Ojo ortopédico con el que de la fábrica nací

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Tengo un ojo ortopédico para lavar en el fregadero.

Ayer oí en la SER a una psicóloga que afirmaba

que los solitarios vivimos mucho menos y enfermamos mucho más.

Ceno solo frente al televisor como un viudo con cáncer de vejiga.

Elogio las razones de los muertos.

Sueño -gracias al Tranxilium- con murmullos rosáceos de coches de caballo

y zares en el invierno de su exilio.

Mi soledad -creo que lo sé- es como una furgoneta

despiezada minuciosamente en la chatarrería.

Pero me acompañan los sonidos nocturnos de valles y montañas,

el aliento de un dragón resguardado secretamente en el bosque,

las voces locas en mi cabeza,

el lento fluir de la cierva que lame mi espalda desnuda,

mi modesta imaginación, infectada de silencio, propendiendo al exceso,

como hélice o turbina fuera del eje,

y respiro altas montañas verdes muy amuralladas.

Lo intenté. Hacer amigos, relacionarme, ser sociable;

sé que gracias a los otros tu mente no es un camino angosto de aldea

sino mullidas alfombras de autovías bifurcándose y plazas de mármol,

que no te achicas sino que tu vida es dulzura de cosa eterna.

Sé que poco valen mis albas de juguete y hojalata.

Sé que mi soledad es una tiniebla de sombra de perro.

Pero me dáis asco, ladies and gentlemen.

Me molesta el rugido de vuestra osamenta al acercarme la mano,

los incisivos y las colillas de vuestros ojos arrugados,

vuestras oligofrénicas rodillas sucias.

Con amigos y amores fuera acaso decente y no el loco misántropo que soy.

Para mí un gesto tierno y una caricia cómplice es un bosque de culebras;

siempre me ocurrió esto.

Prefiero mis infartos (la psicóloga explicó que eran uno de las consecuencias de la soledad),

el vivir en las afueras, mi vocación de intereses impersonales,

a vuestra sonrisa Profidén mameluca.

Adoro mi intestino abultado de mierda.

Mi vida tiene como símbolo una taberna aislada en los caminos aislados del destino.

Lo admito con júbilo. Sí, el diablo fabricó mis genes.

Debí nacer y nací. Lo opuesto a ruina y lástima.

Perdonadme si he sido un monstruo.

Elegy

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«La tarea del mercado es convertir la basura en oro. Y la basura es cualquier cosa, desde la auténtica basura al oro. El mercado no distingue entre la basura y el oro, porque es función del mercado hacer que la basura sea oro […]; el mercado está obligado (es su tarea) a destruir todo aquello que pueda dificultar que la basura se convierta en oro. Por ejemplo el conocimiento capaz de proponer un valor contra un precio.

El mercado destruye el conocimiento porque el mercado produce oro. El antiguo mecenas, en cambio, necesitaba imperativamente el conocimiento para encontrar oro. Es una diferencia esencial que marca épocas muy distintas en el desarrollo de la civilización occidental» Félix de Azúa, Diccionario de las artes, Debate

Velázquez proponía a los reyes la compra de pintura italiana ya que se sabía que su criterio se aquilataba en conocimientos extensos y minuciosos. Eliot fue un mandarín, como lo fueron también Russell o Moravia o Enzensberger o bien Sartre. Hoy diseñan la opinión pública -la peor de las opiniones- Ophra Winfrey, Pablo Iglesias y Jorge Javier Vázquez.

A mi juicio, ahora leer y saber no importan, incluso molestan. El descrédito cultural se convirtió en una moda cultural. Expresarse con subordinadas te convierte en ininteligible, y te miran mal si procuras hablar bien -con simple corrección y precisión- evitando el descosido mongoloide sintáctico habitual o la jerga charlatana o chalaneo tabernario. El ignorante no se avergüenza íntimamente de su ignorancia (e intenta remedarla) sino que se vanagloria de ella y la exhibe públicamente sin pudor (acaso porque -y esto es ya dramático- no sabe incluso que es ignorante)

¿De qué están hechos por dentro los hombres? De aquello que llena su ocio y ocupa su tiempo fuera del trabajo: los «media». Los media no instauran toda la conciencia; el lenguaje es recursivo y el pensamiento un habla contigo mismo. Hay parte de lo que eres interna y parte externa modelada desde fuera. Pero pocos se esculpen y determinan a sí mismos autárquicamente con el auxilio del arte, la literatura, la ciencia, las humanidades y el estudio, sino que asumen (en términos generales) acríticamente las ideas y valores comunes farfulladas por la televisión, la radio, la prensa, el cine e Internet. Se educan con una música inarmónica que asorda el alma, que te encadena a la obscura, neblinosa cueva platónica.

