Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Vellaturam facere, literalmente, transportar mercancías por dinero. Oficio de arrieros. Los locos transportamos ideas por una polifonía de devastación afectiva, entontecimiento presenil, indiferencia o retraimiento ante la realidad, vaciamiento cognitivo, clasmatodendrosis y una quisquillosidad terca, tiránica e indecisa.
Somos naturalezas silenciosas, soñadores extravagantes, pesados, exageradamente escrupulosos, con el uso de una mera pseudo-conversación. Tórpidamente se insinúan mis deliremas II. Y mis materiales verbales caen en una “ataxia intrapsíquica” (Stransky) Llego a interpretaciones que otros no pueden compartir, por medio de una lógica que nadie puede entender. Se yuxtaponen niveles lógicos que las personas normales no yuxtaponen.
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La estrella del cielo sigue su camino hacia el Imperio. Entro en un castillo como si entrara en la leyenda de un sueño medieval. Todavía brillan húmedas nubes perfumadas. Huyo hacia el puro este a venerar jinetes tártaros. El mar en calma. La casa vacía.
Goethe: “Honda calma tiene el agua, / inerme descansa el mar, / lisa lisura que alarma / ve el pescador sin cesar. / ¡No hay aire de donde fuere! / ¡Terrible calma mortal! / Ninguna ola se mueve / en la inmensa inmensidad”.
Como decía el poeta griego Yorgos Seferis: “Las estatuas no son las ruinas, las ruinas somos nosotros”.
Y un fuera de serie como Jünger, sobre la socialización del hombre en esta democracia morbosa donde estamos constreñidos: «La ilusión igualitaria es todavía más peligrosa que la brutalidad de los que manejan el sable. La víctima del igualitarismo es socavada física y moralmente. Cuando uno es diferente a los demás, nunca será su igual».
El mundo pierde sustancia y la palabra agoniza desvaída. Brower: «La corrupción abominable de la palabra precede a la corrupción abominable de la realidad, primero se tuerce el concepto, después se tuerce el objeto al que tal concepto nos refiere, tratando de que encaje en la horma podrida».
Se iguala por abajo, como el afeitado, las talas o la instalación de baterías. A veces el mundo parece transformarse en un espeluznante Procusto. Vacilamos y nos tambaleamos como seres a quienes falta el sentido del equilibrio.
Visionario Spengler: “El desprecio a los hombres es la premisa necesaria de su conocimiento profundo”.
Oradores políticos asianistas, Diógenes de Sínope es ajusticiado, Galo, Propercio, Tibulo y Ovidio en el exilio. Arde la Biblioteca de Alejandría. El horror me hace marchar muy lejos.
[ i ] “(…) al investigar las causas de la corrupción de las letras latinas en la era de Augusto, y de las letras italianas en el siglo XVII, solían los críticos de aquel país achacar al influjo español la mayor culpa en estos accidentes fatales, asentando muy gratuitamente, pero no sin cierto color de verosimilitud, que, así como la familia de los Sénecas corrompió la pureza del gusto en la era de los Césares, así la dominación española en Milán y en Nápoles coincidió con la depravación de la elocuencia y de la poesía italianas, perdidas y estragadas por el contagio y el remedo de los vicios de los dominadores; de donde inferían que debía de haber en el clima de España y en el temperamento de los españoles alguna influencia maléfica para el buen gusto, en todas edades y civilizaciones. De tales ideas, profesadas con más o menos exageración, no está libre la voluminosa y concienzuda Historia Literaria de Italia, del doctísimo abate Tiraboschi (…). Pero el más extremado sustentador de las opiniones antedichas era un escritor mucho más ligero que Tiraboschi, y cuya reputación ha venido tan a menos con el transcurso de los tiempos, que hoy está casi enteramente borrada: el abate Xavier Bettinelli (…)” (Menéndez Pelayo 1962, 337-338)
[ ii ] “En la primera mitad del largo reinado de Augusto, se alcanzó todavía la gloria de los grandes talentos que se desarrollaron en aquella época, pero que en su mayor parte provenían de los últimos tiempos de la república; todos habían visto cosas grandes, y la libertad, cuya ruina presenciaran, les había antes inspirado el genio.
