Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Ante la omnipresencia del parloteo superficial en las redes sociales (y no solo), acudo a Epicteto; «Manual», 33.2.
«Mantente en silencio el mayor tiempo posible o di lo necesario y en pocas palabras: alguna vez, cuando la ocasión invite a hablar; pero no sobre cualquier tema, ni sobre luchas de gladiadores, ni sobre carreras de caballos, ni sobre atletas, ni sobre comidas o bebidas, temas de todos los días; y, sobre todo, no sobre los hombres, censurando o alabando o haciendo comparaciones entre ellos».
La vida social está trufada o entrelazada de maledicencia y trivialidades sin elevación. Cacofonía de cotilleos estúpidos. Aturdidos y paralizados por la cháchara, dejadme en paz.
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«…iam pompa venit…. tempus adest plausus.» Ovidio (sobre Sánchez y Feijóo)
«Transit prasinus, pars populi maeret; praecedit venetus et ocius turba affligitur» Casiodoro (sobre los nefastos políticos patrios)
Romanis templum et habitaculum et contio et cupitorum spes omnis est Circus Maximus. (la importancia del circo político subnormal que nos tocó vivir)
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Qué seso tan quebrantado y qué flaqueza del entendimiento de nuestros políticos. Dicen «túrtura», y no «tórtola», «mensa», y no «mesa», «home» y no «hombre», «asín» por «así», «comío» por «comido»; y tan asinos que hablan de asinos y no de asnos, Prisioneros, ay, de su limitado y grotesco cerebelo.
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No me quiero precipitar, pero creo que mi hija de tres días es superdotada.
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Baudeliare; «¿Has experimentado como yo el placer de ver a la policía golpear? Golpea fuerte, el hombre al que tú golpeas es enemigo de las rosas, de los perfumes, de Rafael y del lujo. Es amigo de los utensilios».
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He publicado un libro. Ando a un tris de publicar otro. Basta y sobra. Leemos en el Eclesiastés «…Guárdate, hijo mío, de hacer más allá de esto; componer muchos libros es cosa sin fin y demasiado estudio fatiga el cuerpo». El mundo está atestado de libros, pegas una patada y salen mil, y cien mil de esos mil, y un millón de esos cien mil, ETCÉTERA.
Un párrafo de Neruda en sus Memorias: «…Cuánto libro…cuánto librito…¿Quién es capaz de leerlos?…Si fueran comestibles…Si en una ola de gran apetito los hiciéramos ensalada…los picáramos, los aliñáramos…Ya no se puede más, nos tienen hasta las coronillas…Se ahoga el mundo en la marea…»
No nos creamos fachendosos, importantes o presumidos por esbozar un libro. El escritor mejicano Ibargüengoitia detectó esta INUNDACIÓN o inflación novelera y poética: «Según parece, en los Estados Unidos el número de personas que han escrito una novela es monstruoso…en nuestro medio inclusive, a pesar del elevado índice de analfabetismo que tenemos, el número de personas que creen que podrían escribir una novela con las experiencias que han tenido en su vida es tremendo…Lo malo es que no tiene uno tiempo porque hay que trabajar para sostener a la familia, llevar a los niños a la escuela, ir a fiestas, lambisconear al jefe, etc. En realidad escribir novelas es trabajo de ociosos».
Si ustedes premeditan en labores de escribidor -no siguieron el consejo del Eclesiastés-, sigan al menos el consejo de Quevedo:
«De mí sólo aseguro que ni el que me empezare a leer se cansará mucho, ni el que me acabare de leer se arrepentirá tarde. Harto haré si alcanzo a parecer bueno por poco malo, y aun esta disculpa tan culpable no se deberá a mi ingenio sino a mi brevedad, no imitando a aquellos que ponen su cuidado en no empezar a decir sin acabar de hablar. Gastaré pocas palabras, y haré gastar poco tiempo. Este ahorro de tan preciosa porción de la vida me negociará perdón, si no me encaminare alabanza».
Vale.
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Gente grosera, estúpida y malvada. Casi todos borrachos en la cantina. Gritos y berridos a la hora de la partida. Un habla como gárgaras inarticuladas. ¡Hatajo de bribones! Su insolencia y mala educación no conoce límites.
En palabras de Otelo: «Déjame un instante a solas conmigo». Estamos anegados en cantidades ingentes de palabras e imágenes inútiles. La estupidez nunca es muda ni ciega.
Giorgio de Chirico ya se anticipó a un pavoroso estrechamiento de horizontes: «Ante la orientación cada vez más materialista y pragmática de nuestra época…en el futuro no resultará excéntrico contemplar una sociedad en la que quienes viven para los placeres de la mente dejen de tener derecho a reclamar su lugar bajo el sol. El escritor, el pensador, el soñador, el poeta, el metafísico, el observador…el que intente resolver un acertijo o emitir un juicio se convertirá en una figura anacrónica, destinada a desaparecer de la faz de la tierra como el ictiosaurio y el mamut».
Solo puedo añadir mi cerebro al de Benjamin: «La redención se conserva en un pequeño resquicio del continuo de la catástrofe».
Hatajo de bribones ajetreados, con vitalidad deficiente y rostro bufonesco. Yo me he desprendido de la linterna y veo en la oscuridad.
Sobre el murmullo de la aldea dibujo el silencio. Todos los que sabemos callarnos o estamos mucho tiempo callados, llegamos a ser hijos de los dioses, pues callándote nace la conciencia de tu origen trascendente o semi-divino. Los charlatanes nunca serán más que (y solo) hombres. Pero, ¿Cuántos saben callarse? ¿Cuántos disciernen lo que significa callarse?
