
¿Dulce es el sabor atronador y afilado de la discoteca?
Nuestra retorcida vida nocturna
desfigura las ideas bellas de las cosas;
la escuela del genio vibra en soledad,
el cortejar montañas escondido entre plantas,
el pálido crema de una nube alineada en el otoño;
bullicio que clasificas y ordenas para disecar.
Noche, trae a mi cama
el corazón rubio del pájaro,
la guirnalda de soledades
repletas de honor y calma.
En el baile crecen ojos que miran para despedazar.
La carne contiene el esqueleto y el alma contiene la carne.
Despojado de palabras y sexo pienso en San Agustín:
In interiore homine habitat veritas.
Rueda el zapato en la pista manchado de carmín.
Late la historia en los cuerpos acariciados, saciados, enlazados.
Aroma el café mi casa en la ladera de la aldea.
En las profundidades de la Visión mi modesta y limpia cabaña.
¡Buenos días! ¡Qué buen día hace hoy para quererse!
