Cabaleiro 30

Una cosmovisión sin ciencia propende a convertir las metáforas en ontología blanda. Suele ser muy peligrosa la analogía literaria como explicación causal del universo. Ahí nacen el pensamiento mágico y esas palabras-fetiche que se mencionan alegremente: sincronicidad, arquetipos como entidades reales, energías vagas, azar objetivo… etiquetas que describen sensaciones, pero no mecanismos. Un filósofo analítico diría que ahí hay una confusión de niveles o errores de categoría.

La ciencia no empobrece la visión poética; le da resistencia estructural. Igual que la montura de unas gafas; no crea la mirada, pero permite enfocar. Un humanista que integra a la ciencia evita proyectar la psicología humana sobre el cosmos. Y descubre una estética fascinante: la belleza de las teorías robustas. El humanismo sin ciencia tiende hacia la mitología, y la ciencia sin humanismo, hacia la tecnocracia fría. El punto fértil está «in media res».

Ramón y Cajal insistía en que la imaginación era necesaria, pero que debía someterse al hecho empírico: “La fantasía es una excelente servidora, pero un amo peligroso. El investigador puede imaginar mundos enteros, pero debe regresar siempre al hecho comprobable, pues la naturaleza no negocia con nuestros deseos ni con nuestras metáforas”.

Poincaré defendía que la ciencia no destruye la belleza, sino que la depura: “El científico no estudia la naturaleza porque sea útil; la estudia porque es hermosa. Y es hermosa porque es inteligible. Si no fuese inteligible, no sería digna de conocerse; y si no fuese digna de conocerse, la vida sería pobre”.

Peirce nos advertía contra la tentación de creer teorías vagas solo porque nos seducían: “No debemos empezar preguntando qué ideas nos agradan, sino qué métodos permiten que nuestras creencias sean corregidas por la experiencia. Sin ese método, la filosofía se convierte en una novela escrita para confirmar nuestros prejuicios.”

Yo no estoy en contra de la metáfora metafísica; estoy en contra de tomarla como teoría física. Eso me sitúa más cerca de Montaigne o Joubert que de cierto posmodernismo retórico.

***

DECÁLOGO DEL HUMANISTA CIENTÍFICAMENTE HONESTO

1. La metáfora no es un mecanismo.

2. Toda cosmovisión debe rozar la física antes de elevarse a la metafísica.

3. No confundas profundidad verbal con profundidad causal.

4. La imaginación es hipótesis; el experimento, juez.

5. Desconfía de las palabras que no pueden equivocarse.

6. La ciencia no es enemiga del misterio; es enemiga del autoengaño.

7. El pensamiento mágico empieza cuando las analogías se toman como leyes.

8. Un humanista sin ciencia corre hacia el mito; un científico sin humanidades corre hacia la ceguera moral.

9. Toda teoría sobre el hombre debe sobrevivir a lo que sabemos del cerebro, del lenguaje y de la evolución.

10. Escribe como poeta, revisa como lógico.

Cabaleiro 29

David Uclés: «Todo es cíclico, y partimos de épocas más caóticas y épocas más ordenadas. Parece que ahora vamos hacia el caos. Pero con el libro defiendo la necesidad de crear una esperanza».

Querido colega, «Tout est bien sortant des mains de l’Auteur des choses, tout dégénère entre les mains de l’homme», Jean-Jacques Rousseau, «Émile ou De l’éducation», Livre I, ouverture (1762)

Aunque prefiero a mi maestro Joubert: «Todo degenera cuando se abandona el espíritu por el movimiento».

***

Uclés dice: «Todo es cíclico; caminamos hacia el caos, pero necesitamos esperanza». Rousseau abre el «Émile» con su archisabida tesis de la degeneración: lo natural es armónico; en cambio, lo humano corrompe. Joubert introduce un matiz más sutil —muy plagiado por mí, por cierto—: la decadencia no proviene solo del tiempo, sino de sustituir el espíritu por el movimiento.

