
Jueves Santo. No está Orense muy divertido:
la chusma campa por sus respetos.
Acaso lo más sensato fuera la inhibición
ante el espanto oscuro e ignorante
donde solo pueden soeces bárbaros.
Me refugiaré en mi Museo de Belles Lettres.
Si ellos conspiran contra el instinto
de belleza y comportamiento,
yo seré lo que alaba mi biblioteca:
ese fulgor de babilónico astro,
la brasa tolteca a la luz del mediodía,
y después, a fin de cuentas, vivir dentro
de lo que apenas tiene cotización:
la paz de un montoncillo sabio
de polvo dorado de papel lívido.
Nada entienden mi vida o destino
los ojos de los que (y son multitud)
asnados no entienden nada.
Decidle a Maruxa que cepille mi capa McFerlán.
Al mozo que enganche los bayos al coupé.
No está Orense muy divertida.
Befa al Todo. Pasaré la noche –con libros-
en un hotel de la Ribeira Sacra junto al agua
a tomar como alimento las rosas.
