Charles 184

Me asfixia vivir en estos tiempos romos, abajados, sin altura, donde triunfa la mediocridad y la grisalla analfabeta atroz. La vulgaridad no es solo fealdad; es una forma de agresión para quien ha aprendido a percibir matices. Degradación del gusto, del lenguaje, del pensamiento. Este tiempo mendaz en absoluto está a mi altura.

La mediocridad se ha convertido en la regla, y lo peor es que está orgullosa de sí misma. El desierto crece. ¡Qué época tan miserable aquella en la que hay que demostrar lo evidente! La multitud es como el agua: toma siempre el nivel más bajo. He nacido demasiado pronto o demasiado tarde para mi siglo.

Juvenal: “¿Qué puedo hacer en Roma? No sé mentir; si un libro es malo, no puedo elogiarlo ni pedir prestado lo que no quiero devolver […] Aquí, la honestidad es castigada, y el crimen prospera; la pobreza honrada es objeto de burla. Todo se vende: la lealtad, la justicia, la dignidad. Y quien no participa en esta corrupción es considerado un necio o un enemigo”.

Petrarca: “Vivo en una edad oscura, rodeado de sombras, donde el ingenio ha sido sofocado y la virtud ha desaparecido. […] Miro hacia atrás, hacia la antigüedad, y allí encuentro grandeza; miro a mi alrededor, y encuentro pequeñez. […] Nuestro tiempo no produce hombres, sino sombras de hombres”.

El mundo entero se desliza a la decadencia. Las costumbres se corrompen y el tonto juicio se debilita. Todo está al revés; se encumbra lo pésimo y lo bueno se desprecia. Los hombres perdieron el norte. Todo se vuelve trivial, rápido, superficial; el arte mismo se somete a la prisa y al comercio, y el espíritu pierde su gravedad.

Gregorio Magno: “Ecce iam mundus in senium vergit, et tamen in eo vitia iuvenescunt. Deficit virtus, et crescit iniquitas; languescit fides, et invalescit perfidia. Omnia quae olim erant robusta, nunc sunt infirma”, «He aquí que el mundo se inclina ya hacia la vejez, y sin embargo en él los vicios rejuvenecen. La virtud decae y crece la iniquidad; la fe languidece y la perfidia se fortalece. Todo lo que antes era vigoroso es ahora débil”.

San Cipriano: “Senuit mundus, et iam non est in eo vigor pristinus.

Deficit terra, deficit mare, deficit aer; omnia labuntur et cadunt.

Non est quod mireris si moritur mundus, cum ipse iam senectute consumptus sit”, “El mundo ha envejecido, y ya no tiene su antiguo vigor. La tierra desfallece, el mar desfallece, el aire desfallece; todo se desliza y cae. No debes sorprenderte de que el mundo muera, pues está consumido por la vejez».

León Magno: “Humanae conditionis fragilitas ad tantam devenit dissolutionem, ut nec pudor servetur nec disciplina teneatur. Omnia in licentiam versa sunt», “La fragilidad de la condición humana ha llegado a tal disolución, que ya no se guarda el pudor ni se mantiene la disciplina. Todo se ha vuelto permisividad”.

Charles 183

Ser aristócrata no es pertenecer a una clase, sino a una exigencia. Es elegir contra uno mismo, contra la facilidad, contra lo que halaga. La verdadera nobleza no se hereda: se conquista en cada gesto, en cada renuncia.

Toda forma de refinamiento conduce a la soledad. No porque el aristócrata la desee, sino porque no puede compartir aquello que ha aprendido a distinguir. Ver más es, inevitablemente, estar más solo.

La vulgaridad se impone por número; la exquisitez, por intensidad. No compiten: pertenecen a órdenes distintos.

