Libro dos desabafos 52

RUMOR DE ROSA

Llueve porfiadamente. En la mesilla, a la

izquierda del flexo, cigarrillos, el vodka

con naranja, lápices, y magníficas ediciones

de las cartas de Wittgenstein a Engelmann,

el “Séneca” de Pierre Grimal, y las “Cartas a su hijo

de Lord Cherterfield. Reino de Oriente de Oro.

Soledad de gato en un valle lleno de príncipes.

Entre las infinitas páginas del Universo,

de mí solo quedará como un menudo rumor

de rosa. Es suficiente. Pues mi mente fue sui iuris

y a veces hice también compañía a los astros. Y,

pese al espejo fugitivo que reflejó la innoble

pesadumbre del rodar de los días, todo (de veras)

valió la pena. La claridad se oscurece. Sereno, espero

a la muerte. Atisbé momentos de gracia. Lo dicho:

rumor de rosa en el silencio último del mar.

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