaron un tremendo riesgo moral, causando un comportamiento peligroso de una gran cantidad de gente. La autoconfianza y la responsabilidad individual fueron remplazadas por matones organizados que se abrían paso para lograr el control sobre el proceso por el cual se distribuía la riqueza saqueada al país.

La alternativa que afrontamos: más pasos hacia el autoritarismo o un esfuerzo renovado para promover la causa de la libertad. No hay una tercera opción. Este rumbo debe incorporar una comprensión moderna y más sofisticada de la magnificencia de la economía de mercado, especialmente la urgencia moral y práctica de una reforma monetaria. Los enormes defectos de un poder gubernamental que socava el genio creativo de las mentes libres y la propiedad privada deben comprenderse totalmente.

Este conflicto entre gobierno y libertad, llevado a su punto de ebullición por la mayor quiebra mundial de la historia, ha generado las airadas protestas que se han desatado espontáneamente en todo el país y el mundo. Los productores se están rebelando y los receptores de generosidad están enfadados e inquietos.

Esta crisis demanda una revolución intelectual. Por suerte, la revolución está en marcha y si alguien la busca sinceramente, puede encontrarla. La participación en ella está abierta a todos. Nuestras ideas de libertad no solo han evolucionado durante siglos, sino que actualmente se están debatiendo y una comprensión moderna y avanzada del concepto se ve en el horizonte. La Revolución está viva y coleando.

El objetivo es la libertad. Los resultados de la libertad son todas las cosas que amamos, ninguna de las cuales pueden finalmente ser proporcionadas por el gobierno. Debemos tener la oportunidad de proporcionárnoslas, como personas, como familia, como sociedad y como país”, Ron Paul (former member of Congress and Distinguished Counselor to the Mises Institute. Texto del 2018)

Libro dos desabafos 21

ÚLTIMAS PALABRAS DE LA BRUJA MALA EN EL MAGO DE OZ

La tierra es empinada, se desgaja

por todas partes en barrancas hondas,

el Tiempo es una gillette en los ojos,

un enjambre imaginario en los oídos.

Las moscas suben por los vasos usados

y zumban al ahogarse en restos de cerveza.

Cañones de tubos de carrizo, reparad

en el despeñadero de los montes

con plantitas tristes. Qué mundo,

qué mundo…Fluorescencia de pómulos

en su podredumbre y olor a tormenta.

Espejos se burlan de espejos.

Las caras de la Luna con ictericia.

“¡Qué mundo!¡Qué mundo!”, felices

palabras de la bruja mala en El Mago de Oz.

Libro dos desabafos 20

«Il n’est pas impossible qu’un jour les années d’après-guerre, dont le cycle vient de se fermer sous nos yeux avec une brutale évidence, apparaissent à quelque Valéry futur comme un de ces “moments délicieux” que le nôtre a dépeints dans sa Préface aux Lettres Persanes. N’était-ce pas “l’heure de la jouissance et de la consommation générale”? L’individu n’était il pas alors “le plus libre et le plus aidé”? Un monde en vacances s’abandonnait à des fantaisies à la fois extravagantes et solennelles, mariait le ciel et l’enfer, partait à la recherche de la poésie pure et du temps perdu, découvrait à neuf son corps, son âme et sa raison, et faisait partout, sans tutelle ni contrainte, l’expérience amicale de la vie. Inquiet sans doute, et se plaignant de son mal; mais ce mal et cette inquiétude ne lui étaient pas imposés du dehors. Chacun vivait, ou mourait, pour ses propes dieux. On avait même tout loisir de détester cette bienheureuse et douloureuse indépendance, et certains souhaitaient trouver quelque part une doctrine. Peut-être ces voeux imprudents seront-ils bientôt exaucés. On voit déjà se profiler à l’horizon quelques-uns de ces monstres qu’on appelle mensonges vitaux.»

Jacques Dombaste

***

Vive en mí como eterno ser del viento y

no como las transitorias cosas viven.

Pound.

***

Wendell Phillips afirmó hace cincuenta años sobre la tiranía de la opinión pública: “En nuestro país de absoluta y democrática igualdad, la opinión pública no sólo es omnipotente, sino omnipresente. No existe refugio frente a esta tiranía, no existe escondrijo donde no nos alcance, y el resultado es que si usted toma la vieja linterna griega y busca entre cien personas, no encontrará a un solo norteamericano que no tenga, o quien, por lo menos, no imagina que tiene, algo que ganar o perder en su ambición, en su vida social o en sus negocios, frente a la buena opinión y los votos de aquellos que lo rodean. Y la consecuencia es que, en vez de ser una masa de individuos, expresando valientemente cada uno sus propias creencias, como una nación se compara con otras naciones, somos una masa de cobardes. Más que cualquier otro pueblo, tememos a los demás”.

