Diario de un esquizofrénico 50

(a)

Me leí esta noche, «Añoranza y necesidad de la tercera España«, de Villena, en Athenaica, doce euros muy bien gastados.

Tomito de propósito civil y educativo, divulgativo en la línea de los ideales ilustrados o regeneracionistas.

Cela, en su entrevista en The Paris Review, declaraba que le gustaba la España de las moscas, los toreros de pueblo, los curas, la guardia civil con su tricornio, el garrote…La España, a fin de cuentas, negra y tópica y arrebatada, la de las cigarreras andaluzas con su faca en la falda y el boticario y el alcalde yendo de putas.

La primera España (afirma Villena) es tridentina, conservadora, dogmática, católica, monárquica, imperial. La segunda España es una contra-aserción o contra-declaración a esa España, heterodoxa, laica, inconformista. Probablemente -seguro- la enterrada en el corralillo o cementerio civil, verdadero muladar de la época. Una España podría simbolizarse en la adusta e híspida mirada de Niño de Guevara, la otra en el empecinado -ciego y vesánico- Juan Negrín.

¿España? Demasiados retrocesos…; «clara, pobre y cejijunta» (Unamuno), la «espaciosa y triste España» sufriendo llamas, dolores, guerras, muertes, asolamientos, fieros males. «Ciego el ibero / de un furor inhumano /fulmina impío el reluciente acero / contra su propio hermano» (Meléndez) Y sorprendió Machado en nuestra patria «un trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín» Y no solo Valente, Bousoño, Hierro, Gil de Biedma, Blas de Otero, Lorca («Oh España, luna muerta sobre la piedra dura«), etcétera, han expresado líricamente el dolor y drama de España, también los intelectuales han inquirido sobre nuestra naturaleza.

Villena da un repaso periodístico somero a vuelapluma (pero ponderado y sagaz) a las ideas de Menéndez Pelayo, Joaquín Costa, Ganivet, Ramiro de Maeztu, la polémica entre Unamuno y Ortega, Laín Entralgo etcétera hasta detenerse en la agria disputa entre Américo Castro y Sánchez-Albornoz (inclinándose con matices más por el segundo debido a su mayor empirismo histórico)

En la segunda parte del libro dibuja su idea de la tercera España, es decir, de los desafectos de la primera y segunda que suele acabar en una degollina (real o simbólica). Desea una tolerancia respetuosa y culta, una unidad nacional en la pluralidad cultural, una España con una plenitud nueva fundamentada en nuestra vieja historia. Abomina lo feroz y necio (de aquí o acullá), los dislates gubernamentales de la diestra o la siniestra, quiere una educación global y de calidad y no cuarteada en cada reino de Taifas autonómico.

Coincido con el autor a la busca de esa tercera España. Si Villena es un descontento del lado oficial de la izquierda, yo lo soy del lado de la derecha política ortodoxo, a menudo ultramontano, asilvestrado o chupacirios, poco cosmopolita y libresco.

¿Alguna vez se vivirá sencilla y doctamente, sin decir nada malo, sintiendo el barullo elegante de la vida?¿dejaremos de oír a politicastros graznando con ideas de chusco torrezno, meros gaznápiros encumbrados por la ambición desmedida, cesará ese ricino, tocino, morcilla y pepino de élites deslustradas, de social-comunistas de culo dorado con medidas improvisadas a golpe -y sabor- de pimienta y cayena?¿Será España una nación rica, despejada, clara, libre y feliz, de no «inmemorial mal gobierno”? Demasiados retrocesos, nuestra historia se cifra en pocos avances y demasiados retrocesos. Y en división cainita. Pero no es una mística del cielo ni indefectible «vox dei» que esto deba ser siempre así.

***

(Contra España)

España currutaca, higona, miramelinda, plomífera,

España, demasiados retrocesos, llena de cabreros hirsutos,

con indolencia arábiga andaluza, con inane saltataulells catalán,

feísmo rural gallego, covacha quebrada cántabra,

con tienducha provinciana madrileña y costeras playas horteras,

España ufana como un gusano que el arado parte en dos.

España televisual, futbolera, barista, de mal gobierno

y zarrapastrosa, pulposa, tuercebotas, chapuzas, pugnaz inculta,

zampabollos, incauta, con mayonesa en la comisura, y baba,

cejijunta y pobre, que a su hermano fulmina con acero,

erial donde cruza errante la sombra de Caín, paño de suave

gamuza, pero celda sin claraboya, espiritual y platónica

vieja y bronca España cebada para la matanza,

haragana, tumefacta, necrosada, tuitera, lo dicen las sefirot

cabalísticas: eres un ejemplo de burricie y detritus de alma.

España, esquirla sin luz, de fanática negrura de confesionario,

ciclópeo atrio de la mendacidad, mucosa sentina idiota:

je acuse l´Espagne, y de mi judería soy, solo mi biblioteca es mi patria.

España sarmentosa ágata de la mecanografía, frutera y verdulera,

país de la caterva y la inepcia. Apostato. Hereje afrancesado

o conde don Julián, o anglófilo imposible,

aquí os dejo, y feliz parto siempre al exilio.

Bajo una égida más amable se cobijará mi nombre y ley.

Bajo un cielo de estrellas brillantes seguirá mi sombra los caminos.

Nunca bajo los inviernos torvos de tu noche ciega.

***

(El engaño de Hispania)

Gusto de poseer cosas hermosas e inútiles,

oír conversaciones inteligentes y cultas en el vagón,

encontrar vacía la Polis porque llegas de madrugada,

no dar importancia a demasiado. Usar una independiente

forma de expresión, caminar poco a poco, no agraviar,

deliberar, subordinar mi carácter a los Grandes,

gozar de litografías subalpinas y evocar hermosísimas islas.

Todo un caballerete inglés.

Estrabón y los historiadores latinos describen

al español como solitario, altivo, arisco, indomable,

exaltado, limitado, inflexible y fanático ¿España?

Pueblo asaz sandio, misérrimo, intolerante, clero

con barragana, insurrecciones, desorden de despotismos,

costumbres de inquisidor y paseos de hidalgo haragán.

Reyes priápicos, infantas oligofrénicas;

Felipe IV, abúlico, devoto y mujeriego.

Carlos I guerrero, Felipe II solo rey.

Felipe III y Felipe IV hombres nada más.

Carlos II ni hombre siquiera. No debemos elucidar

qué es la patria, sino saber cómo surge.

¿Dónde el corazón putañero y tabernario de a duro,

las palabras sin tasa, la macarra germanía?

¿Por qué somos como el bufón Calabacillas?

España es un tirano que se envalentona

al notar que dan rienda suelta a su locura.

¿Dónde las cadenas, el inmemorial mal gobierno?

Deseo morir en un dulce país con agua.

Un lugar encantado que ningún hechizo disipe.

Allá donde mis ideas constituyan

motivo de alabanza y admiración. Un país de agua.

Avante todo, mira la proa. Al utópico lluvioso.

Sigamos cabalgando sin torpeza hacia el Norte.

El largo sueño del exilio, rojas cornalinas.

Contra la medieval barbarie de las tribus hispánicas

tu tenderete encima de la nieve, la silvestre nieve de Upsala.

Gusto de reconciliarme con el Hado

y que disuelva mi mala Fortuna:

¿Inglaterra? ¿un hotelito de París? ¿Suecia?

Una casa con marinas y la obra completa de Gibbon.

Sin obtusa ponzoña, sin gusanos abultados en la ropa,

la casa bordeando el arroyo entre juncos,

a salvo de vuestras peludas y broncas voces de ira.

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