Diario del silencio 28

De repente surge el reguetón. Tembloteo, cacareo, carcajeo, como un pájaro picamadero saltando de manicomio en manicomio. Orates bailando al son de esa música. Trotan, saltan, se estremecen, se estremecen, se ponen nariz de payaso, picotean en la basura, bizquean, se burlan de la Grandeza, del elemental decoro, del mínimo saber hacer.

El ritmo se encabrita, cocea, se quiebra. Una barahúnda de descerebrados lo celebra drogado. Qué injuria; qué insulto; qué desprecio. Los jóvenes, que nada construyen, todo lo destruyen. Vuelven añicos la visión clásica, atomizan lo sensible y entero.

Que gire el jaleo y el trompeteo. Id a los conciertos de Daddy Yankee. Yo miraré la mirada de Henry James en el Retrato que le hizo J. E. Blanche (Galería Nacional de Retratos, Washington) y escucharé “El Mesías” de Händel dirigido por Gardiner.

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Cae eternamente una noche sin luz. Al despertar El Planeta, una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto. Criptas sin estrellas.

Empalideciendo me dijo El Poeta: “Descendamos ahora al mundo de las tinieblas; yo marcharé delante de ti, tú me seguirás”. Y yo, que había observado su palidez, repuse: “¿Cómo podré seguirte si tú, que me alientas y confortas, te muestras ahora tan sobrecogido?”. A lo que él contestó: “No es temor lo que mi rostro refleja, sino inmensa piedad hacia los desdichados que gimen en este abismo terrible”, Dante.

Diario del silencio 27

LOS SABIOS OYEN EL PORVENIR

(Kavafis)

Para el vulgo el número de horas

no es brillante. El sabio se compromete hacia

arriba y el necio se adapta hacia abajo.

Nihil fit sine causa. Los hombres conocen las razones

del ahora, los sabios las del ayer y del mañana.

En honda meditación reverente, profética, se inquietan;

su oído percibe lo oculto,

la osamenta sutil que casi inaudible cruje tras el cuerpo.

Los sabios desvelan lo que el futuro trae.

La masa -sorda- nada oye.

Diario del silencio 26

INFANCIA

Volved, recuerdos tumbados

en camas de amatista, volved

-mar, jirafas, colores, Sitges, fresas-;

volved y tomadme, brillando como

arboledas encima de la luz,

hadas en valles repletos de cabañas,

oh vosotros, empolvado lustre de playas.

Que me tome aquella alegría y recuerde.

Volved gratos gatitos dormidos.

Despertadme del frío invierno.

Diario del silencio 25

¡Tiempos espantosos!

«Domus enim dimissa est multitudo urbis relicta est tenebrae et palpatio factae sunt super speluncas usque in aeternum gaudium onagrorum pascua gregu», «Porque el palacio ha quedado abandonado, y ha cesado el bullicio de la ciudad. La colina y la torre del centinela se han convertido en lugares arrasados para siempre, lugares de retozo para los asnos monteses y prados para los rebaños».

La caballería de Pompeyo no resiste el ataque. ¡Tiempos de espanto! «Quorum finis interitus quorum deus venter et gloria in confusione ipsorum qui terrena sapiun».

Diario del silencio 24

Mediocridad inoperante activa; la obra de una multitud avasalladora de artistas y escritores.

Definición: aquel que desarrolla fácilmente una actividad, inoperante, con gran deseo de notoriedad e influencia sobre los demás, adoptando posturas de maestro sin mérito para hacerlo.

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Creo que fue Hölderlin -cito de memoria- que dijo que de la pura inteligencia no brotó nunca nada inteligible, ni nada razonable de la razón pura.

He pecado en mi vida -y poesía- de un moralismo burgués rancio y chato, acaso como una psicoanalítica fantasía de amor compensatorio por lo mucho que hicieron sufrir a mi papá mis desorganizados límites y mis palacios del exceso.

