Un comento o crítica de la vida

La principal dependencia del significado literario es con el contenido humano. No creo que leer o escribir literatura sea otra cosa que criticar o comentar la vida. Las humanidades y el arte son escuelas de vida, y no álgebras autistas y autosuficientes. La cantidad de realidad elucidada -y hay tanta realidad en un cuento de hadas como en una novela negra- es un buen patrón de juicio. El malabarismo o formalismo estético nunca ha de ser condición suficiente. El arte vive al hilo de la vida y no a la sombra de las palabras o el mero color. Todo arte bueno, en el fondo, clarifica y no embarulla, dilucida y no oscurece, aclara y no enturbia. Como la vidriera iluminada de una iglesia, su belleza es paz, o sea, verdad. Procurar alcanzar las verdades de la existencia y el mundo; ésa no es mala definición de la pasión artística. El gemelo o siamés de la Belleza, su hermana univitelina, es la Verdad. Y la corona de todo es la Bondad. Que el Arte no nos obligue a ser mejores, es un déficit del arte contemporáneo. Todo peregrino anhela el paraíso. Por eso leo y visito museos. Para salvarme.

Políticos no ilustrados

El año 1784, Kant respondió la famosa encuesta sobre el «movimiento» ilustrado en los siguiente términos: «La Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse del propio entendimiento, individualmente y sin la ayuda de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ello no reside en el propio entendimiento, sino en la falta de valor y decisión para servirse uno mismo del entendimiento sin la guía de otro. ¡Sapere aude! Ten el valor de valerte de tu propio entendimiento, he ahí el lema de la Ilustración»
Sapere aude, atrévete a saber. ¿Y qué sabe ese lector de prensa deportiva y pinta de director de fábrica de tejidos e hiladuras, ese bobo de Rajoy? ¿Qué sabe el poco distinto actor de telenovela de Sánchez? Hegel, con un claro eco kantiano, definió la theoria como «el esfuerzo tenso del concepto asumido por cada uno como cosa propia»; ¿Qué cosa propia tienen en las mientes Sánchez, Rajoy, Rivera, Iglesias, sino una amalgama inconexa de periodismo y fétido sentido común? La libertad de vivir noblemente es inseparable de la fertilidad del espíritu. Se es fértil en el gabinete científico de la biblioteca, tanto como yermo en un parlamento. Con lo que hay, que presida el gobierno español un participante de Hombres y mujeres y viceversa. No muy diferentes son.

Cita de Villena

«Un pueblo inculto no sabe pensar ( puesto que se piensa con el lenguaje) y un pueblo que no sabe pensar ni es verdaderamente libre, ni por tanto tiene acceso real -aunque lo parezca- a las virtudes de la democracia que son virtudes de libertad, opuestas en todo al estúpido y castizo: ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. Un dicho de gañanes, por qué no usar el nombre… ¡Pobre Quevedo que instó a Baltasar de Zúñiga a traducir a Montaigne hacia 1634! Somos uno de los pueblos más incultos de Europa. Y eso que no he mencionado, en nuestro autor, las citas en griego. ¿Pero qué es eso?, berrean.» L.A. de Villena.