En tanto que masa, su objetivo siempre ha sido convertir la vida en uniforme, gris y monótona como un desierto. En tanto que masa, siempre será la aniquiladora de la individualidad, de la libre iniciativa, de la originalidad. Creo, con Emerson, que “las masas son toscas, patéticas, perniciosas en sus exigencias e influencias, y no necesitan ser aduladas sino educadas. Espero no concederle nada, sino perforarla, dividirla y separarla, extrayendo las individualidades de ella. ¡Masas! La calamidad son las masas. No deseo para nada a las masas, sino sólo a los hombres honestos y a las encantadoras, dulces y consumadas mujeres”.

Tal como agudamente lo destacó Paul Valéry: “la política es el arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que le conciernen”

Libro dos desabafos 19

Noche distinguida, desplazándose tranquila, celosa de compartir su belleza. Noche epigramática. Sánchez (contraste odioso) tiene alma de viajante de comercio con pintas de mercadillo, y su risa loca resuena en el vestíbulo de una pensión de provincia, alma de grisú llenando la mina. La política se está convirtiendo en un miserable cercado de alambre. Un jaripeo o sarao charlista donde dan gato por liebre. Galimatías o chichisbeo para seducir incautos. “Por lo menos tengo un paisaje con olivos, y también un nuevo estudio de una noche estrellada… No es un regreso a las ideas románticas o religiosas, no. Ahora bien, tomando el camino de Delacroix, con un color y dibujo más determinado que la precisión del «trompe l’oeil«, uno puede presentar una naturaleza más pura que los suburbios, que los bares de París”, V. van Gogh.

Leo: La Stoa, de Max Pohlenz, y poemas de John Clare. Paso por alto figuras significadas de la actual literatura española con lo que yo creo un falso prestigio. Baroja decía que para ser escritor hay que irse a Madrid y ponerse a hacer cola. No en la época de Internet. Cavilemos: “Me suele gustar recordar las palabras que alguien dedicó a un escritor que fue para mí muy querido refiriéndose a ese vivir periférico en el que, por razones que no vienen al caso, algunos andamos: “Un poeta, un hombre, todo un hombre, por vivir entre rutina y moscas no ha de oxidarse. Cabe centrar el universo en el punto del propio corazón, que la geografía nada significa. Y al pairo del chamelo y el aburrimiento pardo se puede realizar el periplo celeste”, M. Sánchez-Ostiz, El vuelo del escribano, p. 72.

Donde vivo, una aldea de nueve habitantes, acopio ideas y viajo solitario gracias a la imaginación y a mi biblioteca. Existe un oleaje mental de vicisitudes si me siento en el sofá, salgo en tropel del teatro durante dos horas al dormir la siesta, prolifera la música del Palau en el bosque, regalo a Marilyn una caña de bambú “on which spring´s blossoms hung”, chapoteo a mi capriccio en Venecia, saludo a las galaxias en doce idiomas clásicos y modernos, vivo en el hotel Cécil de Plaza Nueva, saboreo la Numida meleagris cuando le va estallar la delicada piel de la pechuga en el asado…

Mentalmente siempre puedes ser cosmopolita y vestirte con chilaba de moro o bien con gonela de dux floreada de flámulas.

***

VIAJES ALREDEDOR DE MI HABITACIÓN

Porque cuando descanso en mi camastro

ocioso o pensativo, cruza y se deleita

en mi soledad tendales como de sioux;

perlas de arena en cuellos color arena,

sandalias de cordobán, leones del desierto.

Pueblo el Universo alrededor de mi aldea.

Libro dos desabafos 18

El lenguaje de los políticos es una ficción de opiniones baratas en boca de maniquíes iguales. Vociferan atropelladamente convirtiendo la civilización en una arteriosclerosis absoluta. Voces en un coro de parásitos mezquinos, bestiales, corruptos, codiciosos e ignorantes. Se meten en atolladeros y embotellamientos con sus lenguas de trapo. Y hablar es pensar y pensar es hablar.

Las lenguas no son exactas ni tienen eficacia analítica por hablar de muchas cosas con gran confusión, sino por hacerlo con claridad, aunque sea de pocas cosas. “El lenguaje es el órgano que forma la idea. La actividad intelectual, por entero interior y que en cierto modo pasa sin dejar huella, se vuelve exterior en el discurso gracias al sonido, y con ello perceptible a los sentidos. Por eso actividad intelectual y lenguaje son uno e indivisibles”, Humboldt.