Añoro una sociedad con menos palabras, y hago mía la desdeñosa exclamación de Shakespeare: «Words, words, words!» ¡Qué compulsiva inclinación a hablar y al ruido nos rodea!. Anuncios, altavoces, teléfonos, automóviles, televisores, discotecas; facundia estridente de chirridos.
Aludía al silencio el gran poeta sueco Gunnar Ekelöf (traducción mía -bastante libre- a partir del inglés):
Es el silencio lo que debes escuchar,
el silencio oculto tras los apóstrofes, tras las alusiones,
el silencio de la retórica
y el perfecto silencio del poema.
Todo lo que yo, con supuesto arte, intento escribir,
es, por contraste, algo carente de arte,
de un relleno palabrero y vacío.
Lo que yo deseo escribir
se escapa entre los versos.
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Cincelo mi mente como la medianoche borra una imagen de colores pálidos pintada en un camafeo. Se adormece como lenta plata el cielo opaco. Mis palabras aletean como un pez afuera del río. Vivo dentro de la noche natural y no urbana con las mismas estrellas inmutables que vieron un héroe de poema homérico o un astrónomo caldeo. El candor de seda azul de la Luna encanta mi sangre. Mi mente, aquí en la aldea, es un tapizado de pagodas chinas. Soledades de roquedas y penedos y herbal áspero.
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En dos días me leí «El desarrollo de la lógica» del matrimonio Kneale. A la vez hojeaba «Historia de la lógica formal» de I.M. Bochenski. La matemática es una majestad de pieles y perlas en la luz de carrusel de los Campos Elíseos. La matemática es una caserna fortificada de oro luminoso.
«Verás a esta ciudadela tebana sometida, verás a muchas doncellas cautivas ultrajadas con brutalidad por los guerreros enemigos» («Las fenicias», Eurípides) Pensando en los HDLGP de Hamás y las feministas (?) occidentales de salón y alipori diario por sus memeces. Estoy sin palabras.
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«El verdadero, el temible enemigo es el error en el cálculo y en la previsión» dijo Tucídides.
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“It is your duty,’ he said, ‘to recover your country not by gold but by the sword. You will be fighting with all you love before your eyes: the temples of the gods, your wives and children, the soil of your native land scarred with the ravages of war, and everything which honor and truth call upon you to defend, or recover, or avenge.”
Livy, The History of Rome, Books 1-5: The Early History of Rome.
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Y, sobre todo, Virgilio: «Flectere si nequeo superos, acheronta movebo».
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Como escritor judeoespañol estoy consternado y espero que sea vengada cada gota de sangre.
MI PROFESIÓN: lord, rentista arruinado, o propietario (lo opuesto a un millonario) Pero me hubiera gustado ser guardia civil en un pueblo o bien agente del Mossad.
PARAÍSO: leer novelas sobre todo no muy originales. Una ilusión que aúlla dentro de nosotros de modo recurrente es que no existan ni el cine, ni la televisión ni la radio ni los computadores.
FORMA DE GOBIERNO: la democracia aboba al bobo y dado que lo que menos faltan son bobos…Un monarca patricio y con sabiduría de alto copete, no excesivamente cruel, fuera un gobierno ideal. Un monarca o mandarín que temiéramos y del que sepamos poco.
MEDIOS DE INFORMACIÓN: los chismes de aldea de las vecinas de los lavaderos. El cotilleo para la mayoría y los libros clásicos para la minoría. Nada de telediarios, prensa o tertulianos o información meteorológica.
FORMAS DEL CARÁCTER: ser de pocas palabras. Un carácter que se sostuviera solo por la energía interna de sus silencios.
ENTRETENIMIENTO: comer (no la vulgaridad de los filetes de ternera, la horterada del vegetarianismo o la ruín e insípida comida enlatada), y el calor de las chimeneas.
FORMA ECONÓMICA: trueque. La economía de subsistencia. Los talleres feudales.
PAISAJE: lluvioso. El sol debilita las meninges y , si te da un golpe de calor, acabas matando a un moro o a tus compañeros de aula en Texas.
MONUMENTOS: limitados a madres famosas de la historia de la literatura.
RELIGIÓN: católica, que debiera ser una religión estatal. La chifladura sincrética californiana debe convertirse en cómic para pre-adolescentes. También el budismo.
MEDIOS DE TRANSPORTE: las piernas. Los adinerados, el carruaje.
TAMAÑO DE LA CIUDAD: no más habitantes que en la Atenas de Pericles. El edificio más lujoso, que debe estar en el centro, será un auditorio de música.
ESTUDIOS: arquitectura, música, ebanistería. Los capaces pueden añadirle álgebra, teología y prosodia.
IDIOMA: español del siglo XVIII. Como curiosidad optativa y para emplear en documentos cifrados se permitirá el provenzal.
VESTIMENTA: corpiño victoriano para ellas; obligación del sombrero para los adultos varones
EXTRAVAGANCIAS: reguladas por ley un día al año para que no sean sancionadas nuestras extravagancias criminales, sexuales, religiosas, artísticas, et caetera.
TABACO: negro o en pipa de lujo.
SEXO: prohibido a partir de los treinta años.
ESPERANZA DE VIDA: sesenta y tres años y seis meses y seis días y seis horas. Muerte por solución senequista.
TIPO DE ANIMALES: vacas. Pero que miles y miles de vacas. Y lobos, pero cientos de lobos en lo hondo del bosque. Nada de p… moscas.
Para mi madre, Noemí y Clara, veranos sin mezcla con el invierno.
LIMINAR
El libro que el lector tiene entre sus manos tiene un objetivo: lograr ser el complemento de uno bueno o el suplemento de uno malo, de modo similar a como el queso es el complemento de una buena comida o el suplemento de una mala.
