
EN EL MANICOMIO
Huesos expuestos para ofrecer expiación a la
memoria, caminos arenosos hurgando
sumideros, tules azules y verdes temblando
de ternura. Un manicomio es un flujo de silencio.
La anoréxica intentando defecar en el baño,
y debido a que tiene muy debilitada la musculatura
del ano, casi expulsa todos sus intestinos.
El presidiario psicópata desmontando los plafones
del techo para esconder tabaco, costo y coca.
Mi estirpe y lugar está entre los locos,
no entre secos eruditos de lelo polvo doctoral.
Ellos son los míos. Las pacientes con sus sostenes
ensangrentados, las estrellas sin destino de la
medianoche, los ojos que cruzan lunas de fuego,
los remolinos enrollando la saliva de nuestras palabras.
Locos: llagadas patas, duras calabazas, aguardiente.
Selvas, ríos y plomo ardiendo en el corazón.
Y aunque siembren sal en nuestras almas, resistimos.