En teoría de sistemas complejos, muchas estructuras sociales muestran dinámicas oscilatorias: fases de estabilidad seguidas de crisis reorganizadoras. En física, los sistemas lejos del equilibrio (Prigogine) generan orden a través del caos. En biología evolutiva, los equilibrios puntuados alternan largos periodos estables con cambios abruptos. Traducido al plano histórico: el “caos” no sería necesariamente decadencia moral, sino transición estructural.

Algunos historiadores cuantitativos (Turchin y otros) han intentado modelar matemáticamente la historia. En sistemas complejos, las crisis no solo destruyen; también aumentan la diversidad de soluciones posibles. Históricamente, los grandes momentos de creatividad intelectual —la Atenas clásica, el barroco europeo, las vanguardias— nacen en épocas percibidas como turbulentas.

Tal vez, querido Uclés, la esperanza no sea creer que volverá el orden antiguo, sino aceptar que el espíritu puede reaparecer incluso dentro del ruido.

Cabaleiro 28

Cerré la mente sobre lo sólido, sobre los grandes nombres del arte. Honré los reinos ricos de la cultura humana. Sé de la norma significativa que han constituido mis experiencias lectoras. Y no es baladí, y es de oro. Puedo esta noche nerviosa rumiar feliz tumbado en la cama. O relajarme complacido.

Pero fracasé como creador y escritor; no me fustigó la crítica (no tuve críticas), ni me fustigaron los lectores (no tuve lectores) Nací y muero invisible a la literatura.

El balance es irregular.

Cabaleiro 27

Tiene unas capacidades tan bajas como su alta capacidad para sobrevalorarlas.

***

Doctor: Conmigo, ¿cuál de tus múltiples personalidades sientes?

Yo: La de asesino

***

(Test de inteligencia)

Foto de una atestada playa de verano con un Papá Noel en el margen inferior izquierdo.

Psiquiatra: ¿Qué ves de raro, Christian?

Christian: No veo a Pamela Anderson.

***

El oficio de escritor es grande y delicioso, si uno se siente digno de salir airoso en lo que emprende; pero no está exento de trabajo, de penalidades ni de inquietudes. Yo no fui de los peores ni de los mejores.

Cabaleiro 26

Godefroid Kurth (1847-1916) fue un prestigioso historiador belga que publicó en 1905 un breve texto con el título «Qu’est-ce que le Moyen Age?» con el que quiere deshacer esa falsa percepción de la Edad Media en la que «era inevitable llegar a creer que era completamente cruda, bárbara, ignorante, falta de inteligencia, sucia, engañada por sacerdotes astutos y por sus propios prejuicios, sometida a toda forma de violencia o que la cometía, incapaz de espíritu cívico, incapaz de alcanzar los grandes ideales de nación, progreso, justicia social y vida intelectual». Recomiendo intensamente la lectura del libro.

También es muy apetitoso «Las hortensias», de Felisberto Hernández, un relato de culto, un texto de unas 56 páginas, un cuento largo, publicado por primera vez en una revista uruguaya en 1949, que rompe moldes y sorprende a los lectores de cualquier época y condición.

Y puestos a investigar, huronear y leer rarezas: «Rerum Scoticarum Historia Auctore Georgio Buchanano Scoto Ad Jacobum VI Scotorum», o bien, «Speculum vitae humanae» (Roma, 1468), de Rodrigo Sánchez de Arévalo, obispo de Zamora, que encarna varios hitos: fue fruto de los primeros impresores establecidos en Italia y constituye el primer libro impreso en vida de su autor. Lambert Palmart, uno de los primeros impresores de España, y Alfonso Fernández de Córdoba, el primer impresor español nativo, publicaron en 1478 la primera Biblia en lengua vernácula, la Biblia valenciana.

***

Richard de Bury, «Philobiblon» (c. 1345): «Los libros no son cosas muertas, sino recipientes de vida; en ellos respiran los espíritus de los sabios. Algunos son tan raros que apenas se dejan ver, como estrellas que sólo aparecen una vez en cada siglo; y cuando llegan a nuestras manos, debemos tratarlos como reliquias, no como mercancías vulgares». De Bury es el gran patrono medieval de los cazadores de rarezas; ya habla de libros esquivos y casi milagrosos.

