Charles 9

SIMPOSIUM

A Lamas y el Dr. Gracia

Europa está hecha de cafés. El más fructífero
y natural ejercicio del espíritu es la conversación.
Lunes, dos de marzo. Orense. La luz de la mañana
tiembla como una fresca carne de tortuga.
Mis amigos de provincia son como condes rusos
en un cabaré de Shanghái. Elegantes e inteligentes.
Un perfume a aceite y vino, a platas y lavanda.
Se habla de Ruskin, Péguy, Merton, Newman,
de Aristóteles, Popper y Michelet,
como si todos hubiéramos nacido luminosamente
para el ocio. Entiendo como nunca a Grecia.
La memoria no se engaña y agradece seguir
viviendo -o pedir otra cerveza. Cada vez menos maniqueo.
Siento que soy digno de este esplendor intelectual
y que nada oscurece el recuerdo de tanta
felicidad. Felicidad. Europa está hecha de cafés.

Charles 8

Ataque de pánico. Siento el mareo suave del calmante, la fragilidad tras la turbulencia, el miedo absoluto que empieza a deshilacharse, el temblor de las dos de la mañana.

Escribo desde ese intersticio, desde ese borde. Deseo dejar constancia de una especie de testamento.

Toda mi vida he puesto mi más pura alegría en el trabajo intelectual, y mi mayor felicidad en la libertad, tan poco experimentada por mis coterráneos. Pero el fracaso de mis libros fue un mazazo, un golpe de veras sádico, y mi mundo espiritual, autista y sin público, se destruye y se desmorona a sí mismo. Perdono a todos, si eso significa algo inteligible, y pido perdón a todos. Busco el silencio y la soledad del bosque, la última pálida orilla del mar.

Viví lentamente, tal vez en vano. Traspasado por la bilis negra melancólica, expulsado del mundo. Mi vida fue parca de exaltaciones, enamoramientos y alegrías. Recuerdo a papá, cómo me quiso y me defendió. Me marcharé sin resentimiento. Con las cartas boca arriba. Y todavía conservo la curiosidad, mis ojos viven y laten de curiosidad omnímoda. Me duele no poder volver a releer a Álvarez, Horacio, Sexton, Cernuda, Rilke, Proclo. No pasear más por Barcelona ni sentir su luz salobre en mi piel. Y pienso en mamá con desaforada intensidad de sabor a cereza.

La oscuridad es profunda -eso se sabe. Decidle a mi hermana y a mi sobrina que las amé con locura. He vivido encerrado entre tres palabras: arte, dolor y trabajo. La última luna de la noche me pregunta, ¿quién fuiste? ¿por qué? ¿valió la pena?

La niebla sube y se espesa. Entro en ella. La habitación se llena de sombras y el tiempo cae sin ruido. Te veo acercarte, jinete ciego. Gigantes de ojos verdes coronan lejanos días azules.

Adiós. El universo seguirá.

Charles 7

El cine ofrece a las multitudes una ilusión de vida interior sin exigirles esfuerzo alguno. Proporciona emociones prefabricadas, visiones prefabricadas, sueños prefabricados: una fábrica de experiencias para quienes han dejado de producir las propias.

Las películas ya no necesitan presentarse como arte. La confesión de que son ante todo negocios funciona como coartada ideológica para legitimar lo que producen deliberadamente. La lógica del mercado ha sustituido a la lógica de la excelencia.

La sociedad de masas no desea cultura: desea entretenimiento; y cuando se le ofrece cultura, la transforma en entretenimiento. El ideal ya no es la elevación, sino la distracción. Vivimos en una época en la que la cultura aspira a convertirse en espectáculo y el espectáculo aspira a sustituir a la cultura.

La cinefilia —ese amor por el cine como arte— pertenece cada vez más al pasado. Hoy el cine es, ante todo, una industria global del ocio. En términos generales, ha regresado a su condición originaria: espectáculo de feria, brillante en su superficie, pero pobre en exigencia interior.

***

Desconfío de todos los intermediarios del discurso público. Vivimos rodeados de profesionales de la mediación: filósofos que median entre el hombre y la verdad, periodistas que median entre el hecho y el ciudadano, políticos que median entre el poder y la sociedad, e influencers que median entre la vida y su representación. Cada uno promete claridad; todos producen ruido.