Oscar Wilde (un aforista extravagante que siempre tenía razón, según dijo Borges) afirmó que las modas eran tan feas que por eso se debían cambiar cada seis meses. La moda de la incultura y de «seguir al rebañego» (Unamuno) temo durará uno o dos siglos más hasta que la historia amanezca espléndida con una especie de nuevo y juvenil renacimiento carolingio. La amnesia y anomia desorganizada y catastrófica de la educación secundaria y universitaria hace que yo sienta incluso que ya «ni es posible hallar consuelo en tinieblas proféticas»(Eliot)

Además el mundo dejó de estar familiarizado con la urdimbre vegetal, astral, cósmica, teológica, con las resonancias de un sentimiento de la vida lento, meditativo y litúrgico, agrícola y celeste.

Yo vivo en una aldea de diez personas (me sobran nueve) y desprecio la euritmia «turbocapitalista» y los deleites o afanes laboriosos de la urbe. Me alimento solo de Nescafé y libros de anti-modernos (Ébola, Burke, Bonald, De Maistre, Guénon, Gómez Dávila, Donoso Cortés, etc…) Dejaré mi rica biblioteca y mi patrimonio a mis gatos, igual a como hizo Richelieu.

Noto la ley de degradación de la «qualitas» en virtud de la «quantitas». Sé asimismo que la poesía, la literatura y el pensamiento en verdad importantes desaparecieron de la inmediatez cotidiana de la gente, gente embrutecida por los medios de comunicación y que, plagiando a un gran poeta (y advirtiendo sus notas irónicas), no puedo menos que llamar «gentuza».

Cambiando algo el sentido del verso,»But all is changed, that high horse riderless», («Pero todo ha cambiado, aquel elevado corcel anda sin jinete» Yeats); nada me atrae la baraúnda y martilleo estridente del mundo y monto mis corceles de los siglos pasados con gusto sumo y pasión desmedida. Mi noche no apunta al mañana infausto sino al ayer majestuoso.

Solo escribiré elegías. Prefiero aquellos antiguos ganchudos sifones a los muebles impersonales de Ikea, considero unos labios imbéciles a los gordezuelos labios apisonados por obra de la cirugía estética, me aburren los «best-sellers» de avulgarada prosa -prosa ulcerada- y muy mal compuestos, leo a Boswell y a Platón, a Emerson o Fumaroli o Bloom (tanto Harold como Allan) en mi galería acristalada a la luz del quinqué o de la luna; me digo apocalíptico el verso: cualquier tiempo pasado fue mejor. Solo soy un hombre solo, enfermo, triste, sin amores ni amigos. Solo soy feo, católico, monárquico, loco, surrealista y sentimental.

Que soy Sánchez Castejón

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A mí Plín, a mi Plín Plán

que soy Sánchez Castejón,

me alío ora con un talibán

ora con un etarra melón

que soy Sánchez Castejón,

nº 1 de cualquier promoción,

el as de las Civilizaciones,

el Apis en los macarrones,

hago ministro a mis Cojones,

vacaciono con Messi

o resucito a Gil y Gil de presi.

Yo, Mulá de los marroquíes melocotones,

yo, más guapo que Rocco sin pantalones,

yo, Emir de España, Califa del protón:

¡Viva Cuba! !Fascista putón! ¡Otegui a La Legión!

Imagen

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El alma blanca de los leopardos invernales

atravesaba el Támesis tras venir de dormirse en la luna.

Plomo derretido humeaba en las arterias de la ciudad

como la respiración ronca de un osezno

con un huevo en la tráquea.

Londres, y también en tu lengua gotitas menudas de agua.

No lo supiste, pero hiciste bien

en guardar esa imagen.

Con tu bufanda naranja y tu paraguas de seda y tu libro apolillado

y el caliente corazón de diligente universitario extranjero.