O Robert Burton, mi gran maestro, de quien me inspiro recurrentemente. En «The Anatomy of Melancholy» (1621) escribe: «Nada deleita más al estudioso melancólico que perderse entre libros antiguos y curiosos; no tanto por su doctrina cuanto por la extrañeza de sus títulos, la rareza de sus autores y la singularidad de sus historias, que convierten la lectura en una peregrinación». Burton describe exactamente ese goce casi arqueológico que yo llamo a veces “excavar entre escombros”.

Olor a polvo, tipos antiguos, páginas sin cortar… Libros más objetos de amor que instrumentos de estudio. Bibliotecas llenas de volúmenes curiosos que ningún hombre lee, pero cuya presencia ennoblece el ánimo del propietario. Muchas veces las obras más raras y menos estimadas contienen los testimonios más vivos de un siglo.

Jonathan Swift como contrargumento: «Un necio compra libros grandes y raros para que los visitantes admiren los lomos dorados; pero esos libros, si pudieran hablar, se quejarían de no haber sido abiertos desde el día en que fueron encuadernados».

Cabaleiro 25

Andrónico I Comneno llegó al poder presentándose como enemigo de las élites corruptas y defensor del pueblo frente a la aristocracia. Utilizó una retórica directa, personalista y muy emocional. Su gobierno osciló entre reformas populares y confrontaciones intensas con instituciones establecidas. Sin embargo, Andrónico terminó en violencia extrema y abierta represión.

Recordemos a Shakespeare, «Coriolano», acto III, escena I:

“He combatido por Roma más de lo que Roma ha respirado por mí. Y ahora quieren que mida mis palabras como mercader en plaza. No; mi lengua es espada, y quien la tema que no la provoque. Si decir la verdad es orgullo, entonces que me llamen orgulloso».

O bien, acto I, escena I:

“¿Qué es la ciudad sino el pueblo? —dicen. Yo digo: ¿qué es el pueblo sino un rebaño mudable? Hoy alzan al que ayer odiaban; mañana derriban al que hoy aclaman. Sus voces no pesan más que el viento que las lleva. Quieren trigo sin sudor, honor sin mérito y mando sin disciplina. Si yo debo inclinarme ante tales gargantas hambrientas, prefiero el hierro de la guerra a su aplauso”.

Mutatis mutantis, todo esto me recuerda a Trump.

Cabaleiro 24

Para Urtasun y afines, sobran de la cultura los nombres patricios y fundadores de la civilización occidental. El activismo contemporáneo tiende a dividir a las personas en grupos irreconciliables de opresores y oprimidos; el ministro «fake» considera a España un gran opresor. Su ortodoxia social transforma la justicia en un sistema de dogmas incuestionables. Para él prima la identidad sobre el individuo.

Y prefiere, antes que a Shakespeare, un par de aperos de labranza, y en lugar de «Lolita», lo que leen las lolitas; y apuesta antes por una novela de un transexual hermafrodita negro, que por la obra completa de Voltaire o Milton o Borges. Bajo la bandera del relativismo cultural, los despistados universitarios llegan convencidos de que todas las opiniones valen lo mismo, lo cual les impide comprender por qué los grandes libros fueron considerados grandes.

Shakira -festiva, bailonga y entretenida- en vez de Bach, colorines emocionales en lugar del teorema de Gödel o la geometría diferencial. E Ibai, TVE y María Pombo sustituyendo una página de Henry James o una sinfonía. Eso propone en el fondo nuestro lenguaraz político comunista.

El destrozo de este ideario es peor que las cuevas de los bárbaros.

Cabaleiro 23

Tretas, desviaciones y argumentos aparentes (ad hominem, ad populum, tu quoque…), y exceso de dogmas, envidias, y resentimientos, y opiniones bulldozer… ¡Estemos en boca de todos! Aunque sea por ser el mayor cenutrio de España. Aunque sea por defecar por una boca sin brida.

***

En griego dice, de forma aproximada: Ἄριστον τὸ μὴ ὁμοιοῦσθαι τῷ ἀδικήσαντι (Marco Aurelio, «Meditaciones», Libro VI, 6) Literalmente: Lo mejor es no asemejarse al que obra injustamente. En los siglos XVII-XVIII tuvo traducciones moralizantes, por ejemplo: La mejor satisfacción contra el injuriante es no imitar su maldad.