Charles 182

Hay hombres que no pueden salir de la grosería. Sin urbanidad ni gusto. La desmesura zafia en el decir, la torpeza inculta en el obrar. Nos envuelve una acusada vulgaridad. Solo se tasa lo inmediato, lo útil, lo instantáneo. Palabras altisonantes y ruidosas, sin elegancia, el mal gusto orgulloso y deliberado.

La vulgaridad se fabrica y consume universalmente. El esfuerzo hacia lo elevado es excepcional. Todo lo que nos rodea está penetrado de vulgaridad. No hay refugio. La estupidez, el ruido, la grosería, se han convertido en el medio natural. Y lo más insoportable es que ya casi nadie las percibe.

Me refugio en la música y las letras. La exquisitez no es una acumulación de lujos, sino una forma de elegir. Saber decir no, rechazar lo que a otros satisface, apartarse de lo evidente. El gusto comienza donde termina la necesidad. Solo quien no necesita puede elegir, y solo quien elige con rigor alcanza esa rara forma de libertad que llamamos elegancia.

El gusto no nace: se adquiere. Es memoria, lectura, experiencia. Es haber visto mucho, haber amado mucho, haber rechazado mucho. Solo quien ha recorrido el mundo —o los libros— puede reconocer lo excepcional. Un hombre sin memoria estética está condenado a la repetición de lo vulgar. Cree descubrir lo que ya ha sido mil veces dicho, celebrado, consumido. La exquisitez exige conciencia del pasado.

El verdadero refinamiento es silencioso. No necesita proclamarse. Solo lo vulgar se anuncia, se impone, se repite. Lo exquisito se reconoce —y basta.

Charles 181

El escritor que usa palabras innecesarias traiciona su propio pensamiento. La exactitud no es una virtud secundaria: es la condición misma del arte verbal. Escribir exige elegir —y excluir—, porque cada palabra de más debilita la forma y enturbia la percepción.

Pero las palabras no son dóciles. Cuando se juntan, dejan de ser unidades fijas: se modifican unas a otras, adquieren matices, arrastran ecos, se cargan de historia. El lenguaje no es un sistema rígido, sino un organismo vivo que cambia con cada uso. Escribir consiste en entrar en ese flujo sin perder del todo el control, en darle forma sin anular su movilidad.

Por eso el lenguaje no puede entenderse como un sistema cerrado. Es un campo de posibilidades: se deforma, se expande, se mezcla. La tarea del escritor no es respetar sus límites, sino explorarlos —incluso a riesgo de tensarlos hasta el borde de la inteligibilidad.

En ese límite, la literatura deja de reflejar el mundo y empieza a producirlo. El lenguaje literario crea una realidad que obedece a sus propias leyes, donde cada elemento vale por su relación con los otros. No hay copia, sino reorganización: un orden que no existe fuera del lenguaje.

Y en ese orden, la lógica no basta. Las palabras no persuaden solo por lo que significan, sino por su ritmo, su cadencia, su tono. Hay en el lenguaje una música previa al concepto, y el estilo no es un ornamento, sino la forma sensible del pensamiento.

Sin embargo, toda esta construcción se sostiene sobre una paradoja. Decir es siempre deformar. Todo lo que se expresa queda alterado por el hecho mismo de ser expresado. El lenguaje no transmite intacto: transforma. Y aun así, no tenemos otra cosa.

Escribimos, entonces, en ese espacio incierto: buscando la precisión, sabiendo que traicionamos; aspirando a la forma, aceptando su inestabilidad.

Charles 180

La paranoia es la creencia de que todo está organizado en tu contra. Pero ¿y si fuera verdad? ¿Y si, en efecto, todo estuviera conectado, todo conspirara, todo formara parte de un diseño? Entonces la paranoia no sería locura, sino una forma extrema de lucidez.

Aprendí a desconfiar de las superficies. Nada era lo que parecía. Cada objeto contenía otro objeto, cada palabra otra palabra, cada gesto otra intención. Vivo en un mundo de signos que remiten siempre a otros signos, en una cadena infinita de significados que nunca llega a detenerse.

