Observaciones literarias y obras de creación en estado embrionario, susceptibles entonces de enmienda y no definitivas.
Autor: christiansanz71
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
Nuestra habla es un puchero avinagrado de palabras inspiradas por la imbecilidad, mezcladas con otras expresiones de andar dando tumbos por los bares. Estar en compañía (estrepitosa, vociferante, chirriante) es pertenecer a la casta más mísera, más afligida y más menospreciada o abellacada. Hablar tiene una contextura de prosa de sobremesa agotacerebros, de tertulia entre señoras gordas; hablar es convertir en moho y alfalfa las palabras.
Decido convertirme y vivir definitivamente como un cartujo. Sin encender la televisión, la radio, sin trato con mis semejantes, sin dialogar con nadie; viajando a la energía coloreada de la soledad y el silencio. Mis coetáneos rechinan cuando intentan ser verdaderamente grandes en algo.
Nuestra sociedad se caracteriza por admitir mal el silencio. Yo detesto la facundia española, la compulsión a no saber estar con la boca cerrada ni diez segundos. El silencio se vive cargado de amenazas, de tensión. No se percibe la paz, ese bosque cantando de una manera jamás oída, la luz de la luna deslizándose por el valle. La conversación es estéril, pero el silencio incuba un nido.
Lo verbal, lo acústico, lo musical; una invasión de TENEBROSO RUIDO. Detestable la compulsión hispana a hablar y hablar y hablar. Nuestra trastienda personal, gloriosa, verdaderamente libre, se asienta en el retiro. Flores de tojo y algas rojas. Cuántos patanes supuestamente abrillantados ocupan el escenario ahora. Viven entre decibelios microfonados como una sucia freiduría, gritones todos y bien dispuestos a responder con la coz a la mínima pregunta. Cutrísima España (yo soy un emperador meditabundo y solitario y callado, un togado antiguo cuidadoso de entrar en contacto con estos bárbaros)
Va y viene el arco iris y es perfecta la rosa. Dejadme en mi cueva aldeana.
Me parece éste un (leve y solo esbozado intuitivamente, y encima mal escrito) pseudo-argumento. No necesito ya para mi cosmovisión la hipótesis divina. Los escritores, cuando razonamos, debido a nuestro mayor dominio del lenguaje que la media, sustituimos capciosamente las pruebas por la emoción, o, para reformular la idea, embrujamos o rodeamos o envolvemos con términos emotivos, con farfolla retórica, puntos de vista que, limpiados de polvo y paja, caen de lleno en el mundo de las falacias o la fantasía. A lo largo de mi vida tuve experiencias de una suerte de no verbal mística naturalista, que traduje en el embrollo de un panteísta concepto de Dios. Ahora no lo necesito. Un científico domina el formalismo matemático, un intelectual literario los juegos del lenguaje. Tienen exactamente la misma no significatividad las aserciones : (i) «La mente divina es musical y matemática», (ii) «La mente divina piensa como un patito amarillo de plástico». El significado de una oración o término es su método de verificación, repetían los miembros del Círculo de Viena. Aunque esto inevitablemente caducó y se sofisticó (el significado del significado, aunque no se sabe todavía exactamente qué es, sí se sabe ya algo que ineluctablemente NO es), la palabra «Dios» es (claro) un término extra-empírico del que nada se puede decir racionalmente. Mi creencia fue (y en eso nunca me he engañado) siempre emocional, con una fuente solo y exclusivamente emocional. Acepto el misterio tremendo, acepto y asocio el misterio a mis preocupaciones, y de lo que no se puede hablar, mejor que calle.
El argumento que les decía procede como sigue:
«El tiempo, el espacio y la gravitación no tienen una existencia independiente de la materia, demostró de manera concluyente Einstein.
Mi hipótesis (basada parcialmente en una fuente cognoscitiva tan vaga y brumosa, pero a la vez tan autoevidente, como la fe) es que el mundo es material (dicho toscamente y de modo pre-einsteiniano) pero Dios es espiritual, o, reformulando la idea, que todo lo que existe existe en algunas coordenadas (t, x, y, z) del Universo, excepto Dios y las matemáticas (a mi juicio la mente de Dios responde a figuras y pensamientos matemáticos y musicales), que son extra-espaciotemporales y fuente y origen de la materia y las leyes científicas que la explican.
Mi tenso cristianismo supura notas plotinianas. Quizá yerre. Pero el evangelismo tecnológico, el afán de lucro, la búsqueda de la fama, y la moral suflé, la vida a trompicones y de menú self-service (por la mañana volar en ala delta, al mediodía una orgía gozando del holy glory, y a la noche una serie de Netflix) me parecen máscaras y razones de un mundo turbio. Necesito otro Lazarillo. Y ese es Dios».
Insisto. Dios lo asocio a mis preocupaciones pero ya NO lo necesito.
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Redondas son las ministras
que incitan al dulce amor
alzando Pasión de Gavilanes
o al macho talibán embriagador.
¿Mi inteligencia mina o pozo?
Poeta…no ripies con gorgojo.
Como mujer reivindico el bozo
en labio, y mi lozanía de piojo.
¡Cómo mola tía del culo el ojo!
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oló, otro protocolo
poro los mojoros,
oló oló oló oló oló, oló
protocolo pol toto,
pol toto, lo toto…po tó.
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Yo soy escritor (mediocre), propietario rural y rentista pobre. Nada mejor que la dulzura intemporal de la existencia tomando un gin-tonic y, adelante, toda la noche para leer y estudiar.
(Lo sustancial de un escritor es lo que escribe; ¿importa el abolengo?)
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Llevo una vida aislada, solitaria, pero envidiable. En la lotería de la vida la Fortuna fue generosa conmigo: frugal, gasto la mitad de lo que gano, inteligente, entiendo más cosas que las que no entiendo, culto, detecto y aprecio (admiro de modo babeante) a los Grandes.
Leo y escribo de noche. Ayer releí a Borges, algunas «Epystole» y fragmentos del «De remediis utriusque fortunae», de Petrarca. Hoy estudiaré un poco el manual de Vicens Vives sobre «Matemática discreta» y hojearé la «Historia de la literatura inglesa», en Gredos, de Esteban Pujals. Probablemente mañana me enfrente a las «Memorias» de Gibbon.
Mi casa es excelente. Mi conversación vivaz. Mi familia honorable. Sea pues escrita aquí mi expresión de gratitud y placer para con la vida. Mi mente se deleita en el pasado y se alegra de su futuro (debido a mi maltrecha salud, un futuro angosto y breve) El mundo fue para mí un incesante libro mágico. Si pudiera volver a vivir, reviviría mi vida tal como fue.
Aunque solo somos sombra, y sombra de una sombra, y polvo terrenal, lamento que la fiesta se acabe.
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Acepto mi vida, acepto la persona en que me convertí, acepto mi muerte. Lo que me importa se diluye como las ideas de un meditador en un muy lejano desierto.
La pasada noche leí casi del todo las «Memorias» de Gibbon, en Cátedra, y algunos libros de la nueva edición completa de las «Vidas y opiniones de los filósofos ilustres», traducida por Carlos García Gual, en Alianza. Esta noche releeré «Solitud», de Víctor Català. Mañana leeré la antología «Los dados de Eros», y releeré la «Autobiografía» de Chesterton.
Muchas veces me quedo estirado en la cama durante una hora o una hora y pico y dejo vagar al pensamiento. Rumio ensimismado en las páginas leídas, en el contenido que pueblan mis recuerdos. Y pesan (es la hora de sacar conclusiones) más en mí los placeres vividos que los inevitables sinsabores (ahorita mismo la salud de mamá, sobre todo)
Una quemazón de no haber sido un buen hijo o un buen hermano ronronea también por aquí. O haber puesto el freno al amor. O la melancolía por la juventud. O la velocidad de los cambios. O el vigor que se adelgaza. El tiempo…no sé.