Biblioclastas y analfabetos de segunda categoría

La sociedad del futuro, valga el punto de exageración, estará conformada por la mitad de la población biblioclasta -con fobia a los libros- y la otra mitad como aquello que con sarcasmo llama Enzensberger analfabetos de segunda categoría. Cito al ensayista alemán: «El analfabeto de segunda categoría es afortunado. Su falta de memoria no le causa ningún sufrimiento; el no tener una manera de pensar propia le alivia de toda presión; valora positivamente su falta de capacidad para concentrarse en nada; considera una ventaja el no saber y no comprender lo que le sucede. Es activo. Es adaptable. Muestra una considerable determinación para conseguir lo que quiere. Así que no hay que sentir lástima por él. El hecho de que el analfabeto de segunda categoría no tenga ni idea de que lo es contribuye a su bienestar. Se considera a sí mismo bien informado, puede entender instrucciones, pictogramas, y cheques bancarios, y se mueve en un mundo que le aísla completamente de cualquier desafío a la confianza en sí mismo. Es impensable que pudiera sentirse frustrado por el ambiente que le rodea. Al fin y al cabo, es ese ambiente el que lo ha creado y formado para garantizar su supervivencia sin problemas» (In Praise of the Illiterate) Cualquier rasgo de profundidad o complejidad, cualquier expresión abstracta o de raigambre cultural, es rechazada como alienígena y extraña por este nuevo analfabeto en la amarga ironía descriptiva anterior. Paulo Freire llamó analfabetos funcionales a un tipo de lector sin competencia en el marco del tercermundismo. Este categoría de Enzensberger acaso es el correlato de Freire para los miembros de las sociedades industriales avanzadas. Universitarios -los vemos en la cuchipanda sabatina y en el botellón-, burgueses hacendados, oficinistas y comerciantes, forman esta clase autosatisfecha e ignara, que consume los productos infames de la tele o el divertissement de las videoconsolas e Internet. Más que no saber leer strictu sensu, su problema es el desprecio a lo que implica la cultura lectora. Recuerdo que una observación me dio que pensar; no venció -decía- la distopía de Orwell, el que nos prohibieran leer, sino la de Huxley, que, pudiendo leer, perderíamos totalmente las ganas y el afán de leer. El declive de la lectura como hábito y como principal medio de adquisición del conocimiento implica el deterioro de facultades cognitivas y cosmovisivas apremiantes. A veces, en mi melancolía, llego a convencerme de que el libro es un paréntesis de cinco siglos -S.XV-s.XX- en nuestro periplo fundamentalmente no libresco, una mera anécdota en la historia de humanidad. Y mi modesta experiencia del mundo confirma esa muy desapacible hipótesis. Cada vez que un profesor me explica que sus alumnos en el instituto son incapaces de concentrarse diez minutos seguidos ante un libro, tiemblo de miedo y asco pensando en el futuro que se avecina. Que ya está aquí.

Beethoven

La música es una revelación más alta que toda sabiduría y toda filosofía…
No tengo amigos. Debo vivir solo. Pero yo sé que, en mi arte, Dios está más cerca de mí que los demás; yo me acerco a Él sin temor; yo siempre lo he reconocido y comprendido. Por eso, la suerte de mi música no me inquieta; ningún mal puede provenir de ella; el que la comprenda se liberará de la miseria que arrastra a los hombres (Beethoven, Carta a Bettina Arnim, 1810)
Aquí no me siento torturado por mi desgraciada enfermedad. Me parece que en el campo cada árbol me hace oír su voz y me dice «Santo, Santo, Santo». ¡Oh encanto del bosque!¡Quién pudiera expresar todo esto! Si no tengo éxito en nada y aún me aguardan decepciones, el campo me sonríe siempre, incluso en invierno….¡Calma bienhechora de los bosques!….¡Dios de los bosques!¡Dios todopoderoso! Yo me siento bendito, soy dichoso en estos bosques, en cada árbol me hace oír tu voz. ¡Qué esplendor, Señor! Estos bosques, estos valles, respiran la calma, la paz que es necesaria para servirte…
Inmola a tu arte, una vez más, todas las mezquindades de la vida social. ¡Dios sobre todo! Porque en su omnisciencia, la Providencia eterna rige la felicidad y la desdicha de los mortales (Beethoven, Notas íntimas)

La plaga nociva

Cito de Carlo M. Cipolla las cuatro leyes fundamentales de la estupidez humana:
1. Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.
2. La probabilidad determinada que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.
3. Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.
4. Las personas no estúpidas subestiman siempre el poder nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.
5. La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.
La Internacional Estúpida, conformada, recuérdelo, por muchos más miembros que los que estiman sus expectativas más pesimistas, atacará, haciéndolo perder la serenidad, o el dinero, o el regio sentido de la racionalidad, o la paciencia, o el optimismo antropológico. Es peor y más dañina que la mafia, o el FMI, o las armas de destrucción masiva. Conspiran contra nuestros bienes materiales y espirituales, y sus elementos o miembros son constantes en la historia, en la distribución de las propiedades de la naturaleza humana. Son muchos, muchísimos, prestos a atacar.