También tiene como intención la busca de un lenguaje claro a la par que elegante, con mampostería educada. Si por un lado evita la variedad verbosa, la llevada a unas cimas sorprendentes de calidad por un Cicerón o un Góngora, o la variante conceptista formulada con pasmosa felicidad por un Tácito o un Gracián, tampoco le importaría acuñar de vez en vez frases con esos dignísimos modelos.
Descreo del estilo tosco y simplón, superficial, que no levanta un palmo del suelo, esa prosa monocolor y liofilizada, huera y epidérmica, pero me disgusta asimismo una escritura en permanentes vacaciones por la ininteligibilidad galáctica, de hermetismo gnóstico. Mi modelo de escritura sería un métissage entre George Eliot o Jane Austen con Dickens o Stevenson. Mi estilo anhelado gravita entre dos polos: Hume o Quine y, en el otro extremo, David Lewis. Busco una lengua, refiriéndome ahora a la prosa carolina y republicana del siglo XVII inglés, sin el estilo latinizante (a menudo difícil) de Milton, sino más bien con el estilo agradable y suelto de un Walton, pasando por el término medio de Thomas Browne y Jeremy Taylor. Juan Goytisolo taraceado por Eduardo Mendoza, Quevedo refrenado por Cernuda, Gracián iluminado por Galdós, Góngora alisado por Gil de Biedma, Benet laminado por Delibes. Perdonen la vanidad o presunción patológica y desmesura, la irracional soberbia, de declararles que aspiro a mimetizarme con Josep Pla o Álvaro Cunqueiro (como prosistas) y Kavafis (como poeta) Ese fuera el punto de equilibrio o cocción perfecto para mis guisos literarios; de antemano les pido disculpas por la comida rústica, cruda o requemada.
Debo insistir en que Pertinencias e impertinencias. Libro póstumo pertenece al género literario, no a la larga lista de tratados científicos o filosóficos. Su meta se resume en mi radiografía moral y en la persuasión emotiva; el único argumento de la obra soy yo. El tono bronco y a veces despreciativo brotan como una impostura, máscara o personaje. El libro, como la vida, es ondoyant, no una fórmula matemática para describir con exactitud una parábola. En él abundan las molestas sofisterías: sesgos cognitivos, reducción de lo complejo a lo simple, generalización apresurada, incapacidad para percibir muestras representativas, traducción de un fenómeno multicausal a una sola causa, muestras de la innumerable fauna de las falacias, ETCÉTERA. Lógico la falta de lógica; si pinto el mundo y sus costumbres, tal añagaza sirve para mi exclusivo autorretrato. Todo es ondoyant, insistamos, ondoyant. Desde mis símbolos privados a mis puntos de vista u observaciones arbitrarias propias de un solitario pertinaz y no poco autista. Para encontrar filiaciones o antecedentes, acaso mencionar Sur Plusieurs Beaux Sujects, de Wallace Stevens, Certain World, de Auden, o bien el Libro de los amigos, de Hofmannsthal. O sea, Pertinencias e impertinencias. Libro póstumo nace -se adjunta- como un cuaderno privado o de trabajo, especialmente para mis poemas (y yo, básicamente, me siento y creo –o sentía y creía- poeta)
Siendo “p” cualquier oración o sentencia declarativa, “Sabemos que p” si y solo si:
(i) creemos que p
(ii) tenemos suficientes elementos de juicio para sustentar que p
(iii) p es verdad
En las aserciones categóricas y contundentes que el lector encontrará espolvoreadas aquí y allá a lo largo de las páginas que siguen, evidentemente se cumple la condición (i); no estoy loco, pues afirmo aquello que creo. Y, si hilara con finezza, si fuera intelectualmente honesto, diría que la condición (ii) es bastante perfectible, y la (iii), la objetividad o verdad de mi descripción del estado de cosas existente, más bien la ignoro. Acúsese de ello al carácter pasional –ondoyant- de la literatura y no a mí.
La estructura del libro, aparentemente tan caótica, viene dada por el fluir rítmico, por la alianza entre la lengua española y la música, por el perpetuum mobile del eufónico ordenamiento prosódico que va desde el primer párrafo al último verso (se incluye una plaquette poética) Agustín de Hipona afirmaba que la música es la ciencia de la modulación. Codicio o ansío la idea de que no escribí un libro atonal. Todo es deliberadamente melódico, ondoyant: la vida, el amor, las palabras…
Acaso deba explicar algo sobre esta salmodia distribuida en FRAGMENTOS en que consiste el libro. El fragmento fue una forma literaria inventada y utilizada por vez primera por el romanticismo alemán. Este recurso permite contener aforismos, carnets, poemas, sentencias, apotegmas, apuntes, máximas, paradojas, citas, boutades, parábolas, micro-ensayos, pecios, humoradas, prédicas, costumbrismos, ETCÉTERA… Su escritura, en mi caso, es consecuencia de mi altiva dejadez, de mi imponente y perezosa desidia, de mi mimada y aristocrática abulia. Una fértil y pasadora forma didáctica y expresiva que espero se rija también por la ley del bello ordenamiento melódico y acaso por algún vislumbre intelectual no bochornoso del todo.
