Charles 19

OÍDO EN UNA MESA DEL CAFÉ POR PARTE DE UNOS CABALLEROS MUY LÚCIDOS

En una mesa del café, algo de lo que
dijeron a mi lado atrajo mi atención:
“Nuestra alma fue sensual, prieta,
pero el tiempo transcurre inexorable,
y si contemplamos los días
que quedaron atrás, vemos noches
fulgurantes mordidas de olvido,
y el vacío en los ojos del hombre anciano”.
Nada ha cambiado. La sangre todavía
tiembla, pero la roca del tiempo nos seca.
Solo somos un negruzco cerebro hacia la nada.
Y en el fondo -dijo uno- no dejamos de ser
niños extraviados en un gran bosque.

Charles 18

A veces Europa, y sobre todo la izquierda española en particular, se autoabsuelven de sus deberes con la OTAN y vierten culpas sobre el gran chivo expiatorio que es América o Israel.

El antiamericanismo funciona como anestesia moral: desplaza la conversación desde qué hace el régimen agresor a qué hace EE. UU. (el chivo expiatorio), y así “limpia” culpas y confusiones propias. En España, esto puede tomar una forma política muy directa (negar uso de bases, negar apoyo logístico, las condenas irracionales y enfáticas), y de hecho España se ha desmarcado irresponsablemente de sus socios europeos respecto al apoyo militar y logístico al conflicto.

A mi juicio, el conflicto representa una causa muy justa: existe una injuria grave o amenaza inminente (ataques/terror/amenaza nuclear/misiles) Aquí reside el corazón fáctico del asunto. También creo recta la intención, pues el objetivo principal es la seguridad y el fin de la amenaza, no el castigo vengativo, ni la dominación territorial.

La autodefensa (o autodefensa preventiva por amenaza “inminente”) es un argumento muy convincente en el conflicto con la teocracia iraní. Hay amenaza inmediata (misiles, ataques planificados, escalada regional), por eso, si se invoca la autodefensa, me parece una razón más que perfectamente legítima.

Además si Irán golpea a Israel, o a fuerzas y aliados en la región, se justificaría la intervención como defensa colectiva.

También se justifica plenamente para cortar los tentáculos de las operaciones terroristas iraníes o de su soporte habitual a redes armadas terroristas que merecen ser neutralizadas.

Asimismo es un deber evitar que un régimen tan hostil, violento y antidemocrático alcance una terrorífica y desastrosa capacidad nuclear.

Por último, señalar que Irán es una teocracia terrorista que masacra a su pueblo salvajemente. Una posible liberación del pueblo iraní significaría un perfecto efecto secundario a la operación de estadounidenses e israelíes.

Charles 17

¿QUÉ SERÁ DE ELLOS?
(A José María Álvarez, maestro de lecturas)

El sol, alejándose de los ventanales
va sumiendo la biblioteca en una penumbra grata, piadosa.
Contemplas los lomos de los libros que te han acompañado,
que te han convertido en lo que eres.
Hospitalarias letras doradas.
Continúas la lectura, otra vez más,
de la “Vida de Samuel Johnson”, y tus ojos
miran fijamente “La Comedia” de Dante,
lo tomas entre las manos, te emocionas,
tipografía gótica redonda, texto a dos columnas,
40 líneas por plana, espacios para iniciales rubricadas;
algunas iniciales en rojo y azul añadidas a mano.
Sin foliación impresa. Encuadernación
en pergamino flexible posterior.
Tocas algo sagrado, tus dedos
pasan las páginas con temor y asombro.
Vuelve a tu memoria aquella mañana en París,
olor a papel antiguo, ese instante exacto
cuando compraste la “Histoire de la Révolution française”,
y lo feliz que fuiste después leyéndola.
Caminar sin rumbo por el Sena.
En el fondo no saliste nunca de tu biblioteca,
del resplandor de oro y sangre de Stendhal,
la seda de ámbar de Horacio,
el mármol veteado de carne joven de Kavafis,
la verja historiada de misterios de soledad de Proust,
Flaubert y tu amistad con Montaigne,
Hayek igual a un manantial de luz al sur,
Hume como rocío tenaz del cielo,
el matrimonio Kneale y su prosa
de ojos con ungüentos de hadas,
la lucidez de láudano y cipreses de Baudelaire…
Ellos te hicieron y tú los custodiaste.
Todos, mirándome y conmigo. Cuando yo no esté,
¿Qué será de ellos? ¿Dónde irán?
¿Cedérselos a la diócesis de Orense?
¿A alguna biblioteca universitaria?
¿A mi hermana? Despedazarán y dispersarán la biblioteca.
¿Legarlos? ¿Venderlos? ¿Pero, a quién?
Los miro con amor y tristeza. Pronto nos separaremos.

