Depresión

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La melancolía produce miedo, abatimiento y tristeza, desesperación y otras horribles pasiones. Altera la funciones corporales y las que dependen del cerebro. Se abate el rostro, se inclina pesada la frente, gotea la nariz, babeas de la boca, las mejillas se contraen y las palabras balbucientes se entrecortan. El estómago está repleto de crudezas y mucosidades, la sangre no purga los humores, deploras tus carencias y debilidad e imploras el retorno de la alegría.

La acedía ofrece a la mente objetos equivocados, la llena de histriones fantasmas punzantes, separa temporalmente el alma de los sueños vívidos sumiéndote en una mugre o meras nubes ácidas de cartón aplastado y húmedo. Se derraman lágrimas pues mucha es la tempestad que agita tu corazón. No puedes leer, ni retener, ni memorizar, tu cerebro es una lejía acre sin sonido ni resonancia alguna.

Eres un funeral que camina y una mente turbia y entumecida. Ridículo te limitas a yacer en la cama por horas. Lo fármacos borran casi todos tus recuerdos. Como quien sufre alergia al trigo, tú sufres alergia a la vida llena y feliz. El árbol se enrosca en ti impidiéndote respirar y ahogándote paulatinamente. Odias la noche pesada, interminable. Conchas de cauri lacerándote la piel y aversión honda al sol. Como un montón de leña seca y que chispazos de demonios malignos encienden.

Preferiría estar muerto siempre, que así vivo quince minutos.

2 comentarios sobre “Depresión

  1. ¡¡Caray!!, lo has clavado, yo he andado ese camino de la depresión y se muy bien como se siente uno, y por nada del mundo quisiera volver a encontrarme en esa situación. Lo bueno que saqué de aquello es que me hizo más fuerte ante la adversidad.

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    1. Disculpe, Sra. Ruiz, por no haber dado un rápido acuse de recibo a su muy generoso comentario. Mi blog prácticamente no recibe visita alguna y, por ende, nunca comentarios. Sí, la depresión es un verdadero demonio. Quienes la hemos sufrido lo sabemos (también el estigma y la montaña de incomprensión o los montones de bienintencionados pero desacertados consejos que recibimos) Celebro muy vivamente que la superase y que infiriera de ella consecuencias y fuerzas. El dolor, la melancolía, la soledad, devoran la dulzura. Yo todavía no estoy curado del todo. Pero afortunadamente nunca intenté suicidarme -me falta valor- pero sí que fantaseé con muertes súbitas o cánceres sobrevenidos. Ahora creo robustamente que es una suerte de irreligiosidad no creer en la bondad y belleza de la vida (o en la mayor parte de ella). Prefiero aceptar, asumir, entender y no rendirme, a ceder y claudicar. Y, sí, a mí también el sufrimiento me hizo más resiliente y más empático y compasivo, aunque un carácter en exceso cerebrotónico puede hacerme parecer poco cálido. Gracias por sus palabras. Muchas gracias. De veras.

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