César Aria escribió en frase feliz que admiraba al Maradona drogadicto y que poco le interesó lo que hizo en la cancha. Baja esta boutade o paradoja acaso lata una profunda verdad; los dioses manchados de barro fulgen con una incandescencia de la que carecen los dioses apolíneos. Puede que no sea así. D.E.P. pibe.

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Algunos aforismos de Nicolás Gómez Dávila:

«Al hombre moderno le es indiferente no hallar la libertad en su vida, si la halla ensalzada en los discursos de quienes lo oprimen».

«El historiador marxista echa una mano de barniz unicolor sobre los tintes policromos de la historia»

«Hombre culto es aquel que logra asentar, sobre las columnas simétricas del Clasicismo francés y del Romanticismo alemán, un arquitrabe griego».

«Escribir es la única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer».

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OBSERVACIONES AL EGM

Pío XII: «¿Acaso podemos no horrorizarnos ante la posibilidad de que la televisión [o la radio] lleve a nuestros hogares la misma atmósfera emponzoñada de materialismo, salvajismo y hedonismo que envuelve al público en tantos y tantos cines?»

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Solo les interesa una cosa a los medios: si el público oye o ve su programa (sinónimo del bien y la verdad), o si no lo oye o no lo ve (su idea del mal y la mentira)

Pero los datos que refieren ufanos todos contradicen a Cicerón: «Omnia plaeclara rara», toda excelencia es rara. Y a Pla: «Solo la mediocridad es socialmente plausible».

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La nota sancionada por el EGM es un mero refrendo del mercado, es decir, «quantitas» en lugar de «qualitas». Voto de botijeros, tabernarios y no de prebostes de Oxford.

Qué ideas se le ocurrían al bueno de Stevenson: «Algo hice mal para vender tanto».

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«El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros», Marguerite Yourcenar.

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«La gente ha sido inexplicablemente buena conmigo. No tengo enemigos, y si ciertas personas se han puesto ese disfraz, han sido tan bondadosas que ni siquiera me han lastimado. Cada vez que leo algo que han escrito contra mí, no sólo comparto el sentimiento sino que pienso que yo mismo podría hacer mucho mejor el trabajo. Quizá debería aconsejar a los aspirantes a enemigos que me envíen sus críticas de antemano, con la seguridad de que recibirán toda mi ayuda y mi apoyo. Hasta he deseado secretamente escribir, con seudónimo, una larga invectiva contra mí mismo. ¡Ay, las crudas verdades que guardo!

A mi edad uno debería tener conciencia de los propios límites, y ese conocimiento quizá contribuya a la felicidad. De joven pensaba que la literatura era un juego de variaciones hábiles y sorprendentes. Ahora que he encontrado mi propia voz, pienso que corregir y volver a corregir mis originales no los mejora ni los empeora.

Supongo que ya he escrito mis mejores libros. Eso me da una cierta satisfacción y tranquilidad. Sin embargo, no creo que lo haya escrito todo. De algún modo, la juventud me resulta más cercana que cuando era joven. Ya no considero inalcanzable la felicidad como me sucedía hace tiempo. Ahora sé que puede ocurrir en cualquier momento, pero nunca hay que buscarla. En cuanto al fracaso y la fama, me parecen irrelevantes y no me preocupan. Lo que quiero ahora es la paz, el placer del pensamiento y de la amistad. Y aunque parezca demasiado ambicioso, la sensación de amar y ser amado», Borges.

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«Numquam se plus agere quam nihil cum ageret, numquam nimus solum esse quam cum solus esset», Catón. ( «Nunca hacía más que cuando nada hacía, y nunca se hallaba menos solo que cuando estaba solo»)

Si quieres enterarte qué es esto de la vida y el hombre, como dice mi querido Llovet -llarga vida, mestre!-, bastan con los griegos y Shakespeare (los latinos, y que no se enfaden los latinistas, son una simple repetición o redundancia griega) El resto son notas a pie de página, comentarios y variaciones más o menos afortunadas, más o menos elegantemente expresadas, a esos miradores capitales.