Teísmo

A veces creo que la existencia en mi mente de ciertas definiciones y experiencias en mi realidad mental implican la existencia de lo definido o el agente de esas experiencias en la realidad extramental. . Eso es el salto de la fe. Si, ante un bosque, alguien solo ve coníferas y fotosíntesis y átomos -actitud científica-, o bien otro lo traduce todo automáticamente al precio de la madera -actitud utilitaria-, otros vemos en el bosque y sus vientos en las vaguadas, en sus verdes y arborescencias, un símbolo cuyo simbolizado implica la mano de una deidad o espíritu. Distintas percepciones causan distintos sistemas de creencias. En mis paseos por bosques orensanos a menudo me afectan arrobamientos e incluso diría que alucinaciones visuales. Veo engrandarse la tonalidad y tizne de la luz, los ramajes los percibo con cierta granulación específica y encanto en el detalle, siento como una presencia u ojo que me observa inequívocamente etc…No es que haya perdido las mientes, sino que el complejo experiencial es como visto sub specie aeternitatis, bajo el aspecto de la eternidad. Maslow habló de las peak experiences, experiencias cumbre, mucho más habituales de lo que creemos. De repente un padre está en la cocina con su hijo, y le inunda una sensación inexplicable de armonía y amor, o estás oyendo música y sales de ti mismo, o acaricias los labios de la amada y te notas inmortal e invulnerable. Hay una mística naturalista o teísta que se agazapa en nuestros corazones. Yo la traduzco en términos teológicos; otros la pueden subsumir en un humanismo o una ética. La bendición del amor y el silencio y la soledad -o los bosques gallegos- son fuente de esas sensaciones. Y entonces el tiempo no existe y la muerte es una engañifa. Y todo hombre es sagrado y toda vida noble y buena. A veces siento muy robusta esa fe. Pero no siempre.

La «tontá» general, universal y contemporánea

Hasta los huevos
del telefonino, del portátil portable, que calcula, que dicen que piensa -memeces-,
y que tecnólogos belcebús han logrado
que funcione hasta bajo el agua;
y el agua, al decir de Tales, es origen e iceberg emergente y subyacente,
y el agua destruye el alma cálida, fogosa, de los amantes,
y resquebraja -ruinas, ruinas- imperios y tejados,
y gotea en la clepsidra precisando el eros y thanatos que nos queda,
hasta el agua, decíamos, ya no puede con él,
con el organum diabolicum de los huevos…
Dancen, dancen, whatsappeen malditos,
en el bus y metropolitano (ah del arte
de ensimismarse aburrido, poquito a poco,
ahora un ars arqueológico
como la matemática sumeria)
en las ambulancias y los hospitales
en agro, campo, mar y aire
en cielo, averno y en el purgatorio dantiano
encima de la cómoda del poeta agropecuario
en el núcleo terrestre y en su corteza decadente
en Lugo, Ponte-Caldelas, Manresa, Bombay, Tombuctú y las sillyconadas Californias,
en la p.. m… que los parió a todos
el móvil de los h…
vino, vio y venció
con la aquiescencia mema general
(para no perder nuestra bucólica, borreguista costumbre)

La vida devasta

La vida devasta como un aparato de T.V.
Envías S.O.S. a los vastos espacios de la noche y solo recibes la negra bilis del silencio.
La vida devasta como los tobillos gruesos de un pájaro, como voltarén diluido en el champán, como hilos de wolframio que zigzaguean e iluminan los piojos de tu corazón.
Todo país lejano es engaño y filfa.
Piedras las estrellas de tu nuca.
Malignos y raros cortinajes siempre puso el otoño.
Saben igual de mal los pechos solos o con nata.
Saben igual de mal con o sin rímel los ojos.
Aunque te dediques a ametrallar guarderías no hay remedio.
Admítelo:
chico solo sin film
la vida es tragedy
ni maniquí ni benjuí ni comedy
ni pitiminí ni carmesí ni organdí
la vida devasta y Rimbaud es ese loco gritando en la boite.
Cada noche hasta el hartazgo
el hallazgo
de masturbarse en soledad.
Todo es como un escorpión entre las sábanas. Vivir devasta.

 
Pero te levantas, ves el azul del cielo, se acaba el efecto del orfidal, el semáforo se pone en verde como si conmemorara la caída de un dátil, las curvas de las palabras son como las curvas de los muslos, llamas felonía y miseria al noir universal, abroncas a tu ser deprimente, te quedas K.O. en el ring de la Belleza del Mundo, y, joder, acaso echen un gran programa por la tele y te enamores un siglo de estos o el libro leído alumbre la madrugada. Y a veces, tú sabes, el fornicio pone luz al abismo.