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(a) Se iluminan las ciudades con farolas, pero se hace de noche en el mundo moral (tomado de Víctor Hugo)
(b) «Pronto lo habrás olvidado todo, pronto todos te habrán olvidado» Marco Aurelio, Meditaciones, VII, 21
(c) Wittgenstein subrayó que Schopenhauer era un verdadero filósofo debido a que se convirtió en «a teacher of manners», un maestro de costumbres, un ejemplo de ética, alguien que supo poner sabiduría en la vida, un modelo biográfico. A cuánta distancia de los aburridos filósofos académicos y sus rutinas miserables.
(d) «Simul et jucunda et idonea dicere Vitae», Horacio, hablando de la función de la poesía en su Arte poética, I, 334. «Y al mismo tiempo decir cosas agradables y adecuadas para la vida».
(e) Se glorifica (de boquilla) la sabiduría,
pero se lee (y publica) la fruslería.
(f) ¿Cómo es ahora el mundo? Solo quedan lobos para alimentar a los lobos en las ciudades vacías.
(e) Ajos y zorzales helados,
vacías tripas de búhos hambrientos,
ratones gordos escondidos en los párkings,
obturando los ejes de la cuadriga,
entrometiéndose en los motores de los coches,
desterrando la verdad y la belleza
del corazón de los hombres.
Cruzan las fronteras los bárbaros
trayendo el viento de la muerte.
Cada vez la tierra llenándose,
cada vez hospedando a más tatuados ilotas de la palabra.
Y cuando piensas en las estrellas
de repente se manchan de grasa las flores.
Ni algo maravilloso (o su memoria) queda en todo lo que es Cultura, Naturaleza o glaciales Dioses.
(f) «En las últimas semanas duermo muy intranquilo. Siempre sueño con el servicio. Sueños que me llevan siempre a la frontera del despertar. En los dos últimos meses me he m[asturbado] únicamente tres veces. Las personas que me rodean me dan asco, y esto ocurre en contra de mi voluntad. Con frecuencia me aparecen, no como personas, sino como máscaras grotescas. Hoy, estado de máxima alerta. Mi comandante es muy amable conmigo. Piensa en la meta de la vida. Es lo mejor que puedes hacer. Debería ser más feliz. ¡¡Oh, si mi espíritu fuese más fuerte!! Bien. ¡Dios sea conmigo! Amén» (Anotación del 28 de Mayo de 1916 de Wittgenstein en su Diario) A mí a veces también me resulta insoportable la abyección de mis camaradas. El filósofo vienés habla consigo mismo, pero uno tiene la impresión que se dirige a todos nosotros. Profesar un modo de vida muy diferente al común, es ejemplificar una sabiduría, vivir una filosofía. Wittgenstein, con esa peculiar intensidad o incandescencia indiscernible del genio, fue otro «master of manners».
(g) No despertemos al dios Pan. Que en prados, bosques y rascacielos reine el silencio. No debemos despertar al dios Pan.
(h) Recorrí poco mundo, y encima sin los ojos abiertos.
(i) «Cualquier talento se echa a perder cuando los temas que plasma carecen de valor. El arte de nuestro tiempo cojea tanto precisamente porque nuestros artistas más recientes carecen de unos temas dignos. Es algo que nos afecta a todos; tampoco yo he sido capaz de negar mi propia modernidad» Goethe, en Conversaciones con Goethe, de Eckermann.
(j) ¿Si tan acordes van el vino y la vida?
¿Por qué mamá me prohíbe la bebida?
¿No será la ginebra mi actriz preferida,
la que tiene en los labios mi herida favorita?
(k) A mí mismo: no negaré el mérito que tiene el que lograras alcanzar semejante excedente de estupidez.
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Te amo Adriana Lastra hasta el dolol,
mi corasón no soporta tanto amol.
Tienes un cuerpo tan tropicá,
una cerebrón tan super sensuá…
Quiera Dió que te ponga mi butifarra,
sueño con anos y anos de mandanga.
Me querrás con vudú o burundanga.
ERE que ERE, ERTE con ERTE… y arra.
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Supongo que la Internacional Chusca, Estúpida y Chocarrera reina por doquier. Supongo que somos minoría en cualquier pueblo los habituados a la delicadeza de gusto, maneras y opinión. Pero es ciertamente alarmante la propensión hispana a lo chusco, lo tosco, la zafiedad troglodita, la sal gorda, el rebuzno, la embestida y la coz, la penosa astracanada, el trazo grueso, lo cabruno tabernario. Para triunfar debes prestarte al chafarrinón y al esperpento, abdicar de la idea, el razonamiento y la inteligencia.
España es un infame país donde priva el estruendo y la vulgaridad. Mis formas florentinas y mi afición al argumento me convierten en apátrida. Desabridos españoles farrucos me miran mal; sus caras difíciles no entienden la sutileza o el matiz.
Apostato. Pido el exilio fuera de este lugar desafecto. Lejos de la constante catetez hispánica. Bajo la égida de estrellas brillantes, limpias y educadas.
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-«No existen ideas liberales, sino sentimientos liberales», Goethe.
-«El liberalismo es la noción o creencia en un conjunto de métodos y prácticas que tienen como objeto común el mayor grado de libertad para el mayor número de individuos», David G. Smith.
-El Estado no puede inmiscuirse en lo más constitutivo de los asuntos o mentes privadas. Una cosa es la autoridad política y otra el florecimiento personal.
-Solo un individuo es propietario de sí mismo.
-No te preguntes tanto por quién ejerce el poder público, sino por los LÍMITES de ese poder público.
-Con un sesgo más o menos conservador, sé siempre anti-estatista y anti-colectivista
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Cerebros neandertales hicieron arte rupestre; cerebros rupestres hacen arte contemporáneo.
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A los periodistas
¿Sienten pavor por el silencio? ¿Pasión por la hipócrita e incesante molicie? ¿Pulsión por aniquilar nuestra mente con un irrefrenable parloteo o cháchara inane? ¿Temor patológico a que sustituyamos sus bagatelas por una conversación capaz e inteligente?
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Pregunta: “¿Algo extraordinario que le ocurriese en un cine?”. Ramón Gaya: “Que me gustase la película”.
Si oigo el cencerro de tantos zombis, no puedo menos que asentir con Neil Postman: «Cuando una población se distrae con lo trivial, cuando la vida cultural se redefine como una perpetua rueda de entretenimientos, cuando el discurso público serio se vuelve una especie de balbuceo, cuando, en breve, la gente se convierta en una audiencia y su participación en los asuntos públicos en un acto teatral, entonces una nación se halla en peligro; la muerte cultural es una clara posibilidad».
Acaso más que una posibilidad.
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Carezco de la capacidad visionaria de Chesterton ante lo ordinario: «Si hay una cosa de la que siempre he estado seguro desde la niñez, y lo he estado cada vez más a medida que me hacía mayor, es que nada es poético si la simple luz del día tampoco lo es; y ningún monstruo debería asombrarnos si no nos asombra el hombre normal.»
Amo los buenos libros; los hombres normales no aman los buenos libros. Amo la soledad; los hombres normales no aman la soledad; amo la inteligencia; los hombres normales no son inteligentes; no amo la vida, los hombres normales la aman.
Quiero estudiar y leer. Acepto mi muerte venidera. Y siempre me acompañarán estas palabras de Petrarca que me sé de memoria:
«Tengo amigos cuya sociedad me es en extremo agradable. Son de todas las edades y de todos los países. Se han distinguido, a la vez, sobre el campo de batalla y en el silencio del gabinete, y han obtenido grandes honores por su conocimiento de las ciencias. Es fácil llegar a ellos porque siempre están a mi servicio, y les admito a mi lado o los despido cuando me place. Jamás son importunos, y responden a mis preguntas inmediatamente…A cambio de todos estos servicios solo me exigen que les preste una habitación conveniente en un rincón de mi modesta morada, en donde puedan descansar en paz, porque a estos amigos seduce más la paz de un tranquilo retiro que los ruidos del mundo».
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Están por todas partes. Todo lo llenan. SON ELLOS. Entre bastidores, en la escena, en platea. Anubarrando el cielo. Perros zarceros, pachones o falderos, con su tribal cultura jurásica, con gordas sanguijuelas en lugar de azules ideas claras y distintas. SON ELLOS. Todos. LOS DEMENTES.
Tengo miedo y me siento extraño
en un mundo que no he creado yo.
