Diario de un esquizofrénico 56

Yo, orate, orante y diletante. Burgués hacendado y propietario, rentista, aldeano ilustre. Pienso bien, escribo regular -desearía que con distinción-, y hablo muy mal. Solitario compulsivo. Lector omnímodo, omnímodo, diagnosticado de bibliopatía. Apocalíptico y anti-moderno. Debemos apartar el chusmerío de nosotros y buscar la civilización mental, también la bondad.

Voltaire: “La terre est couverte de gens qui ne méritent pas quon leur parle» (la tierra está llena gente a quien no merece la pena dirigirle la palabra)

Por desgracia la expresión «coquin méprisable«, granuja despreciable, resulta aplicable a un número terrible de personas de este mundo” Schopenhauer.

Nec vixet male qui natus moriensque fefellit” Horacio (No se da mala vida quien de nacimiento a muerte pasa desapercibido)

Mejor no podría ser dicho. O bien igual Ovidio: “Bene qui latuit, bene vixit”, (Quien bien se esconde, bien se da) Solo y oculto es como se está mejor en esta hodierna e híspida civilización, donde la publicidad está por encima del logro, la revelación por encima del comedimiento, la sinceridad por encima de la decencia, el victimismo por encima de la responsabilidad, la confrontación en lugar de la cortesía, la psicología sustituyendo la moralidad.

Para concluir, y como divisa o lema: «Litteras ese solas quae homines ese vere convincat«. Las letras son la única prueba de que se es verdaderamente hombre.

***

Yo, Christian Sanz Gómez Leví Carballo, tengo el ojo ortopédico por lavar en el fregadero, ganas de ametrallar un geriátrico y una guardería, yo deseo ser un pájaro y, aunque cueste leer al salir del manicomio, construirme un palacio con hurís, llenar la mente de fosforescentes fantasías y pensamientos hermosos. Al salir del manicomio quiero ser sabio sosegado: estudiar mucho y no escribir nada, volar y cantar, alimentarte de sésamo, adormidera y menta.

¿Pero, aún con esa aguda locura supiste meditar

y bastante dirigir tu vida,

acercado lo mejor a ti para juzgar,

compuesto la mente con ideas claras y distintas,

enfebrecer tu corazón alguna noche con altos pensamientos mortales,

ahuyentado los demonios, las innobles servidumbres del lacayo,

evitado mezquindades, vulgares instintos,

no malgastado un gramo de tu inteligencia?

En tal caso hiciste el trabajo mayor de todos.

En tal caso fuiste tan libre como hombre.

***

Epitafio

Cuando volvió, desolada, abatida, del funeral,

la madre del burgués y ocioso oso apacible,

del aburridísimo Christian, rey boscoso

de los lobos, deseó para él un epitafio.

Y el poeta de provincias Augusto Lledó y Partagás,

amigo común de Samael y del difunto

lo esbozó compungido siguiendo con escrúpulo

los informes e inclinaciones de la verdad

y envió después el epitafio, una primera redacción,

a aquella elegante y demasiado enferma dama.

«De Cristian el alunado o aldeano rey

honrad dignamente, gentes de la Ribeira Sacra,

su clara, concreta, minuciosa y efímera memoria.

Loco (aunque fingió) y de noble corazón,

fue arbitrario de gusto, justo de estilo y sabio de mente.

Entregó a los solícitos libros su diligencia,

y altivo en el hondón de su corazón

algún pensamiento sin reposo amaneció esclarecido.

No esquivó el dolor, pero en su fracaso

miserable nunca se sintió pobre. Honrad a ese lobo

de pelambre canela. Queda aquí, en la niebla, bajo estas letras,

su vagabunda alma. Ese árbol, ese jardín, y la lápida,

comparten con las estrellas su fe y símbolos.

Pero fue todavía más que todo eso, muchísimo más:

el Gran Solitario. Temen los hombres propiedad tan atribulada:

no la hubo más noble entre los incendios de sus días»

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