Y esta cita de Catón es el quid de la llamada «vita contemplativa». Porque, sí sí, cuando estás compactamente solo, tienes lo más humano de lo humano, a saber, meditaciones, pensamientos, contemplaciones. Y nunca se trabaja más que cuando se elaboran pensamientos y contemplaciones. Soledad, divino tesoro. Soledad, humanae vitae.

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Sol y pájaros.
Qué buen día hace hoy
para quererse.

Diario del silencio 23

RUIDO Y RUINAS

«Cuando abrió el séptimo sello se hizo silencio en el cielo: vio un momento de silencio, en el que contempló la misma visión. Esta visión la iba a contemplar más plenamente, porque en este séptimo sello no ve tanto como todavía se le concederá contemplar. Y, para que se le manifestaran más claramente muchas cosas, se rompió el silencio», Apocalipsis 8:1.

[Et partem silentii vidit, qua eandem visionem vidit. Hoc plus plenius visurus erat, quod in hoc septimo signo non videt tantum, quantum adhuc futurus erat videre. Et, ut ei apertius multa ostenderentur, interruptum est silentium].

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Como ha apuntado Jean Leclerq, los monjes no leían principalmente con los ojos sino con los labios y con lo oídos, pronunciando cada palabra que veían y escuchando lo que se dio en llamar «el sonido de las letras» (sonus litterarum) o «las voces de las páginas» (voces paginarum). Para facilitar la memorización y la asimilación del significado y sentido del texto, éste se leía lentamente, sílaba por sílaba, palabra por palabra, y se repetía generando un murmullo.

¿Murmullo? Las voces ahora se agolpan, resuenan, se replican en ecos que asordan. Chirridos amontonados de atolondrada vitalidad y negro entusiasmo, que se regocijan, desafinan y claman burdamente.

Qué bonita aquella vieja canción de Paul Simon:

«In restless dreams I walked alone

Narrow streets of cobblestone

’Neath the halo of a street lamp

I turned my collar to the cold and damp

When my eyes were stabbed by the flash of a neon light

That split the night

And touched the sound of silence».

Todo ruinas, como el anfiteatro de la Colonia Julia Aurelia Commoda. Ruinas como el grito en lugar de la suave y dulce palabra. «Cuando se leen los salmos», dice San Ambrosio, «estos son a su vez agentes del silencio, pues todos los monjes hablan juntos y no se genera ningún ruido».

Nuestra tarea quedó interrumpida. El fulgor de las leds, las parabólicas, nos dejan un cielo insondable. Nadie logra acariciar el encarnado pergamino del silencio con las yemas de sus dedos. Ruido y ruinas. Un mecanismo de ruedas dentadas en la fábrica. Guantes de soldado nazi. Ruinas y ruido.

Diario del silencio 22

LA NAVE DE LA NOCHE

Oír la Misa en ut menor, de Mozart. Así es esta noche ahora, con su cúpula herreriana, negando el gallear de la televisión y las redes. Pienso en los cometas, en temas de astronomía, en lugares estelares donde reverberan las ideas de mi pobre encéfalo mamífero: “Il n´y a pas à dire, ça, c´est tapé…”. La noche es la frontera en la que el tiempo humano se convierte en tiempo geológico.

Pero hay noches memas, esas en que la Luna y el cielo parecen una caricatura de artista sin otra intelectual información que un lustro practicando deporte, dos o tres de turismo, seis en el mundo de la droga, y la trepidación à la page de memorizar letras de rock, y el argumento de cientos de películas, y el nombre de decenas de actrices porno. Noches sin brotes, de estambres estériles, imitando el maullido de gatos negros. Muchas de estas noches las recuerdo haber vivido en el manicomio. Noches sin favor alguno ni apuntes de verdad o placer.

Pero hay noches también en que compras perlas al gran Kan. Brillantes como pieles de escolares rubias, como plateada capa de sardina. Con la Luna enramada de mármol. Con fuego de Luna abrasando las agujas del pino. De luz de Luna goteando alisos. Y la niebla barbeando los nidos de los pájaros. Anotaba Thoreau en su Diario un 24 de noviembre: “A mediodía, después de la llovizna de la mañana, el tiempo se aclaró. De repente, poco después, se puso ventoso, frío y algo helado. El sol se pone incluso antes de que hubiera acabado mis caminatas. Escribo con más reposo y menos exageración, con más libertad, y todo lo comprendo comparativamente mejor”.