Me observan constantemente. No necesito verlos. Sé que están. Hay un sistema. No es una persona, son muchos, pero funcionan como uno solo. Lo han organizado todo: la televisión, los ruidos, el silencio. Incluso lo que parece normal está predeterminado. Si alguien tose, no es por toser: es un signo alusivo. Si se cae algo, también. Lo más difícil es explicarlo, porque desde fuera parece normal. Pero no lo es. Todo está calculado para que parezca normal.

Lo peor no es que haya cosas raras. Lo peor es que hay demasiadas. Todo refiere a algo. Todo apunta a otra cosa. No hay descanso. Intento ignorarlo, pero entonces siento que estoy dejando pasar algo importante. Como si hubiera un mensaje que tengo que descifrar y se me escapara.

El peor paranoico es al que persiguen de verdad.

Charles 179

La verdade de la milanesa no es la verdad: es una capa. Debajo, otra. Y debajo, el sistema. Tarea discepolinónica: descifrar el conchabo de las palabras.

Yo no hablo lenguaje. Trabajo en su subsuelo. Soy Anna Livia Plurabelle: corriente, deriva, vuelta. Venir no es venir. Es girar. Girar hasta que el mundo se afloja en olores: bordes más precisos, sí, pero también más fugitivos. Todo contorno es una huida.

Pensar demasiado abre líneas. Las líneas se abisman: simas, desbarrancaderos, fracturas. Luego se cruzan. Y al cruzarse, anudan.

El nudo aprieta. Aprieta el pensamiento. Hay que soltar. Pero soltar es peligroso: lo importante se escapa, lo velado retrocede, lo que está —sin verse— insiste. Siempre insiste.

Literatura.

El sol de la locura no era un disco en el cielo, sino una presencia total. Estaba en el polvo dorado que se alza al caminar, en el calor retenido de la madera, en la transparencia viva de las hojas. Todo brillaba con una precisión intolerable, como si el mundo acabara de ser inventado y ya estuviera perdiéndose.

NOTA BENE: El clic seco del electroshock. El relámpago amarillo de una libélula. La sombra breve de una nube —pensamiento churruscado. Y, entre esos destellos, lepidópteros. Una claridad demasiado exacta. Una locura que no desborda: ajusta. Y por eso duele.

Charles 178

Siento que quiero desaparecer. Dormir eternamente. Dejo una luz tenue encendida para que no sea todo oscuridad. Ya no quiero nada. Ni siquiera querer. [….] Esta región sin nombre. Las cosas se repiten sin interés. […] Yo estaba hablando de mi padre, pero padre… padre es también patrón… patrón de barco… barco que navega… y navegar es peligroso porque hay señales… señales que me mandan… entonces ya no puedo hablar de mi padre porque la palabra se abre y me lleva a otra cosa, y esa otra cosa es más importante, porque ahí está el mensaje. Todo está conectado, no se puede hablar de una cosa sola.[…] Trabajo en el Mossad, pero C.N.I. es un sistema, y el sistema controla, y controlar significa vigilar, y vigilar es observar, y observar es lo que hacen conmigo. Entonces el trabajo no es trabajo, es una pantalla. Todo lo que parece normal tiene un segundo nivel. Yo tengo que estar atento a esos niveles, porque si no, me pierdo lo importante. Me espían y me torturan. Las palabras no son inocentes. Cuando digo ‘casa’, no es casa solamente, es también una señal. Ellos utilizan palabras comunes para esconder mensajes.