Calaveras de champaña, radiografías de pulmones de pájaros

y obscuras plumas gigantes

vendrán siniestras tras ello…

No lo sabías todavía demasiado bien, pero en años venideros

cuántas veces ocupó tu mente esa imagen:

joven estudiante muy solo y apabullantemente feliz

en medio de la ciudad populosa.

Como un destino esa compacta soledad de harapiento gozoso.

Como si viera el resto de mi vida una echadora de cartas.

Un puente, un río que pasa, un exilio, un libro.

Christian, abre los ojos y regálate esa belleza de la memoria

una vez y mil veces. Siempre. Que no muera y solo en ti viva.

Que sea nieve en la cumbre de tu memoria.

Una imagen que dibujó exacta tu vida.

Eres ese símbolo: un solitario perdido en ciudad hermética

y extranjera rodeado de millones de mudos solitarios.

Contra la nueva educación

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(a) «Aprender puede ser un placer, pero, insisto, requiere un esfuerzo y un trabajo. Hay que decírselo a los niños. Si no, les estamos engañando. Tocar el violín, por ejemplo, no es fácil. Requiere mucha práctica. Infinidad de estudios muestran que se necesita un esfuerzo prolongado para mejorar en cualquier cosa (tocar el violín o el piano, aprender matemáticas o historia, aprender mecánica de automóviles, dibujar, danza, programar, redactar, etc…) Para ser bueno en algo tienes que dedicarle muchísimas horas. Y hay que hacerlo de forma consciente y trabajar con un maestro. Todas las investigaciones serias avalan la idea de una escuela basada en el esfuerzo del alumno bajo la dirección de un profesor» Enkvist

No vendamos la moto a desarmados e ingenuos alumnos de un mundo feliz al alcance de su mano. Formemos a futuras personas adultas y maduras. A la escuela no se va a hacer actividades más o menos chill out, sino a trabajar y estudiar. Si por desgracia los profes se encuentran a alumnos que no han oído un «no» en su vida, no nos pleguemos a los síes o sus síes. Una cosa es un aula y otra muy distinta el salón de su casa. Si un docente al que su inconsciencia, inmadurez o lavado de cerebro por parte de pedabobos, cree que su función es respetar plenipotenciariamente el afán de descanso o entretenimiento de sus alumnos, creará monstruitos que, además, poco aprenderán, poco, muy pero que muy poco. La escuela debe dar una base intelectual. El resto es timo del tocomocho. Amigos ex colegas ¡¡nunca os pleguéis al capricho de vuestros alumnos sobre qué estudiar y cómo!! En caso contrario, yo os acuso severamente de convertir el aula en una forma patética de ocio y en una fábrica colosal de ignorantes. Como ya lo es.

(b)

«Para ese famoso psicólogo y pedagogo «la empresa ha descubierto que invertir en mejorar nuestra vida socioafectiva es rentable» Yo no sé si se refería a la empresa como Ser Supremo o a una empresa en concreto que olvidó citar, pero encuentro muy penoso hablar de rentabilidad en relación con la vida socioafectiva. Semejante sometimiento a la rentabilidad resulta ya no incómodo, sino directamente opresivo. Hablaba también el autor de «la necesidad de ser feliz para trabajar con eficacia»

Con este tipo de planteamientos justamente se está alejando lo que quedaba de felicidad en nuestras aulas. Es la paradoja del pedabobo borderline triunfante.

«Esto es una invasión en toda regla y no se sabe cuánto tiempo resistiremos antes de ser estupidizados definitivamente. Ya sabemos que la Ilustración pasó de puntillas en nuestro país, pero lo que está ocurriendo en los últimos tiempos tiene visos de catástrofe.Involucionamos de manera imparable. Nos dirigimos de forma desbocada hacia tiempos oscuros, medievales, en los que la superchería campará, si no campa ya, a sus anchas, amenazando con eliminar cualquier atisbo de sensatez o racionalidad»

Citas de Alberto Royo, músico y profesor (del que tomo el título de una obra de su trilogía sobre educación como título del post)

(c)

Arnold declaró que la literatura es crítica de la vida. Cuando he dado clases de letras o ciencias siempre intenté -en la medida de mis escasas fuerzas- conectar el temario con la vida de mis alumnos o con la vida en general.