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Nací el 27 de diciembre de 1971 en la de que el alba sería, tras un embarazo que duró 10 meses, 2 días, 4 horas y 53 minutos. Saturno dejó unos minutos de rotar en mi honor. Despertó diez segundos de su tumba Aristóteles. La madrugada cobró un señorío que la volvió inusitadamente joven. Pero ahora os molesta y ofende cuanto escribo. Alrededor de mi cuna no flotaba olor a estiércol, sino esencia de jazmín y olor a manzana verde, culebreo de orquídeas, plumón de mirlos. Mi vida ha sido una afortunada combinación de estudio, escritura, lectura y locura. Tengo un temperamento acaso sencillo y melancólico a la par que amable, a veces sereno y frecuentemente ceremonioso. Viví trabajando en lo que me gustaba, gozando del ocio estudioso y muchas veces con bastante (de eso nada ahora) dinero. Me bañé en el Mediterráneo, me hospedé en cucos hotelitos modernistas, viajé con mis papás por Europa. Añoro la domesticidad judía, el ambiente de invernadero de mi infancia, y no, no me gusta estar desvalido y a la intemperie como estoy. Intelectualmente precoz, socialmente patoso, estéticamente raquítico, indiferente al peculio. Solitario, todavía conservo libros bellamente encuadernados regalados por mis padres. Solitario, nunca dejo de pasear en las rompientes, de acercarme quiméricamente al mar, al que la Luna pálida y dorada enviaba su luz.
Las primeras líneas de la Autobiografía de Russell empiezan así:
“Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación”.
Y concluye con un balance generoso: “Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad”.
Mi vida también la hallo muy digna de revivirse, con ganas la volvería a vivir tal cual fue, y se ha sustentado sobre tres pilares graníticos: el amor, la belleza y la lectura.
Que me arrastren insomnes e inmisericordes los glaciares del olvido: fracasé en el AMOR. Hijo sin hijos, sin novia, ni esposa ni mujer, como un Gregor Samsa convertido en eremita harapiento, en tenia devoradora, una contra-marea, un oleaje de petróleo a veces llega a la playa de mi espíritu. Acaso fui cobarde, acaso temeroso o ruin. Pero, lenitivo dulce, me compensa no haber sido del todo un mal hijo, aunque, acaso, debiera haber sido un mejor hermano. Pero permítanme no continuar (por pudor) por esta línea de pensamiento.
Más fructuosos fueron mis tratos con la BELLEZA. Esa facultad que todavía me eleva por encima de todo, ese gran misterio (plural) captado habitualmente con los sentidos y reconocido mediante la inteligencia. Gracias a la belleza y sus sinestesias y entreveros, atisbé grandezas invulnerables y pruritos de inmortalidad. La vi atravesando el arte, veteando la poesía, el lenguaje, unida al cuerpo de un hombre o una mujer, cruzándose entre las ideas matemáticas. Sus colores nítidos, su brillo platónico, su acabado perfecto, erizaron y potenciaron las sustancias que regulan mi glándula pineal. Formó e inspiró mi existencia también como sustituto vicario a mi falta de amor. Anverso y reverso de la expresión y la idea, cosmos musical divino. Recuerden: Elegantia est, quae facit, ut locutio sit congrua, propia et apta.
De la LECTURA consignar tan solo que es mi afición preferida. Archilector obsesivo-compulsivo, sin un libro no concibo el cielo en la tierra. Gracias a los libros pude ser no solo uno sino múltiple. A veces llegué a pensar que leer y asimilar lo mejor que se ha escrito es por lo único que merecía la pena vivir. Pocas cosas me han pasado y muchas he leído; pero pocas cosas me han pasado más dignas de memoria (Borges) que la torre de Montaigne o la Alejandría de Kavafis, o la espuma violácea e historiada de Proust y Nabokov. No me jacto (otra vez Borges) de lo pobre escrito; me enorgullece enormemente lo admirable o sublime leído. Nunca estará de más acogernos a la perspicacia de Longino:
“Cinco son pues aquellas que podríamos llamar las fuentes más productivas de la expresión sublime; como fundamento común de estas cinco formas se encuentran la potencia expresiva, sin la cual no se hace absolutamente nada. La primera y más importante es la capacidad de concebir grandes pensamientos. La segunda es la emoción vehemente y entusiasta […] Las restantes son: la específica formación de las figuras, la expresión noble y […] la composición digna y elevada”.
El arte de la escritura es una lenta asimilación. Permítanme una larga cita de Petrarca que resume mi poética y mi idea de lo que es ser escritor (mi vocación de escritor deriva de mi vocación de lector). Palabras llameantes de fuego, cristalizada sabiduría:
“Solo una vez leí a Emilio Plauto, Felice Capella, Apuleyo, y los leí aprisa…Pero a Virgilio, Horacio, Tito Livio, Cicerón, los he leído y releído no una, sino mil veces, y no corriendo, sino con detenimiento y activando en ellos la fuerza de mi ingenio. Gustaba en la mañana el alimento que digería por la tarde; comía de niño para rumiar de viejo; y tanto me domestiqué con ellos, tan bien me sentaban, no digo ya en la memoria, sino también en la sangre y en la médula; quedaron tan profundamente asimilados en mi ingenio, que aunque cese de leerlos, mientras viva siempre quedarán profundamente impresos en mi alma…Yo me ocupo de adornar la vida y las costumbres con las sentencias y las máximas de esos antiguos escritores; pero no el estilo. Acostumbro igualmente citar sus palabras, o apropiarme con ingeniosa asimilación su sustancia, como las abejas forman la miel con muchas y variadas flores, y más me agrada (si no puede ser de otro modo) que mi estilo sea torpe e inculto, con tal que aparezca, como el vestido a la persona, adaptado y apropiado a mi ingenio, que no usar el estilo de otro, aun espléndido y elegante, pero que, semejante a un lujoso vestido, resulte por todos lados inadaptado a la medida limitada de mi mente. A un histrión quizá le pueda convenir cualquier vestimenta, pero no al escritor cualquier estilo.