Son ellos quienes mandan,
tienen la fuerza, aunque sean dementes.
A.E. Housman
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Matar por amor es normal, por dinero es canalla, matar por capricho merece la horca.
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«Ya no logro que mis alumnos lean un libro entero», afirmaba apesadumbrada una profesora de Humanidades de la Duke University. Y Roca Barea: «Siempre hubo analfabetos, pero nunca tantos salidos de la universidad». Rodríguez Adrados en «El reloj de la historia» recuerda al profesor Regenbogen, en Heidelberg, a comienzos de los cincuenta, inclinándose reverentemente, ante una clase llena, cuando evocaba a su profesor Wilamowitz. ¡Qué tiempos cuando atraía el conocimiento! Se cumple a rajatabla el dictamen de Jiménez Lozano: «Destruir una cultura entera parece ser la única virtud que queda sin discusión».
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En 1979, Christopher Lasch, uno de los espíritus más penetrantes del siglo XX, describía en estos términos el declive del sistema educativo estadounidense:
“La educación en masa, que prometía democratizar la cultura, antes
restringida a las clases privilegiadas, acabó por embrutecer a los propios privilegiados. La sociedad moderna, que ha logrado un nivel de educación formal sin precedentes, también ha dado lugar a nuevas formas de ignorancia. A la gente le es cada vez más difícil manejar su lengua con soltura y precisión, recordar los hechos fundamentales de la historia de su país, realizar deducciones lógicas o comprender textos escritos que no sean rudimentarios»
Casi un cuarto de siglo después no podemos dudar de la clarividencia de esas observaciones, aquí y allá: la educación es un desastre sin paliativos.
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Palabras que nos recuerda agudamente Alain Finkielkraut: “Los antiguos pasquines contestatarios son las directivas gubernamentales de la actualidad. En Francia, hace treinta años, eran los comités de acción de estudiantes los que proclamaban que, para combatir las desigualdades, los profesores no debían contentarse con transmitir la cultura que poseían, sino que tenían que despertar la personalidad de cada alumno y enseñarle a formarse por sí mismo. Ahora, son los inspectores de los distritos escolares los que se expresan en estos términos”.
A la cual respondo sin dudar: Sapientia restituta! Porque como dijo también Séneca, “Sapientia sola libertas est”.
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«Hoy, nuestras élites socioeconómicas, mucho más sofisticadas -o
actuando como sofistas, a mayor despecho del viejo y digno Sócrates- no queman bibliotecas, las cierran; no destruyen restos arqueológicos, los dejan sin financiación; no publican índices de libros prohibidos, vacían las escuelas de contenidos científicos y académicos. Y no percibo el sentimiento de horror entre los llamados a la resistencia, incluso veo colaboración», escribe el joven profesor, historiador y escritor Pascual Gil, en su magnífico libro «Schola delenda est?». La resistencia, no se preocupe, importa y continúa.
Tropicalmente fantástico Hegel (en la cita, raro en él, se le entiende la mar de bien) describiendo esa acuñación pedagogista nefasta que premia las competencias o habilidades extra-epistémicas, subrayando el desprestigio del conocimiento. Fantástico, insisto, y para meditar largamente en la cita anticipadora: «Según la obsesión moderna, especialmente de la Pedagogía, no se ha de instruir tanto en el contenido de la filosofía, cuanto se ha de procurar aprender a filosofar sin contenido; esto significa más o menos: se debe viajar y siempre viajar, sin llegar a conocer las ciudades, los ríos, los países, los hombres, etc. […] El modo triste de proceder, meramente formal, este buscar y divagar perennes, carentes de contenido, el razonar o especular asistemáticos tienen como consecuencia la vaciedad de contenido, la vaciedad intelectual de las mentes, el que ellas nada puedan.»
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Otras partes del mundo tienen monos; Europa tiene españoles. Una cosa compensa la otra (Por la «Tomatina» y otros casos y cosas que me autocensuro)
Nació en el año de gracia de 1971, en Barcelona, cuando era ésta ciudad menestral y no una hidra podrida. Familia –blasón y orgullo- de mayor “cachet” social que el de los meros industriales o “botiguers”. Pobre y enfermo, vive ahora encastillado en su crisálida gallega, reconvirtiendo el “tempus fugit” en horas de lectura y estudio.
La revista “Le Décadent” escribía en 1886: “Religión, costumbres, justicia, todo decae…La sociedad se desagrega bajo la acción corrosiva de una civilización delicuescente. El hombre moderno es un hastiado. Los síntomas de la evolución social son el afinamiento de los apetitos vulgares, gustos, placeres, y neurosis, e histeria, hipnotismo, morfinomanía, inacabable charlatanería, mesmerismo”. Mutatis mutandis, el autor también cree a esta civilización un lugar absurdo, troglodita, papudo, y gelatinoso y hortera, donde no se calla cuando es preciso y se habla cuando nada seguro se sabe.
Platón comparó la vida a un juego de dados (República, 604c) No depende de nosotros el lanzamiento, sí, en cambio, aceptar convenientemente lo que nos viene del Azar. A los hijos que el autor no tuvo, les legaría estas palabras llameantes del drama perdido “Beleforonte”, de Eurípides:
Su Alteza, tornada militar gaznápira, entre facinerosos y mamacallos, bastante culta para entender «write, wrote, writen» o artillería elemental (sin ecuaciones), pero, por otro lado, como cualquier mujer, bastante vanidosa y gansa para, en secreto, hablar consigo misma en francés: «je me verrai, je m´extasierai et je dirai: Reine comme Rosalía!»
Nota bene: No estoy de acuerdo con el escrito.
***
«Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
Y si todo va mal, si al final todo es duro,
como Verlaine, saber ser el rey de un ‘palacio de invierno’.»
Luis Antonio de Villena, «Un arte de vida».
***
«… mas perdidos
en el bellísimo paisaje de tus libros,
elige la más noble
edición que poseas de ‘Treasure Island’.
Y mientras populacho y soldadesca
con fin de igual vileza se acuchillan,
tú lee sereno, escucha a Rubinstein
interpretando a Chopin. Acaricia
la frente de tu perro.
Y en la alta noche
encamina tus pasos hacia el sueño.»
José María Álvarez, «Wuthering Heights».
***
Lutero no fue únicamente severo al escribir «Wer nicht liebt Wein, Weib, und Gesang / Der bleibt ein Narr sein Leben Lang», Quien no ame el vino, la mujer y el canto será un tonto de por vida.
Parecen unos versos de inspiración tabernaria goliarda. Por ejemplo: «In taberna quando sumus / non curamus quid sit humus, / sed ad ludum properamus, /cui semper insudamus» Sentados en la taberna/nada nos importa la tumba/ dedicados al jolgorio / hasta sudar a mares».
Corolario: Ay, no hay nada nuevo ni cierto -no importa.
***
Réquiem a la mente. Aunque no me acabo de creer del todo estas profecías o hecatombes, a veces debo decir que sí las creo. Las gentes cultas y lectoras siempre fueron minorías y, en cualquier vida, llega un momento en que deja de interesarte el presente (Whattpad, Tik Tok, costumbres y modas…), pero eso no significa, claro claro, que el presente no sea interesante.
Insisto: No sé nada de hechos culturales ni sociales; solo de las impresiones de un autista solitario viviendo en una aldea boscosa y que se toma -a veces- demasiado en serio sus propios mitos.
Más: «Plebs sordida», así definía Tiberio a su pueblo, según nos relata Tácito. Poco mudó el Tiempo.
***
Lo que critico a Marwán, Elvira Sastre, Irene X, Loreto Sesma, Defreds y toda esa larga patulea, es que inducen en sus lectores una deshonrosa formación de la conciencia, alimentando y fomentando sentimientos deleznables en lugar de elevados.
Admito -claro- que hay un público incapaz de distinguir entre lo sublime y la basura, pero el filtro editorial que no corrige sino que se beneficia crematísticamente de esa falta de instrucción de los lectores, se comporta exactamente igual que un directivo de Tele 5.
