Sobre la poesía tuitera

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Sigo y leo a muchos poetas tuiteros con miles de seguidores. Soy hipócritamente amable con mis comentarios, ya que esas webs no dejan de ser su casa y yo no tengo madera ni espíritu de troll. Cosa distinta es que en mis propias redes sociales exprese (razonándolo) la ínfima calidad de ese tipo poesía.

También -ay- los imito escribiendo yo mismo poemas bochornosos que esbozo en cinco minutos; el truco consiste en una especie de escritura automática soltando lo primero que se te pasa por las mientes en un estilo cursi y elemental, evitando como un demonio la “elaboratio”, el buril, la lima o la inspiración alada o la conciencia estética de la escritura.

Los genios, escribiendo así, pueden escribir genialidades (por algo son genios), pero a la inmensa mayoría de los mortales este mecanismo poético solo genera poemas-churro, poemas-ocurrencia chorra. Un poeta con oficio y años de experiencia también puede sobresalir con esta suerte de instinto espontáneo. Pero los poetas tuiteros son jóvenes y “jóvenas” que empezaron la casa por el tejado. Un pintor puede pintar un gran cuadro en treinta minutos porque necesitó cuarenta años para aprender a pintarlo en treinta minutos. Lo mismo pasa con el poeta. Un acúmulo de experiencias y técnica (o cultura) es justo de aquello que carecen esas “celebrities” de Tuiter o Instagram.

Auden o Glyn Maxwell proponían en sus clases de escritura creativa una prueba muy significativa, Daban a sus alumnos grandes poemas con algunas palabras eliminadas (nombres, verbos, adjetivos) e incitaban a sus alumnos a completar los huecos. Prácticamente nunca acertaban. Hay un poema de Larkin en que el poeta describe un paisaje que ve desde la ventanilla del tren. Al ver un invernadero lo describe así: “Un invernadero relucía, único”. Ni un solo estudiante nunca adivinó el adjetivo “único”. La palabra “único” es única. Los poemas tuiteros carecen de palabras, versos o poemas “únicos”. Son poemas manufacturados en serie, no escritos con el dedo de Dios. Poemas Coca-Cola, poemas-palomitas; de ahí probablemente su brutal éxito; dan gusto y masaje al necio.

Aunque yo ya esté un poco talludito (y encima tan feo, felipista, católico y sin tatuajes) tengo un alma inconfundiblemente tardoadolescente y blanda. No descarto convertirme en un exitoso poeta del Tuiter o del Instagram. Aunque mis probaturas no tuvieron hasta ahora el refrendo popular exigido, el talento (claro claro) solo se cifra en tesón y transpiración amiguetes (también algo de marketing le viene de perlas).

Tiembla Marwan y Elvira Sastre, que ahora aparece este menda lerenda a disputaros el cetro. Uno empieza a cansarse de defender convicciones andrajosas y arcaicas; ¡¡¡quiero montarme ya en el huracanado dólar!!! ¡¡¡quiero la admiración de Benjamín Prado et alii!!

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