Contra la radio

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Música cochambrosa, apología y encumbramiento de las trivialidades, opiniones facciosas y necias, búsqueda de la aclamación popular embrutecida, encarcelamiento perverso del pensamiento en el pensamiento magazine (meras pildoritas de ideas exageradamente empobrecidas), sustitución de los hechos por el simulacro y el espectáculo, humor propio de un hermano subnormal de Wilde, concursitos gilipollas llena-ondas, periodistas incultos lacayos de su sueldo y reacios a estudiar la verdad, ahogo o sumersión en la ignorancia como método, colaboradores enfermos de vacío, tertulias sesgadas con malnutrición informativa, creación de pseudo-acontecimientos, emotivación de la política (sustituyen la deliberación por la propaganda o sutilmente reducen los episodios políticos a chascarrillos emocionales) En fin, entretener, relajar y divertir a una opinión pública adocenada e iletrada. Esto es la radio (y televisión) modernas.

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