Los libros son afluentes u océanos donde te influyes a ti mismo y cuya ayuda necesitas para interpretarte y madurar. Los mejores escritores son siempre quienes más nos ayudan. Los que menos nos ayudan son los peores escritores. Este tipo de literatura no distingue tipos, peculiaridades, causas o motivos humanos, y su peligro es que diluyen el genio psicológico que es forzoso -casi un destino- deber alcanzar («Es necesario que seas» Goethe), en una papilla uniforme de psicología popular que iguala -mucho- por abajo. El deleite (estética), el consejo (cognición), la inspiración (sabiduría), se sustituyen por el burdo efectismo, el tópico sentimental y la frase hecha.
Si la idea de los libros como compañeros insustituibles empieza a ser ajena en nuestra cultura (su lugar lo ocupa el ocio tecnológico, audiovisual, o el ocio meramente festivo), flaco favor hacemos a los incipientes lectores con un sucedáneo de poesía de ínfima calidad. Y conste que no abogo indefectiblemente por una poesía minoritaria, alta o elitista. Al ser la literatura (y la poesía) más que milenaria, un género con muchas especies distintas, existe abundante poesía de calidad mayoritaria, abundante poesía de calidad minoritaria, así como también mala poesía de minorías, y mala poesía de mayorías.
Si las editoriales antes prestigiosas apuestan por la mala poesía popular (y saben a la perfección que lo es); ¿qué podemos esperar de su público? ¿y dónde está la función directiva o educativa de las instituciones culturales (también de las privadas)?
Caminamos velozmente muchas parasangas en mitad de un duro invierno, parece que dichosos de ir ciegos e ignorantes hacia el báratro.
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A LOS PROFESORES
«Aprender puede ser un placer, pero, insisto, requiere un esfuerzo y un trabajo. Hay que decírselo a los niños. Si no, les estamos engañando. Tocar el violín, por ejemplo, no es fácil. Requiere mucha práctica. Infinidad de estudios muestran que se necesita un esfuerzo prolongado para mejorar en cualquier cosa (tocar el violín o el piano, aprender matemáticas o historia, aprender mecánica de automóviles, dibujar, danza, programar, redactar, etc…) Para ser bueno en algo tienes que dedicarle muchísimas horas. Y hay que hacerlo de forma consciente y trabajar con un maestro. Todas las investigaciones serias avalan la idea de una escuela basada en el esfuerzo del alumno bajo la dirección de un profesor» Enkvist
No vendamos la moto a desarmados e ingenuos alumnos de un mundo feliz al alcance de su mano. Formemos a futuras personas adultas y maduras. A la escuela no se va a hacer actividades más o menos chill out, sino a trabajar y estudiar. Si por desgracia los profes se encuentran a alumnos que no han oído un «no» en su vida, no nos pleguemos a los síes o sus síes. Una cosa es un aula y otra muy distinta el salón de su casa.
Si un docente al que su inconsciencia, inmadurez o lavado de cerebro por parte de pedabobos, cree que su función es respetar plenipotenciariamente el afán de descanso o entretenimiento de sus alumnos, creará monstruitos que, además, poco aprenderán, poco, muy pero que muy poco.
La escuela debe dar una base intelectual. El resto es timo del tocomocho. Amigos ex colegas ¡¡nunca os pleguéis al capricho de vuestros alumnos sobre qué estudiar y cómo!! En caso contrario, yo os acuso severamente de convertir el aula en una forma patética de ocio y en una fábrica colosal de ignorantes. Como ya lo es.
Nota bene: Aprender es un esforzado disfrute: pero quien no se esfuerza en aprender no lo sabe: no lo ha aprendido.
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A una Universidad que solo produce hombres de ciencia o de letras, y no damas ni caballeros, prefiero no ir.
Nota bene: Ahora fabrica ignorantes mamarrachos.
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La entropía del sistema (S) y la cantidad de información (I) extraíble del mismo están relacionadas por: S≥S−I≥0. En las redes abunda el DESORDEN.
Y debido a la inmediatez, a su propia ecología y diseño, la AUTOINDULGENCIA incita nuestra merma cognitiva y expresiva.
El corolario al alto desorden y el poco rigor es la PÉRDIDA DEL PENSAMIENTO CONTEMPLATIVO. Si la mente es un trozo de carne, las redes son ese trozo jugoso de carne que lleva el ladrón para distraernos de nuestra propia mente.
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WHAT THE INTERNET IS DOING TO OUR BRAINS?
Y en medio de esta ancha turbulencia,
retazos y harapos de un sanatorio vestiré
con el enrejado grisáceo de un cerebro pasivo.
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«Un hombre afirma que está mintiendo. ¿Lo que dice es verdadero o falso ?» declaró Eubulides de Mileto en la Grecia antigua.
Si miente, dice la verdad, si dice la verdad, miente.
AHORA SÁLTENSE ESTO:
Deducir, para toda fórmula cerrada A de £, \-t V((A))**A en donde (A) es el numeral que denota al número Gödel de A. Supongamos, pues, que los axiomas de T consisten simplemente de (i) los axiomas de PA y (ii) el esquema de axioma V((A)) A, que no es otro que el esquema de verdad de Tarski, cuya versión informal es discutida en muchos textos introductorios de Lógica y Teoría de Modelos. Con base en esta axiomatización, y bajo el supuesto que T está regida deductivamente por la lógica clásica, es posible demostrar que T es inconsistente. La razón es que los axiomas aritméticos de T permiten la demostración de un teorema conocido como el lema de diagonalización, según el cual, si G(v) es cualquier formula abierta de £ con variable libre, v, existe una formula cerrada B de £ tal que \-t B ** G((B))* Consideremos ahora la formula abierta de £. El lema de diagonalización garantiza la existencia de una fórmula cerrada B tal que B es, pues, una oración de £ que es intersustituible con la adscripción de la negación de verdad a su nombre. Pero el esquema de verdad de Tarski, que fue estipulado como un esquema de axioma de T, garantiza que K V{(B))<->B. En consecuencia, h r V((B))<^-V((B)) lo que en lógica clásica conlleva a K V({B))&-Vm), es decir, a una CONTRADICCIÓN EXPLÍCITA ( LA CONJUNCIÓN DE UN ENUNCIADO Y SU NEGACIÓN), lo que hace de T una teoría trivial, pues una contradicción tiene como consecuencia clásica a todas las fórmulas cerradas del lenguaje. Hasta aquí, la versión formal de la PARADOJA DEL MENTIROSO.
La solución propuesta por Tarski (y vuelvo a expresarme sin tecnicismos matemáticos) consiste en hacer una diferencia entre niveles del lenguaje para evitar la paradoja. Según su propuesta, ninguna oración tiene su valor de verdad en el mismo nivel del lenguaje en la que se manifiesta; si esto es así, concluye Tarski, no hay realmente enunciados autorreferenciales con respecto al valor veritativo, sino que dicha referencia se hace siempre desde un nivel superior. Lo que debemos hacer para hallar dicho valor de verdad es subir un nivel, pasando a un metalenguaje con respecto del cual el primer nivel sería el lenguaje objeto. La pregunta que se hace a continuación es, ¿qué sucede con lo que estoy diciendo en aquel metalenguaje?, pues si lo afirmado en este metalenguaje es la verdad del lenguaje objeto, ¿cómo se determina la verdad en ese metalenguaje? Tendría que ser en un meta-metalenguaje. Tarski propone entonces un esquema de jerarquías de lenguaje:
L3: metalenguaje de L2, aquí se predica la verdad de L2
L2: metalenguaje de L1, aquí se predica la verdad de L1
L1: metalenguaje de L0, aquí se predica la verdad de L0
L0: lenguaje objeto, aquí no hay predicados de verdad
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Entes – eventos
Ejemplificación:
(i) La nieve es blanca
(II) «la nieve es blanca» si y solo si la nieve es blanca
(iii) «»La nieve es blanca»» si y solo si «La nieve es blanca»
Nota bene: Si la oración NO está entrecomillada es usada y no mencionada. Doblemente entrecomillada, o triplemente o cuádruplemente, ETC…, significa doble (o triple o cuádruple) mencionada.
Se entenderá perfectamente la diferencia entre una expresión usada y otra mencionada, si observan que:
(a) Orense es una capital de provincia gallega
(b) «Orense» tiene seis letras.