Yo soy tal, que me empeño en seguir el camino de nuestros padres, pero no hasta el punto de poner mis pies en sus huellas. Y si me gusta quizá servirme de sus escritos, no para robarles, sino para hacer de ellos un uso moderado, más me agrada, allí donde puedo, servirme de los míos. Yo soy tal, que me complazco en la imitación, no en la copia; y aun en la invitación evito el exceso…Prefiero no tener guía de ninguna clase que tener que poner siempre mi paso donde lo pone mi guía. No quiero un guía que me encadene, sino que vaya ante mí de manera que yo pueda seguirle, por honrarle no me resigno a perder los ojos, la libertad y el juicio. Nunca habrá quien me impida conducir mis pasos adonde me agrade, huir de quien me disguste, intentar cosas no inventadas todavía, meterme, si me viene en gana, por senderos más fáciles o más cortos, apretar el paso, pararme, cambiar el camino, volverme atrás” (Litterae familiares Vers. 1359. Ed. y trad. por G. Fracassetti [1863-67] let. 26, II ).
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Una coda final de AGRADECIMIENTOS. Este libro no hubiera sido posible sin el amor y acicate de mi hermana Noemí Sanz Gómez (caballito de mar babilónico, abrigo de panel de oro, radiante y rugiente rescate de mis penas, alondra galopando los llanos del aire) y el apoyo de mi amigo, prematuramente fallecido, Mauricio Basullas Romero (único ser en el planeta que conocía mis secretos más sorprendentes y non sanctos, y amistad que duró casi veinte años y casi sin mengua alguna ni altibajos)
También en su origen se encuentra el impulso grácil del grupo (que me quita soledad y encima además me da muy agradable compañía) en torno al bar y Asociación cultural “El cercano”. No los cito a todos para no cometer la impertinencia de olvidar a alguno. Pero debo –nobleza obliga- citar a tres de ellos: Moncho Conde Corbal (alma mater de “El cercano”) y mis maestros Santiago Lamas y el Dr. Vicente Gracia (Sapientia aedificavit sibi domvm)
Aunque a veces defendí apasionadamente la soledad, haciendo de la necesidad virtud, ronronea el diablillo de la contradicción en mí. Por lo que no puedo menos que citar a la Ilíada y la Ética a Nicómaco. Sentencias y sabidurías de la amistad dirigidas a mis amigos:
En la guerra de Troya, Diomedes, el guerrero indomable y valeroso, se adentra en territorio enemigo, y le hace decir entonces Homero “Cuando van dos juntos, uno se anticipa a otro en advertir lo que le conviene; cuando se está solo, aunque se piense, la inteligencia es más tarda y la resolución más difícil”
Y Aristóteles nos recuerda “¿Qué es pues la amistad? Es lo más necesario para la vida, porque sin amigos nadie querría vivir, aunque poseyera todos los demás bienes; es además algo hermoso y loable; en su forma perfecta cuando no se limita a perseguir egoístamente lo útil o lo agradable, consiste en querer y procurar el bien del amigo por el amigo mismo”
Probablemente, debido a mi pésima salud, éste sea el último libro que publique. Lego al olvido los poemas incluidos en este libro y el anterior, Diario de un esquizofrénico, Y ÚNICAMENTE ESOS POEMAS. Lego al fatal y rígido olvido las prosas incluidas en ambos Y SOLO ESAS PROSAS. Me hubiera gustado tener tiempo para pulir, sutilizar y escamondar. Pero apremia el caliginoso destino. Hechas las sumas y restas, no lo pasé nada mal en este mundo. Duc in altum (“Dirígete a lo profundo”, “Rema mar adentro”). Gracias. De corazón. Gracias de verdad y de corazón a todos ustedes. Et tamen stellae, “Y sin embargo hay estrellas”.
Viendo como los chicos en su indumentaria enseñan los calzoncillos y las chicas el delicado ombligo o un insinuante pliegue del nalgatorio, no me quejaré como un moralista profesional sino que acudiré en mi extrañeza a Petrarca.
Cito de De vita solitaria, I, IX, 15:
«¿A qué se debe, en efecto, esta variedad cada vez más sorprendente y más ridícula a un tiempo que se observa en las maneras y las poses? ¿Y estos vestidos que ahora cubren los pies, ahora muestran las vergüenzas, estas mangas que ahora se arrastran por el suelo, ahora se cierran sobre los codos como unas tenazas, este corpiño que ahora aplasta los pechos, ahora cuelga sobre las ingles?»
Nada nuevo. Un constante «corsi e recorsi».
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Hago lo que puedo y disfruto a cada instante. La comunidad literaria me hace el mismo caso que el que yo le hago a ella. ¡Aprendo constantemente algo nuevo! ¡Leo y releo con adolescente intensidad! Escribo simplemente por placer.
Me gusta la lengua de los escritores que se remontan a sus ancestros, no la actual indigencia. Nabokov en Nicolai Gogol: «Poshlust: barato, artificial, banal, insípido, pomposo, de oropel, de pacotilla. La literatura constituye uno de los lugares privilegiados del poshlust. El poshlust es especialmente fuerte y perverso cuando el trucaje no es evidente y los valores que copia se considera que pertenecen, con razón o sin ella, al nivel más elevado del arte, del pensamiento o de la emoción. Son los libros de esta clase los que se reseñan de una manera tan poshlust en los suplementos literarios de los periódicos, los best-sellers, las novelas «emocionantes, profundas y hermosas»….El poshlust no corresponde a todo lo que parece manifiestamente mediocre, sino asimismo a todo lo que es falsamente importante, falsamente bello, inteligente, seductor…en el reino del poshlust , no es el libro el que «alcanza el triunfo», sino «el público de lectores que se lo traga todo, la tira publicitaria y todo lo demás».