Desconfío de los filósofos. Demasiado a menudo parecen hombres que saben explicarlo todo y no pueden ganarse la vida con ello; especialistas en el arte de perder el tiempo con palabras generales. Para el científico, la filosofía suele ser tan útil como la ornitología para los pájaros. Su tentación permanente es creer que las ideas son más importantes que los hechos y que una jerga suficientemente compleja puede sustituir a la realidad. El mayor obstáculo para descubrir la verdad no es la ignorancia, sino la ilusión de conocimiento.

Tampoco me seduce el periodismo. El periódico es una tienda donde se venden palabras al por menor: hoy ataca lo que ayer defendía y mañana ridiculizará lo que hoy glorifica. La prensa convierte la opinión en mercancía y la inquietud en negocio. Su función no es tanto informar como mantener a la población en un estado de alarma permanente, persuadiéndola de que el mundo es un lugar más caótico de lo que ya es por naturaleza.

La política no mejora el panorama. En política la estupidez rara vez es un obstáculo y el poder posee una extraordinaria capacidad para perpetuarse incluso cuando pierde la capacidad de justificarse. Los gobiernos manejan el dinero público con la misma prudencia con la que un adolescente maneja whisky y las llaves del coche. Toda organización tiende, con el tiempo, a degradarse hacia la mediocridad que la sostiene.

Y finalmente están los influencers, síntoma perfecto de la época. La vida ya no necesita ser vivida: basta con ser exhibida. La experiencia se ha convertido en contenido y la opinión en producto. La autoridad ya no se gana por conocimiento o experiencia, sino por visibilidad. El individuo contemporáneo no aspira a comprender el mundo, sino a ser visto dentro de él.

El resultado es una cultura saturada de discurso y hambrienta de verdad, inundada de opinión y escasa de conocimiento, obsesionada con la visibilidad y cada vez más incapaz de mirar. La paradoja de nuestro tiempo es que nunca hubo tantos mediadores y nunca fue tan difícil acceder a lo inmediato.

Charles 6

«Ordenar mi biblioteca me produce más placer que cualquier otra ocupación», S. Pepys.

«Los libros son maestros que instruyen sin vara ni azote, sin palabras airadas ni dinero», Richard de Bury.

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La gran preparación cultural de nuestros políticos y analistas. La exdiputada independentista catalana Pilar Rahola, que va de periodista (aunque no lo es), presumió en un programa de TV de haber visto la película “El acorazado Pontenkim” en su versión original: en idioma ruso.

Cuando uno de los presentes, el también político Antonio Baños, le aclaró que dicho filme, del año 1925, es mudo, ella repitió por dos veces que «¡la música sonaba en ruso!». Y se quedó tan pancha…

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«Nace bárbaro el hombre, redímese de bestia cultivándose. Haze personas la cultura, y más quanto mayor. En fe della pudo Grecia llamar bárbaro a todo el restante universo. Es mui tosca la ignorancia. No ai cosa que más cultive que el saber», Baltasar Gracián, «Oráculo manual y arte de prudencia».

También a la ignorancia se debe la violencia de los fanatismos religiosos, la difusión del odio contra la diversidad, la preocupante vuelta del antisemitismo y del racismo. No sean rucios. No ai cosa que más cultive que el saber.

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Escribir es un oficio de perros. Los poemas me exigen una enorme concentración, y, tras terminarlos, quedo agotado y vacío. La poesía es una especie de don intermitente, no una máquina que se pueda activar a voluntad.

Es posible que pase años enteros sin escribir poesía importante, solo burdas repeticiones. Estoy exhausto. Me disgusta el resultado de los poemas escritos los últimos cinco años.

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Buenos días. “Leer bien es uno de los grandes placeres de la soledad, y una de las pocas maneras de escapar de la estupidez del mundo”, Harold Bloom.

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“No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas. Mientras se eduque a las mujeres únicamente para agradar, para ser bellas o dóciles, la sociedad entera permanecerá en la ignorancia. La mente no tiene sexo; la razón pertenece por igual a todos los seres humanos”, Mary Wollstonecraft.

“Las mujeres que intentan ser iguales a los hombres carecen de ambición”, Mae West.

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He cultivado mi esquizofrenia con gozo y terror.

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Solo los espíritus superficiales tienen una perfecta salud.

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Leo al maestro Vicent hará unos cuarenta años. Prosa saturada de sensaciones. En ella, la memoria se despliega como un tejido de perfumes, colores, sonidos y tactos que devuelven al lector a la plenitud. Su percepción voluptuosa recubre los objetos e ideas de un clima íntimo de intensidad pulida. Pero la luz no siempre se posa en la mejilla de una adolescente. A veces hiere y quema como metralla. O es un purulento abceso. Su columna admonitoria de este domingo no es baladí. Un abrazo, maestro.