(c) «»Orense»» es el nombre de la palabra «Orense»
QUÉ PLÚMBEO. Simplemente ocurrió que la enciclopedia del conocimiento de la humanidad avanzó más de 2500 años. Se han precisado matemáticamente conceptos como los de juego, verdad, probabilidad, información, aceleración, inercia, energía, ETC…
Ahora miremos atentamente el circuito de agua de la obra de Escher «Cascada» ¿Acaso no expresa un bucle autorreferencial contradictorio (entre muchas más cosas) exactamente igual a la paradoja semántica del mentiroso? ¡VIVA EL ARTE!
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Luis XVI exclamó: “C´est une revolte», a lo que respondió Liancourt: «Non Sire, c’est une revolution”. Larga noche de piedra.
Es cierto, mis trajes no puedo hacérmelos yo mismo, pero eso sí, ladies and gentlemen, no dejaré que nadie me prescriba mi filosofía ni amordace mi Libertad; los trajes sí que me los mandaré hacer, yo no puedo hacérmelos; mi vida, y mis ideas sobre todo, me las puedo (y debo) construir yo mismo.
La revolución, o el socialismo moderno, son un sarampión que presumió -y se jacta- de desentumecer al hombre. Pero ahí el derecho deja de ser una fuerza y la obediencia aplasta como un deber.
Estas letras de Fernando Vallejo lo analizan con lucidísima metáfora: «La revolución, y se lo digo yo, que he vivido tanto y tan errada aunque arrepentidamente, la revolución es fina operación que mata al paciente pero salva al médico».
Vivir bajo el socialismo es como vivir como polizones alimentándose de una aguada pitanza que los capitanes roban de los puertos. Marchar al propio aire; ¿acaso hay otro destino mejor? La jefatura de la manada reside en sus propios miembros, nos aleccionó Kipling. ¿Manada? Cómo goza la gentualla apiñándose.
Solo me queda el consuelo de repetirme lo que escribió Flaubert el 23 de febrero de 1873 a Laure de Maupassant: «Para la gente de gusto, la vida ya no es agradable».
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Hoy he inventado una nueva palabra: plagio
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Felicitan a un lógico que acaba de ser padre: «¿Has tenido un niño o una niña?». Y contesta emocionado: «¡Sí!».
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La primera regla del club de la tautología es la primera regla del club de la tautología.
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«¡Agorafóbico!». «¡Eso no me lo dices en la calle!».
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Todos deberíamos ser solipsistas.
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Cada vez que un madrileño se muda a Barcelona, el cociente intelectual medio de ambas ciudades sube.
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Catulo se quejaba amargamente de un siglo lleno de generaciones de hombres ausentes de gusto y gracia, «O saeculum insipiens et infacetum!»
Policarpo, obispo de Esmirna y Padre de la Iglesia, dijo en el siglo II, según se lee en la Patrología de Migne: “¡Dios mío! ¡En qué tiempo me habéis hecho nacer!”
Leopardi, en una carta enviada desde Florencia a Pietro Giordani el 24 de julio de 1828, escribe «En suma, empieza a asquearme el soberbio desprecio que aquí se profesa por todas las cosas bellas y por toda literatura: sobre todo porque no me entra en la cabeza que la cumbre del saber humano consista en saber política y estadística. Al contrario, considerando filosóficamente la inutilidad casi perfecta de los estudios hechos desde la época de Solón para obtener la perfección de los estados civiles y la felicidad de los pueblos, me da un poco de risa este furor de elucubraciones y cálculos políticos y legislativos. […] Sucede así que lo placentero me parece más útil que todas las cosas útiles, y la literatura útil de una forma más verdadera y cierta que todas estas aridísimas disciplinas [la política y la estadística]» Nada extraña que el poeta tildara su siglo de «soberbio y estúpido».
«Yo renunciaría antes a las patatas que a las rosas» señaló cáustico -y muy certero- Gautier.
San Agustín consideraba la estupidez un pecado original de Adán; acepto la alegoría; en cualquier civilización simplemente tendremos menores o mayores grados de estupidez. Ahora es especialmente estúpido el evangelismo tecnológico, la obsesión de los amantes del «subiti guadagni» (es decir, de rápidos beneficios monetarios) y una especie de «universae ignorantia».
No hace falta esperar a los bárbaros.
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Una vez le informaron de modo entusiasta a Borges: «¡Argentina ha vencido a Holanda». A lo que él respondió titubeante: «Será que once argentinos han vencido a once holandeses. Además…yo no quiero vencer a Erasmo»
«El pueblo tiene opiniones muy sanas. Por ejemplo, haber elegido el divertimiento y la caza más bien que la poesía. Los sabios a medias se burlan de ello y triunfan demostrando con ello la locura de la gente, pero por una razón en la que ellos mismos no penetran, la gente tiene razón» Pascal.
«¿Cómo me hubiera gustado ser? Yo mismo, pero logrado.» Mauriac
«Abunda tanto la tontería humana que la mayor parte de ella ha ido a parar a los inteligentes, quienes la emplean con más soltura y confianza de lo que lo haría un tonto» Monterroso
Mi epitafio: «Murió hace mucho tiempo, y su familia aún sigue buscándolo en el sillón»
«Toda la gloria que pretendo de mi vida es haberla vivido tranquilo» Montaigne
«Somos grandes locos. Se ha pasado la vida ocioso, decimos, no he hecho nada hoy ¿Cómo? ¿Es que no habéis vivido? Es esa no solo la fundamental, sino la más ilustre de vuestras ocupaciones. Componer nuestra conducta es nuestro oficio, no componer libros, y ganar no batallas ni provincias, sino el orden y la tranquilidad de nuestro proceder» Montaigne
«Es breve la vida de los atareados» Séneca.
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Además de la pertinaz bibliocastia, los libros encontraron otra amenaza más extensa: el papel ácido. A partir del siglo XIX, y para abaratar el papel, su pasta se dejó de fabricar con lino, cáñamo o algodón, y se sustituyó por la pulpa de madera. Pero la pulpa de madera contiene lignina que, con el paso de los años, se oxida al contacto del aire y se amarillea el papel. Y para más inri blanquearon la pulpa de madera con ácido clorhídrico o bien con colofonia y sulfato de alúmina que era un encolante que permitía permeabilizar el papel (así la tinta no se filtra sobre la página o entre ellas) Ya tenemos entonces servida la tragedia; el sulfato de alúmina en contacto con la humedad se transforma en ÁCIDO SULFÚRICO. Los libros entre 1850 y 1980 aproximadamente (a partir de los ochenta, a dios gracias, se empezaron a popularizar libros con papel libre de ácido) primero amarillean, después se tornan quebradizos y acaban convertidos en polvo.
Véase lo anterior como una parábola del actual desplazamiento de la centralidad del libro hacia la acracia electrónica y la oralidad audiovisual.
Creo percibir un ocaso del libro molecular o físico y del libro como concepto y cómplice. Descifrar desentrañar y esclarecer el tema de un libro mediante el escrutinio, el análisis, la reflexión y el estudio, es algo que estoy convencido no se logra mediante el discurso audiovisual o la navegación internáutica. EL MUNDO PUEDE SER LEÍDO COMO UN LIBRO, nunca como una película, un programa de televisión, una emisión radiofónica, o una web.
En 1985 Steiner escribió «»estamos asistiendo hoy en día, todos nosotros, al paulatino final de la era clásica de la lectura.De una época de una alta y privilegiada literariedad, de una cierta actitud hacia los libros que, en líneas generales, duró aproximadamente desde la época de Erasmo hasta el colapso parcial del orden mundial de la clase media […] y de los sistemas de educación y valores asociados a ella»
Réquiem a la mente, y también al libro ¿Fue todo tan solo el sueño breve de cinco siglos?