Todo es burlón, frívolo, sin audacia ni libertad. La Cultura está cerca de un Holocausto light. Una trágica odisea yugula nuestro espantable rugido de monstruos. Tengo bastante con que la cultura no muera en mí para preocuparme por esos zombis donde la cultura murió en ellos. El nulo caso de lectores y comunidad literaria es el mismo que yo le hago a ellos.
Resulta útil relacionar la bella y solitaria estética de las matemáticas con la estética de otros ámbitos artísticos. Su parte geométrica y visual, con la pintura y el dibujo en perspectiva. El teatro con los seminarios acalorados en los centros de investigación. Las figuras y patrones (tanto musicales como verbales) con figuras y patrones extraídos del mundo de las estructuras algebraicas.
Una epifanía de la que nunca me recuperé del todo es aquella vez, de muy joven, cuando iba marcando los datos de una hoja de gráficos y vi que esos puntos trazaban una curva especial que reconocí porque la había visto en la clase de álgebra; se trataba de una parábola, la misma forma que describe el agua al salir de una fuente. Me invadió una sensación de temor y asombro. Vivo estaba ad eternum el movimiento de un péndulo. Intuí que la expresión «ley de la naturaleza» significaba realmente algo magno.
También recuerdo cómo deduje el área de una serie de hexágonos del enlodado de mosaicos del baño de mi casa de Barcelona -era yo muy pequeño- a partir del área de sus triángulos y sus cuadrados.
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Este es un diario del silencio con el complemento de la soledad. Me gusta estar solo y examinar las llanuras del aire. De niño y adolescente pasé vastísimos intervalos de tiempo en compacta y densa soledad. No soporto el cacareo.
Al escribir no me trabo, y no corrijo nada de lo que escribo. No creo que escribir sea como meterse una lija en carne viva. Al ser esencialmente un escritor de diarios mi categoría se reduce a la de charlatán impúdico, algo que requiere poco talento (o ninguno). Pero sí hay en mí voluntad -y descontento- de estilo. El viejo Karl Kraus lo constató: «Nunca está acabada mi obra, y cuando lo está, me hastía. Hasta que es inalterable, mantiene ocultos sus defectos, y porque es inalterable, los pone al desnudo. Sus faltas y lo que le falta. Se abren las heridas cuando el autor del hecho se aproxima. A días de placer han seguido días de angustia, porque lo que se ha escrito fácilmente, se corrige con dificultad».
Zombis con el piloto automático, como en platónica y con grilletes cueva platónica.
Quiero vivir premeditadamente, no como un autómata. Vivir con mis propios planes, no siguiendo prioridades ajenas o piratas o parásitas. Con ganas para pensar, con tiempo para pensar, con concentración y contemplación para pensar. Con afán de actuar, diseñando mi conducta, maximizando de sabiduría y placer mi conducta.
La soledad y el silencio (su gemelo) son la vía regia o camino real para ello. Los burros y los ciegos no saben salirse del rebaño.
Nuestra habla es un puchero avinagrado de palabras inspiradas por la imbecilidad, mezcladas con otras expresiones de andar dando tumbos por los bares. Estar en compañía (estrepitosa, vociferante, chirriante) es pertenecer a la casta más mísera, más afligida y más menospreciada o abellacada. Hablar tiene una contextura de prosa de sobremesa agotacerebros, de tertulia entre señoras gordas; hablar es convertir en moho y alfalfa las palabras.
Decido convertirme y vivir definitivamente como un cartujo. Sin encender la televisión, la radio, sin trato con mis semejantes, sin dialogar con nadie; viajando a la energía coloreada de la soledad y el silencio. Mis coetáneos rechinan cuando intentan ser verdaderamente grandes en algo.
Nuestra sociedad se caracteriza por admitir mal el silencio. Yo detesto la facundia española, la compulsión a no saber estar con la boca cerrada ni diez segundos. El silencio se vive cargado de amenazas, de tensión. No se percibe la paz, ese bosque cantando de una manera jamás oída, la luz de la luna deslizándose por el valle. La conversación es estéril, pero el silencio incuba un nido.
Lo verbal, lo acústico, lo musical; una invasión de TENEBROSO RUIDO. Detestable la compulsión hispana a hablar y hablar y hablar. Nuestra trastienda personal, gloriosa, verdaderamente libre, se asienta en el retiro. Flores de tojo y algas rojas. Cuántos patanes supuestamente abrillantados ocupan el escenario ahora. Viven entre decibelios microfonados como una sucia freiduría, gritones todos y bien dispuestos a responder con la coz a la mínima pregunta. Cutrísima España (yo soy un emperador meditabundo y solitario y callado, un togado antiguo cuidadoso de entrar en contacto con estos bárbaros)
Va y viene el arco iris y es perfecta la rosa. Dejadme en mi cueva aldeana.
Me parece éste un (leve y solo esbozado intuitivamente, y encima mal escrito) pseudo-argumento. No necesito ya para mi cosmovisión la hipótesis divina. Los escritores, cuando razonamos, debido a nuestro mayor dominio del lenguaje que la media, sustituimos capciosamente las pruebas por la emoción, o, para reformular la idea, embrujamos o rodeamos o envolvemos con términos emotivos, con farfolla retórica, puntos de vista que, limpiados de polvo y paja, caen de lleno en el mundo de las falacias o la fantasía. A lo largo de mi vida tuve experiencias de una suerte de no verbal mística naturalista, que traduje en el embrollo de un panteísta concepto de Dios. Ahora no lo necesito. Un científico domina el formalismo matemático, un intelectual literario los juegos del lenguaje. Tienen exactamente la misma no significatividad las aserciones : (i) «La mente divina es musical y matemática», (ii) «La mente divina piensa como un patito amarillo de plástico». El significado de una oración o término es su método de verificación, repetían los miembros del Círculo de Viena. Aunque esto inevitablemente caducó y se sofisticó (el significado del significado, aunque no se sabe todavía exactamente qué es, sí se sabe ya algo que ineluctablemente NO es), la palabra «Dios» es (claro) un término extra-empírico del que nada se puede decir racionalmente. Mi creencia fue (y en eso nunca me he engañado) siempre emocional, con una fuente solo y exclusivamente emocional. Acepto el misterio tremendo, acepto y asocio el misterio a mis preocupaciones, y de lo que no se puede hablar, mejor que calle.