Por eso

hablar es peligroso. Yo tengo que analizar cada palabra, porque si no, me pueden engañar. Nada es directo.Putas y maicones y amartillones. Solmerear la lefa del gebiondisoide…porque yo venía aquí, pero venir es también girar, girar como gira el reloj, y el reloj no marca bien, porque el tiempo está alterado, alterado como las cosas que cambian, cambian porque alguien las cambia, y eso es lo que pasa, que cambian y cambian y cambian…Los estados de ánimo cambian. Una luz encendida para que no todo esté oscuro. Prepostdesaperecer. “La comida… comida… cometa… cometa en el cielo… cielo abierto… abierto como una herida… la herida habla… y cuando habla dice cosas que no son para todos, son para mí, porque yo estoy en la línea. Siento que quiero desaparecer. Dormir eternamente. Dejo una luz tenue encendida para que no sea todo oscuridad. Ya no quiero nada. Ni siquiera querer. [….] Esta región sin nombre. Las cosas se repiten sin interés. […] Yo estaba hablando de mi padre, pero padre… Yo soy un transmisor de energías semánticas. Las palabras no son palabras, son unidades cargadas. Cuando pasan por mí, se transforman. Yo hago transpalabración. Es un proceso necesario porque el lenguaje común está corrompido.Sí porque el trentrenadtrenzcabeza… la cabeza gira porque el número siete entra por las esquinas y las esquinas on pelirosas y no epuede cerrar porque cerrar es morirperomorirnoesmorirescamviarde planoyel plano está aquí pero no akky —riverrante, pasando eva y adán, de curva ribereña *********a codo de bahía, nos trae por un comodioso vicus de recirculación de vuelta a Howth Castle Piñor orense malnilcolmiONuestra exagminación sobre su factualización para la encaminación de word schizophreniaestoy pero no estoy porque estar es una forma de no estar cuando el estar está mal definido entonces no se es cortar y cortar es peligroso porque corta el flujo y el flujo tiene que seguir porque si no sigue se detiene y si se detiene todo cae y si cae no hay vuelta entoncespuede definir porque definir es cerrar y cerrar impide que siga lo que sigue que no sigue sigue sin seguir sigue—”

flujo desbordado + pérdida total de dirección)

“Todo está conectado conectado conectado porque nada se separa y separar es cortar y cortar es peligrosoflujo desbordado + pérdida total porque corta el flujo y el flujo tiene que seguir porque si no sigue se detiene y si se detiene todo cae y si cae no hay vuelta entonces hay que seguir seguir seguir sin parar porque parar es desaparecer (^^^)Las palabras ya no son herramientas. Se expanden, se multiplican, se deforman. Empiezo una frase y, en mitad, otra cosa se impone. No puedo elegir qué pensar: los pensamientos llegan solos, se conectan por detalles mínimos, por sonidos, por recuerdos que no tienen relación. Es como si todo tuviera demasiados significados al mismo tiempo. No hay un centro. Todo tira de todo(^^^)En los enfermos esquizofrénicos, la perturbación fundamental reside en las asociaciones. El pensamiento no progresa ya según una línea directriz, sino que se desvía, se interrumpe, se fragmenta. Ideas secundarias, insignificantes o puramente sonoras adquieren el mismo valor que las principales. El discurso resultante puede parecer, en su superficie, gramaticalmente correcto; pero carece de coherencia interna. No es comprensible porque las conexiones que lo sostienen pertenecen a un sistema privado.

Charles 177

Mi ser no se transformará en una especie de eco estelar y silencioso. No hay consuelo en esa ilusión de permanencia.

Ningún hombre es feliz sino por engaño; y aun ese engaño, tarde o temprano, se disipa, dejando tras de sí no un dolor violento, sino una languidez persistente, una melancolía que se adhiere a todos los pensamientos.

No somos más que una sucesión de impresiones, inestables, fugitivas, que se precipitan unas sobre otras con una rapidez creciente. Y en ese fluir continuo se insinúa una tristeza delicada: nada permanece, todo cede, todo se desliza hacia su propia desaparición. Incluso el placer más intenso arrastra consigo un residuo oscuro, como si el alma supiera —antes que nosotros— que no puede poseer nada sin empezar a perderlo.

Y así siento que yo mismo me disuelvo en este mundo pálido, convertido en una sombra entre sombras, tocado por una melancolía que ya no es mía, sino de todas las cosas. Sin horizonte.