A las nueve de la mañana puede ser arduo comentar a adolescentes las relaciones algebraicas, explicar una herencia en una «masia» del siglo XVIII, las sinécdoques en Horacio, las series de Fourier, o las propiedades de un campo electromagnético, sin que se perciba en el ambiente una gravedad de pesadez somnolienta.

A mi ver un profesor, igual que un cura da sermones, debe espolvorear su discurso con lecciones morales. No adoctrinar, sino aconsejar con prudencia, comentar la vida. En mí hubo siempre una irrefenable vocación didáctica que determinados imponderables mutilaron. Era algo indisplinado con la insoportable burocracia y algo impúdico en clase, y, evitando como peste el colegueo, no me importaba hablarles de sexo, la muerte, los sabores y sinsabores del estudiante, el tipo de profesores que existían, anécdotas históricas de las biografías de los autores o época que explicaba (Turing, Newton, Cernuda, los emperadores romanos, la Revolución Americana, etc…), cómo moderar el deseo para renovarlo, cómo sería el asesinato perfecto, por qué les gustaba la telerrealidad o los talent show, cosas de mi doméstica, en fin, de todo lo divino y humano.

J. Stuart Mill escribió «El propósito de las universidades no es formar abogados, médicos o ingenieros expertos, sino educar a seres humanos capaces y cultos», Arnold escribió asimismo «la educación cultural adecuada debiera inspirarnos afecto por el vecino, un deseo de aclarar la confusión del hombre y la miseria del hombre, y debe engendrar la noble aspiración a dejar un mundo mejor y más feliz del que encontramos», Dideot afirmó con absoluta clarividencia «En lo concerniente a la educación pública nada existe de variable ni que dependa esencialmente de las circunstancias. Siempre será el mismo el fin de la educación, en cualquier siglo: formar hombres virtuosos e ilustrados».

Mi ambición o ideal siempre fue dar clases como si impartiera un sacramento secular. Los humanos o alumnos somos seres tensos y atribulados y agradecemos el cuidado del alma. Nunca hubo malentendidos con mis alumnos, las cartas estaban claras; era muy duro y exigía mucho porque educar para mí no era un pasatiempo de profe sindicalista pasota o tarea de lorito repitiendo veinte años lo mismo. Como que ellos sabían que yo no cesaba de estudiar también sabían que suspendería sin remordimientos o contemplaciones a vagos, jaraneros o turistas calienta pupitres.

Me echaron de profesor. Mi orgullo es que no fueron los alumnos sino los directores de centros o de instituciones privadas.

Yo

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Mi nombre aparece a menudo en la boca de los vecinos

porqué cené alcohol, me vestí con abrigo de pieles en verano,

lancé unos gatitos contra el pozo sin agua,

ahogué a crías de pato en la pila bautismal

hasta que sus ojitos lloraban de un azul alzadísimo de giros de muerte,

porque estaba siempre junto a la familia en que nací.

Pero el dolor del sedal en mi cuello no es humano

(praderas que caen cojeando en los rotos meandros)

En mi cráneo anidan las voces de la locura

(mordiscos rasgando encías con clavadas cáscaras de huevo afiladas)

En mi corazón hay bultos de hez de vaca

(afortunadamente ser mortal es como un enorme tiburón que el arpón

convierte en totalmente revocable)

Lo sé hace siglos.

Ni noble ni calmado que me torturen

de veras las aves de una puta vez.

Con el aroma de una rosa río adentro.

Con la proa a toda velocidad en los juramentos soberbios del amor eterno.

Con un pececillo pequeño y rojo sanando la mente demente de mi madre.

Marta se desvanece en clase

y Supermán se queda en silla de ruedas.

Cuerdas negras en el viento como una soledad sin belleza.

A veces tiembla el retrato de los viejos muertos en las residencias de la peste.

A veces crece la sangre de la noche en crecida de hemorragia apocalíptica.

Todo es pecado.

Dios y el Demonio se besan en pecado.

Vivir es pecado!

Qué trecho hermoso de vida no tenemos por delante!

Mi literatura solo tiene un puerto: el afán irrefrenable de suicidio.

Nota bene: poema para que se confíen mis enemigos.

Del «Diario»

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(i)

Cero más cero

Por el sumidero,
por el desaguadero,
la sonrisa
pazguata
del tuitero.

