Libro dos desabafos 56

Me compré el otro día en una librería de ocasión, «El otro barrio«, de Elvira Lindo. Copio literalmente el primer parágrafo de la novela, una apología a la escritura más pobre y desaliñada posible. Sobran los comentarios estilísticos o la lectura crítica atenta y minuciosa. Pasen y lean este Horror Short Story idiomático. Parece mentira el éxito de tal boñiga.

«A Ramón Fortuna le tiene dicho su abogado que no hable del asunto con nadie que no sea él o la psicóloga o el asistente social que a diario da un golpecito en la puerta, asoma la cabeza, y pregunta, qué tal, Ramón, cómo lo llevas. Pero a Ramón Fortuna le sobran ya esos consejos, ha aprendido a medir sus palabras, a años luz está de aquel Ramón Fortuna al que Marcelo Román, su abogado, dijo «Chico, tú eres un imbécil». Eso en un momento le violentó, la verdad, pero ahora, viéndolo todo tan claro, sintiendo como si alguien hubiera encendido al fin la luz en su mente, Ramón Fortuna piensa, es verdad, era un imbécil, ahora soy un tío con misterio, con una historia a mis espaldas y un pasado que ocultar, eso no lo puede decir cualquiera» (p.1, cap.1)

Las memorias de Carmen Bazán (la madre de Jesulín de Ubrique para el feliz despistado) son rigurosa prosa kantiana cruzada con Henry James al lado de esta señorita incapaz. La presencia de esta sílfide en el mundo literario es absolutamente prescindible y coyuntural. Una aguachirle retórica deslavazada y pedestre, una literatura esbozada por párvulos. ¿De qué biblioteca guaranga o sauna gay cochambrosa salió esta mecanógrafa? Calumnia a todo el gremio al escribir sin gota de escrúpulo, elegancia o regomello. Bien tratada por los palanganeros poderes culturales, es torpe, ramplona, inverosímil, y dispensadora de peditos de burra en forma de moralejas pueriles progres. Tontolculo y cateta envanecida. Obsecuente la huevona con sus principados en Nueva York a costa del Instituto Cervantes. Jamás podrá desprenderse de ese olor inefable de paleta y vallecana en Nueva York. Pérez Reverte o Isabel Allende o Gómez Jurado o Elvira Lindo. Da lo mismo. Feuillet era el autor francés más leído de su época.

Escribir no es desembuchar o regurgitar al buen tuntún. Hay que saber componer y evitar pegamentos de piedra. El desparpajo vale si sabes hacer con el lenguaje lo que te dé la gana; de otro modo es una masilla pastosa. Esta señora tiene prosa de nariz llena de granos, de cofrade pasado de gin-tonics, de ripio, cascote, viga y demolición. Prosa achatada, crudiza y de muñeco rigodón. Prosa de oreja de cerdo muy aceitosa. Esta señora es un venerable fraude. Esta pulga que se empecina en escribir carece de cualquier interés. Le dedicaré un poema a la Dalai Lama de las letras bendecida por PRISA.

Busco flor de tamarindo

mala, fea, enchufada, putrefactiva.

Su nombre es Elvira Lindo,

¡ni sus novelas valen de lavativa!

Deja un comentario