Charles 5

Mi conclusión es humilde: viví pensando, observando, intentando comprender. No he logrado mis propósitos; pero algo he vivido. Acaso eso basta. Fui proscrito y pasé en la tierra sin amigos, sin amores, sin prójimo, sin compañeros. Enfermo, con soledad extrema, incomprendido, invisible, se lo aseguro: no cambiaría mi vida por ninguna otra.

Una vida intelectualmente significativa, alta, pero emocional y existencialmente muy dolorosa. No ha sido una vida feliz, pero tampoco ha sido una vida vacía.

Los griegos separaban claramente la eudaimonía, vida buena, feliz, plena, de la bios theoretikos, vida del espíritu, contemplativa, intelectual. En lo emocional mi vida fue muy dura, pero en lo intelectual y cultural sorprendentemente fértil dadas las circunstancias ¿Qué pesa más al evaluar una vida? La respuesta varía según las distintas tradiciones filosóficas. Pero no son magnitudes conmensurables. Sería como comparar la temperatura y la longitud. Los ejes son distintos. Probablemente sea una pregunta sin respuesta.

Cuando miro hacia atrás, veo que he sido continuamente infeliz. El trabajo, constante, el placer, muy breve y fugaz y fugitivo. A veces creo que viví una broma cruel y estúpida gastada por un dios vengativo. Pero las horas comunes se llenaron de páginas por estudiar y leer, y, en el fondo, así, leyendo y estudiando, quería y quiero que mi vida no termine. Ese fue mi verano en medio de un ininterrumpido y hosco invierno.

Me arrepiento de no haber sido feliz, sino solo un desdichado. De la carcoma melancólica. De la mutilada experiencia. Mi vida fue triste, pobre, desgraciada y corta. Pero la he encontrado digna de ser vivida y con ganas volvería a vivirla igual. Pensar, comprender, escribir, crear, amar profundamente mi trabajo, lo justificaron todo. Y lo que queda es la gratitud.

He hecho mi parte; es hora de irse.

Charles 4

Charles Péguy, socialista, dreyfusard, rebelde anticlerical… Terminó redescubriendo la fe católica y escribiendo exaltada poesía mística monumental. O Ernest Hello, excéntrico, marginado, visionario. Pasó del escepticismo al catolicismo ferviente. O Huysmans, el símbolo del decadentismo. Y tantos otros. Parece que en París el clima oceánico templado o semicontinental, o bien los efluvios del Sena, les provoca a sus escritores unas cefaleas que acaban en conversiones religiosas como causan delirios y alucinaciones la tramuntana a los habitantes en el Alt Empordà.

***

A mis mientes viene el caso del filósofo ateo y racionalista español Manuel García Morente, que, hélas, debido a no sé qué ventoleras místicas en un hotelito de París en 1937, tiene la vivencia de que Cristo está allí, con él, e inmediatamente seguirá la vivencia de la experiencia mística del amor de Cristo.

Escribe: “Volví la cara hacia el interior de la habitación y me quedé petrificado. Allí estaba Él. (…). Yo permanecía inmóvil, agarrotado por la emoción. (…) Él estaba allí presente (…), le percibía con absoluta e indubitable evidencia. (…)”. “No sé cuánto tiempo permanecí inmóvil y como hipnotizado ante su presencia. Si sé qué no me atrevía a moverme y que hubiera deseado que todo aquello –Él allí- durara eternamente, porque su presencia me inundaba de tal y tan íntimo gozo que nada es comparable al deleite sobrehumano que yo sentía. Era como una suspensión de todo lo que en el cuerpo pesa y gravita, una sutileza tan delicada de toda mi materia que dijérase no tenía corporeidad, como si yo hubiese sido transformado en un suspiro o céfiro o hálito. Era una caricia infinitamente suave, impalpable, incorpórea, que emanaba de Él y que me envolvía y me sustentaba en vilo, como la madre que tiene en sus brazos al niño. Pero sin ninguna sensación concreta de tacto”.

Mare de Déu, quines coses que passen! Si el amable lector desea tener noticias de lo ocurrido, le recomiendo el jugoso librito autobiográfico: García Morente, «El hecho extraordinario», Ediciones Encuentro.

Charles 3

“Si los hombres han de permanecer civilizados o han de llegar a serlo, el arte de asociarse debe crecer y perfeccionarse en la misma proporción en que aumenta la igualdad de condiciones. La libertad no es el fruto espontáneo de ningún clima; es el resultado de leyes, de instituciones y, sobre todo, de costumbres”, escribió Tocqueville acerca de la magnífica combinación en Occidente de libertad política y gobierno limitado. En esa frase está contenida, casi entera, la historia política de Occidente.