Ya es de noche. Se oye el golpear
de herraduras de lejanos caballos rojos. Se cierne sobre
mi biblioteca una fatal y última penumbra.

Charles 16

LA SOMBRA DE C.S.

Querido Christian,
el sol se pone
mientras Júpiter y Saturno convergen
transformando la mente humeante
en pura e inmutable luz.
La noche penetra bendecida por la niebla.
Paseo entre las calles de tu aldea
donde reposaste tus años finales
herido y enfermo
sin otra estrella o guía
sino la que en el corazón ardía.
De pronto estoy delante de tu casa,
que guardó montañas de libros
cuidadosamente anotados.
Miro un cielo que se aleja entre nubes
de una luna cifra de tu alma.
Pienso en ti,
en tus años postreros,
angustiado y tan solitario,
bebiendo el licor amargo
del desasimiento y la sabiduría
con el mundo cerca pudriéndose.
Y veo un rostro devastado,
un cuerpo tembloroso, curvado,
una apretada melancolía.
Pero también un brillo enraizado
de armonías en los ojos.

Y me enorgullezco de ese brillo.

Charles 15

EL ESPÍRITU DEL POETA
(Christian Sanz, 1971-2026)

Se adormecieron sus nervios y sus huesos
-su claridad permanece-,
pero en los húmedos y melancólicos otoños
regresa su espíritu a los montes de musgo,
y desciende derramado por riberas de oro,
hasta cobijarse en la luz entre la niebla.
Nada pide, nada teme.

Ha partido a su descanso.
Nadie puede ya increparlo
(alguien lo siente pasar)
ni lacerar su pecho. No se ofuscó;
sirvió –honrándola- a la cultura humana.
Sostuvo con ironía lo que amaba.

Su obra –aunque caduca y olvidada
en el laberinto del tiempo-,
pisó las sombras del Palacio Barberini,
y fue ala entre las olas inútiles de Venecia.
Aceptó el olvido, como se acepta la noche.

Respetad, lectores, el inmenso latido
de sus palabras, los ojos extrañamente
sorprendidos por flores de hielo.
La belleza flota, aunque no la salve nadie.

Descansan sus cenizas entre
Bach, Tácito y Frescobaldi. Brotan cuchillos
en el ocaso del cielo. Aquí está su espíritu,
entre muros que ignoran el mundo.
Con el limo de los ríos vivos
refresca la orilla
su vivir quieto y civil

Charles 14

IN MEMORIAM CHRISTIAN SANZ GÓMEZ

(Hablan sus amigos de El Cercano)

Ha sido dichoso haberte conocido.
Y un honor. Y la felicidad, leer tus libros,
conversar contigo, escucharte,
reír con tu humor.

Cómo imponías tu razón frente a la “plebs”,
las mañanas con tus glosas
a los rayos del aire; oír tu cráneo
coronado de todos los libros
del mundo, de todas las materias,
y de cualquier siglo,
la inteligencia entretejida
a relojes de mármol; la bondad;
la cultura como viva argamasa,
candente de continente a continente,
de mar a mar, de isla a isla,
traspasando fuertes, fronteras, épocas.

Conversaciones que nos han hecho mejores.
Tu lucidez implacable sobre el mundo
que se acercaba y que tú
detestabas conocer. Querido Christian,
como de Verdi dijo Auden,
eras uno de esos pocos hombres
que inspiran el deseo de tratarlos.
Y nunca defraudan.

Charles 13

La frase («Estar en el lado correcto de la historia») presupone que la historia tiene una dirección moral clara y verificable. Eso es una herencia del pensamiento teleológico (de raíz hegeliana y luego marxista): la historia avanzaría hacia una culminación racional.

Si aceptamos que la historia es contingente, plural y abierta, nadie puede situarse con certeza en su “lado correcto” sin caer en una ficción profética.

Si alguien está en el “lado correcto”, otros están en el “lado incorrecto”. La lógica binaria puede justificar exclusión moral. La frase tiende a producir una psicología de irritante superioridad moral.

