
Su poesía es un striptease de puta fea
como emperifollada con pelucas de peluquería rancia.
Pereza de ánimo, estreñimiento de ideas y diarrea de flatulencias cursis.
Miniatura de ingenio y elocución casposa
como corroboran sus conspicuos aforismos
o esos ripios que educan la «indemocracia».
Obscenos rescates de braguitas manchadas
y ternura de consejero áulico de pitufinas.
Deshonestos efectismos sin misterio.
Inconsolables soledades mullidas de zurullos plañideros.
Universos con acaboses de palabras tan, tan, pero que tan rosas.
Pero nos exhorta a levantar al cielo su corazón,
a abrillantar el monedero de su lucro,
a leerlo en las redes días tras días sea con lluvia, pandemia o cemento;
pero yo pienso que será más menester leer
uno a uno sus libros con pausa y ventosidad generosa,
ya en el váter, ya en el cadalso, y cada alba, a horcajadas, mearlos y defecarlos,
con furia y desdén, fusilarlo cual si no hubiera un mañana.
Cual si fuera dríade y ruiseñor de enormes memos y sufridoras tontainas.