Pero la nueva generación, que había nacido y crecido bajo la monarquía, era enteramente diferente: desde el fin del reinado de Augusto, pudieron advertirse ya vestigios de la corrupción del gusto en los escritos de Ovidio; no sólo en la excesiva abundancia de su imaginación, que no se deja sujetar por ningún freno, sino en la decadencia de la lengua que puede ya empezarse a descubrir” (Schlegel 1843 I, 130)
[ iii ] “La pérdida de la libertad romana, la corrupción de carácter moral y religioso del pueblo, dan comienzo a la decadencia de la literatura, iniciada ya a fines del período anterior. El despotismo creciente de príncipes ignaros, la falta de estímulos para cultivar las letras y la depravación del gusto, apresuraron la decadencia en el período que estudiamos. Y no hay que buscar las causas de esta degeneración en la fatalidad de la humana naturaleza que permite durar poco a lo que ha logrado alcanzar el más alto grado de perfeccionamiento; semejante resultado debió ser la consecuencia y la consecuencia inevitable del espíritu y costumbres de la sociedad, y sobre todo, de la mala dirección dada a la enseñanza de la juventud, tanto en las casas de los magnates romanos como en las escuelas públicas, donde reinaba un gusto depravado que, salvando todos los límites y sin atender a la naturaleza de lo verdadero, se perdía en vaguedades al buscar la perfección en un estado imaginario y en toda suerte de exageraciones” (Baehr 1878, 16-17)
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THE MEANING OF LIFE
Leer los más elevados pensamientos
y así tener algo grande y noble en la memoria.
Escribir como un autor distinguido.
Amar la Luna, la Soledad, las Estrellas.
Intimar con el placer y sufrimiento inevitables
con ojos abrasados, energía resplandente
y coitos memorables con rubias scorts.
Sentir la delicadeza ni mortal ni caduca del mirlo.
Eso es todo. Pero nunca olvidar a Eliot:
«La Cultura es por lo único que merece la pena vivir».
La Cultura moldea el Yo y la Historia, agrupa
lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos.
Ella es un milagro que unta la piel de caricias ensalzadas.
O Civilización o Barbarie.
Y que sientas al fin que valió la pena
la quietud del espíritu en la madrugada
con un libro entre las manos
y el verdadero Amor hacia todo lo creado.
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Miércoles, 15 de Noviembre, 2023.
Manicomio de Piñor (Orense), 18:40 p.m.
Sobre un apunte olvidado del 14-Xl-2018.
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La mente (la metáfora no es muy brillante) es como un puzzle. A mí me empezaban a bailar algunas piezas, pero no se desperdigaron, por lo que, preventivamente, decidí ingresarme.
Otro símil pudiera ser el del muelle. La locura es como elongar más allá de un punto crítico el muelle de tal manera que no pueda, tras el estiramiento, volver a su posición original. Un ingreso restablece el funcionamiento normal.
Otra metáfora acaso sea la de la enredadera que asfixia el árbol. La locura es un embotamiento o enlentecimiento con humor melancólico. El aislamiento y el ritmo de vida pautado en un manicomio permiten respirar al árbol.
Nota bene: En los casos crónicos o cronificados la terapia no ayuda demasiado.
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Cuando contemplo mi prosa o poesía, casi siempre siento la humillación ante un espíritu que funciona no con objetos valiosos, sino con cosas que me insultan.
Para vencer en arte, enfrentándote a un ejército con iguales efectivos, debes aniquilarlos a todos y, a la vez, no puedes permitirte el lujo de perder ningún hombre.
Esta idea de Seferis es tan exacta como feliz. Un poema, un fragmento brillante de prosa, mantiene en movimiento muchos platos sobre distintas varillas. Entonces, logrado ese efecto, dejas de pulir. Un escritor elemental pero correcto mantiene en equilibrio solo dos platillos, un virtuoso más de una docena.
Me siento humillado al releerme y ver fragmentos de algún/os plato/s rotos por el suelo. Escribo para alimentar esta hidra estúpida de las redes. La faena seria la pospongo o aplazo. Sé que puedo mejorar, aunque tanto mediocre material como ofrezco aquí parece una especie de autosabotaje.
El espíritu, alimentado con sederías o vilezas, siempre funciona. Yo -y no todos podrían afirmarlo- al menos distingo sus momentos.
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Tocqueville, sobre el Antiguo Régimen: «Siento erróneo creer que fue un periodo de servilismo y dependencia. Había una clase de obediencia que les era desconocida: no sabían lo que era doblegarse a un poder ilegítimo».
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«Hablemos en voz baja. Aun cuando se grite el tonto no entiende». Nicolás Gómez Dávila.
El ejército del pueblo romano («exercitus populi Romani») se dedicaba al amor, al vino, a poner altos precios a las estatuas, tablas pintadas y vasos cincelados, a robarlos privada y públicamente. Robo, iniquidad y saqueo en aquella y nuestra decadencia.