(ii)

El detallismo, la lentitud, el tono moroso en la descripción como caer de un tobogán alto y enorme, los elementos verbales no reducidos a un mínimo común mineralizado, las descripciones anchas en estilo vívido, la provincia proustiana, el yelmo veteando todo de matices de James, la robusta originalidad faulkneriana, el concierto del subjuntivo, parecen atributos que rechaza la novela actual, obsequiosa con el ritmo rápido y la mímesis periodística.

Casi un correlato de la Era Hiperveloz es la prosa -corta, cortada en breves razzias, golpeando en sonantes staccatos delgados-, es la prosa, decíamos, de la época. Del picoteo al navegar entre vínculos de Internet, al picoteo de la novela acelerada y con oraciones de breve longitud y con ruidos de discoteca. No somos sensibles ni al oído ni al estilo. Admito -claro- que hay que mirar a través de la lente, pero, acaso, algo también con la lente.

Realismo de contenido y aplanamiento de forma no necesariamente es la fábrica óptima de las novelas La mejor defensa contra la mala literatura es una plena experiencia de la buena. Así -a lo mejor- cuando leemos con estallidos de gozo no mendaces, con placeres -puede que difíciles- verdaderos.

(iii) A los poetas de Instagram

«Todas las palabras [del poema] estaban mal; todas eran románticas, banales, probablemente las habían utilizado los supuestos poetas del s.XIX. Lo intentó de nuevo: ocres residuos, posos del corazón; parecía que se alejaba suficientemente del mal poema, pero no servía. Usó «corazón», una de esas viejas e inadecuadas palabras. Pero, ¿por qué hay que escribir precisamente sobre el otoño, o sobre el amor «de esa manera»?. Palabras, poemas prohibidos. Todo ello demuestra lo mediocre que soy». G. Bullet, El jurado.

(iv) Sí, él, él, el ke obra cola K.O.

El rey (ley) ninguno

creando (potando) basura

sin límite (apeiron) alguno:

natillas de cabrilleo de elvira

pepi, luci, seguro ishiguro.

A tomar pol culo.

(v) Con el respeto debido, pitido,

pipí disparo a tu Cupido, alicaído,

con tus rayos de Baco, corazones,

fríos güevos con bacon, mutaciones,

si te enfermas con Filis, cocaína,

ensueño con primos gilis, quinina.

Oh alivio de mi pena tu caca, perlada,

oh ojete granate tu letra y petaca, versiamada.

A sus pies, opus magnum, doña Paca, con mamada.

(vi) Si escribe de faunos, se convierten en cirujanos ortopédicos, si cita a Leibniz, suena a coscorrón estridente, si emociona, es con cursi moción de censura.

(vii)

-Lee a Marwan, resentido envidioso joputa
-El arte es largo y la vida corta

(viii) Si tuviera que apostar, apostaría a que ganaremos entre diez y quince medallas. Intervalo generoso dada la brivonería criminal típica de nuestro nivel de subdesarrollo.

Duda (no lo he soñado) en mí ha suscitado

una plebe que no manda y obedece

al horroroso unísono al imperio desgraciado.

Patria digna de desgobierno, escoria e infierno

de operetas bufas y expedientes de Asuntos Internos.

Un rey emérito aciago que se inmola constante

ante estragos o bragas que abandonó su amante.

Una pléyade de chupapollas con el burlando cuento

que ellos sí sufren sobresaltos y blandos tormentos.

No, abjuro de esta mugre de conejos, necios ingratos,

estudio Sálvame, y sé que merecen poco más que cobalto.

(ix) Por un verdadero diálogo de las «Dos culturas» (Sokal)

1. Saber de qué se habla.

Cuando Lacan identifica el número imaginario con la erección del pene dice una enorme chorrada. O cuando Kristeva usa la Teoría de Conjuntos de modo delirante. Etceterísima.

2. No todo lo oscuro es necesariamente profundo

Si leo a Lezama Lima, yo, muy a menudo, casi no entiendo nada, pero, por el tono, por la erudición y sobre todo por la maleabilidad y malabarismo idiomático, admito, intuyo con probabilidad y certeza que se trata de un genio. Pero si leo a otros autores parece que sin haber vivido una revelación gnóstica o bebido un chupito de Eleusis el acceso es imposible, y, su tono, o bien -mejor- tras análisis profundo, tras inversion -molesta y en burdo pasatiempo- en lo que escribe, se advierte casi sin duda que el autor es falsario, impostor o impostura

3. La ciencia no es un «texto»

La gravedad no es una novela ni las matrices un soneto con estrambote ni un constructo social arbitrario o convencional la ley de Gay-Lussac, ladies and gentlemen.