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«Sobre la especie humana se alza un inmenso y tutelar poder que asume la carga de asegurar las necesidades de la gente y cuidar de su destino y desenvolvimiento. El poder en cuestión es absoluto, minucioso, ordenado, previsor y bondadoso. Equivaldría al amor paterno si su misión fuera educar a los hombres en tanto alcanzan la edad adulta; pero, contrariamente, lo que pretende es mantenerlos en una infancia perpetua; es partidario de que el pueblo viva placenteramente a condición de que sólo piense en regocijarse. Convertido en el árbitro y origen de la felicidad de los humanos, el gobernante, con la mejor disposición, actúa y se preocupa de que nada les falte; satisface sus necesidades, facilita sus placeres, cuida de sus preocupaciones más importantes, dirige sus actividades mercantiles, regula el incremento de su patrimonio e interviene en su transmisión hereditaria. ¿Qué resta a las gentes por hacer cuando se les ha ahorrado las inquietudes de pensar y las tribulaciones que la vida comporta?», Tocqueville, citado por Hayek como encabezamiento de la tercera parte de su esplendoroso (genial) libro «Los fundamentos de la libertad».
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«El teatro español es el pueblo español», Max Aub, 1944.
Supongo que el pesimismo apocalíptico aflora en cualquier época. El análisis ponderado importa poco si se vive subjetivamente la decadencia. ¿Tiempos oscuros?…demasiados. Sobre la relación entre pesimismo y verdad se ocupan estas palabras de Cela: «Es difícil que los escritores del siglo XX -los hombres que, con la pluma en la mano, tenemos el deber de levantar acta notarial del tiempo que vivimos- podamos sentirnos íntimamente alegres, convencida y entrañablemente gozosos. Nuestro tiempo no es, de cierto, bueno ni amable, y la confesión de toda la verdad de su naturaleza, será puntualmente no halagüeña».
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Argumento de Steiner en contra de la moralidad de la alta cultura
«Después de haber pasado horas, días, semanas leyendo, aprendiendo de memoria, explicándonos a nosotros mismos o explicando a otros una de las trascendentes odas de Horacio, un canto del Infierno, los actos III y IV de El Rey Lear o las páginas sobre la muerte de Bergotte de la novela de Proust, volvemos a nuestros pequeños asuntos domésticos e insignificantes. Pero seguimos poseídos. El grito de la calle suena lejano a nuestros oídos, si es que lo oímos siquiera. Nos habla de una realidad caótica, contingente, vulgar y transitoria, que no se puede comparar con aquella de la que nuestra conciencia está poseída. ¿Qué vale ese grito en la calle al lado del de Lear a Cordelia, o al de Acab atado a su demonio blanco? Miles, centenares de personas mueren cada día, en las pantallas de televisión de un mundo aseptizado, en una completa monotonía. La destrucción de lejanas estatuas por fanáticos afganos, la mutilación de una obra maestra en un museo, nos hieren en el alma. El erudito, el verdadero lector, el hacedor de libros está saturado por la intensidad terrible de la ficción. Su formación le predispone a identificarse intensamente con las realidades textuales, con la ficción, a expensas de otras identificaciones», G. Steiner.
Sumergidos en una crestomatía de Shakespeares, Quevedos y Cervantes vivimos en una burbuja de cloroformo anestesiante.
Hay que ver las cosas que se le ocurrían al bueno de Émile Faguet: “La Liberté s´oppose à l´Egalité, car la Liberté est aristocratique par essence”. «La libertad se opone a la igualdad, porque la libertad es aristocrática por esencia. «
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“La gente está perdiendo la capacidad de escuchar palabras o seguir ideas», Orson Welles (1915-1985)
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Simpatiquísimo La Bruyère: «Hay gente que pasó a la historia porque ha escrito libros, y gente que hubiera pasado si no hubiera escrito ninguno».
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¿ÚLTIMA DE LA BARBARIE Y EL DESPOTISMO? ¡NO!…MÁS DE LO MISMO
En el acto II de Manfred: “This man / Is of no commen order, as his port / And presence here denote…his aspirations / Have been beyond the dwellers of the earth”, “Este hombre no es de orden común, como su porte y su presencia aquí lo muestran…Sus anhelos se elevan sobre los moradores de la tierra”.
Siento conmoción por los Grandes, veneración por los Sabios, y admiración por los Ilustrados. La ignorancia no es una virtud y debe ser evitada. Me parece que ahora las manifestaciones de ignorancia se reciben con simpatía, y antipatía los ejemplos de conocimiento. Ser moderno, liberado, creativo, expresivo, o espontáneo, y comunicativo, y veraz, se iguala con ser analfabeto. Esta creencia chabacana e irracional se va infiltrando, va impregnándonos. En mi caso, hablar con la gente, significa ya rebajarme… Yo me rebajo, tú te rebajas, él se rebaja, nosotros Zara.
Idiolandia como un decorado de coches deslumbrantes, tetas de pop-stars, palpitantes anuncios de champús, una zona comercial suburbana de Norteamérica atestada de pizzerías y hamburgueserías, donde se increpa la actitud contestataria ante la película Barbie y hay una reacción positiva si tus gustos coinciden con los del público, donde la única fantasmagoría es la contradicción entre la bendita multitud y ese calor pegajoso, enfermizo y sofocante que esa multitud misma presiente ante el silencio y la soledad de un libro.
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¿Cómo veo esta Época? ¿Última de la barbarie y el despotismo?, ¡NO! … primera de lo mismo. Un siglo descuidado, atroz, pozo de víboras y miniletrado; un siglo tenebroso, cavernoso, necio y lisonjero, desabrido, escuro, pesado, triste. Un siglo IGNORANTE, pigmeo. Y donde el hombre quiere vivir como quiere, no como las leyes le mandan, con una democracia cautiva donde se guarda la Libertad, o de mala libertad que trae consigo el señorear de placeres sin arte, orden ni medida. Donde no está bien visto esforzarse y cubrir tus limitaciones.
Se desprecia el Conocimiento. Los patanes reinan y fustigan a los doctos. Se desdeña al hombre de estudio. Castiglione, en traducción de Boscán, indicaba que: “[…] viendo que ninguna cosa hay tan naturalmente deseada por los hombres, ni más propia a ellos, que el saber; y así gran bestialidad es decir o creer que no sea siempre bueno”; una cita que, letra a letra, deviene ahora elegíaca.
¿Qué hacer contra estas abyectas prácticas de brujería y erial educativo? Yo, y menciono a Henri Vogel “he nacido con el don fatal de sentir sinestésicamente la mediocridad”, así que, frente a las taras y el derrumbe, lo bizarro (fatal) y hueco, frente al dolor que me causa el enfrentarme con la bobería, cultivo mi jardín, mis mitos y mi desprecio. Lejos, y conmigo.
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«La voluntad de poder, lejos de ser una característica de los fuertes, se halla, como la envidia y la codicia, entre los vicios de los débiles, y posiblemente es el más peligroso», Hannah Arendt. Sobran comentarios respecto a la ambición del césar socialista.
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«When people accept futility and the absurd as normal, the culture is decadent. And crucially, the stagnation is often a consequence of previous development: The decadent society is, by definition, a victim of its own success», J. Barzun.
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Porque como decía Nazin Hikmet: «SER CAUTIVO NO ES LA CUESTIÓN…LA CUESTIÓN ES NO RENDIRSE».
«No te es posible aprender todo de la lectura; pero puedes abstenerte de cualquier acto de violencia; puedes sobreponerte al placer; puedes despreciar a la vanagloria; puedes evitar el irritarte contra los malvados e ingratos.», Marco Aurelio. El imperio -la rectitud- de mi alma es mía, y no los subsidios, la quejumbre, el salario del patrón, las dádivas del Estado. Humo, ceniza, leyenda, una vida sin Libertad.
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«La dictadura perfecta tendría apariencia de una democracia» -escribe Huxley- «Sería esencialmente un sistema de esclavitud en el que, a través del consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían sus servidumbres.»
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Quien no se aburre en el seno de un bosque es un imbécil y yo lo desprecio.
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Política, qué asquerosidad. «No, no creo en la felicidad, sino en la tranquilidad. Por eso me aparto de lo que me irrita. Soy insociable. De ahí que huya de la Sociedad. Así me encuentro bien. Ahora, un viaje a París me supone una pesada carga. En cuanto remuevo el fango, remontan las heces y se enturbia todo. Me exaspera el más mínimo diálogo con quien sea, porque todo el mundo me parece idiota. Solo se habla de política ¡y de qué forma! ¿Dónde hay una apariencia de idea? ¿A qué aferrarse? ¿Por qué causa apasionarse?», Flaubert.