El argumento que les decía procede como sigue:
«El tiempo, el espacio y la gravitación no tienen una existencia independiente de la materia, demostró de manera concluyente Einstein.
Mi hipótesis (basada parcialmente en una fuente cognoscitiva tan vaga y brumosa, pero a la vez tan autoevidente, como la fe) es que el mundo es material (dicho toscamente y de modo pre-einsteiniano) pero Dios es espiritual, o, reformulando la idea, que todo lo que existe existe en algunas coordenadas (t, x, y, z) del Universo, excepto Dios y las matemáticas (a mi juicio la mente de Dios responde a figuras y pensamientos matemáticos y musicales), que son extra-espaciotemporales y fuente y origen de la materia y las leyes científicas que la explican.
Mi tenso cristianismo supura notas plotinianas. Quizá yerre. Pero el evangelismo tecnológico, el afán de lucro, la búsqueda de la fama, y la moral suflé, la vida a trompicones y de menú self-service (por la mañana volar en ala delta, al mediodía una orgía gozando del holy glory, y a la noche una serie de Netflix) me parecen máscaras y razones de un mundo turbio. Necesito otro Lazarillo. Y ese es Dios».
Insisto. Dios lo asocio a mis preocupaciones pero ya NO lo necesito.
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Redondas son las ministras
que incitan al dulce amor
alzando Pasión de Gavilanes
o al macho talibán embriagador.
¿Mi inteligencia mina o pozo?
Poeta…no ripies con gorgojo.
Como mujer reivindico el bozo
en labio, y mi lozanía de piojo.
¡Cómo mola tía del culo el ojo!
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oló, otro protocolo
poro los mojoros,
oló oló oló oló oló, oló
protocolo pol toto,
pol toto, lo toto…po tó.
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Yo soy escritor (mediocre), propietario rural y rentista pobre. Nada mejor que la dulzura intemporal de la existencia tomando un gin-tonic y, adelante, toda la noche para leer y estudiar.
(Lo sustancial de un escritor es lo que escribe; ¿importa el abolengo?)
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Llevo una vida aislada, solitaria, pero envidiable. En la lotería de la vida la Fortuna fue generosa conmigo: frugal, gasto la mitad de lo que gano, inteligente, entiendo más cosas que las que no entiendo, culto, detecto y aprecio (admiro de modo babeante) a los Grandes.
Leo y escribo de noche. Ayer releí a Borges, algunas «Epystole» y fragmentos del «De remediis utriusque fortunae», de Petrarca. Hoy estudiaré un poco el manual de Vicens Vives sobre «Matemática discreta» y hojearé la «Historia de la literatura inglesa», en Gredos, de Esteban Pujals. Probablemente mañana me enfrente a las «Memorias» de Gibbon.
Mi casa es excelente. Mi conversación vivaz. Mi familia honorable. Sea pues escrita aquí mi expresión de gratitud y placer para con la vida. Mi mente se deleita en el pasado y se alegra de su futuro (debido a mi maltrecha salud, un futuro angosto y breve) El mundo fue para mí un incesante libro mágico. Si pudiera volver a vivir, reviviría mi vida tal como fue.
Aunque solo somos sombra, y sombra de una sombra, y polvo terrenal, lamento que la fiesta se acabe.
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Acepto mi vida, acepto la persona en que me convertí, acepto mi muerte. Lo que me importa se diluye como las ideas de un meditador en un muy lejano desierto.
La pasada noche leí casi del todo las «Memorias» de Gibbon, en Cátedra, y algunos libros de la nueva edición completa de las «Vidas y opiniones de los filósofos ilustres», traducida por Carlos García Gual, en Alianza. Esta noche releeré «Solitud», de Víctor Català. Mañana leeré la antología «Los dados de Eros», y releeré la «Autobiografía» de Chesterton.
Muchas veces me quedo estirado en la cama durante una hora o una hora y pico y dejo vagar al pensamiento. Rumio ensimismado en las páginas leídas, en el contenido que pueblan mis recuerdos. Y pesan (es la hora de sacar conclusiones) más en mí los placeres vividos que los inevitables sinsabores (ahorita mismo la salud de mamá, sobre todo)
Una quemazón de no haber sido un buen hijo o un buen hermano ronronea también por aquí. O haber puesto el freno al amor. O la melancolía por la juventud. O la velocidad de los cambios. O el vigor que se adelgaza. El tiempo…no sé.
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(a) Se iluminan las ciudades con farolas, pero se hace de noche en el mundo moral (tomado de Víctor Hugo)
(b) «Pronto lo habrás olvidado todo, pronto todos te habrán olvidado» Marco Aurelio, Meditaciones, VII, 21
(c) Wittgenstein subrayó que Schopenhauer era un verdadero filósofo debido a que se convirtió en «a teacher of manners», un maestro de costumbres, un ejemplo de ética, alguien que supo poner sabiduría en la vida, un modelo biográfico. A cuánta distancia de los aburridos filósofos académicos y sus rutinas miserables.
