Yo defiendo lo mejor

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Depresión que amenaza con llegar a psicosis

si continúo pegando la hebra con taxistas

y ninguno comprende que la felicidad proviene de la honradez,

no así del placer y el engaño,

si el miserable (orillas de baba con lefa) Gran Hermano

más y más devasta como con su amoníaco de armonios

pestilentes sin rieles, si el chalaneo chatarrero compulsivo de políticos

desharrapa más y más mis tiernos oídos.

¿Está la Vía Láctea derrumbándonse desde lo más alto del cielo?

¿La tarima del roble pudriéndose?

Christian, entre bárbaros, vltimvs romanorvm,

pisas el amargo polvo del exilio,

con sosiego de pálida hojarasca de otoño,

pero tú sabes que, bajo este orbayo y esta lejanía,

defiendes lo mejor, el imperio tumultuoso de estrellas,

la ley de lo alto contra el sandio tercermundismo,

la emoción minoritaria ante una horda que veloz, décadas y décadas,

se desploma y cae oculta, las triestinas palabras tropicales de la ciencia,

el lignito de luz embrollado a la noche perpetua,

como contrapeso a tanto espanto atroz y útil,

a tanto espectáculo feo y estúpido, soberbiamente incapaz,

con su eco de burócratas, oficinistas, dominguillos,

lameculos y corruptos cucañistas de hortera polo Lacoste;

tú, bien lo sabes, defiendes lo mejor.

¿Hay verdor en los bosques?

¿Cae lluvia gozosa y se entonan versos menalios?

Vives en tu aislado pazo gallego como si fueras una poeta exiliado

que de la USA inculta pasa a un café libresco de Europa.

Quien se descifra conoce su propia sentencia.

Infaútate y encapríchate de los gatopardos y lobos,

y bajo la bóveda siéntete renacer.

La sociedad nobiliaria, la vieja biblioteca,

las costumbres de antecámara, el biscuit y la genoise,

el imperio de la representación, la elegante domesticidad aristocrática,

fueron tu crianza, tu égida, sino solo de vestidos y porte,

sí en cambio de espíritu y sangre.

El mundo es un boceto mal realizado y borderline

lleno de fantoches pazguatos alicortos,

y la gente no es educada, despejada, ni noble ni buena.

Que tu vajilla no sea de estaño o de madera

sino de porcelana alta y que el villancico del aqueronte te aquiete.

No vayas nunca a piscinas públicas. No te tiñas.

Desprecia las hienas de la España tatuada.

Adora los pájaros y deplora –como siempre hiciste–

la prensa deportiva (tintinear de tifus o escarlatina)

No subas a metro ni autobús.

Hazte caquitas mentales al oír farfullar a esa estrella del pop.

Sé antimoderno, apocalíptico. Escupe jeremiadas al trap.

«Regis ad exemplum totus componitur orbis», declaró Claudiano,

todo el mundo se conforma con el ejemplo de los reyes.

Hoy los reyes y cardenales imitan a los súbditos tontos y frailes tartaja,

si puede ser convirtiéndose en lo más bribones y deslustrados analfabetos posibles.

Las hienas atacan a los gatopardos.

La famosa pitonisa llena de escombros la fábrica de gas.

Se oye la cháchara de unas postizas uñas rotas pintadas.

Sé tú –es necesario que seas– el rey en esta cueva cochambrosa de invierno.

Las muchachas tienen malvados pensamientos neciamente simples.

Oh reyezuelos de una zafiedad embarazosa, escandalosa y decadente;

¡Corred! ¡Se quema el bistec!

Contra las excrecencias corporales del estafador arte moderno,

contra la masturbación obsesiva de la prosa de pulga,

contra el surrealismo descosido del habla rutinaria,

el orgullo y el destierro aseguran tu Ley,

no el rito canalla de esta satrapía con su publicitada democracia e igualdad.

Antes libre y alto que igual.

Dios juzga y prefiere a los mejores,

y quien denigra el gesto de los mejores,

con rebuzno, se somete a la infausta grey.

Lo noble llama a todo lo recto y sublime pensado y escrito,

al arte del arreglo ikebana,

a la fuente doria del río dorado; pero ¿dónde?¿dónde?

¿en un pueblo junto al mar?

¿en los vastos espacios paranormales de la noche?

¿en los cortinajes densos de una labios gordezuelos

besados en el ring del Deseo?

Acaso, pero lo público es técnico, depredador, mediocre, inmoral y vulnerable.

Fungible (al amor, al deseo lo flagela el tiempo)

Dos son traición contra lo falso.

Amor es prole y horario de capataz rutinario.

Sí, sí en el olor de pecho alanceado de un San Sebastián.

Solo al menos te ocupas de ti mismo (la mejor compañía)

La Ley es la propiedad privada contra la depauperación,

la segura distribución de cintillas de oro para con lo sagrado.