4. No copiar miméticamente las ciencias naturales

La literatura, claro claro, también tiene una dimensión cognitiva. Borrico el que niega asimismo la dimensión estética del lenguaje y cree que solo es un código artísticamente aséptico.

5. Desconfiar del argumento de autoridad

Las opiniones políticas de un arquitecto no tienen el mismo valor que sus conocimientos de cálculo o resistencia de estructuras. Idealmente TODOS podríamos llegar a las mismas ideas del científico invirtiendo sus años de estudio. Al no ser posible lo instituimos como una autoridad en su campo con toda legitimidad. Pero hay un bullicio de discrepancias científicas pleno de diferentes especulaciones en determinado campo de la ciencia (aquí poco vale el argumento) y también científicos que se ocupan u opinan de campos donde no son autoridades. A un físico en principio no le preguntaré cómo se hace una buena novela ni a Vargas Llosa de mecánica cuántica.

6. No confundir el escepticismo específico con el escepticismo radical

Dudar es bueno, si se duda con sentido.

7. Mucho cuidado con la ambigüedad utilizada como subterfugio

(x) Que tu mente sea para ti un reino, una corona. «Al servicio de Fortuna por sonar como le plazca».

Carta a Felipe VI

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Majestad:

Felipe IV era abúlico y apático, devoto, mujeriego y acaso poeta. A menudo se cansaba de sus validos y del ejercicio de su reinado. Carlos I fue guerrero. Felipe II solo rey. Felipe III y Felipe IV hombres nada más. Carlos II ni hombre siquiera. Carlos III gran hombre.

El duque de Lerma, afligido y consternado, afecto de asma, se trasladó a Valladolid para iniciar su mascarada. Para fingir pobreza vende bienes, para fingir santidad dice querer hacerse jesuita. El conde de Olivares da orden de detener a Lerma. Poco después se oirá un anónimo por los pueblos de España: «Aquí yace un reino entero/Olivares lo mató/catalanes lo acabaron/los monjes lo amortajaron/y Portugal lo enterró».

Atento mi rey Felipe VI, que el reino debe ganarlo. Este escritor bloguero le recuerda que en el Palacio de la Justicia de Florencia figuraba la siguiente inscripción «Oportet misereri», es decir, es necesaria la misericordia, pero que los litigantes y pleiteantes, recuérdelo majestad, traducían como puerta de la miseria. Así que muy atento.

Ahora la misericordia se confunde con la miseria, y la miseria son esos míseros orates gobernantes de la pobre y avara Catalunya, del gobierno con el torcido Sánchez, la miseria es el populacho o turbamulta que confunden Justicia con Horror. ¿Qué es la Justicia? Jurris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere suum cuique tribuere, estos son los preceptos del derecho: vivir honestamente, no dañar a nadie, dar a cada uno lo suyo.

¿Lo habéis oído boriico Jordi Sánchez, seboso Junqueras, traidor Trapero, sedicioso Puigdemont, mafioso Pujol, nadería Forcadell, verdulera Colau, fea Ana Gabriel, tontolaba y lacayo Torra ? ¿Lo oyes Echenique, ministra analfabeta, Presidente contra España? No lo habéis oído y siempre susurrará en vuestro corazón el fracaso, la cofradía del fracaso. Porque no sabéis ni jamás sabréis lo que es y significa deleitarse en la compostura del alma, en la libertad de la Concordia y el Conocimiento.

Y a los viles profesores de Secundaria y Universidad catalana -los estudiantes son solo santos inocentes manipulados como pastelina, como chupa-chups-, a muchos viles que abundan y adoctrinan, a los viles que alimentan a la hidra catalana y vasca, les recuerdo que si Bocaccio o Petrarca siguieron a alguien siguieron a los mejores, y siguieron lo que su propio ingenio y la propia eminencia de su juicio natural hacia más altura les llevara. Buscaron la gloria de la excelencia, y, como peste, evitaron ser siervos de la miseria, que tanto abunda en la historia, general y particular.