España se hunde como un barco podrido. Es una quimera la esperanza de que se salve. Chapoteamos en una chochez de políticos patrios y morlacos. «Claro es que en el campo de la acción política, el más superficial y aparente, solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela», «Juan de Mairena». Pruebas manifiestas ahora, hoy, siempre, todavía.
Habló Machado de Sánchez (de tantos, al sur, norte, oriente y occidente):
Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.
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Nebrija, autor de nuestra primera gramática, dotó a la monarquía absoluta de una lengua oficial. El castellano de Nebrija era la lengua del Estado, o sea, de la Administración, el Ejército, de la Inquisición. El Sr. Sánchez permite ahora la literatura universal del silbo gomero y cumplimentar la declaración de la renta en aranés.
«Y para que sepas que no se puede alcanzar la verdadera reverencia por estas aparentes dignidades, has de saber este argumento: Si uno que ha sido muchas veces cónsul aportase a caso a tierra de bárbaros, ¿haríale aquel honor estimado de ellos?», Boecio, Las consolaciones de la filosofía, en «Los estoicos», Ediciones Ibéricas, Madrid, p.314
“Ser nacionalista en el sentido en que ahora lo exige la opinión pública sería, para nosotros, que somos más espirituales, no una mera insipidez sino una deshonestidad, un deliberado adormecimiento de nuestra mejor voluntad y conciencia”, Nietzsche.
Hay escritores (no pocos, no pocos) que son la idea que tiene una persona estúpida de lo que es una persona inteligente.
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Marwán escribe la poesía de la época; la época comprendida entre los cinco y los doce años.
Querido, menos colorín y más latín; menos Rin Tin Tin y más magín.
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No soy feliz. Nunca lo fui.
Eurípides: «Omnis hominum vita est plena dolore», la vida de todo hombre está llena de dolor; como también son célebres los versos de Teognis: «Optima sors homini natum non esse», el más envidiable de nuestros bienes es no haber nacido. Byron: «Hay algo mejor que esto: no ser».
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«Después de haber pasado horas, días, semanas leyendo, aprendiendo de memoria, explicándonos a nosotros mismos o explicando a otros una de las trascendentes odas de Horacio, un canto del Infierno, los actos III y IV de El Rey Lear o las páginas sobre la muerte de Bergotte de la novela de Proust, volvemos a nuestros pequeños asuntos domésticos e insignificantes. Pero seguimos poseídos. El grito de la calle suena lejano a nuestros oídos, si es que lo oímos siquiera. Nos habla de una realidad caótica, contingente, vulgar y transitoria, que no se puede comparar con aquella de la que nuestra conciencia está poseída. ¿Qué vale ese grito en la calle al lado del de Lear a Cordelia, o al de Acab atado a su demonio blanco? Miles, centenares de personas mueren cada día, en las pantallas de televisión de un mundo aseptizado, en una completa monotonía. La destrucción de lejanas estatuas por fanáticos afganos, la mutilación de una obra maestra en un museo, nos hieren en el alma. El erudito, el verdadero lector, el hacedor de libros está saturado por la intensidad terrible de la ficción. Su formación le predispone a identificarse intensamente con las realidades textuales, con la ficción, a expensas de otras identificaciones.», G. Steiner.
Nada mala esta intuición de Steiner. Grandes dosis de objetos estéticos excelsos, con su recubrimiento de una película de perfección, velan las imperfecciones del mundo corriente, de los gritos y susurros comunes.
Sumergidos en una crestomatía de Shakespeares, Horacios, Quevedos y Catulos, es como si, dentro de esa nube o burbuja de cloroformo platónico ideal, nos anestesiáramos del dolor de nuestros semejantes. De alguna oblicua manera el usufructo del gran arte nos deshumaniza y narcotiza.
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EL VIAJE DEL SOL
El sol, el hijo de Hiperión,
en un cuenco de oro se embarca cada tarde,
para, una vez cruzado ya el Océano,
llegar a los abismos
de la sagrada Noche tenebrosa.
Estesícoro.
El testimonio de Platón en el «Fedro» sobre Estesícoro y su Palinodia (Phdr. 242e-243a; F 90 a) es, junto al de Isócrates, el más antiguo que conservamos. En el diálogo, Sócrates le dice al joven Fedro que ha ofendido al dios Eros, y que, por tanto, debe purificarse; afirma que Estesícoro, a diferencia de Homero, conocía una antigua purificación para quien cometiera una ofensa contra una divinidad.
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Admito que algunos poetas redondean y dan forma artística a sus impresiones interiores con una plasmación peculiar. Los tapacubos del coche también podrían valer.
Sin soledad no hay verdad. Lean atentamente este consejo de Rilke:
«Hay solo UNA soledad, y es grande y no es fácil de sobrellevar, y a casi todos les llega la hora en que de buena gana querrían cambiar su soledad por una comunidad, aunque fuera banal y barata, por la apariencia de una escasa coincidencia con el primer llegado, con el más indigno…Pero quizás son esas precisamente las horas en que crece la soledad; pues su crecimiento es doloroso como el crecimiento de los niños y triste como el crecimiento de la primavera. Pero no puede equivocarse usted. Lo que se necesita, sin embargo, es solo esto: soledad, gran soledad interior. Entrar en sí y no encontrarse con nadie durante horas y horas, eso es lo que se debe poder alcanzar. Estar solo, como se estaba solo de niño, cuando los mayores andaban por ahí, enredados en cosas que parecían importantes y grandes, porque los mayores parecían tan ocupados y porque no se entendía nada de lo que hacían. […] atento a lo que surja en usted, y póngalo por encima de todo lo que observe en torno. Su acontecer más íntimo es digno de todo su amor; en él debe usted trabajar, de un modo o de otro, y no perder demasiado tiempo ni demasiado ánimo en explicar a la gente su posición».
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Por eso me encandilan autores con un ideario muy distinto al mío.
«En literatura, el asentimiento intelectual no es lo mismo que estar de acuerdo. La literatura puede producirnos placer sin necesidad de que estemos de acuerdo con su contenido, debido a que reaccionamos favorablemente ante la fuerza o la gracia de una mente, sin reconocer la bondad de sus intenciones o conclusiones. Podemos sentir placer ante la fuerza de convicción de una mente, sin necesidad de juzgar la corrección o adaptabilidad de lo que dice» L. Trilling.
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El fútbol femenino en este Mundial tiene el mismo nivel que una pachanga en el Instituto con mis amigos. Si no veo partidos masculinos de tercera división, ¿por qué tengo que ver este truño de Mundial? Y encima-qué recochineo- dan en las noticias un reportaje sobre la sub-19.
Solo una imposición política puede explicar la omnipresencia informativa de este subdesarrollo deportivo.
Cuando tenía 20 años, y estudiaba Filosofía y Exactas, escribí un poemario titulado «Phoebe», muy influido por De Cuenca. Ahí van unos pocos poemas:
ONANISMO
( fotografías de actriz en una isla caribeña )
Azul mar de isla a solas…
Arrobado me sofocaban tus ojos y pestañas,
exploraba el imaginario planeta de tus largas piernas,
me inundaba el dulzor de tu piel
moreno como moras en sazón…
¡Metamorfosis! Mi joven varonía
plena de tu ardorosa delicuescencia
inició un tímido gesto de encabalgamiento,
y, sí, te besé (torpe, ineptamente),
te acaricié (toscamente, lleno de sudor y oro),
y, casi enseguida, fenecí, morí,
me disolví en un charco de placer,
en inexpresable láctea foundé…
Para ti, mi hembra amada, novia mía,
estas palabras, estas palabras privadas,
a través del sofístico túnel del tiempo,
a través de los congelados vientos de la noche.
***
CAMARADAS
Leer al inmortal Platón, también
extasiarse ante nubes o pintura paisajística.