Se considera asimismo que los tiempos decadentes están afectados por un lenguaje falso, tal como lo describen los textos de Teognis, Hesíodo o Platón. Quizá el mejor ejemplo de esta inversión del lenguaje, que expresa una perversión de los valores sociales, lo constituya la descripción que hace Tucídides de la crisis de Corcira:
«Y las acostumbradas relaciones de las palabras con las cosas cambiaron según lo que cada uno tenía por justo. El atrevimiento desenfrenado fue considerado valentía amistosa hacia los del propio partido, las dudas del prudente, cobardía disimulada, la mesura, excusa del cobarde, y el juzgar inteligentemente sobre cada cosa, incapacidad para emprender cualquiera de ellas: y se consideró a la vehemente temeridad como propia de la naturaleza del hombre, y la circunspección al deliberar fue aceptada como un bien armado pretexto para evitar la acción. Y el violento fue visto como confiable, y el que se le oponía como sospechoso» (Th., 3.82.4-5)28
¿Por qué la catástrofe, la invasión de los bárbaros, se abate sobre España?
Otro excelente ejemplo de fusión de discurso clásico sobre la decadencia y elementos apocalípticos, es la epístola de san Cipriano en respuesta a Demetriano, procónsul de África, quien acusaba a los cristianos de ser los causantes de las catástrofes del siglo iii: «Dixisti per nos fieri et quod nobis debeant imputari omnia ista quibus nunc mundus quatitur et urgetur quod dii vestri a nobis non colantur. Qua in parte, quia ignarus divinae cognitionis et veritatis alienus es, illud primo in loco scire debes, senuisse jam mundum, non illis viribus stare quibus prius steterat, nec vigore et robore eo valere quo antea praevalebat. Hoc etiam, nobis tacentibus et nulla de Scripturis sanctis praedicationibusque divinis documenta promentibus, mundus ipse jam loquitur et occasum sui rerum labentium probatione testatur. Non hyeme nutriendis seminibus tanta imbrium copia est, non frugibus aestate torrendis solis tanta flagrantia est, nec sic vernante temperie sata laeta sunt, nec adeo arboreis foetibus autumna foecunda sunt. Minus de effossis et fatigatis montibus eruuntur marmorum erustae, minus argenti et auri opes suggerunt exhausta jam metalla, et pauperes venae breviantur in dies singulos et decrescunt, deficit in arvis agricola, in mari nauta, miles in castris, innocentia in foro, justitia in judicio, in amicitiis concordia, in artibus peritia, in moribus disciplina. […] Sic sol in ocassu suo radios minus claro et igneo splendore jaculatur; sic, declinante iam cursu, exoletis cornibus luna tenuatur, et arbor quae fuerat ante viridis et fertilis, arescentibus ramis fit postmodum sterili senectute deformis; et fons qui, exundantibus prius venis, largiter profluebat, senectute deficiens, vix modico sudore distillat. Haec sententia mundo data est, haec Dei lex est, ut omnia orta occidant et aucta senescant, et infermentur fortia, et magna minuantur, et cum infirmata et diminuta fuerint, finiantur (Cypriano Carthaginense, Liber ad Demetrianum III [Migne PL, vol. 4, 546A-547A]),
“Dijiste que a causa nuestra suceden y que se nos deben imputar todas estas [desgracias] que ahora golpean y asolan al mundo, puesto que nosotros no honramos a vuestros dioses. En relación a lo cual, puesto que ignoras la divina cognición y eres ajeno a la verdad, en primer lugar debes saber esto, que ya ha envejecido el mundo, que no se mantiene con aquellas fuerzas con las cuales antes se mantenía, y que tampoco resiste con la fuerza y el vigor con los que antes se sostenía. Esto, aunque nosotros nos calláramos, y no refiriéramos ninguna de las pruebas de las Santas Escrituras y de las divinas predicaciones, el mundo mismo ya lo dice y atestigua su propio ocaso, dando como prueba la declinación de [todas] las cosas. En el invierno [ya] no hay tanta cantidad de lluvias para nutrir a las semillas; en el verano el sol no tiene tanto calor para calentar las mieses, y tampoco en la estación primaveral los cultivos están fértiles, ni los frutos otoñales de los árboles son tan fecundos. De los exhaustos y fatigados montes se extraen menos piezas de mármol, los metales extenuados indican menos riqueza de oro y plata, y las venas empobrecidas se hacen más pequeñas cada día y decrecen, falla en los campos el labrador, en el mar el navegante, el soldado en el campamento, la inocencia en el foro, la justicia en el juicio, la concordia en la amistad, la pericia en las artes, el orden en las costumbres […] Así el sol en su ocaso lanza rayos con esplendor menos ígneo y claro; así, cuando declina ya su curso, envejecidos [sus] cuernos, se atenúa la luna, y el árbol que antes fuera verde y fértil, se hace luego, resecas sus ramas, deforme a causa de la estéril vejez; y la fuente que, rebosante antes su cauce, con abundancia fluía, desfalleciendo a causa de la vejez, destila apenas un módico chorro. Esta es la sentencia dada al mundo, esta esta es la ley de Dios, que todas las cosas nacidas perezcan y que las que hayan crecido envejezcan, y que se debiliten las fuertes y las grandes se empequeñezcan, y que cuando se hagan débiles y diminutas, lleguen a su fin”.