Yo también pienso mejor en las noches enyesadas con un compás casi de invierno. En noches buenas, en casa, solo y bastante feliz. Con planetas magnánimos. Con Luna eutímica. Oigo las estrellas sobre el valle e imagino que no tengo Facebook ni Instagram, ni psiquiatras ni dinero, ni perfil en Linkedin ni ganas de garabatear unas líneas. Solo tengo ganas de quietud, paz y equilibrio. Son noches en que mi minúsculo ángulo me basta, sin hipotecas, recuerdos ni pesares. Recordémoslo otra vez más: “Vivir quiero conmigo, / gozar quiero del bien que debo al cielo, / a solas, sin testigo,/ libre de amor, de celo, / de odio, de esperanzas, de recelo”. O bien: “Aquí la envidia y la mentira / me tuvieron encerrado. / Dichoso el humilde estado / del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado, / y con pobre mesa y casa / en el campo deleitoso, / con solo Dios se compasa, / y a solas su vida pasa / ni envidiado ni envidioso”.

La noche buena es un autodominio distribuido en el hexágono áureo; la noche mala es estar en un vulgar fuera de ti (abroncando a los conductores o a tus empleados, desquiciado del centro debido a la multitarea o al ruido, sin atención ni reposo ni sueño, pendiente y dependiente del consumo, neurotizado, oxidado…) La noche buena infunde una estabilidad o equilibrio lejos de los desafueros de la euforia y la melancolía.

Somos quebradizos y perdemos demasiadas batallas. Al final la muerte pasa su apisonadora sobre nosotros. Horacio escribió lo que sigue una noche hermosa: “En las dificultades ten ánimo fuerte y valeroso / y en los momentos favorables ten en cuenta / que las velas infladas por el viento / conviene replegar en aras / del ritmo equilibrado de la nave”. Sabiduría; sapientia noctis.

Nota bene: Aspiro a escribir de modo sencillo pero no elemental (esa estética la intento aplicar a la poquísima poesía que ahora escribo) Mi prosa a veces indigesta como una decena de tocinitos de cielo ingeridos en los postres después de una comida copiosa.

Propendo a lo barroco por dos defectos: la vanidad y la ignorancia respecto a la idea de belleza. Los floripondios líricos en lugar de los significados lógicos no me acaban de convencer. El uso de palabras extra-periodísticas a veces tampoco. El texto es una primera redacción. Se corregirá.

Quizá los latinistas se echarán las manos a la cabeza al ver esa traducción de Horacio. Mil perdones ¡A los paredones, Christian! Así mismo señalar que la cita de Thoreau es un collage de citas de Thoreau. Para dones los suyos y no los míos.

Diario del silencio 21

COSAS QUE HACEN LA VIDA MÁS FELIZ

No madrugar para preparar los aperos de pesca.

El lujo en las palabras (una compañía naviera

cruzando mares de oro) Chalet heredado con

piscina y chimenea. No trabajar, no pleitear,

beber un traguito de vodka mientras lees a Horacio.

Aceptar que eres monte con algo de cizaña pero

muchos claros. Buena genética. Como pez sin neurosis

así vivir dentro del acuario. Comida sobria.

Pocas putas, pero de alta calidad. Saberte efímero

mas virtuoso. Infeliz a veces, pero virtuoso.

Tenderte a lo largo del esplendor de la hierba.

Alabar el sosiego, mesurar el dispendio, acercar

lo próximo a ti. Equilibrio. Un tomate con aceite y sal.

Amigos iguales. Ser igual a tu esencia, a tu existencia.

Ni llorar ni pedir antes de la hora fijada tu muerte.

Dispuesto pronto a madrugar con los aperos de pesca.