Y mientras, el puto Gran Hermano de los c…

Pero yo defiendo lo mejor;

término insustituible al de la palabra “destino”,

término conocido en bosques de Islandia, y silvas y selvas del Guaraní,

en un sonar rapsódico de tacones contra la losa,

en ajedrez de la piel de pimientos y océanos,

en delfines con mitológica piel de zapa,

en petit-suisses encima de los pezones.

En el santuario de la cima elogiemos a los solitarios jinetes.

El enrejado rosáceo de la mente es un disturbio claro del aire,

un gamo saltando de clorofila que sombrean nubes.

La Ley de lo mejor conspira en agudo retumbar rosáceo.

No seas una estrella torcida que roen alimañas.

Cruje una osamenta de dentaduras postizas.

Defender la Ley de lo Mejor: sigue ese único destino.

POST SCRIPTUM:

Me gusta el pío campesinado rural, las capillas silenciosas, las vieirias, los perfumes caros y el Châteauneuf-du-Pape. Deportes, comida y un poco de arte no me parecen nefasto ideal para la gente común.

La simpatía y el amor son más importantes para mí que la desdeñosa fría razón (opino aquí igual que Burke)

Hoy el término que se utiliza para hablar de cultura es el antropológico que usó originariamente Tylor en su obra «Primitive Culture»: «La cultura o civilización entendida en su amplio sentido etnográfico, es un todo complejo que abarca el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualquier otra competencia que haya adquirido el hombre en tanto que miembro de una sociedad». O sea, un conglomerado o aglomeración de procesamiento de la información por aprendizaje.

DISCREPO solemnemente de esta dictadura definicional (hoy universal, generalísima y avasalladora, y que crea el contradiós de permitir hablar de cultura nazi o cultura pedófila) Estipularé o convendré una definición alternativa de cultura para evitar las discusiones sobre palabras y centrarnos entonces en la materia de la cosa.

Para mí cultura es la adquirida en buenas universidades, que permite la percepción y el juicio autónomos, que te libera de la primigenia tiranía de lo mediocre, que te provee de ingredientes subversivos, y cuya gama de ideas y hábitos de pensamiento te elevan y nunca abajan (la verdadera cultura es un modo de avance, nunca de envilecimiento) Para mí la cultura es búsqueda y ansia de perfección, un modo de sentimientos y pensamientos de subido tenor, una pasión científica y moral cuya raíz se encuentra en el estudio y análisis de la perfección misma. Aunque su impulso puede ser bastante general su resultado es patrimonio siempre de una minoría selecta. Su soledad y exilio defiende de la infección de las masas urbanas. Las masas campesinas tienen ( o tenían antes al menos) una propensión espiritual más robusta y leal. La cultura, así entendida, puede concebirse como una especie de religión sustitutiva o religión laica.

Para navegar en el mar de la cultura se necesita una brújula o visión panóptica y criterios sólidos. Supongamos que un capitán inglés de la primera guerra mundial detiene a un capitán alemán , o bien que un burgués francés y otro italiano conversan en un expresso de los años veinte. Ambas parejas tienen un mundo referencial formado por textos de Cicerón, Horacio, mitos platónicos, pasajes de Suetonio, textos bíblicos, y una idea familiar sobre la conversación artística y musical occidental. Pasemos ahora a otro experimento mental: un vagón de metro de una gran ciudad mundial de ahora mismo. La Biblia, la Antigüedad y los clásicos desaparecieron TOTALMENTE del mundo alusivo de estos pasajeros de metro. Para ellos la cultura no es más que una forma de barbarie encapsulada con celofán de colorines y apócopes de tuits. Información sin conocimiento. Conocimiento sin sabiduría. Información azarosa y desestructurada. «Pizzicatto» de enlaces velocísimos a webs con lectura abrumadoramente superficial en diagonal y ritmo semi-esquizoide.

La cultura occidental se deshilvana porque los textos que la crearon son mero polvo de (muy malas) tesis doctorales. El espíritu de colmena tecnológica anula la libertad y el juicio independiente o capaz. A mayores medios tecnológicos, menores medios intelectuales. Si somos incapaces de emitir un juicio objetivo y sano (y para ello se necesita buena filosofía, buena literatura, buena pintura) el voto que se exprese rozará alarmantemente la basura. Sin juicios meditados sobre el bien general solo nos queda populismo de quincalla apolillada y democracia hooligan.

Cultívese, amigo lector. No sea un mero fantoche de pobre e ignorante tumba. Glaucón y Adimanto experimentaron el esplendor de cierto tipo de alma. Lea y no sea un rucio y no convierta a sus hijos en rucios. Rompamos la cadena (la caverna abisal) del linaje de rucios (pero los Bárbaros ya ocuparon las ciudades)

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