(d) «Simul et jucunda et idonea dicere Vitae», Horacio, hablando de la función de la poesía en su Arte poética, I, 334. «Y al mismo tiempo decir cosas agradables y adecuadas para la vida».
(e) Se glorifica (de boquilla) la sabiduría,
pero se lee (y publica) la fruslería.
(f) ¿Cómo es ahora el mundo? Solo quedan lobos para alimentar a los lobos en las ciudades vacías.
(e) Ajos y zorzales helados,
vacías tripas de búhos hambrientos,
ratones gordos escondidos en los párkings,
obturando los ejes de la cuadriga,
entrometiéndose en los motores de los coches,
desterrando la verdad y la belleza
del corazón de los hombres.
Cruzan las fronteras los bárbaros
trayendo el viento de la muerte.
Cada vez la tierra llenándose,
cada vez hospedando a más tatuados ilotas de la palabra.
Y cuando piensas en las estrellas
de repente se manchan de grasa las flores.
Ni algo maravilloso (o su memoria) queda en todo lo que es Cultura, Naturaleza o glaciales Dioses.
(f) «En las últimas semanas duermo muy intranquilo. Siempre sueño con el servicio. Sueños que me llevan siempre a la frontera del despertar. En los dos últimos meses me he m[asturbado] únicamente tres veces. Las personas que me rodean me dan asco, y esto ocurre en contra de mi voluntad. Con frecuencia me aparecen, no como personas, sino como máscaras grotescas. Hoy, estado de máxima alerta. Mi comandante es muy amable conmigo. Piensa en la meta de la vida. Es lo mejor que puedes hacer. Debería ser más feliz. ¡¡Oh, si mi espíritu fuese más fuerte!! Bien. ¡Dios sea conmigo! Amén» (Anotación del 28 de Mayo de 1916 de Wittgenstein en su Diario) A mí a veces también me resulta insoportable la abyección de mis camaradas. El filósofo vienés habla consigo mismo, pero uno tiene la impresión que se dirige a todos nosotros. Profesar un modo de vida muy diferente al común, es ejemplificar una sabiduría, vivir una filosofía. Wittgenstein, con esa peculiar intensidad o incandescencia indiscernible del genio, fue otro «master of manners».
(g) No despertemos al dios Pan. Que en prados, bosques y rascacielos reine el silencio. No debemos despertar al dios Pan.
(h) Recorrí poco mundo, y encima sin los ojos abiertos.
(i) «Cualquier talento se echa a perder cuando los temas que plasma carecen de valor. El arte de nuestro tiempo cojea tanto precisamente porque nuestros artistas más recientes carecen de unos temas dignos. Es algo que nos afecta a todos; tampoco yo he sido capaz de negar mi propia modernidad» Goethe, en Conversaciones con Goethe, de Eckermann.
(j) ¿Si tan acordes van el vino y la vida?
¿Por qué mamá me prohíbe la bebida?
¿No será la ginebra mi actriz preferida,
la que tiene en los labios mi herida favorita?
(k) A mí mismo: no negaré el mérito que tiene el que lograras alcanzar semejante excedente de estupidez.
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Te amo Adriana Lastra hasta el dolol,
mi corasón no soporta tanto amol.
Tienes un cuerpo tan tropicá,
una cerebrón tan super sensuá…
Quiera Dió que te ponga mi butifarra,
sueño con anos y anos de mandanga.
Me querrás con vudú o burundanga.
ERE que ERE, ERTE con ERTE… y arra.
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Supongo que la Internacional Chusca, Estúpida y Chocarrera reina por doquier. Supongo que somos minoría en cualquier pueblo los habituados a la delicadeza de gusto, maneras y opinión. Pero es ciertamente alarmante la propensión hispana a lo chusco, lo tosco, la zafiedad troglodita, la sal gorda, el rebuzno, la embestida y la coz, la penosa astracanada, el trazo grueso, lo cabruno tabernario. Para triunfar debes prestarte al chafarrinón y al esperpento, abdicar de la idea, el razonamiento y la inteligencia.
España es un infame país donde priva el estruendo y la vulgaridad. Mis formas florentinas y mi afición al argumento me convierten en apátrida. Desabridos españoles farrucos me miran mal; sus caras difíciles no entienden la sutileza o el matiz.
Apostato. Pido el exilio fuera de este lugar desafecto. Lejos de la constante catetez hispánica. Bajo la égida de estrellas brillantes, limpias y educadas.
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-«No existen ideas liberales, sino sentimientos liberales», Goethe.
-«El liberalismo es la noción o creencia en un conjunto de métodos y prácticas que tienen como objeto común el mayor grado de libertad para el mayor número de individuos», David G. Smith.
-El Estado no puede inmiscuirse en lo más constitutivo de los asuntos o mentes privadas. Una cosa es la autoridad política y otra el florecimiento personal.
-Solo un individuo es propietario de sí mismo.
-No te preguntes tanto por quién ejerce el poder público, sino por los LÍMITES de ese poder público.
-Con un sesgo más o menos conservador, sé siempre anti-estatista y anti-colectivista
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Cerebros neandertales hicieron arte rupestre; cerebros rupestres hacen arte contemporáneo.
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A los periodistas
¿Sienten pavor por el silencio? ¿Pasión por la hipócrita e incesante molicie? ¿Pulsión por aniquilar nuestra mente con un irrefrenable parloteo o cháchara inane? ¿Temor patológico a que sustituyamos sus bagatelas por una conversación capaz e inteligente?
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Pregunta: “¿Algo extraordinario que le ocurriese en un cine?”. Ramón Gaya: “Que me gustase la película”.