Es una máxima muy bella, ésa de no degradar nuestro estilo interior imitando al odio. La idea logró una fecunda tradición, desde Epicteto hasta Arendt, pasando por Agustín de Hipona.

La discusión puede ser necesaria, pero mimetizarse con el adversario brusco vulgariza el pensamiento y ensucia el corazón.

***

Cómodo se exhibe como gladiador, busca aplauso popular y delega la política en favoritos corruptos. Herodiano y Dión Casio lo presentan como ejemplo del paso del imperio serio al imperio espectáculo. Más: Nerón es perito en carreras, juegos, música y apariciones escénicas; mientras el aparato administrativo se degrada (léase a Suetonio y a Tácito) O bien Calígula: fiestas, caprichos, gestos extravagantes (y una administración errática)

Nuestro rey ubuesco convierte la política en sainete, en vodevil y en esperpento. Recuerdo al gran Quevedo: «Gobernar con máscaras es fiesta para el vulgo y ruina para el reino». Y a mi maestro Gracián: «Muchos príncipes entretienen al pueblo para que no advierta su miseria». Sin olvidar al gigantesco Swift: «Los ministros inventan disputas pequeñas para ocultar faltas enormes.»

El político mediocre necesita multitudes entretenidas. Que hable el circo (Musk, la flotilla a Gaza etc.) y calle la política.

Cabaleiro 22

«Habla poco y bien; lo mucho y mal es propio de necios», Gracián. Advierto estupefacto la degradación del lenguaje en los medios de comunicación con el uso extendido de palabrotas, tacos y palabras malsonantes. Gentes esclavas de la grosería.

El lenguaje vulgar constante empobrece la sensibilidad estética. No condeno la crudeza ocasional, pero critico el hábito de usarla como muleta emocional. Si todo discurso adopta el tono tabernario o del estadio, la conversación civilizada se vuelve imposible.

El estilo verbal modela la vida interior. Montaigne: “Aborrezco el hablar injurioso y el vocablo hinchado que pretende vencer por estrépito lo que no alcanza por razón. Las palabras ásperas son refugio de espíritus impacientes; el juicio sereno no necesita gritar ni herir con la lengua. Quien se acostumbra a hablar con rudeza acaba pensando con rudeza”.

Y el maestro Quevedo: “Hay hombres cuya valentía está toda en la boca: cuanto más sucias las palabras, más pobre el ingenio. El discreto hiere con agudeza y no con basura; que el vocablo vil no levanta la razón, antes la envilece”.

Cabaleiro 21

(Para Marta Peirano y demás tribu)

Escribe usted de manera lezamiana, gongorina, «filosofista». Recuérdelo, querida colega: el verdadero poder del estilo no consiste en acumular ornamentos, sino en producir una impresión inevitable sobre la mente. Hay escritores que creen que la grandeza nace de la amplificación; pero la amplificación sin pensamiento no es más que ruido verbal. El lenguaje debe seguir al pensamiento como una sombra; cuando lo precede, se convierte en espectáculo.

Usted huye de la frase sencilla y solo nos deja un eco bronco. Pensar profundamente no consiste en escribir oscuramente. El lenguaje no debe interponerse entre el pensamiento y el lector. Cuando la frase se vuelve demasiado consciente de sí misma, el entendimiento tropieza y el sentimiento se enfría. No hay mayor impostura literaria que esa gravedad sonora que pretende pasar por filosofía.

Vienen a mi mente dos citas de Addison: «Nada es más contrario al verdadero gusto que esa oscuridad que algunos escritores buscan como si fuese una prueba de profundidad. El lector no debe abrirse paso entre espinas para hallar el sentido; la claridad es la cortesía del autor hacia el entendimiento humano.» Y también: «Hay quienes creen elevar su discurso multiplicando figuras y giros extraordinarios; pero el estilo, como el vestido, pierde dignidad cuando se carga de adornos inútiles. La verdadera elegancia consiste en una naturalidad que no llama la atención sobre sí misma.»