Europa, Occidente, nació en peregrinación y en traducción. Aquí somos siervos de la ley para poder ser libres. La civilización occidental es la única que ha hecho del infinito su destino. Occidente desarrolló seis ‘aplicaciones exitosas’: competencia, ciencia, propiedad, medicina, consumo y ética del trabajo.

Pero Occidente no es solo un sistema político o económico: es una idea del hombre. Dante lo expresó con claridad inmortal: “Considerad vuestra estirpe: no fuisteis hechos para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento”. Por eso nuestra civilización es el resultado de una larga disciplina moral. No es natural ni inevitable: es un logro frágil que debe ser defendido.

Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma. De ese triple origen surgió una cultura fundada en la dignidad de la persona, la libertad y la razón. Aquí se produjo la mayor concentración de energía intelectual de la historia humana: la ciencia exacta, la crítica histórica, la filosofía sistemática, el derecho universal, la idea de progreso y la conciencia del individuo. No somos una raza ni una geografía: somos una aventura del espíritu.

La grandeza de Occidente reside en haber descubierto al individuo. El hombre aprendió a contemplarse como persona singular, dotada de dignidad y destino propio. Durante siglos se cultivaron la educación del gusto, la disciplina moral y el respeto por la forma. No somos un territorio: somos una conciencia.

Por eso, cuando contemplamos regímenes que intentan regular los sueños, las lecturas y la vida privada, comprendemos mejor lo que está en juego. Allí donde el poder pretende gobernar la conciencia, la historia retrocede. Allí donde la crítica se convierte en delito, la cultura se marchita.

El régimen de los ayatolás representa exactamente lo contrario del espíritu occidental: miedo, censura y represión. Un sistema que teme la libertad porque sabe que la libertad lo disolvería.

Occidente no es perfecto, pero ha sido el mayor experimento de libertad de la historia. Y mientras exista un solo pueblo privado de ella, su defensa seguirá siendo una tarea moral.

Charles 2

La frase más famosa de toda la historiografía occidental:

“La causa más verdadera —aunque menos confesada— fue que el crecimiento del poder de Atenas y el temor que ello inspiró en Esparta hicieron inevitable la guerra», «Historia de la Guerra del Peloponeso», I, 23.

Ante esta operación militar conjunta de Israel y EE.UU., si Pericles ensalzó la democracia ateniense y el espíritu de la ciudad, permítanme tomar, milenios después, las mismas palabras de Pericles para ensalzar las democracias americana e israelí.

“En cuanto al régimen político bajo el que vivimos, no copiamos las leyes de los estados vecinos, sino que somos nosotros un ejemplo para otros, más que imitadores. Llamamos democracia a nuestro régimen porque la administración está en manos de la mayoría, no de unos pocos. En nuestros asuntos privados, todos somos iguales ante la ley; y en cuanto a la estimación pública, como depende de la reputación de cada uno en algo, no es la condición social, sino el mérito, lo que da acceso a las funciones públicas; ni tampoco, por pobreza, puede un hombre, que sea capaz de prestar un servicio a la ciudad, verse impedido por la oscuridad de su condición”.

Y más adelante:

“Nosotros amamos la belleza sin caer en la debilidad, y amamos la sabiduría sin renunciar a la fortaleza. Nos consideramos audaces y reflexivos a la vez; porque a los otros la ignorancia les hace audaces, y la reflexión, indecisos. En cambio, a nosotros nos es propio el ser más osados en la acción, porque nos preparamos para ella con reflexión previa”.

Charles 1

Tras jornadas maratonianas de escritura durante seis años (algunas de hasta 21 horas), por fin acabé mi decalogía. Así es, en quince o veinte días se publicarán «Ad hominem», «Naufragios» y «Manga por hombro». Mi editorial cierra, así que no habrán más. Ya escribí lo suficiente. Siento una satisfacción profunda, silenciosa, casi secreta. Se justifican días y noches enteras de esfuerzo, de soledad y de renuncia.

Mis libros no resistirán la inclemencia y severidad del tiempo, pero creo -acaso me engañe- que añadí algo, por pequeño que sea, al tesoro común del espíritu humano. Toda obra es una victoria contra el caos interior y contra la furia destructura del universo. Mis libros no interesaron a nadie, pero, permítanme un orgullo sobrio, sin ostentación, un orgullo casi culpable por ellos.