El ser humano es imitativo y, dada la presencia universal del discurso político en los medios, temo que, por desprendimiento y capilaridad, infecte al habla común. Por eso los ojos -antenas del pensamiento- de demasiados españoles parecen discos vacíos, por eso de sus laringes casi solo salen ruiditos trillados.

El lenguaje es el espejo del entendimiento. Nada más hermoso que la lívida desnudez de un argumento poderoso, de una idea brillante, de la precisión oportuna y ajustada, del hábito de la inalterable elegancia.

Busquemos palabras sensatas y bien inspiradas que no vacilen como una amarilla llama de gas; palabras de esmalte de Limoges, palabras –frente a lo liso tonto o lo elemental vacío y vulgar- que sean a la verdad lo que un medallón de ágata a la belleza.

***

Contemplar la unidad del pensamiento y su acendrada dimensión estética. A veces el carácter demasiado deliberado del lenguaje, el que llame demasiado la atención sobre sí mismo, puede impedir la emoción o idea genuina, e incluso el simple decir algo. Hay tanteos de camuflaje bonitos, y tanteos adustos y sin gracia. El del político, y algunos ciudadanos, es el tanteo cero de la escritura. Quisiera acabar esta nota con un maestro, Josep Pla. Un cáustico o corrosivo frente al país de la mediocridad.

“Por la noche caen cuatro gotas y la tramontana persiste con una irrupción glacial. Siento en los huesos la frialdad de los años pasados, recuerdo los inacabables inviernos de cuando era pequeño –el viento que silba, el cielo muy azul, el ruido de la arena en los cristales, la boca seca, la nariz tapada, los trompazos del viento en la espalda y en la mejilla, la tensión nerviosa, el viento pasando por debajo de las puertas, por las insospechadas rendijas de balcones y ventanas. Es un viento que agujerea los obstáculos. Cuando se produce, una de las casas más inconfortables de la población, entre muchas otras, es ésta donde vivimos. Las habitaciones que dan al jardín, encaradas al norte, son glaciales. Embaldosadas de mosaico, hacen el efecto de tener una barra de hielo en la suela de los zapatos. Las chimeneas dan humo, están mal construidas. Sólo se está bien en la cama –a condición de no sacar los brazos y de no tener ninguna veleidad de leer. Sacar la nariz o los brazos del embozo quiere decir quedarte helado. La impresionante manía de mi madre de hacer “sábado”, prácticamente cada día, de fregar el suelo, aumenta la frialdad hasta un grado insoportable. Es como vivir en la calle. Es la educación espartana”.

El Verbo fue al principio

Libro dos desabafos 17

Me siento triste, drogado por el Rivotril, y solitario. La soledad, como el colesterol, puede ser o muy buena o muy mala. Para mí, hoy, pesada, pelma y plomiza. A veces se llega a la soledad en coche-cama y a veces, como tras una maratón, derrengado y exhausto. Soledad de frío ártico. Cansado (insisto), lánguido y frágil, como si se te fueran agotando las pilas y la linterna solo parpadeara. “El talento se nutre en la soledad; el carácter se forma en las oleadas tormentosas de mundo”, Goethe; idea que copió Stendhal: “En la soledad se puede adquirir todo, menos el carácter”. Yo, ciego de talento y vacío de carácter.

De acuerdo, por cierto (es un inciso), con Márai: “Hoy en día, el escritor que intenta crear algo diferente de lo que la industria de consumo produce para alimentar a los lectores es como el cojo que anda con prótesis, pero de todas formas intenta presentarse a una carrera de cien metros” (fin del inciso)

Ahora me nutre este adobo de soledad como de sádico kapo nazi. Mañana pueden ser muy diferentes mis sentimientos. A la tarde mejoré algo. Escribí. Mi despacho tranquilo: el foco de luz, los cuadernos y el ordenador, la mesa ordenada, libros muy queridos y los libros de consulta. Para liberar mis palabras solo necesito estar enclaustrado entre estas cuatro paredes. Mi despacho también es un salón de lectura donde arremolinado en el sillón de cuero y con temperatura agradable paso horas y horas. Muy felices. Horas que justifican mi vida y niegan a la tumorosa soledad.

También sueño, ay, con lejanos viajes a las regiones del sur; camellos con campanillas de bronce, perfumes de oasis templados al mediodía, arena de plata, sexo y senos de huríes; el cielo enrojecido y el olor de piel del león. También invulnerabilidad, humildad y mansedumbre ante estas criaturas de los cañones del Sil que respiran conmigo el mismo aire y los mismos árboles. Y, ay, por último, no desdeñemos la poesía del aeropuerto, de la gasolinera, del hotel, del vagón de tren, del vagabundeo haragán y ocioso.