NOT BENE: Aquel que conozca las fuentes clásicas reconocerá la inspiración directa en Marcial. Pero estoy CONTENTÍSIMO; hacía como seis meses que estaba poéticamente yermo. La señorita presumida, algo sádica y pija, se dignó a volver.

Diario del silencio 20

(Le bonheur de ce monde)

Avoir une maison commode, propre et belle,

Un jardin tapissé d’espaliers odorans,

Des fruits, d’excellent vin, peu de train, peu d’enfans,

Posseder seul sans bruit une femme fidèle,

N’avoir dettes, amour, ni procès, ni querelle,

Ni de partage à faire avecque ses parens,

Se contenter de peu, n’espérer rien des Grands,

Régler tous ses desseins sur un juste modèle,

Vivre avecque franchise et sans ambition,

S’adonner sans scrupule à la dévotion,

Dompter ses passions, les rendre obéissantes,

Conserver l’esprit libre, et le jugement fort,

Dire son chapelet en cultivant ses entes,

C’est attendre chez soi bien doucement la mort.

Cristophe Plantin

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(Un noble medita pausadamente)

Tener casa propia, limpia y agradable, afable,

un jardín tapissé de flores y abejas en verano,

pocos o ningún hijo, acaso mujer fiel, ningún tumulto;

que vague la vida en Adagio non tropo, ma divoto,

estudiar los severos astros, mucho leer a la luz de la vela,

acallar la lengua (que abunde mucha conversación

con el cielo y así no obtener dócil habladuría),

convertir en rechifla la farsa y sátira de la época,

sin deuda y poca hacienda, ni avaricia ni deseo.

Contentarse con poco, nada querer de los Poderosos,

domar las pasiones, cultivar el juicio esclarecido,

no conocer la tormenta y meditar en silencio,

y, solitario como un sabio, escribir con letra clara

y pausada igual al corazón, un libro modesto y veraz

que ampare pálida memoria de tus días o iguales afanes.

Y ya que arden los conventos, o nadie cultiva la tierra,

y se pueblan de salvajes las ciudades, pasar los granos

del Rosario sin devoción: attendre doucement la mort.

Mis variaciones al poema.

Diario del silencio 19

Los filósofos lo consideran falso, los legisladores inútil e ilegal, los poetas feo y degradado, los científicos supersticioso e inexacto. Los más zafios de la humanidad no temen condenar en los demás la misma zafiedad que ellos mismos exhiben. La telebasura es rentable, la inteligencia es cara y se desprecia.

Al historiador del futuro se le impone un deber más que melancólico; deberá descubrir la inevitable mezcla de error y corrupción que contrajimos durante nuestra época, entre seres débiles y degenerados. Lo kitsch y el embauco se disfrazan de creatividad. Rebosan los entierros en fosas comunes. ¿Dónde encontraremos, en el personaje de nuestro siglo, la imponente superioridad de alma de un Chopin? ¿Algún mártir será cubierto por la “dalmática”? ¿Alguien sumará el amor al placer, la sed al conocimiento, la vida a la libertad?

El declive de los modales, la búsqueda cínica y sin vergüenza de la ventaja personal y del dinero firman el ahora.  Las Letras, que ya no están apegadas a lo «sublime», sino más bien a la «eficacia» inmediata, al marketing, al entretenimiento absurdo, se encaminan hacia un ocaso quizá definitivo, hacia una caída en desgracia sin regreso a su viejo esplendor.

It will take a long time, and certainly the West will remain the dominant civilization well into the next century, but the decline is occurring”, Samuel P. Huntington. Si tengo que bajar a esta civilización por una escalera, rechazaré la invitación. Callar. Frente a la falta de gracia de expresión del periodismo como una agranulocitosis, frente al toma y daca oral de mis congéneres como moscas cayendo en la taza de café.

Sí, la confianza disminuye, la gente se odia, nadie respeta al otro. Todo se desmorona. Pero la decadencia y caída de la civilización apenas es notada por la abrumadora mayoría de los ciudadanos.