Pero nunca dejar de ser compinches –nunca-
Inundar de rosas los pasillos de los hospitales,
o blandir la espada en justas medievales,
o disfrazarnos de espantapájaros (ahora
que lo pienso, eso sí; de espantapájaros
dialogaríamos con el exclusivo poder de la mente).
Y por la noche de fiesta a una disco gay
al son de un mix de Madonna y Lady Gaga
y terminada la velada, ebrios de amor,
cual tribu caníbal, hambrientos,
devorar el respectivo fruto entre nuestras piernas.
***
NIGHTMARE
A ver si te espanta el sueño que ayer tuve:
eras una esclava que un comerciante te ofrecía,
morosamente se explayaba en lo moceril de tus años,
y besaba tus labios, y palpaba tus nalgas,
(el tipo era gordo y grasiento como un tonel),
y desplazaba viscoso su mano por tu espalda,
y jocoso y truchimán y ufano decía, decía el muy cabrón,
que acaricias y gozas al ser acariciada,
que palpas cuando eres palpada,
que amas con la lengua si la lengua te ama.
Desperté desvelado y saqué todos los sextercios del banco.
Nunca el amor debe ser el lugar del excremento.
***
ME ACUERDO DE TI ( POEMA A LO MTV )
Me acuerdo de ti.
(no de tarde en tarde,
siempre
me acuerdo de ti).
Cada segundo
De las 00:00 a las 12:00.
Me gustan tus pechos
(y cuando refunfuñas)
tu coño
y tu culo respingón
y al ver
pechos, coños, culos
me acuerdo de ti.
(pero no de tarde en tarde,
siempre estás en mi cabeza).
Cada día
De las 12:00 a.m a las 12:00 p.m.
Me gustan tus pechos
tu coño
y tu culo
y al ver
blusas, faldas, jeans
me acuerdo de ti.
(pero no de tarde en tarde,
tu recuerdo ametrallea mi cerebro).
Cada siglo
De las 12:00 A.C. a las 12:00 D.C.
Si tú saltas de mi vida
si tú no te acuerdas de mí
salto un puente
visito un vidente
me pinto de verde
o vuelo en parapente
pensando en ti.
(eres una zombi
en mi cabeza
que me chupa los sesos).
No importa
que tú
caprichosa y malcriada
no te acuerdes de mí
yo
me acuerdo de ti
de ti
de
ti.
***
DANGEROUS
La policía nos pisa los talones, mon amour.
¿No te parece que disuena Mozart en el salpicadero?
(se acoplaría más aquí la música de algún rapero mafioso).
¿Nos iremos con la droga y los millones?
¿Entonces escuchas ya los motores y rotores en marcha?
Querida, no crees más factible cambiar de una vez de vida
y habitar una linda casita vallada en New Hampshire
con pérgola, barbacoa y fox-terrier.
No crees factible no engañar más al seguro
y escribir así con letra clara y cuidadosa nuestro amor,
que el amor en peligro es igual al peligro de no amor.
**********
FEMME FATALE
Acaba de ponerse la toalla entre las piernas
(las ingles recién depiladas)
Ah el sabor a galleta en la punta de su lengua,
los litorales sulfurosos de su culo,
las bayetas rojas de sus senos.
Me excita el bravío mar de sus gritos histéricos
o que eche a menudo somníferos en el champán.
Enfurecida por perder a las cartas o por el carácter
de su madre, con irrebatibles ideas de matar o suicidarse,
pende como la duda en la punta de un florete
el que me vueles o no la tapa de los sesos.
Acabas de colocar tus braguitas en la maleta con el dinero.
Vas descalza por la grava
y unas moléculas de buganvilla te pican en la nariz.
Vienes con el rímel corrido, agujereadas las medias,
ensangrentadas las uñas, sucio el pelo.
Tus ojos brillan como golosinas.
Tengo unas ganas locas de estuprarte.
O algo de poesía hay en todo esto
o estamos ante la última alucinación del poeta.
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Los poemas anteriores pertenecen a mi prehistoria. Otro tipo de poesía que ejecuto, son los ripios de ocasión. Los escribo en cinco minutos y los cuelgo en mis redes. Aquí algunos botones de muestra:
«Félix de Azúa, César Antonio Molina, Jon Juaristi, Fernando Savater, Luis Alberto de Cuenca, Julio Martínez Mesanza, Miguel d’Ors, Zoé Valdés, Enrique García-Máiquez, Andrés Trapiello, José Carlos Llop, y otros muchos, algunos de los cuales andan por aquí, ¿pertenecen o no al «mundo de la cultura»? ¿O sólo quienes digan Almodóvar, los hermanos Bardem o Juan Diego Botto? ¿O los opinadores de El País, la SER o La Sexta? Y los que he citado, ¿dejan de ser del «mundo de la cultura» y pasan a ser meros fachas, partidarios de la censura? ¡¡Cuánto sectarismo y cuánta ignorancia hay en España!!»
Palabras de mi buen amigo Emil Man Martínez en su muro. Roger Scruton comentaba que el 70% de los intelectuales tienen la ideología de la siniestra.
La inteligencia se distribuye entre la diestra y la siniestra. Vano mencionar inteligencias soberbias de la diestra: Hayek, Von Mises, Berlin, Friedman, Salisbury, Hume, Locke, Burke, René Girard, Rémi Brague, Robert Spaemann, Fabrice Hadjadj. También Menger, von Böhm-Barker, von Wiese, Lachmann, Kauder, Jay Nock, Chamberlein, Chodorov, Nisbet, y Aron, y Polanyi, y Ropke, y Rueff, y Oakeshott, y Strauss y Voegelin. O Jouvenel, Ortega, Weaver, Revel. Y tenemos a Kirt, y a Viereck, a Weber, o Julián Marías, Gómez Dávila, Balmes, Donoso Cortés, Bonald, ETCÉTERA ETCÉTERA.
Eso por citar unos pocos clásicos. Es ridículo presuponer la exclusividad moral y epistémica de la izquierda. Subrayemos lo obvio. Es totalitario excluir de la cultura a los autores no canónicamente «progres».
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«La mayor parte de los seres humanos prefiere antes adherirse al error que aislarse», Tocqueville.
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Como preámbulo a la cita que sigue de Ruskin, no se nos olvide la observación de Tocqueville:
«Estos pueblos [griegos y romanos], que no solo se gobernaban aristocráticamente, sino que eran cultos y libres, tenían, pues, que escribir sus producciones literarias con los vicios particulares y las cualidades especiales que caracterizan a la literatura de los siglos aristocráticos.
En efecto, basta hojear los escritos legados por la Antigüedad para descubrir que, si sus escritores carecieron a veces de variedad y de fecundidad en los temas, y de valentía, agilidad y generalización de pensamiento, siempre demostraron un arte y un cuidado asombroso en los detalles; nada, en sus obras, parece hecho con apresuramiento y a la ventura; en ellas, todo se dirige a los entendidos, y la búsqueda de la belleza ideal se hace patente de continuo. No hay literatura que ponga más de relieve las cualidades que por naturaleza faltan a los escritores en las democracias. Así pues, no existe otra literatura que más convenga estudiar en los tiempos democráticos. De todos los estudios, éste es el más adecuado para combatir los defectos literarios inherentes a dichos periodos; en cuanto a sus cualidades naturales, nacerán por sí solas, sin que sea necesario adquirirlas».
Y sobre el apresuramiento, Valéry:
«Nunca debemos llegar al fondo de nada; es una ley estricta de la literatura».
John Ruskin consideraba que arte y moral estaban inextricablemente ligadas. Que la fuerza ética englobaba a la estética, que el arte era una papirología o palimpsesto también de rectitud y educadas costumbres.
También consideraba el arte un asunto muy serio. En su magna obra Pintores modernos, escribió al respecto:
«El arte propiamente dicho no es recreo; no puede ser aprendido en ratos libres, ni emprendido cuando no hay nada mejor que hacer. No es una forma de entretener las manos en el escritorio, ni de aliviar el tedio en los tocadores; debe ser comprendido y entendido con toda seriedad, o no inmiscuirse en él en absoluto. Los hombres deben dar sus vidas para impulsarlo, y sus corazones para recibirlo»
En esta Era de Redes Sociales siento esa música como una invectiva, igual a un puyazo.