La historia no es un tribunal que absuelve o condena; son los hombres quienes juzgan. Convertir la historia en juez supremo es abdicar de nuestra responsabilidad política. Cuando se invoca el sentido de la historia, se corre el riesgo de transformar una opinión política en necesidad histórica. Y lo que se presenta como inevitable deja de ser discutido.

Isaiah Berlin: “La creencia en un único fin supremo de la humanidad ha sido una de las más poderosas justificaciones para aplastar a quienes no se ajustaban a él”.

Charles 12

No soy creyente. No practico sacramentos ni afirmo la Revelación ni la existencia de Dios. Y, sin embargo, no puedo dejar de reconocer que soy —en el sentido más profundo— culturalmente cristiano.

Europa no es solo una expresión geográfica; es una forma espiritual nacida del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma. El cristianismo no fue un elemento accesorio en esa síntesis, sino su fuerza estructuradora. Modeló la idea de persona, dio densidad moral a la conciencia, introdujo la historia como camino con sentido y universalizó la dignidad humana más allá de la tribu y de la sangre.

No afirmo que todo lo valioso en Occidente proceda exclusivamente del cristianismo; sería una simplificación. Pero sin él resulta difícil explicar por qué la dignidad de cada individuo llegó a concebirse como infinita, por qué la compasión adquirió rango superior a la fuerza, o por qué la moral se entendió como universal y no meramente tribal. El universalismo igualitario que sustenta los derechos humanos no nace en el vacío: se alimenta de una larga sedimentación moral en la que el cristianismo desempeñó un papel decisivo.

La Iglesia fue, durante siglos, matriz cultural, custodia de memoria, transmisora de saber y principio de continuidad en tiempos de fractura. Incluso quienes hoy nos situamos fuera de la fe seguimos pensando con categorías que ella contribuyó a forjar.

Acepto la dignidad intrínseca de la persona. Entiendo el tiempo como historia abierta, no como eterno retorno. Valoro la compasión, el perdón y la caridad como virtudes superiores. Celebro símbolos y ritos heredados que han dado forma a mi sensibilidad estética y moral.

Tal vez sea posible que el edificio moral sobreviva separado de su fundamento religioso. No lo sé. Pero sé que, al negar toda raíz cristiana, Europa no se vuelve neutral: se vuelve amnésica.

No creo. Pero tampoco puedo fingir que no provengo de ahí.

Charles 11

DE VITA CAESORUM

Yo, Christian Sanz, decido morir.
Quién dice que el helado camino del suicidio,
misterioso y profundo,
sea tan solo desesperación o cobardía.

Reiné en China, en noches de lagos risueños,
en amaneceres con maniquís y coristas,
con tibia luz de linterna en los labios.
Escribí, aunque destinada al olvido,
una obra meritoria. Medité
bajo los porches del arcoíris.

E incluso no me venció del todo
el huracán de la locura
¡Basta!
Arribé a Ítaca sabio de lo vivido;
que mi último espasmo
dibuje el hermoso rostro de mamá y Noemí.

No es triste abandonar a voluntad la vida
como no son tristes las calles azules
de Barcelona o los madrigales
rebosantes de agua.

Un último gesto definitivo.
Se rinde solo mi inteligencia.
Adiós, queridos.

Las piezas del tablero en orden.

Charles 10

Marco Aurelio, «Meditaciones», IV: “Si has cumplido con tu tarea, ¿qué más quieres? Vete como la aceituna madura que cae, bendiciendo el árbol que la produjo y agradeciendo a la tierra que la sostuvo”.

Yo no hablo de éxito ni de fracaso. Hablo de destino. He cumplido con mi destino literario. He escrito lo que tenía que escribir. Ahora quiero releer y meditar. Goethe en la vejez. Tras terminar «Fausto», dijo: “He hecho lo que debía hacer. Lo demás pertenece al tiempo”.

Es un ingrediente de fragilidad esta cierta tonalidad de clausura vital. La obra está hecha, pero yo no estoy terminado. Deseo que la esquizofrenia me trate lo menos severamente posible; no es resignación pasiva: es aceptación lúcida del límite.

He vivido años en tensión creadora. Ahora experimento la sensación de obra cerrada. Esto recuerda a la vieja idea clásica de que el fin de la acción es la perfección del acto, no su perpetuación infinita. Algo muy griego.

Mi biblioteca, sosiego, y el amor a Noemí y Clara. No lo vean como epitafio, sino como umbral. Nada mejor.