Majestad, en vos confío, a los tunantes catalanes sediciosos hágales tragar la hiel y el ricino con vuestra grandeza. No se fíe un pelo de este gobierno socialcomunista anti-español. No permita bajo ningún concepto la disgregación del reino.

Aprovecho la ocasión para mandar un saludo afectuoso a la reina, la princesa, y la infanta.

Siempre sinceramente suyo. Un súbdito. Un español.

NOTA: «súbdito» es quien está sujeto a la autoridad de un superior y tiene la obligación de obedecerle. El concepto se usa para nombrar al ciudadano de una nación que debe someterse a las autoridades políticas. Es importante establecer diferencias entre el súbdito y el ciudadano. El súbdito implica una situación jurídica por la cual una persona depende del Estado de por vida, con un ejercicio limitado de los derechos civiles y políticos. El ciudadano, en cambio, mantiene un vínculo diferente con el Estado, ya que goza de diversos derechos. Enfatizemos que «súbdito» lo uso poéticamente así como acepto estéticamente e históricamente que la primera autoridad de mi país lo sea por nacimiento.

Diario

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(i) «La mejor educación para los mejores es la mejor educación para todos» Robert Maynard Hutchins

(ii)

-La mayoría de intelectuales somos más inteligentes que el pueblo

-Supongo, en mi modestia de orate diletante, que usted no se cree absurdo al denunciar que la mayoría de la humanidad está por debajo que la media de la humanidad. La mayoría de intelectuales no son más altos que la media de altos de una muestra estadística significativa. Inteligente significa «más capaz», como altura significa «más alto». Supongo que es absurdamente estúpido decir que la mayoría es estúpida de un modo literal. Se admiten retruécanos retóricos en la mención del término «estúpido» (provocación, sarcasmo, burla, ironía, juego, parodia, admiración por esa misma estupidez, etc etc…) Lo que no dudo es que la mayoría de intelectuales varones heterosexuales les gustaría sobremanera haberse tirado a las acémilas que se ha tirado Rafa Mora.

(iii) Las artes y poderes del desdén son típicamente juveniles. Yo las uso y acepto o bien como máscara autoparódica o bien como heterónimo con mi paradójico propio nombre y apellidos. Lo repito periócamente para así no confundir.

La mayoría no es más tonta ni más inteligente que la media de tontos e inteligentes repartidos entre la población, pueblo, gente o populacho o chusma.

Un joven puede creer putrefacto a lo que él juzga una vieja gloria artística. Supongo que este freudiano desdeñar como un adolescente al padre o abuelo es incesantemente inevitable. Pero los poetas son descubridores y los científicos inventores. Un poeta es como un matemático (a diferencia del resto de los científicos); existe un reino platónico de teoremas geométricos y algebraicos. Se descubren -ya están ahí, intemporalmente, preexistentes- y no se inventan. Un poeta descubre, hace explícitos, los implícitos populares. Los sutiliza. Lo matiza y deduce consecuencias y observaciones laterales. Obviamente el desdén pseudoadolescente es un tema literario pues pertenece a una fase del recorrido humano.

Como conservador creo que los tópicos conseutudinarios, lo informal y espontáneo cristalizado en preferencias, valores, temores y jerarquías, tienen más verdad que los hallazgos vanguardistas radicales o los proyectos políticos de educación impositiva o ingeniería social. «Mi perro es noble y fiel y bueno» es una proposición popular. «Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro” de Franz Kafka, es una sentencia que amplia otros matices, pero que también incluye la sabiduría de sentido común.

Un poeta o escritor o artista elabora metáforas explícitas de implícitos (la libertad, el deseo, el amor, la soledad, la muerte, el placer). Evidentemente puede -incluso es deseable- que vaya más allá del punto de partida, y aporte una visión o punto de vista a la vez común y original, incluso muy original. Un científico elabora ecuaciones implícitas, es decir, inventa, pero es un invento no arbitrario, sino que sigue las reglas, el patrón de la realidad. Lo que Belén Esteban es al poeta, lo es la realidad al científico. Pero el científico para modelizar bien necesita acudir al amplio repertorio de las estructuras del universo matemático. Ni la realidad ni Belén Esteban tienen por qué saberlo.

(iv) «Para tener buena salud lo haría todo menos tres cosas: gimnasia, levantarme temprano y ser persona respetable» Oscar Wilde

(v) Ni fumador ni bebedor, dijo mi médico. Ya encontraré algo que prohibirte.