Y, ¿qué hay en el exterior? ¿Qué viene a mí a través de las ventanas de los medios? Subnormalidades… Por poner tres ejemplos. (1) Esto de la analfabeta astronómica arrabalera Ione Belarra que encontré en su Twitter: “Creo que sería mejor decirle la verdad a la gente. Hay que meter el terrorismo en la ley de amnistía porque el sector reaccionario del poder judicial está haciendo acusaciones de terrorismo por temas que evidentemente no lo son. Es lawfare sí. Hay que pararlo como sea, también”. (2) O esta “noticia” en el País: “La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín firman el divorcio. La decisión de “interrumpir su relación matrimonial” se produjo en enero de 2022, después de que se conociera la relación del exduque de Palma con Ainhoa Armentia, su compañera de trabajo en un bufete de Vitoria”. (3) Y esta otra “noticia” en El Mundo: “La mejora de Carlos Alcaraz en el saque: estadísticas a su favor y un ejercicio en pretemporada. El español ha mejorado en su primer servicio en este Open de Australia después de trabajarlo en Villena durante la pretemporada”. Y así llenando una cinta métrica de miles y miles de kilómetros.

Sin duda prefiero estar embebido en mi melancolía negra, en lugar de en este régimen de chucherías insignificantes, de nimiedades bobas, de menudencias y pacotillas y futesas. Seguramente vienen a cuento, ante la ordalía de gilipolleces que nos envuelve, estas palabras del sabio Jordi Llovet: “Tiene que ver con el descrédito de las personas que tienen más conocimientos que las demás. Es un problema, en cierta medida, consecuencia de la democracia. La democracia lo iguala todo por abajo. Es una pena, pero no puede igualarlo todo por el medio y menos por arriba. De ahí que yo sea un gran defensor de la importancia de las élites. Una idea que han sostenido no pocos intelectuales europeos (Eliot, Valéry) desde hace tiempo. Es decir, desde que se ha visto cómo funcionan las democracias parlamentarias, con la aparición de grupos de presión y de opinión completamente manipulados. Flaubert ya se quejaba de eso. Yo defiendo una educación que permita aflorar a las personas con mayor valor y que se les reconozca. ¿Cómo conseguir dar valor a la palabra de los intelectuales? Eso es muy difícil. Me conformaría con que se diera valor a la palabra del maestro. Y la cosa ya falla por ahí. En la Universidad, no. La universidad es un espacio arquitectónico que impresiona mucho. Los estudiantes tienen un comportamiento muy correcto y no hay problemas de disciplina. Ninguno. Pero en la primaria y la secundaria hay muchísimos y eso está arruinando la educación del país. Los muchachos consideran la figura del maestro como inferior a la de cualquier oficio con el que tengan trato cotidiano. Lo ven como un profesional que les da información y no entienden que es la persona que los está formando. No como futuros profesionales, los forma como futuros ciudadanos”.

Un régimen o estado de cosas que invoca a Comala: “Comala es un pueblo muerto que vive en un no-tiempo, suspendido, inerte, sus habitantes no tienen existencia externa, dependen de Pedro Páramo para ser, están alienados mentalmente ya que todos sus recuerdos giran en torno al cacique, ese “rencor vivo” del que dependieron en la vida (alienados social y económicamente)”.

La decadencia avanza. Agigantada.

Libro dos desabafos 16

QUE NUNCA PASE NADA

Anhelaba ser redondo y tranquilo,

esa justa tosquedad de espíritu, no en vano

se reforzaba así su creencia de saberse el más

solitario, el más -sin vida- ilimitado.

Contemplar anchamente un día de nubes tímidas,

embobarse con las filigranas doradas y helicoidales

del humo del cigarrillo, ver nevar -sobre todo-

sentado en la galería acristalada junto a la iglesia,

y no pensar, no vivir, no enamorarse, no saber,

no pleitear, no leer, no sentir, no escribir.

Alimentarme, como Epicuro, solo a base

de pan y queso, carecer de habla,

no abrir la luz en busca de ciencia,

no confiar ni en el sí ni el no, intimar con la Luna,

no amar ni místico lujo ni supersticiosa pobreza,

siempre sin amigos, siempre dentro de casa.