Llegamos al fin; las bibliotecas no fascinan; las nubes obscurecieron de pronto el mundo; el polvo nos ciega; huracanes atraviesan y devastan la llanura; profundas y corrompidas almas de rubias tontas en los bares; Welles y Truffaut murieron cuando más los necesitábamos; chasquido de olas en las esquinas heladas; tigres enfermos de gonorrea; manchas de quemadura de cigarrillos en la colcha. No existen seres extraordinarios. El sinsentido de las Ruinas de la Civilización. ¿Qué hice yo para estar en el centro de semejante LOCURA?
La pomposidad de los discursos políticos ajados de clichés e insípidas promesas. La felicidad de lata, de sopa Campbell, en las expresiones dulzarronas en los semblantes de la gente cuando avanzan por pasillos de color rosa con dibujitos de Mickey Mouse. Su regocijo, complacencia, conformidad, satisfacción, en corazones sin gota o pasión por la Cultura, el Saber o la Libertad.
Sueños de sonrisas fláccidas que devienen en una pesadilla. La mayor tragedia es vivir sin tragedia. La nube oculta la verde colina del manto de abril, no lo olvidemos. El telescopio de la Verdad es la Inteligencia. ¿Qué sabréis decir de mí? ¿Adónde fui? ¿De dónde vengo? ¿Dónde estoy? Sencillo: camino por la Luna, siento el frío de la noche y mis ojos laten todavía anegados de curiosidad.
Ahora mismo me asola la oscura melancolía como un tocador de señoras repleto de gusanos. Pero el día fui ilustrado (¡y en estos tiempos!) Releí pasajes al azar de la HISTORY OF LOGIC de esa pasión (prosa de metrónomo y reloj de cuco en caja de caoba) que es Anthony Prior. Comí «bacallà escaixat» y sentí el placer de vendaval sin lluvia de un refrescante vodka con zumo de naranja. Paladeé cigarrillos, sumando al humo helicoidal, remembranzas de vacaciones en hotelitos con terrazas llenas de flores cuando era niño. Sentí temblar el suelo ante la mongolización de la gente mediante el fútbol, las redes y la televisión (vagan o deambulan en las ruinas y galerías de la Nada) Saboreé esa estrella brillando en un siglo antiguo llamada Mozart. Leí a John Clare. Escribí. Medité. Soñé. Frente a la lobotomía de mis coetáneos habité la Biblioteca de Alejandría y la Villa Adriana. No importa el derrumbe y desmigajamiento de ahora, mientras escribo estas líneas. El día tuvo savia y mecha, sentido, fuego y fulgor. Aunque la noche avance muy oscura y el misterioso sueño se convierta en pesadilla.
Dispondré en mi testamento ser enterrado junto a mi perra. «Telle est la dernière marque de mépris qu´il a jugé à propos de donner aux hommes». «Tal es la última muestra de desprecio que juzgó conveniente dar a los hombres». Espero que mi disposición sea cumplida.
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«Pensaba hace un rato en algo que el General Charles de Gaulle le escribió a su esposa en 1938, poco después de la insensata capitulación de Munich. Son palabras que muy bien convienen a la actual Europa (con qué pocas y dignas excepciones) y a su cobardía ante ciertos delirios: Nous prenons l´habitude du recul et de l´humiliation, à ce point qu ´elle nous devient une seconde nature. Nous boirons le calice jusque ´à la lie. El viejo Churchill también dijo lo mismo en el Parlamento», José María Álvarez.
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Robert Musil, 1880-1942:
“La estupidez es activa en todas las direcciones y sabe disfrazarse con todos los ropajes de la verdad. La verdad, por el contrario, tiene un solo traje y un solo camino para cada ocasión y se halla siempre en desventaja.”
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Rumio en este malaje de España y les encuentro alarmadísimos. ¿Pero no ven que ya lo tienen todo convenido, todos los papeles de la farsa y la amnistía repartidos; como suele decirse, que ya está todo el pescado vendido?
