Redes sociales y nueva era

close up of telephone booth

El arte sirve para ensanchar la minúscula capucha del yo. Venimos de las artes ignotas del gran océano de la soledad, y a él retornaremos; entre medias ejercitemos nuestra soledad con el arte, para hacer del yo elemento de elevación en pos de la grandeza, para hacer del yo una solitaria y gloriosa soledad, una grandeza solitaria. De nuestra soledad esencial habla el arte. Leemos, también y básicamente, porque somos animales al albur del azar en busca, a la busca de un patronaje de sentido, resumido en la expresión “deseo de inmortalidad”. Leemos, y sabemos y nos entrometemos con el arte, porque deseamos ser solitarios inmortales y gloriosos. Le long désir de duré es la gran razón del arte.
Ítaca es nuestra aniquilación o extinción. Y con el ardid de las artes prohijamos la perfección de ser. Buscamos una vida perfecta, esto es, no mortal. La perfección elusina que viene de lo oscuro pero aclara, la perfección del propósito en la aquiescencia del resultado, la imperfección cartilaginosa vuelta mediante método de perfecciones cristal y luz de acristalada noche, la atmósfera presentida vuelta perfecta elucidación, en fin, que en los raíles de lo perfecto artístico navegamos sin pensar en el puerto de la muerte.
Eso, en el mundo de ayer. El mundo de hoy se resume en la iconosfera vulgar de las redes sociales. El anti-arte par exellence. Imperfectas en grado sumo y efímeramente mortales en grado superlativo, son como una puerilidad que derrite el capuchón del yo. El yo lector de grandes libros de papel está en un iglú de bendecido silencio y soledad, el yo de las redes sociales está en el paradigma de lo insano por feo, y no verdadero y no bueno sino autodegradante. Son yoes labriegos catetos, exhibicionistas de la estulticia y la miseria, apologetas del analfabetismo. Nihil novum sub sole. Dada la natural distribución de sublimidad y estupidez entre el género humano, es normal, que en un design que favorezca la mostración humana (como el caso de las redes sociales) el resultado sea el que sea. Lo raro hubiera sido la inversa. Lo tonto y memo, y en lo humano mucho abunda lo tonto y memo, la barra de bar tabernaria, el estadio deportivo furibundo, la pose y trato de taxista, ya tienen aquí su correlato objetivo. En las redes sociales no abunda la poesía pastoril, el argumento kantiano o la sensibilidad agustina, sino lo grosero, podre, e ineducado. Tal hay, tal ves.
En un muy, pero que muy próximo futuro, el mundo será un calco de las redes sociales. Un mundo poblado por dichosos analfabetos, un palacio de cromañones tecnológicos. Una élite, de gran importancia en el proyecto o concepción del mundo, serán los científicos creativos. Otra élite, la de las catacumbas más sombrías, será la de lectores solitarios y gloriosos. Ambos sumarán poco más del 1% de la población. Le gran bluff restante será la gran miseria cognitiva y estética que asoma ahora en las redes sociales. Seres inmaduros, precarios, de general o universal banalidad y superficie, con el soma de sus malos trabajos y sus malos amores (su patrón de sentido, el lieben und arbeiten freudiano de hechura siglo contemporáneo)
Por tanto el futuro (¿presente?) es soberbiamente estúpido y ful. Acaso pueda o pudiese haber un renacimiento carolingio dentro de cinco o seis siglos tras estas tinieblas medievales electrónicos. Es una hermosa hipótesis. Acaso mucho tiempo después…

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