Cesar, aniquilarte, desvanecerte, olvidarse,

sin deseo ni sueño de eso mismo,

y acabar como un alto monstre sacré

cuyos hechos, ritmo, ideas y sentimientos

corren (nada pasa) al compás de una piara de

rosadas ratas entre tu sabio y radiante dormitorio.

Libro dos desabafos 15

Lluvia y frío. La medicación me deja muy cansado, como temporal ensuciando de mugre a un barco. Me noto en una cueva de murciélago incapaz de habitar habitaciones iluminadas. Echo un vistazo al escrupuloso salón de mi comedor. Soledad y silencio. Tantísimo echo en falta a mamá. Glacial mañana estéril; la vida es sin para qué.

Leo: “De petit, Beckford vivía a Fonthill, que tenia un dels salons més amplis de tot el reialme, ple de ressons vasts i fondos i de corredors que feien giragonses. De gran, Beckford, recloent-s´hi, tornà a inventar-se Fonthill: bastí jardins, moblà els salons amb tapissos, amb sedes i amb búcars, féu festes per a l´almirall Nelson i la segona lady Hamilton. Beckford és Vathek. Beckford és un califa al casal de Fonthill, en un Orient de teatre. El món com a escenografía”.

Me gusta esta copa azul de fraseología oceánica. Esta hojarasca de volutas verdes. En mi último libro, «Pertinencias e impertinencias», reproduzco un tono musical casi de cena con madame Récamier. Pretendo efectos rítmicos «ondoyants». Nos invade un tono periodístico rapero y bajo; yo –y seguramente equivoqué el propósito- voy a la busca de ritmos saltarines, de tonadas secretas como nubes blancas y quietas, un aleteo o un diorama o una lluvia de imperceptible aire azulado en el lenguaje. Escribir con pluma de ganso y un tintero de cuerno melodías de chelo, oyéndose al paso el rasgar del papel. Si acercaras el oído a mi libro, sueño con que oirías una sucesión de copas de champán en las manos de una sucesión de lascivas mujeres hermosísimas tomando el aire de la noche en un balcón curvado de casa victoriana.

En mi covacha miserable ahora huele a tabaco, a ginebra barata, a condenación y a melancolía. No soporto el espejo que devuelve mi figura. La inquietud y el desasosiego del ocio malsano. La locura alrededor. Los días extremadamente oscuros y fríos. Estar lejos de París, o de Barcelona, o Italia, o Londres, de la calima hirviendo. La soledad, ¿me salió rana?; a veces (algunas veces) «c´est une fôret de Bondy» (malfamado por estar repleto de malhechores) Pero en soledad pensamos sobre las cosas (y en las palabras) mientras que en mitad del mundo nos vemos obligados a pensar en los hombres. Y, lo prueba la experiencia, lo primero es más satisfactorio que lo segundo. En la mayoría de nuestra pasable soledad, sin embargo, solo hay una mera cháchara que no aburre. En la mayoría de los libros -también- los pensamientos son tan fácilmente concebidos como rápidamente olvidados. De mi libro desearía ante todo que quedara una música: ese sueño supremo de invierno veneciano, una elegía de Tibulo levemente decorativa y afiebrada, el nutrir al crepúsculo con luz zodiacal de cine.

No sabría expresarlo de otra manera. Estoy triste, cansado, y escribo mal. El lenguaje como alegre escenografía musical, la vida como triste decorado o teatro vacío. Señorea cerca la muerte. Me dirijo, a paso raudo, hacia Antioquía.

Libro dos desabafos 14

La nuestra es una sociedad pobre, entre otras razones, porque es maleducada. Un ambiente sin normas (más abstractas) ni urbanidad (más a ras de tierra) se vuelve automáticamente invivible por demasiado caldeado y morboso (sea la corporación que sea: familia, escuela, empresa, parlamento etcétera) Ser cortés es como llevar terciopelo dentro; vuelve moderados y dulces cualquier sentimiento, discrepancia y opinión.

Para meditar largamente les recuerdo esta observación sagacísima de Jouvert: «Los modales son un arte. Los hay perfectos, loables y defectuosos, pero nunca indiferentes. ¿Cómo es que no existen, entre nosotros, preceptos que los inculquen, o al menos una doctrina que nos enseñe a juzgarlos, como es el caso de la escultura, de la música? La ciencia de los modales sería más importante para la felicidad y la virtud de los hombres de lo que se cree. Si la virtud conduce a las costumbres, éstas llevan a la virtud: pues bien, los modales son una parte esencial de las costumbres. Preciso será, por tanto, adoptar en toda ocasión unos modales elegantes, sencillos y convenientes, para llegar a la sublime sabiduría».