Tu quoque 7

Todo comenzó con una claridad excesiva. Veía demasiado, comprendía demasiado, como si mis ojos hubieran sido abiertos por manos secretas. Y esa claridad me torturaba: cada sombra contenía un significado, cada ruido tenía un propósito, cada gesto me aludía, cada titular de periódico tenía su doble sentido. Pero la claridad se volvió confusión, y la confusión, después, angustia y tormento. Llegó un momento en que los pensamientos (caballos incendiados corriendo por la llanura, llagas abiertas, lámparas desgarradas) me corrían por dentro como un enjambre rabioso, y no podía detenerlos, no podía silenciarlos. Era como si un segundo yo, más cruel, hubiera despertado para atormentarme.

Todo el universo se había convertido en una vasta red de fuerzas que conspiraban contra mí. Me espiaba el C.N.I., el Mossad… Las cosas mudas me hablaban; los ruidos de la casa eran intencionales; los objetos tenían también intenciones; las calles cambiaban de forma para confundir mis pasos; las personas me miraban acusatoriamente. Yo, que había creído en la razón, me encontraba ahora cercado por signos, presagios y símbolos que se entrelazaban para formar una escritura terrible que solo yo podía leer. Estaba loco. Crucé el espejo. Al menor movimiento, el mundo respondía como un espíritu irritado que quisiera atraparme. Vivía en estado de revelación perpetua: un tormento incesante.

Me ingresaron. Me he pasado media vida en manicomios donde enfermeras y doctores no sabían qué hacer conmigo. En esos hospitales uno no se cura; uno se marchita y apaga. Ahí no estoy para escribir, sino exclusivamente para estar loco. Las voces que los médicos quieren callar con pastillas eran antes mis compañeras de paseo. Voy al manicomio (que odio) porque la vida afuera es demasiado grande y demasiado exigente, y aquí, entre cuatro paredes, las cosas tienen un orden sencillo, simple. La locura me duele y me alivia. Es como si hubiera renunciado a un traje demasiado pesado para vestir. Prefiero dejar que el mundo me olvide un poco. Yo también lo he olvidado. Ese será mi destino.

Deja un comentario