(vi)

El pequeño Nicolás

Usted es pía

tó lo sabe de radio María.

No le envidio

el fatal destino

de joder al vecino.

Usted es pía

musha mariconería.

Viva España, viva el bien

y amén, amén, amén.

(vii) LE MOT JUSTE

El primer cuento que escribí fue con once años. El primero y creo que el mejor. PERO nací al modesto oficio literario mortificado por la crítica. A la maestra -juraría- algo le gustó. A mis compañeritos «rien de rien». Todavía recuerdo su estupefacción, aquel helador y lacerante silencio.

Décadas después, y pese a ser poeta no édito (como fui y seré), en una lectura poética en Manresa, y al no gustarme el público, me comporté maleducada y «punkarramente». Tiré de repertorio de plagios y provoqué al auditorio biempensante con una batería de perlas del estilo «Estimadas damas, ¿son ustedes tan humildes y pobres de espíritu, tan absolutamente tímidas y aguachirles que se limitan a cuatro amantes?», o bien, «Les contemplo como un lindo rebaño de borregos. ¡¡Qué hermosa mayoría con indefectible futuro!!»

Que Dios me perdone.

(viii) » Querida condesa Baschi:

Lo que voy a contar no es precisamente poético. El marqués de R. , que, como usted sabe, no es precisamente muy delicado en sus gustos, pasó ayer la noche con una comedianta y, al final de la cena, estando los dos…encantadores, el marqués no encontró nada mejor que desvestir a su Venus, y, preparando una salsa para espárragos, la colocó en un lugar que no voy a nombrar y que usted comprende, y se dedicó a comer los espárragos mojándolos en su salsa. Parece que le gustó. ¿Qué piensa usted de ello? Espero su respuesta pero, por el momento, no puedo dejar de reírme de un placer tan original.

La marquesa de Pompadour «

(ix) Los médicos le decían al viejísimo (y enfermo) cardenal Richelieu -el mayor estadista de su época; ojalá lo hubiéramos tenido nosotros en lugar de Olivares- que su vida interesaba sobremanera al cielo y que el Altísimo obraría un milagro para curarle. Richelieau llamó a Chicot, médico del rey.

-¿Viviré o espero y me preparo para la muerte? Deseo una respuesta de amigo.

-Dentro de veinticuatro horas Vuestra Eminencia estará muerto o curado.

El cardenal sonrió satisfecho (había entendido inmediatamente) pero poco emocionado.

Murió a las veinticuatro horas.

(x) «De las damas que llaman cortesanas que todas o las más tienen más de corteses que de sanas» Cervantes, El licenciado Vidriera

(xi) «Joan es una chica indescriptiblemente dulce. Una mezcla de fragilidad e indestructabilidad. Yo la amo. Y sé que ella también me quiere a mí. Dijo que descubrió la oración leyendo mis libros. Hablamos de mi amor por M.»

Thomas Merton sobre Joan Báez, en «The Intimate Merton»

(xii)

XLVII

LEER CON SOSIEGO

Solo hay un libro que pueda leerse con sosiego. Es el Libro de la Vida, y solo tiene una línea: Electus vel Damnatus.

Léon Bloy: Exégesis de los lugares comunes, Acantilado, traducción de Manuel Arranz.

Mar One y Elvira Sartre toman daiquiris bajo un claro de luna

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Bailar de lejos, no es balar

Es como estar bailando «tolo»

Tú bailando en tu Crocan

Y a dos metros de ti

Bailando yo con otro polo.

Probemos una sola vez

Bailar fluidos como el Lego

Abrazados al compás

Sin separar «nunca máis»

Tu papo de mi papo

Bailar pegados es llamar

Igual que llama el celular

A los atunes

Corazón con corazón

En un solo casoplón

Dos guapos Borbones

Abrazadísimos ambos dos

Acariciándonos

Sintiéndonos sargenta y coronel

tenienta, mantecado y pastel

Nuestra balada va a sonar

Vamos a probar

Probar el arte de potar

Bailar asados es bailar

Bailar atufados es bailar

Es bailar

Verás la música después

Te va pidiendo un euro a gritos

Y te sube por los pies

Un algo que no ves:

olés a las patas del ciempiés,

olés a sobados clisés.