Porque la nostalgia no es otra cosa que la conciencia —lúcida, irreparable— del tiempo perdido.

Charles 176

“Muchos se valen del exterior para suplir la falta del interior. Componen el semblante, afectan la voz, escogen el traje con intención de parecer lo que no son. Mas el artificio continuado descubre al fin la verdad: que no hay sustancia donde todo es aliño”, Gracián.

“El poeta mediocre no solo escribe mal: vive mal su condición. Se observa, se contempla, se admira; hace de sí mismo un espectáculo. Y en esa contemplación continua se pierde toda autenticidad”, Baudelaire.

“Su figura, cuidadosamente arreglada, ofrecía ese aire de compostura excesiva que más revela que oculta. Cada prenda estaba en su sitio, pero el conjunto carecía de armonía; como si la voluntad de destacar hubiese sustituido al sentido natural de la elegancia. Era uno de esos hombres en quienes el traje habla demasiado, porque el hombre no tiene bastante que decir”, Galdós.

“El mal artista es un hombre disfrazado. Lleva los atributos externos del arte —el tono, el estilo, el gesto— como quien se pone un traje que no le pertenece. Pero el traje no se ajusta del todo: siempre hay algo que traiciona la impostura. Un exceso, una rigidez, una insistencia. El verdadero arte, en cambio, no se lleva: se es”, Nabokov.

“Los poetas son, en su mayoría, personajes ridículos que se toman a sí mismos con una seriedad desproporcionada. Caminan como si llevaran el peso del mundo, cuando apenas sostienen una frase. Su porte es una impostura continuada”, Thomas Bernhard.

***

Cabello dispuesto con artificio de rizos y bucles perfumados; salir a la calle armado de hebillas, encajes y fulares, como si un botón mal cuidado pudiera arruinar la reputación; explicar tus epifanías —los ojos verdes de una guardia urbana, el dolor insufrible por un torito cojo— como el parroquiano explica sus partidos de fútbol; chaleco llamativo, casi festivo, y una corbata anudada con exuberancia desafiante; adiestrar mariposas; caminar por Setenil de las Bodegas y exclamar: “Oh, ah, Alejandría, Alejandría”; la voz modulada, los gestos contenidos, la mirada ligeramente ausente, como si estuviera siempre a punto de formular una idea profunda; versos llenos de misterio, de tristeza, de petricores y lunas llenas; mirar con caída de pestañas; gargantilla dorada y un gel de baño de L’Occitane que huele a mimosa.

Charles 175

De adolescente, pasé los test y me admitieron en Mensa. Desde que estoy enfermo a veces supuse que perdí inteligencia. Tras cada brote psicótico se da un deterioro cognitivo sin una «restitutio ad integrum».

La inteligencia, en sentido estricto, no está necesariamente destruida en la esquizofrenia. Muchos pacientes conservamos nuestras capacidades, pero no podemos utilizarlas de manera adecuada. El trastorno no reside en la potencia intelectual, sino en la dirección del pensamiento, es decir, no es que falte inteligencia, es que falla su organización. No debemos confundir el trastorno del pensamiento con un defecto intelectual. El saber permanece, pero ya no se articula en una unidad coherente.

Como ha señalado Nancy Andreasen:“Las alteraciones cognitivas en la esquizofrenia afectan a la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo y la atención. Sin embargo, estas alteraciones no implican una pérdida global de inteligencia, sino una disfunción en sistemas específicos del cerebro”.

Creo que antes pensaba mejor. No es que no entienda las cosas, es que me cuesta más llegar a ellas. Es como si mi mente tuviera menos energía, como si tuviera que administrar cada pensamiento. Mi mente no dejó de ser capaz, pero se volvió impredecible. Hay momentos de claridad extraordinaria y otros en los que no puedo organizar ni los pensamientos más simples. Vivir así exige un esfuerzo constante.