
Yo no soy libre de tener una determinada constitución bio-psicológica, ni de nacer en un determinado momento histórico o en determinada región o clase, pero sí soy libre de asumirla o no en mi proyecto biográfico. No podemos negar nuestra naturaleza humana y social, pero sí debemos ser capaces de buscar la autarquía o el máximo grado de autodeterminación y autogobierno.
***
Recordemos el convincente poema de Khalil Gibran:
Seréis libres en verdad,
cuando vuestros días no pasen
sin una preocupación, ni vuestras
noches sin un deseo y una congoja.
Sino, más bien, cuando esas cosas
acompañen vuestra vida y podáis
no obstante, erguiros sobre ellas
desnudos y sin ataduras.
***
Tomás Moro conjunta el uso de la razón a la libertad, y afirma que si se pretende llegar al bien y la felicidad será a través de “el cultivo del espíritu y el desarrollo de las facultades intelectuales en el estudio”. Idea plenamente vigente; el que no sabe no se liberó de sus cadenas. O pensemos extensamente, devanémonos la cabeza, ante estas otras ideas felices:
Epicteto:“Eres el dueño de mi cadáver; tómalo, no tienes poder sobre mí «
Descartes: «La libertad de nuestra voluntad se conoce a sí misma sin pruebas, por la única experiencia que tenemos«
Paul Valéry: «La libertad es una de esas palabras de odio que valen más que el significado«
***
La libertad, dicho algo toscamente, consiste solamente en que, para afirmar o negar, perseguir o evitar, saber o ignorar, las cosas que el entendimiento nos propone, obramos de manera tal que no sentimos que ninguna fuerza o coacción nos fuerce.
Debemos asegurarnos de ser suficientes y necesarios, soberanos de nosotros mismos, autárquicos. Servirnos de nuestro propio entendimiento sin dirección de otros, salir de nuestra minoría de edad racional (Kant) No ser unos bobos cobardes, no “aixoplugar-nos” bajo tutores religiosos, el estado, la tradición, las costumbres. Pensar por nosotros mismos sin pereza ni cobardía. Evitar la conducción ajena, pilotar por nosotros mismos la nave y, si zozobra, no buscar falsas excusas ni victimizarnos. Abandonar la comodidad de no analizar y no decidir. Sacarnos de encima la vida de mero piloto automático, de irreflexiva rutina. Atreverse a pensar, a saber, a estudiar, a vivir. Desechar los hábitos, las modas, lo que hay a nuestro alrededor y no pasó por nuestro filtro ni por la ponderación de nuestra mente. Amar y conocer nuestros talentos. Participar del análisis y autoanálisis crítico. Debemos ser brillo de codorniz cantando en la campiña ante el tomillo y no melcochudos súbditos, cúpula de pabellón brillante en el cielo y no achantados esclavos.
La esclavitud es definida por Florentino como «constitutio iuris gentium qua quis domino alieno contra naturam subiicitur«. Ulpiano, en sus Instituciones, se refiere a «tria genera» de hombres: libres, esclavos o libertos. Nosotros decidimos, el lector que me lee ahora decide: o tosca y rústica servidumbre, o miasma y escoria esclava, o libre con la libertad grabada (y ganada) en su pupila y su sangre.