Que estos bobalicones traidores no ocupen nuestro pensamiento, pensamiento (infinitamente) mejor ocupado pensando y disfrutando de Virgilio, de Montaigne, de Borges, de Pla, de Auden, de Cantor, de Church… En todo caso, a mí avísenme cuando todos estén pudriéndose en el infierno, cuando todas las Universidades sean privadas, cuando ir a una taberna sea igual que ir a Cambridge, cuando no se ejerza la tiranía a la sombra de las leyes y en nombre de la justicia, cuando el mundo tome el rostro de la belleza de Marta, cuando el poder político, como en un estado totalitario, no esté por encima de la constitución, cuando Atenea, diosa de la sabiduría, gobierne el orbe y no esta retahíla de papanatas analfabetos, cuando ya nadie recuerde este espectáculo desvergonzado, pútrido y miserable.
El envanecimiento lujurioso es debilidad tan insensata como irracional. Pero cuando evalúo mi prosa no puedo dejar de compararla con un gran ventanal veneciano con realces jónicos y un tímpano arqueado con antemios. O con un magnolio «delavayi» creciendo a lo largo de las páginas. O con una biblioteca atestada de editio princeps donde conforta el elegante y sutil olor a viejo.
En mis libros charlo sobre mi vida mental tal comiera «pain au chocolat» en porcelana de Sèvres. Mis libros son chorros de luz cenital en una franja de aire que escarba el mediodía. Son aguas carolingias goteando en la piel de terciopelo brillante de un pimiento que comeré después con trufas blancas y codorniz. No puedo evitarlo: mi escritura es fácilmente magnífica.
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Toda la mañana leyendo a clásicos latinos. Pongo la radio. Fútbol. Periodistas con un cerebro líquido y calloso como gárgaras mucosas apaleando la sintaxis y mineralizando las cantidades espirituales.
El fútbol es popular porque la estupidez es popular.
Días rancios y tristes. Ciclo (vaivenes anímicos) muy rápido. Entonces se daña la capacidad de percibir mi propio yo y se distorsiona mi modo de pensar. Aunque la melancolía es un polo en la danza de la realidad, la melancolía patológica (estoy diagnosticado de trastorno bipolar) en absoluto es un signo de conciencia enaltecida, intuición moral o genio creativo. Sientes un torpor vital como si te inyectaran en tronco y extremidades cemento armado, se daña la concentración, la propia estima, el cerebro, el estómago, el corazón, la confianza. No veo ningún glamour en esta hecatombe.
Deseo construir una pequeña cabaña en un descampado contiguo al bosque y que me arrastren los grandes vientos de la SERENIDAD a través del cielo. Una cabaña de arcilla y paja, con una estantería de madera, una mesa, una cama, una silla y una estufa. Y esperar la muerte dulcemente en ese claro rumoroso del bosque. Y la PAZ lenta llegando a mi corazón a través de los goterones del velo de la mañana y de la luz opaca de la noche. Y que el atardecer chapotee en mi mente quieto e IMPASIBLE.
La vida es una niebla insípida y desdibujada. Infructuoso y frío el mundo. Cultivo mi soledad, pero la quiero TRANQUILA. El mundo es ingobernable y antipático, arrogante, cobarde e irracional, de casi ningún cerebro vale la pena hablar de tan cavernícolas como son con sus mentes estropajosas, El ciclar tan rápido son como arritmias, como sístoles y diástoles que me aniquilan. Las nubes pueden cubrir el sol pero no pueden apagarlo. En mi cabañita hay una bujía con lumbre. Amo lo que es mortal, aunque mi psique sea un piojo de mar. Lleno largas cajas con flores pese a la invariancia de esta negrura de petróleo que me asola. No, no es romántica la locura.
Con Renan creo que el azar del nacimiento es menor que el azar del escrutinio. La sociedad, con el sufragio, se ha rebajado. La democracia ha ganado muerte. El pueblo y sus políticos son mucho más terribles ahora que en tiempos de Robespierre.
Educar al pueblo ¡Paparruchas! Así se explica esa unión tan frecuente entre el magazine y la barbarie del gusto; entre la divulgación abajada o vulgar y el periodismo.
Por otra parte, durante la Edad Moderna –por ejemplo- dos grandes potencias hegemónicas europeas, España y Francia, realizaron importantes alianzas dinásticas por medio de matrimonios de miembros de sus familias reales. De esto es propio de una persona culta hablar y disertar, no de los trapitos, el forraje rosa y el nulo desarrollo neuro-cognitivo de la princesa o de nuestra familia real, familia cuyo símil más exacto es el bufón Calabacillas pintado por Velázquez, un reality show como los Gipsy Kings o la tristemente famosa “La Veneno”.