
Entretanto anocheció, y con la penumbra viene el fresco. A estas horas a ningún español le caen borlas de seda sobre la frente, sino que se les marcan abultadas apófosis gangrenadas en las extremidades.
Imposible una charla civilizada con ellos. Hablan disputando y altercando obstinadamente, con torpe y pasmón entendimiento, como si fuese imposible que salieran de su ratonera tabernaria y su populachería. Desprecian los foulards, las rosas, las tacitas de té; sus ideas son una rancia cepa, un pastelón de garbanzo, garbanceo y garbancillo.
En España no surgen aloes, ni murmura el agua, ni fulgen los arbustos. Es un albañal, una excrecencia parasitaria con latas de Coca-Cola, un yermo rastrero con compresas y neveras desvencijadas. Sus siglos trasegaron borborigmos y floripondios ridículos por su literatura, guardias civiles taimados, sanguinaria inquisición, haraganes hidalgos y basura de reyes. España no es un jardín sino una poza o cloaca para que hocen los puercos.
Tierra garduña, gargajosa, garrotera y garrapata. De pacotilla, barriga gorda y mujeracas bigotudas. De torta perruna. Apostato. Me avergüenza vuestra historia choricera.
¡Adiós España! Adéu Espanya!