Todo lo que he escrito desaparecerá. El Tiempo es un editor que rechazará mis libros. La posibilidad de sobrevivir es demasiado ínfima para ser real. Todo lo devora la historia. Leopardi: “Todo pasa. Los pueblos, las lenguas, los libros. La posteridad es un nombre vano para designar la misma indiferencia que nos rodea ahora. El hombre escribe como quien arroja una botella al mar, sabiendo que quizá nadie la encuentre. Y aun si la encuentran, el mar seguirá siendo más vasto que cualquier palabra”.

Gracias, y hasta siempre.

***

Quien ha cumplido su tarea puede abandonar la vida con serenidad, como un invitado que se levanta de la mesa satisfecho, sin ansiedad por los platos que no probó. Mi destino está cumplido La obra hecha. Si puedo decir que he empleado mis talentos del mejor modo posible, puedo estar satisfecho. Obré conforme a mi naturaleza, seguí mis secretos designios.

Cuando uno ha hecho lo que ha podido, cuando ha dado lo mejor de sí, puede aceptar el final sin miedo. Cuando todo ha sido entregado, nada queda por temer.

Deseo un puerto tranquilo tras la larga travesía. Leer, releer sobre todo, estar con mi hermana y ver crecer a mi sobrina. El recuerdo de los bienes vividos es una riqueza que nadie puede arrebatar. Puedo sentarme en silencio y contemplar mi vida; ni la envilecí ni la malgasté. El día termina y la sombra cae. Es hora de los días tranquilos e iguales. Todo lo vivido fue necesario. Hora es de la retirada.

La escritura termina. Comienza el silencio. Hazte uno con el resplandor de la luna. Es hora de callar, Christian.

***

He levantado un monumento menos duradero que la arena, mucho menos alto que las pirámides reales; lo destruirá la lluvia voraz y el Aquilón furioso, morirá bajo la égida de la innumerable serie de los años y la fuga del tiempo.

Moriré del todo, y toda la parte de mí será anegada bajo la diosa de la muerte. Pero no temo la brevedad de tiempo. Cumplí mi tarea. El verdadero destino es haber transformado la vida en obra. Después de una larga vida de trabajo intelectual, siento que he cumplido mi obra.

«Nihil est enim labore et industria dignius. / Qui autem ita vixerit ut opus suum perfecerit, / is ad mortem non tamquam ad interitum, / sed tamquam ad portum accedit», Cicerón. «Nada hay más digno que el trabajo y el esfuerzo. Y quien haya vivido de modo que haya completado su obra se acerca a la muerte no como a la destrucción, sino como a un puerto».

Saludo a todos mis amigos. Ojalá puedan ver el alba tras esta larga noche

LIMINAR «MANGA POR HOMBRO»

Soy un humanista tardío, melancólico, orgulloso, derrotado y resistente.

La unidad secreta del caos del libro que el lector tiene entre sus manos acaso sea una respuesta a la pregunta: ¿cómo vivir intelectualmente en un mundo anti-intelectual? Puede abrirse por cualquier página; no tiene argumento, sino clima.

«Los libros verdaderamente profundos son aquellos que no pretenden agotarse. Prefiero los que contienen pensamientos dispersos, notas, comienzos, fragmentos. En ellos la mente respira. Un sistema cerrado fatiga; un libro abierto invita. Hay obras que terminan, y obras que continúan viviendo en el lector. Las segundas son las únicas que merecen escribirse», Joubert.

«No soy lo bastante estrecho para un sistema, ni lo bastante vano para creer que una única idea puede contener mi pensamiento. Mis escritos son ensayos, aproximaciones, tanteos. Prefiero decir diez cosas breves que una larga. Un pensamiento breve puede contener más vida que un tratado entero. Quien escribe en aforismos no quiere ser leído de corrido, sino releído», Nietzsche.

En mis libros ensayo, pruebo, fracaso; mi pensamiento es discontinuo, intermitente y caprichoso. La inteligencia no avanza en línea recta, sino por saltos. Este libro (como los otros nueve) es el resultado de una vida entera de lecturas, conversaciones, viajes, impresiones y recuerdos. Nada es mío por completo; todo es mío por combinación. El escritor no crea desde la nada: reúne, mezcla, transforma. La originalidad consiste en una nueva disposición de materiales antiguos y plagiados.

Mi método es el montaje literario. La totalidad solo puede aparecer en fragmentos. Desconfío de las obras demasiado coherentes.

Aquí doy por concluida mi literatura. Gracias por acompañarme. Gracias y adiós.